FOCUS PRESS SETMANAL 151

L’estret d’Ormuz és aquest moment el punt més calent de l’actualitat política internacional per l’escalada de la tensió entre els Estats Units i l’Iran (Lluís Bassets, Jorge Dezcallar) que molts analistes consideren fruit d’una nova improvisació de Donald Trump sense ponderar-ne les conseqüències (Javier Jordán, Fareed Zakaria).

De la mateixa manera, la conducta irresponsable de Trump es projecta en la política interior nordamericana,  ja sigui atiant el racisme i la xenofòbia com a arma electoral (Amanda Mars) o amb una política fiscal que genera un dèficit estratosfèric (Paul Krugman).

Molt lluny està l’actual gir proteccionista nordamericà de les responsabilitats globals assumides fa 75 anys amb l’acord de Bretton Woods i el naixement del Fons Monetari Internacional (Joaquín Estefanía, Pablo Martín-Aceña [1]). Una institució que està pendent del nomenament del seu màxim responsable, que segons l’acord fundacional hauria de ser europeu, malgrat el desprestigi acumulat pels darrers directors gerents (Manel Pérez). Però aquesta distribució del poder de les institucions financeres internacionals entre nordamericans i europeus resulta anacrònica a la vista del potencial de les economies asiàtiques emergents (Adam Tooze).

En tot cas, Europa ha de millorar substancialment les seves prestacions com a actor global (Mark Leonard), a l’hora que afina les regles i els instruments de gestió de la seva complexa diversitat (Andrea Rizzi, Víctor Pérez Díaz  [2] ) , estimulada pel gran salt històric que va del tractat de Versalles a l’euro (Robert Skidelsky).

Aquesta perspectiva històrica ha de servir a la nova presidenta de la Comissió, Ursula von der Leyen (Álvaro SánchezJoaquín Almunia), per afrontar els grans reptes del seu mandat, que Nacho Alarcón resumeix en cinc: mantenir l’aposta pel lliure comerç, la gestió del Brexit, l’ampliació als Balcans, la política migratòria i la cohesió interna, amb especial atenció als països de l’Est (Bartosz T.Wielinski, entrevista a Anne Applebaum [3]).

Però sens dubte el problema més immediat és la gestió del Brexit, un cop s’ha consumat la substitució de Theresa May per Boris Johnson com a primer ministre del Regne Unit. Sobre la personalitat i la trajectòria de Boris Johnson no hi ha massa coses noves a descobrir (Rafael Ramos, Dan Sabagh/Frances Perraudin, Ramón González Férriz [4],  Lluís Bassets, Laurence Whitehead),  el més important és certificar si certamemt el seu propòsit és sortir de la Unió Europea el 31 d’octubre sigui com sigui (Xavier Vidal-Folch, Carlos Carnicero) i si realment el Regne Unit està en condicions de fer-ho i, en tot cas, amb quines conseqüències internes (Enrique Feás [5],  Tony Blair, John Springford) i per la Unió Europea (Nacho Alarcón, Rafael Ramos).

L’agònic procés d’investidura de Pedro Sánchez, finalment fallit, deixa molt més dubtes que certeses sobre la política espanyola. Dubtes sobre la capacitat política d’uns actors polítics incapaços d’arribar acords, amb maneres de negaciació tan matusseres (Joan Tapia, Javier Pérez Royo, Fernando Vallespín) … Dubtes sobre la compatibilitat real entre les dues esquerres representades pel PSOE i per Podemos (Alberto Penadés [6],  Anabel Díez, Jorge del Palacio,  Carlos Sotos)  … Dubtes sobre el veredicte popular en una repetició electoral que podria convertir-se en una debacle per a l’esquerra (Enric Juliana, José Antonio Zarzalejos) … Dubtes sobre la funcionalitat del sistema institucional en un context de fragmentació política i de volatilitat electoral (Pablo Simón, Javier Pérez Royo, José Ignacio Torreblanca). Veure els primers anàlisis d’urgència sobre la investidura fallida i els escenaris de futur: analistes d’Agenda Pública, Berta Barbet, Rafael Jorba, Rubén Amón, Enric Juliana

Del debat d’investidura crida l’atenció el contrast entre la indiferència impostada sobre la qüestió catalana mostrada per Pedro Sánchez  i la seva capacitat de contaminació radiactiva sobre la política espanyola, fins al punt d’esdevenir un punt crucial en les divergències entre PSOE i Podemos. Mentre, en l’espai independentista,  ERC és cada cop més explícita en la seva renúncia a la unilaterat i el món postconvergent  malda per trobar la complicada síntesi entre el que representa Carles Puigdemont i el que representava l’antiga CDC (Josep Martí Blanch [7],  Francesc-Marc Álvaro, Isabel Garcia Pagan), al mateix temps que mostra un pragmatisme descarnat en els pactes locals (veure l’anàlisi de Gemma Ubasart [8] sobre les eleccions municipals a Catalunya).

A l’espera de la maduració dels temps del diàleg i la negociació, són d’interès les aportacions de José María Ruiz Soroa [9] sobre una possible adaptació del mètode de la claredat canadenca i de Jordi Mercader sobre un hipotètic decàleg transversal.

Per tancar el Focus Press d’aquesta setmana, recomanem l’ entrevista a Steven Forti [10] a El Salto on repassa l’actualitat europea, espanyola i catalana.

ARTICLES RECOMANATS

(1) Pablo MARTÍN-ACEÑA, “¿Quién teme al lobo feroz? El FMI cumple 75 años” a El País (22-07-19)

(…) “75 años después de su creación el FMI se encuentra en una encrucijada. El multilateralismo está en jaque, se cierne la sombra del proteccionismo y la amenaza de un creciente nacionalismo. Los enemigos del liberalismo y la democracia están en alza. Estados Unidos se desliza hacia el aislacionismo; Europa está en semi-declive; Rusia es una democracia todavía muy imperfecta; China un régimen autoritario; en Latinoamérica hay más optimismo, pero todavía quedan bolsas enormes de subdesarrollo; la pobreza reina en África, pese a los progresos.
¿Sobrevivirá otros 75 años? Mientras haya crisis económicas y desequilibrios financieros en un mundo global se necesitará un prestamista en última instancia internacional. Su supervivencia dependerá de que refuerce su legitimidad: eliminando la desproporcionalidad en sus órganos de gobierno, otorgando mayor poder a los países de economías emergentes, reorientando sus objetivos, poniendo énfasis en el crecimiento sostenible y la distribución de la renta. Olvidando el fundamentalismo de mercado. Zafándose del estigma que supone solicitar su asistencia financiera. Reconociendo equivocaciones. Abandonando su tradicional opacidad.
Christine Lagarde, la primera mujer en dirigir la institución, trazó desde su llegada una agenda ambiciosa que va más allá de la preocupación por la estabilidad financiera. Se marcha al Banco Central Europeo y sólo cabe confiar que su sucesor siga sus pasos y que, como muestra de los nuevos tiempos, su puesto no sea ocupado como hasta ahora por un europeo”.

(2) Víctor PÉREZ DÍAZ, “Europa como Ícaro o como Dédalo” a El Mundo (23-07-19)

“Europa tiene un déficit de narrativa y de estrategia, y, en definitiva, de agencia. No está todavía en el mundo como un agente político coordinado con suficiente legitimidad de origen (que supone la presencia decisiva de un demos) y legitimidad sustantiva (que implica la solución efectiva de problemas mayores). Con ese déficit se enfrenta hoy al reto de una situación turbulenta que viene de tiempo atrás y que se prolonga. Colmar el déficit de agencia y manejar la situación requieren entender que la identidad de Europa (su ser) y su política (su hacer) dependen no tanto de factores externos cuanto de la estrategia y el imaginario de ciudadanos y políticos en interacción con el conjunto de su sistema institucional (democracia, economía de mercado, sociedad civil) y su trasfondo cultural.
Ese imaginario, sin embargo, tiene un punto muy débil: un marco interpretativo binario que, primero, contrapone rígidamente los dos polos de globalismo versus localismos, que se solapa en parte con el de europeísmo versus nacionalismos (o populismos); y, segundo, presupone que esa contraposición tiende a ser cada vez más intensa y estamos ante un proceso de polarización creciente.
Por mi parte, cuestiono lo primero, es decir, el marco interpretativo; y asimismo lo segundo, porque considero que no estamos ante una causalidad situacional o estructural tan potente que marque tendencia, sino ante un drama abierto” (…)

(…) “Sugiero explorar otro marco interpretativo centrado en torno a la posibilidad de un equilibrio dinámico y razonado entre los contendientes, que favorecería una conversación entre ellos y la inclusión de quienes no se sitúan en un lado u otro” (…) Este marco interpretativo (con su dimensión explicativa y su dimensión normativa) permitiría entender mejor las siete décadas transcurridas desde la Segunda Guerra Mundial, e incluso, si adoptamos una visión de muy largo plazo, daría pie a un relato de la formación de Europa como un proceso contingente y dramático, alternando logros admirables con desidias y desvaríos importantes, pero susceptible de ser razonado, y como tal transmitido, a las generaciones siguientes” (…)

(…) “Cabe ilustrar el argumento recurriendo a un relato legado de nuestra tradición mito-poética occidental, en este caso de la mitología grecorromana, que está asociado, precisamente, de algún modo, al mito de Europa. Una Europa que, transportada por Júpiter, arriba a Creta y tiene, entre otros hijos, a Minos; de donde arrancan, a su vez, otras leyendas, las cuales incluyen la de Dédalo e Ícaro.
Evocando la leyenda, y aplicándola a nuestra situación, digamos que podemos optar por que ese sujeto colectivo nuestro de hoy se comporte como uno u otro de los dos personajes del relato mítico original, como Ícaro o como Dédalo. Y, puestos a ello, mejor hacerlo, no como un Ícaro desafiante que se cree dueño de su destino, sino como un Dédalo decidido a volar pero prudente, sabiendo que sus alas son de cera.
Dédalo quiere huir del laberinto en el que le encierra Minos, y, puesto que la tierra y el mar se lo impiden, trata de escapar por el aire. Fabrica sus alas de cera y de plumas, y, con ellas, le da a Ícaro, su hijo, el consejo de evitar tanto el descender demasiado, y permitir que sus alas se humedezcan, como el subir demasiado, y dejar que el calor del sol las derrita. Pero a Ícaro le puede el ansia de desafiar al sol. Sube demasiado. Y, sus alas fundidas, cae al mar.
Sigamos el consejo de Dédalo. Evitando los extremos del marco binario y agónico habitual (del griego agon: contienda, desafío, lucha), que favorece un sueño de omnipotencia estimulado por la imagen de la victoria sobre un enemigo derrotado y postrado, veamos estos tiempos turbulentos como tiempos propicios. Propicios para el aprendizaje de un saber volar, y un saber tocar tierra”.

(3) Entrevista a Anne APPLEBAUM a Agenda Pública (24-07-19): “Hungría ya no es una democracia”

(…) “Hungría ya no es una democracia. No se puede ganar una elección a Viktor Orbán: controla todos los medios de comunicación, incluidos los privados; controla la clase empresarial: la mayoría de las grandes empresas, con muy pocas excepciones, le tributan fidelidad; controla la Academia; él (o su partido) controla el Poder Judicial. No es una democracia, no hay alternativas. O perteneces a su partido o no existes. Y la Unión Europea permitió que eso ocurriera sin intentar detenerlo. Es cierto que Orbán lo hizo muy lentamente y de manera semi-legal, así que fue difícil. Hubo momentos en que pudo haber sido parado, tendría que haber sido expulsado del PPE hace mucho tiempo. Dirige estas campañas públicas tan racistas y anti-europeas, así que, ¿por qué el PPE no lo expulsó y por qué la UE no le le cortó el grifo del dinero? No tengo ni idea. Mucho del dinero europeo que va a Hungría es robado por él o por sus amigos.
En Polonia, la Unión Europea ha intervenido. Ha habido algún intento de detener el proceso de control judicial que pretendía el Gobierno, y fue muy popular. Así pues, Europa es más popular que nunca en Polonia, algo así como el 91% de los encuestados dicen apoyar a la UE y estar en ella. Y mucha gente cree que la Unión Europea es una protección contra este tipo de anti-liberalismo. Por lo tanto, la lección de Polonia es que esto puede funcionar. Es decir, es útil y beneficioso, es bueno para todos los europeos porque no quieren tener un país dentro de la UE donde el Estado de Derecho no se respete. Es difícil hacer negocios allí o recurrir al sistema judicial, y así sucesivamente. Y Polonia tenía una arquitectura judicial perfectamente adecuada, y la inversión extranjera funcionaba muy bien, así que creo que la Unión Europea se gana más respeto cuando interviene que cuando no lo hace. Y sería un gran error permitir que estos países eliminaran la democracia y el Estado de Derecho. Sería malo para ellos y para Europa” (…)

(4) Ramón GONZÁLEZ FÉRRIZ, “Boris Johnson y los conspiradores del Brexit: una élite con ensoñaciones victorianas” a El Confidencial (22-07-19)

(…) “Con frecuencia se ha hablado del Brexit como de una eclosión populista semejante a las que han llevado a Trump y a Salvini al poder, a Le Pen a estar cerca de él y a Alemania y España a tener partidos de derecha autoritaria. Sin duda, las consecuencias de la crisis financiera y el miedo a la inmigración han contribuido a que Reino Unido abandone la UE, pero esta idea de independencia tiene una larga tradición. Como explicó hace unos meses David Jiménez Torres, recorre toda la cultura británica desde Shakespeare, que ya glosó en sus obras de teatro la tenacidad con la que primero los ingleses, y los británicos después, habían luchado por su autonomía con respecto a los poderes continentales. Y que en su encarnación contemporánea tiene treinta años, los mismos que hace que cayó el Muro y volvió de nuevo la posibilidad de una Alemania grande.
La generación de conservadores a la que pertenece Boris Johnson maduró políticamente en este contexto. En las últimas semanas, además, algunos autores británicos han explicado varios motivos, que mezclan lo psicológico con lo familiar, para que varios de ellos -no solo Johnson, también Michael Gove, Jeremy Hunt, Jacob Rees-Mogg o Dan Hannan- hayan tomado partido por el Brexit. Simon Kuper explicó en un largo ensayo publicado en el “Financial Times” que todos ellos, de clase alta y extraordinariamente conectados con la clase política, estudiaron en Oxford y forjaron ahí una sensación de agravio con respecto a Europa. Thatcher había hablado del peligro de que “un superestado europeo ejerciera una nueva dominación desde Bruselas”, y estos jóvenes creían que “gobernar Gran Bretaña era una prerrogativa de su clase. No era asunto de Bruselas”. Ellos merecían gobernar porque su familia, su clase y su educación en Oxford les daban ese derecho, y cualquiera que intentara hacerlo en su lugar era un usurpador. Y empezaron a movilizarse contra él. “Visto con el tiempo -escribe Kuper- algunos ven aquello como el principio de la campaña del Brexit”.
Por su parte, James Wood, crítico literario de “The New Yorker” pero nacido en Reino Unido, escribió en la “London Review of Books” cómo esa élite ha sido educada en la exaltación de los “gigantes victorianos” que forjaron un imperio y de hombres como Winston Churchill -del que Johnson escribió una biografía- que alcanzaron un pico de grandeza tras el cual el país no hizo más que decaer y sumirse en un mundo burocrático y gerencial poco apto para la heroicidad. Pero ellos, los más privilegiados, retomarían esa grandeza. “Uno comprende que cierta visión de la historia -romántica, nostálgica, privilegiada, preocupada por la pérdida del poder y la soberanía- puede conformar una visión política del mundo (…) Pero, ¿qué significa ese ‘declive’ para estos conspiradores del Brexit? Lo invocan y vituperan, pero al final se trata de retórica política vacua”. Esos hombres nunca han conocido ninguna decadencia, sus familias han ostentado el poder desde hace generaciones y en el caso de que el Brexit sí genere un declive real, “pase lo que pase en los próximos treinta o cuarenta años, después del Brexit, no va a afectarles”.
Con toda probabilidad, Johnson será el próximo primer ministro antes de que acabe este mes. Aumentarán así enormemente las posibilidades de que Reino Unido abandone la Unión Europea sin ninguna clase de acuerdo. Los conservadores quieren evitar el caos que eso generaría, porque temen que los votantes se lo harían pagar expulsándoles del poder durante varios ciclos electorales. Pero la misión de Boris y sus compañeros de Oxford va más allá de eso. Se trata, para ellos, de recuperar la grandeza de un país anestesiado por Bruselas. Como casi siempre, la terquedad ideológica de una élite acabará marcando en buena medida el destino de todos”.

(5) Enrique FEÁS, “Curvas en la recta final del Brexit” a vozpópuli (24-07-19)

(…) “Se acabó el teatro, comienza la acción de gobierno y Johnson está exactamente en la misma posición que May, solo que planteando un órdago. Las preguntas clave ahora son tres: ¿es consciente el nuevo Primer Ministro del trilema del brexit? ¿Se atreverá de verdad a abandonar la UE sin acuerdo el 31 de octubre? ¿Qué hará la UE en ese caso, o en el caso de que pida una nueva prórroga? (…) El 31 de octubre la Comisión actual dejará paso a una nueva presidida por Ursula von der Leyen, de quien no cabe esperar una postura muy distinta que la que ha venido defendiendo su principal mentora, Angela Merkel: hay que evitar a toda costa una salida sin acuerdo. De hecho, la futura presidenta de la Comisión ya ha adelantado que apoyará “una nueva prórroga, siempre que haya un buen motivo”. Este podría ser unas nuevas elecciones generales, que Johnson se verá probablemente obligado a convocar si finalmente solicita una nueva prórroga. Y antes de que algunos de ustedes y otros líderes europeos se indignen recordando –no sin razón– que la paciencia europea ha de tener un límite, que Boris Johnson será mucho más desleal que su predecesora, que la negociación del marco financiero plurianual está al caer, o que la Unión Europea no puede permitirse seguir en esta situación indefinidamente con la cantidad de desafíos que tiene por delante, es preciso, sin embargo, reflexionar sobre una cosa: para la Unión Europea, el riesgo de una salida sin acuerdo no es solo económico. De hecho, si el problema de un no-deal fuese solo la necesidad de estar todos preparados, siempre cabría la posibilidad de que la UE aceptase una salida jurídica del Reino Unido el 1 de noviembre, pero con efectos económicos posteriores, para dar tiempo a todos los agentes económicos a ajustarse. No, el riesgo de un no-deal para la Unión Europea es un riesgo fundamentalmente político, por dos motivos: en primer lugar, porque probablemente supondría el abandono de la unidad europea en función de los dispares intereses económicos (el brexit afecta de forma muy diferente a distintos sectores y países, y cada uno de los Estados miembros querrá hacer acuerdos especiales y excepciones); y, sobre todo, porque un no-deal forzado por la UE sería bastante contradictorio, ya que provocaría precisamente aquello que los Estados miembros han intentado evitar desde el primer momento de las negociaciones: una frontera física en Irlanda, y la amenaza a la paz en ese país.
¿Forzar la salida del Reino Unido y provocar una crisis política o conceder una segunda y arriesgada prórroga a la espera de que la población británica, harta de estrellarse contra la realidad, renuncie al brexit? De cara al 31 de octubre, la Unión Europea se tendrá que enfrentar a su propio dilema”.

(6) Alberto PENADÉS, “La coalición inaudita” a El País (23-07-19)

“Nunca se ha formado en Europa, en toda su historia, una coalición de Gobierno como la que se plantea entre el PSOE y Podemos. Eso no significa que no pueda o deba llevarse a cabo, habrá opiniones, solo que no hay que hacer aspavientos porque sea difícil. Es muy difícil. Cuando un partido del extremo izquierdo del Parlamento ha entrado en alguna coalición lo ha hecho siempre con al menos un partido de centro o de derecha; casi siempre en alianzas de tres o más partidos en las que los socialdemócratas eran el punto medio, no el flanco derecho, y nunca en minoría. Algo así como aquella impensable alternativa —según nos dijeron— del PSOE, Podemos y Ciudadanos en 2015.
Me refiero a partidos de inspiración socialista, ecosocialista o populistas de izquierda —incluyendo a los descendientes de los comunistas— que, salvo algún caso particular, están afiliados a Izquierda Unida Europea, Izquierda Verde Roja o Ahora el Pueblo, que forman un único grupo parlamentario en Estrasburgo. No deben contarse aquí a los partidos puramente verdes como los de Alemania, Bélgica o Suecia, no más extremistas que los socialdemócratas en cuestiones económicas, a veces menos, y que forman un grupo distinto.
Lo enunciado es casi una ley. Ni ganando han formado los más radicales Gobiernos de sola izquierda. Estos han liderado el Ejecutivo tras una victoria electoral en Chipre en 2008 y en Grecia en 2015, e incluso allí se formaron coaliciones con partidos de derecha. En Islandia, donde han sido frecuentes los tripartitos (izquierda-socialdemócratas-centro), hoy en día tienen una primera ministra de la extrema izquierda, gobernando en coalición de pinza con las derechas. En el resto de los casos, estos partidos han sido minorías dentro de Gobiernos amplios, cuando no han estado en la oposición, que es lo más común.
La segunda regla es que son poco frecuentes. Desde la caída del muro de Berlín, en nueve de los 17 países europeos que no han tenido un régimen comunista este tipo de Gobiernos son desconocidos, incluyendo países con fuertes Estados del bienestar, como Alemania, Bélgica, Holanda y Suecia. En conjunto, han estado presentes menos del 10% del tiempo de gobierno de Europa Occidental” (…)

(…) “La actual dificultad de formar Gobierno nada tiene que ver, en mi opinión, con una supuesta incultura de pactos. Somos muy pesados con eso. No son razones culturales las que harían impensable en Alemania que el partido liberal, u otro cualquiera, le negara el saludo al partido más votado en las elecciones y le mandara a pactar con la izquierda —y, a poder ser, con los independentistas— a ver si se estrella cuanto antes. Como no son razones culturales las que predisponen al líder de Podemos a entrar en el Gobierno y al de La Izquierda alemana a huir de esos trabajos. Intentar explicar las distintas responsabilidades y, no digamos, irresponsabilidades, llevaría un tratadito. Pero que no vengan con que es fácil ni obvio que gobierne una coalición minoritaria de izquierdas, porque es una aventura nunca vista”.

(7) Josep MARTÍ BLANCH, “El cant del cigne del PDECat” a El Periódico (22-07-19)

(…) “El veritablement transcendent està situat en quina ha de ser la resposta a la sentència del Tribunal Suprem quan aquesta es produeixi i es doni per finalitzat el temps mort en què està ficada la política catalana des de les últimes eleccions. Els esforços de Quim Torra i el seu entorn per afegir ni que sigui una fina capa de lideratge a la seva presidència, el viatge de la CUP a posicions sistèmiques, la resurrecció d’elements fins ara dorments com Artur Mas o La Crida o silencis gens habituals com el de les últimes setmanes de Carles Puigdemont no són més que moviments de tropes previs a la gran batalla que es lliurarà en el sobiranisme quan els jutges diguin l’última paraula. S’haurà de dilucidar, per la via dels fets, si les condemnes han de suposar un punt final a l’estratègia del conflicte, per ser aquest un camí perdedor, o si han d’actuar com a a catalitzadores del famós “momentum” amb el qual Quim Torra va inaugurar la seva presidència i que passat per la traductora no vol dir cap altra cosa que repetir d’una manera o un altre els nivells de tensió que ja es van viure l’octubre del 2017.
Una peça rellevant d’aquest puzle serà com resol en paral·lel JxCat la seva conversió en un partit polític convencional amb l’absorció del PDECat. Hi ha actituds irreconciliables i impossibles de compaginar en aquest espai polític, així que algú se n’haurà de quedar fora quan es resolgui l’equació, perquè no serà possible mantenir al mateix barco tota la tripulació. La victòria dels partidaris del pragmatisme, que van aconseguir imposar el pacte a la Diputació de Barcelona amb el PSC, és molt difícil que es pugui reproduir en altres camps de batalla.
L’acord amb els socialistes va suposar que per primera vegada l’actual direcció del PDECat imposés el criteri del pragmatisme davant la lògica del conflicte, que és la que compta amb l’aval més habitual de Carles Puigdemont i que comparteixen l’entorn de Quim Torra i el grup d’independents de JxCat. Però, contra el que pugui semblar, el més probable és que aquest pacte no sigui més que una espècie de cant del cigne de l’ala més moderada del que un dia va ser l’espai convergent” (…) Amb la sentència del Suprem l’emotivitat extrema es tornarà a fer present en el camp sobiranista i serà llavors quan es produeixin els últims moviments d’arrossegament definitiu per a la consolidació del nou espai polític de JxCat en clau puigdemontista. Serà un moment complicat per a ERC, que tindrà dificultats per mantenir-se en la seva actual posició, i suposarà també l’esborrament definitiu dels àtoms i partícules més moderats del PDECat. El més probable és que sigui també el moment en què aparegui una nova formació política d’aspiració penebista amb les restes de catalanistes i sobiranistes crítics que poblen, en nombre cada vegada més voluminós, les cunetes del procés.
En pocs mesos, la reformulació del mapa polític català que el procés s’ha carregat serà un realitat, i és en això en el que estan consumint-se les energies. Mentrestant es dissimula exigint sense convicció una unitat que és impossible de concretar en res, perquè els projectes polítics del sobiranisme han passat a ser plenament incompatibles entre si”.

(8) Gemma UBASART, “26-M en Cataluña: 40 años de elecciones municipales” a Más Poder Local nº 38 (julio 2019)

Las elecciones del 26M suponen el cierre de un ciclo electoral en un periodo con aún inestabilidad en el comportamiento electoral y redefinición en el sis- tema de partidos. Además, se producen después de los “hechos de octubre” de 2017 que generan un gran impacto en la vida política catalana. A pesar de todo, los cambios respecto a la anterior cita de 2015 son rela- tivamente moderados. Las dinámicas de fondo supra- municipales se dejan notar, pero el municipio amortigua sus efectos.

CIU y PSC se repartieron durante más de tres décadas el mapa de poder municipal. A pesar del desgaste de estos espacios, continúan teniendo una relevante presencia local: Junts es la fuerza con más alcaldías, el PSC retiene presencia gubernamental en gran parte de los grandes municipios. ERC obtiene buenos resultados pero no se consigue el sueño de su dirección: substituir el espacio ex pujolista. Parte de la estrategia de pactos post-26M de la formación republicana camina hacia esta dirección: evitar excesivas alianzas de izquierdas que rompan los bloques para poder con- seguir en unas futuras elecciones catalanas el apoyo de gran parte del espacio indepentista (apuesta por el frente nacional).

El municipalismo alternativo y popular vehiculado a través de la CUP y los Comuns experimenta un relativo declive. La “nueva política” sufre un retroceso en el mundo local, arena que fue el enclave en el que estos espacios políticos empezaron a crecer y consiguieron entrar en gobiernos. El salto de escala ha empezado a agotarse: la apuesta de la CUP por desbordar el “procés” y la de los comuns de “asaltar los cielos” no han llegado a culminarse con éxito. El ciclo en que ambos espacios adquirieron protagonismo y centralidad se está cerrando. Dicho esto, en aquellos municipios en los que se han consolidado relevantes proyectos de ciudad, estos se mantienen. Resulta en este sentido destacado el mantenimiento de la alcaldía de Barcelona por parte de Ada Colau.

Finalmente, la apuesta estatal de Albert Rivera ha repercutido en el ámbito municipal: ha situado a Cs en el ala derecho del tablero, compitiendo con el PP. No solamente no ha conseguido los resultados soñados en los años más polarizados del procés, sino que el espacio compartido entre naranjas y populares se ha visto reducido. A los naranjas también les ha pasado factura no haber conseguido estructurarse a nivel municipal. Los de Casado no se han recuperado del declive de la mancha de la corrupción y el envejecimiento de la marca”.

(9) José María RUIZ SOROA, “La receta procedimental” a El País (24-07-19)

(…) “… por patentes razones democráticas estamos obligados a indicar a los secesionistas cuál sería el camino por el que podrían llegar a ver realizadas sus legítimas aspiraciones. No tienen un derecho a ella (¿cuándo se bajarán de la nube fabulosa del derecho a decidir?), pero sí tienen un derecho a que su demanda sea procesada y respondida. Y así, constituye un contrasentido flagrante proclamar que su pretensión es legítima y no establecer al mismo tiempo un cauce legal, por duro y difícil que sea, cuyo tránsito esté al alcance de sus mantenedores. Y si para ello hay que movilizar al final al poder constituyente en persona, como algunos advierten, habrá que señalar cómo podría despertarse a tan augusto personaje.

Al final, esto es lo que más o menos hizo la Sentencia 42/2014 del Tribunal Constitucional al indicar que la Asamblea legislativa catalana podía presentar a la consideración de las Cortes españolas una iniciativa de reforma constitucional que debería ser considerada y tratada por estas, sin poder excluir ningún resultado de un tal debate. Y es que la cuestión de la unidad en un Estado democrático no puede ya abordarse desde el paradigma del sacrilegio (como en tiempos de Lincoln) sino desde el paradigma de que se trata de una cuestión posible en función del procedimiento: siempre que este sea respetuoso con todos los principios en juego, entre los cuales está tanto el democrático como el legalista, el de discusión o el de buena fe. El dictamen del Supremo canadiense permea hoy la comprensión y el tratamiento del problema en cualquier régimen democrático constitucional, también en España.
Dos consideraciones al respecto. La primera, la de que al igual que la iniciativa para explorar el camino válido de una secesión la puede tomar una Asamblea autonómica, también puede hacerlo la Asamblea Nacional Española motu proprio a la vista de la presión política que se registra, a iniciativa de algún partido nacional. La segunda, que parece de cajón prever que en algún momento de ese deseable iter normado hacia la secesión habrá de ser consultada la opinión pública del territorio afectado. Porque el poder constituyente precisará de conocer la voluntad cierta y clara de los afectados para formar la suya propia. ¿O no?
Contra esta vía procedimental de encauzamiento del problema se alzan, de uno y otro lado, los partidarios de las vías de hecho. Parecen resignarse en la idea de que como la secesión es al final una revolución (como escribió Kelsen), las revoluciones no se regulan, menos previamente, simplemente se experimentan. Los primeros en esta lógica son los secesionistas por las bravas, los del derecho a decidir, es claro. Pero también son en el fondo partidarios de las vías de hecho, aunque no lo digan tan claro, los que remiten la solución constitucional del problema a un futuro en el que la presión secesionista sea insoportable; por ejemplo, porque los partidarios de la secesión venzan con extraordinarias mayorías en una y otra convocatoria electoral territorial. En tal caso, el poder soberano nacional se dignará a tomar en consideración un tal clamor. Ambas posturas garantizan la tensión política creciente y, en cierta pero fatal manera, se retroalimentan una a otra, pues cuanto más difícil se coloca la meta, más incentivos para redoblar la presión tienen los corredores.
La vía procedimental, en cambio, puede procurar una rebaja de la tensión al posibilitar un tratamiento discursivo del asunto. Y es que los ánimos siempre se vuelven más razonables —aunque sea a su pesar— cuando se comienza a hablar de plazos, trámites, números, pólizas y sellos. Es una receta infalible”.

(10) Entrevista a Steven FORTI a El Salto (20-07-19)

(…) “ERC tiene que salir del chicken game [juego de la gallina] que tiene con la ex CiU. Tiene que hacer un acto de realismo y de pragmatismo. De vez en cuando alguno de ellos lo dice, pero luego se retrata porque tiene miedo de ser tildado de botifler, de traidor. Esquerra tiene que saber construir un relato, y la izquierda tiene que defender diferentes cuestiones y no puede acabar cautiva de determinados discursos que no son los suyos, tiene que saber construir uno propio, aunque no sea de oposición pura y dura, pero tiene que decir: vosotros aquí habéis mentido claramente, continuamente, tenéis que pedir perdón por esto, no compramos aquello, esto no es Cataluña todos a una por la independencia, y que la sociedad está partida en dos cuando el independentismo nunca ha superado el 50% de los votos. Hagamos todos un acto de realismo y sentémonos, dialoguemos y pactemos determinadas cuestiones que a nivel municipal sean políticas de ciudad más allá de los bloques y una política autonómica para salir de una crisis que está creando cada vez grietas más profundas en la sociedad y que pueden convertirse en fracturas que pueden tardar una generación o más en revertir. No se puede comprar el relato procesista” (…)

 

 

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