FOCUS PRESS 285

12 LECTURES DE FINAL DE CURS

(1) Article de Carlo GALLI a Le Grand Continent (12-07-22): La segunda Guerra Fría

(2) Entrevista a Ilya MATVEEV a Nueva Sociedad (julio 2022): La invasión de Rusia a Ucrania: una perspectiva antiimperialista 

(3) Sèrie d’articles de Josep Maria RUIZ SIMON a La Vanguardia (del 31-05 al 25-07 de 2022): Versallesques

(4) Article de Slavoj ZIZEK a El País (23-07-22): Contra la solidaridad entre poderosos

(5) Article de Francis FUKUYAMA a Letras Libres (27-07-22): Partidismo y principios

(6) Article d’Steven FORTI a CTXT (21-07-22): Draghi, crónica de un asesinato anunciado

(7) Article d’Olaf SCHOLZ comentat per Pierre MENNERAT a Le Grand Continent  (20-07-22): Cambio de época, segunda etapa 

(8) Conversa de Toni ROLDÁN amb Jordi SEVILLA a Ethic (19-07-22): «El problema de España no es el bipartidismo, sino la partitocracia» 

(9) Article de Raimon OBIOLS a L’Hora de Nou Cicle (26-07-22): Deures d’estiu 4 (Garicano, Ciudadanos, guies gastronòmiques) 

(10) Entrevista a Jordi AMAT a Crític (22-07-22): “Els Jocs del 92 eren socialdemòcrates, però el neoliberalisme profana el model” 

(11) Entrevista a Pere RUSIÑOL a Jot Down (juliol 2022): «El origen de los audios de Villarejo que se publican es más plural de lo que parece» 

(12) Article de Sergio RAMÍREZ a política&prosa nº45-46 (juliol-agost 2022): Historia de un delirio

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(1) Article de Carlo GALLI a Le Grand Continent (12-07-22): La segunda Guerra Fría  Hemos entrado en una nueva edad de hielo, cuya forma se está definiendo ahora … A diferencia de la primera, podría ser mucho más costosa para Europa Occidental  … Una nueva edad de hielo, una nueva incomunicación en las relaciones internacionales, ocupa la escena política mundial … En la guerra caliente que desencadenó la invasión rusa —y en la Guerra Fría que la originó— hay muchos aspectos y niveles, unos dentro de otros … Está claro que serán las armas, y las sanciones, las que decidan en última instancia quién tendrá que renunciar a qué, y cuándo, para establecer las nuevas o viejas fronteras … La forma de la Guerra Fría que acaba de comenzar es aún indeterminada porque la guerra caliente sigue en marcha y no se sabe cómo ni cuándo terminará … Esta es una de las diferencias más cruciales entre las dos guerras frías, la pasada y la emergente: hoy, para los europeos, las consecuencias de la confrontación Este-Oeste son mucho más inmediatas y perceptibles … La resistencia sistémica y moral es la verdadera cuestión en esta guerra, que por lo tanto podría ser más costosa para nosotros que la otra (…) “En resumen, existe el riesgo de que esta nueva guerra —que en sus aspectos fríos y calientes es una guerra de fricción y desgaste para ambos bandos, y que promete ser larga y con desarrollos militares imprevisibles— se decidirá en el frente interno por una serie de dificultades reales que podrían llevar a mucha gente (aunque no sea ideológicamente prorrusa) a preguntarse si vale la pena «sufrir por Kiev», igual que en su día se preguntó si valía la pena «morir por Danzig».
Esta hipótesis, que implica posibles cesiones y deserciones del hasta ahora unido frente de Occidente, es ciertamente apoyada por Putin, a quien no por casualidad le interesan los partidos que recogen y subrayan el descontento y la protesta, lo que pone a las fuerzas del establishment en la obligación de asumir, no episódicamente sino radicalmente, los problemas de nuestras sociedades, y no ocultarlos bajo una fachada de optimismo.
La mejor respuesta que se nos ocurre es trabajar concretamente, es decir, políticamente, para que la confianza en la democracia —en su eficacia, en su capacidad de responder a las necesidades de la sociedad en su conjunto— vuelva a ser el arma decisiva en la guerra y, al mismo tiempo, el principal instrumento de paz. Más allá de las muchas diferencias, el punto de contacto entre la vieja y la nueva guerra fría es que para ganar esta vez es necesario que nuestras sociedades asuman una configuración económica y política que legitime sustancialmente el modelo de civilización occidental”.

(2) Entrevista a Ilya MATVEEV a Nueva Sociedad (julio 2022): La invasión de Rusia a Ucrania: una perspectiva antiimperialista  Ilya Matveev es un socialista ruso, economista político y miembro del colectivo editorial de Posle, una nueva revista rusa posicionada contra la guerra. En esta entrevista analiza los antecedentes de la invasión de Ucrania, el impacto de las sanciones a Rusia y las razones por las que la izquierda internacional debe comprender la realidad del imperialismo ruso y dejar de justificar la invasión   (…) Usted afirma que Ucrania quería acercase a Occidente. Si observamos la trayectoria de Rusia a principios de este siglo, vemos que también tenía el mismo propósito. Sin embargo, en aparente contradicción con esta situación, hemos visto que Rusia no teme enfrentarse directamente a Occidente, tanto en Ucrania como en Siria y otros países, quizás como ningún otro país lo ha hecho. ¿Cómo explica esta contradicción de la Rusia del siglo XXI? Estoy completamente de acuerdo en que es una paradoja y es difícil de explicar utilizando las teorías existentes del imperialismo. No hay una explicación preparada para este tipo de situación. Pero si nos remontamos a Lenin y Trotsky, un concepto que podemos utilizar para entender mejor a Rusia es el de desarrollo desigual y combinado. Como parte del sistema capitalista global, podemos ver características del desarrollo desigual y combinado en Rusia. Si nos remontamos a más de 100 años, el antiguo imperio zarista ruso era económicamente débil, pero tenía un ejército desproporcionadamente grande y una influencia igualmente desproporcionada en la política mundial. Rusia se ha caracterizado por esta extraña combinación de debilidad económica y fuerza militar durante mucho tiempo. En la actualidad, yo diría que Rusia no es un país «normal». Por un lado, tiene a sus oligarcas y su clase dirigente –como cualquier otro país capitalista–, y es evidente que esa clase preferiría unas relaciones mucho más amistosas con el Occidente. Al mismo tiempo, tiene un ejército desproporcionadamente grande que heredó de la Unión Soviética. En términos numéricos es el segundo ejército más grande del mundo, aunque su actuación en Ucrania ha demostrado que mucha gente sobrestimó la fuerza militar de Rusia. Al mismo tiempo, la cultura estratégica soviética ha sido heredada por el régimen ruso. Esto nos muestra un extraño desequilibrio. Por un lado, hay una clase dirigente orientada a estrechar lazos con Occidente y, por otro, una élite militar, de política exterior y de seguridad nacional –junto con las propias Fuerzas Armadas— que tiene intereses divergentes de los de la clase dirigente. Puede decirse que al menos existe algún tipo de desconexión entre ambos. Esta es la realidad que tenemos. No podemos negar la existencia del imperialismo ruso solo porque no encaja en nuestra teoría del imperialismo. Lo que tenemos que hacer es desarrollar un verdadero análisis de lo que es Rusia y de lo que hace Rusia, en lugar de intentar acomodar las acciones de Rusia en una especie de noción preconcebida del imperialismo. Tal vez deberíamos incluso actualizar nuestra teoría del imperialismo para explicar mejor la agresión de Rusia a Ucrania. ¿Por qué insiste en la importancia de que la izquierda global entienda el fenómeno del imperialismo ruso? Empecemos con una situación contrafáctica. Imaginemos que negamos el hecho de que Rusia es imperialista y solo vemos a los países del centro capitalista como países imperialistas. ¿Qué se derivaría de esa negación del imperialismo ruso? ¿Cómo explicaríamos la agresión rusa si negáramos el status imperialista de Rusia? Inevitablemente, acabaríamos llegando a la conclusión de que las acciones de Rusia en Ucrania no son una agresión, sino una especie de acción defensiva contra el imperialismo occidental, contra el imperialismo de Estados Unidos. Pero esto es patentemente falso, porque Rusia no se está defendiendo; ahora mismo es claro que está atacando Hay izquierdistas que piensan exactamente esto: que Rusia es una potencia no imperialista que se defiende del imperialismo occidental y, por lo tanto, sus acciones están justificadas. Pero esto simplemente no es cierto. Lo que Rusia está intentando hacer es consolidar su influencia dentro del espacio postsoviético en la región y en Ucrania específicamente, porque Rusia no puede tolerar una Ucrania independiente de su influencia política. Es muy importante reconocer la existencia del imperialismo ruso, junto a la del imperialismo occidental, porque hacerlo nos permite ver claramente quién es el agresor y quién el agredido. Ucrania es claramente la víctima en todo esto. Las ideas que articulan los dirigentes rusos son abiertamente imperialistas. Dicen que Ucrania no es un país real, que los ucranianos no son una nación real, que Ucrania debería formar parte de Rusia. En esencia, dicen que los ucranianos son básicamente rusos y que, por lo tanto, Rusia debería imponer su control sobre el Estado ucraniano o incluso hacer que Ucrania forme parte de Rusia. Están argumentando en favor de borrar la identidad nacional ucraniana y obligar a los ucranianos a ser rusos. ¿No es esta una clara expresión de imperialismo, al igual que la de los imperios coloniales y de lo que hizo la propia Rusia en el Cáucaso y Asia Central en el siglo XIX? Necesitamos un análisis del imperialismo ruso para diferenciar entre las ambiciones imperialistas y las luchas por la liberación nacional. Pero aun si aceptamos que Rusia es imperialista, está claro que no es la principal potencia imperialista del mundo en la actualidad: Estados Unidos sigue ocupando esa posición. Teniendo en cuenta esto, algunos argumentarían que cualquier debilitamiento de Rusia como resultado de una derrota en Ucrania fortalecería en última instancia al imperialismo estadounidense y que, por lo tanto, la mejor solución es un cese de fuego y algún tipo de acuerdo negociado. Esta es una cuestión táctica, pero por supuesto que es crucial. Empecemos de nuevo con un contrafáctico: supongamos que pedimos un cese de fuego. ¿Cómo garantizaríamos este cese de fuego, incluso si, de alguna manera, Rusia estuviera de acuerdo con él? Un cese de fuego en la situación actual sólo significaría dar a Rusia tiempo para reagruparse y movilizar más fuerzas para luego reiniciar la guerra y conquistar más de Ucrania. El gobierno ruso nunca ha indicado que esté dispuesto a detener esta guerra. De hecho, hay indicios de que sigue manteniendo su objetivo maximalista de conquistar toda Ucrania, incluida Kiev. No veo ninguna prueba de que Rusia haya abandonado esos objetivos. En ese sentido, un alto el fuego solo haría el juego a los rusos y prolongaría la guerra. En última instancia, la OTAN se verá reforzada como resultado de esta guerra; de hecho, eso ya está ocurriendo a gran escala. El problema es que el desencadenante no fue el accionar de la OTAN, sino la decisión de Putin de invadir. Argumentar que necesitamos una rendición ucraniana para debilitar a la OTAN es de una lógica muy pobre. Permitir que Rusia conquiste más territorios significaría borrar todo lo que es ucraniano en esos territorios. Si permitimos que Rusia siga anexando más y más partes de Ucrania, entonces todo lo que es ucraniano en esos territorios simplemente se borrará. No creo que Rusia tolere siquiera que se hable la lengua ucraniana en esas zonas. Hay indicios, por ejemplo, de que se está obligando a los profesores ucranianos de los territorios ocupados a estudiar ruso para integrarse en el sistema educativo del país ocupante. Creo que la lógica expresada por parte de la izquierda internacional de que se puede luchar contra la OTAN a través de Rusia es realmente muy problemática. Esa lógica lleva a argumentar que Rusia está luchando contra la alianza atlántica, así que por lo tanto Rusia debería ganar de alguna manera para debilitarla. Pero no es la tarea de Rusia debilitar a la OTAN. Es la tarea de la izquierda occidental tratar de debilitar a la OTAN y de sustituirla por un nuevo sistema de relaciones internacionales. Estoy de acuerdo en que la OTAN es una alianza imperialista y que, a pesar de lo que dicen, no es una alianza defensiva. Hemos visto a la OTAN pasar a la ofensiva varias veces en varios países. La OTAN es una entidad beligerante, pero no debemos luchar contra ella deseando una victoria rusa. No se trata de una especie de juego de suma cero en el que los izquierdistas occidentales deberían alentar al otro equipo, al otro campo. Esa es una lógica campista, una lógica «tanquista», que rechazo absolutamente. Lo que las izquierdas tienen que hacer, en mi opinión, es pensar cómo podría ser una nueva arquitectura de seguridad global, pensar qué nuevo sistema de relaciones internacionales podría sustituir a la OTAN, y luchar por el poder gubernamental para hacer realidad esta nueva arquitectura de seguridad. Esa es para mi la tarea de la izquierda internacional. Por su parte, la tarea de la izquierda rusa es detener la agresión imperialista que está llevando a cabo Rusia. No hay otra opción. Es imposible que la izquierda rusa tolere o justifique de algún modo este tipo de agresión. Decenas de miles de civiles y soldados ucranianos y rusos ya han muerto en Ucrania. Esto es una catástrofe. Esta invasión no tiene sentido, ha empeorado la situación para todos: los ucranianos, los habitantes del Donbas y también la población rusa. Es una catástrofe desde cualquier perspectiva que se mire. Lo mejor que podría ocurrir es el fin inmediato de esta guerra mediante la retirada de las tropas rusas y la vuelta, al menos, al statu quo que existía antes del 24 de febrero “(…)

(3) Sèrie d’articles de Josep Maria RUIZ SIMON a La Vanguardia (del 31-05 al 25-07 de 2022): Versallesques

  • Versallesques (I) (31-05-22) La guerra d’Ucraïna ha convertit les analogies amb el tractat de Versalles en un camp de batalla
  • Versallesques (II) (7-06-22Mantoux considerava que les ‘reparacions’ exigides als alemanys no eren abusives, sinó justes i del tot assumibles
  • Versallesqes (III) (14-06-22) El pla Morgenthau proposava convertir Alemanya en un país de pagesos i pastors
  • Versallesques (IV) (21-06-22) Jeffrey Sachs va proposar un ‘nou Pla Marshall’ per a Rússia i la resta de les antigues repúbliques soviètiques
  • Versallesques (V) (28-06-22) L’intent de configurar un continent dividit en estats nacionals va donar lloc a estats multinacionals
  • Versallesques (VI) (5-07-22) Holbrooke parla de la importància per  ala diplomàcia de l’aprenentatge dels errors del passat
  • Versallesques (VII)  (12-07-22) La clàusula de la culpabilitat exigia que Alemanya assumís com a deutes a reparar els danys i les pèrdues causades
  • Versallesques (VIII) (19-07-22) Els acords de Munic mostren la inutilitat i estupidesa de les polítiques d’apaivagament
  • Versallesques (IX) (26-07-22)  Sovint els que recorden pedagògicament el passat són els que acaben repetint les velles equivocacions   El protocol no escrit de la retòrica sobre les relacions internacionals sembla recomanar que, abans de dictar una lliçó de la història, se citi l’aforisme erròniament atribuït a Santayana que diu que els qui no coneixen la història estan condemnats a repetir-la. Però, com va apuntar Arthur M. Schlesinger jr. a War and the american presidency (2004), sovint són justament aquells que recorden pedagògicament el passat els qui acaben repetint les velles equivocacions. Aquesta és la conclusió a què es pot arribar llegint alguns volums d’un interessant subgènere de les obres dedicades a les lliçons de la història, les que tracten de les lliçons que es poden treure d’aquestes (amb molta freqüència desencertades) lliçons. Entre aquestes obres es troben, a més del llibre ja esmentat de Schlesinger, Condemned to repeat it: lessons of history and the making of U.S. Cold War containment policy (2008), de Sheldon Anderson, i Traiter avec le diable? Les vrais enjeux de la diplomatie au XXIe siècle , de Pierre Grosser (2013).
    Tant Anderson com Grosser dediquen moltes pàgines a les analogies basades en l’exemple del pacte de Munich de 1938, que, com vèiem en l’entrega anterior, se sol usar com a artilleria de suport contra aquells que, en un o altre moment, han recordat la lliçó convencional, keynesiana, de l’exemple de Versalles per contextualitzar els conflictes. Com assenyala Grosser, amb el pas dels anys la invocació de l’exemple de Munic s’ha convertit en una eficaç arma dialèctica per a la dissuasió dels qui, davant d’una crisi, es podrien mostrar partidaris d’adoptar polítiques de diàleg o apaivagament; en una versió marcial de la famosa llei de Godwin, que afirma que a mesura que una discussió avança la probabilitat que es produeixi una comparació amb els nazis o Hitler tendeix a u.
    En la seva interpretació corrent, l’exemple muniquès ofereix un mètode senzill per defensar, sense necessitat d’analitzar les circumstàncies que concorren en el problema, una solució bèl·lica que aparca la diplomàcia a l’infern de les bones intencions contraproduents. Un mètode que permet desacreditar intel·lectualment com a il·lusos o moralment com a còmplices del mal els qui es mostren contraris a aquesta solució i que, donant per fet el pitjor dels futurs possibles en el cas de no prendre aquest camí de direcció única, permet estalviar-se la molèstia de preguntar-se per les conseqüències previsibles de seguir-lo.
    Per aquesta raó, no resulta estrany que s’hagi convertit en el recurs més freqüent quan es tracta d’atiar conflictes que després es voldran apaivagar amb altres analogies històriques. Però, mentre no arribi la tardor amb noves lliçons, convé no oblidar que la invocació de la lliçó convencional de Munic va portar el Regne Unit a Suez, on va naufragar el seu paper com a gran potència, i els EUA a Vietnam i a l’Iraq, que tampoc no van ser precisament experiències d’èxit.

(4) Article de Slavoj ZIZEK a El País (23-07-22): Contra la solidaridad entre poderosos… No todas las revueltas son iguales. Pero China, escribe el filósofo esloveno Slavoj Žižek, insiste en equiparar la lucha por libertad en Hong Kong con las revueltas del descontento en Occidente … China aconseja a Europa como si todos compartieran el mismo interés básico por aferrarse al poder … El 19 de junio de 2022, los republicanos de Texas declararon que Biden “no fue elegido legítimamente”  … Es nuestra sociedad, que confunde la madurez con la locura, la que está loca (…) “Durante la revuelta del Maidán se filtró una llamada telefónica de la diplomática estadounidense Victoria Nuland en la que se la oía decir en tono frívolo: “¡Que se joda la UE!”, clara señal de que Estados Unidos tenía sus propios objetivos en Ucrania. Hace años que Putin también lleva a cabo una política sistemática de “¡Que se joda Europa!”, de desmantelar la unión de Europa: ha apoyado el Brexitel separatismo catalán, a Le Pen en Francia y a Salvini en Italia. Este eje antieuropeo que une a Putin con ciertas tendencias de la política estadounidense es uno de los elementos más peligrosos de la política actual y plantea un dilema difícil de resolver a los países africanos, asiáticos y latinoamericanos: si se dejan guiar por el viejo instinto antieuropeo y se ponen del lado de Rusia, lo que nos espera es un mundo nada feliz. Rusia repite la versión (que también asumen algunos izquierdistas occidentales) de que los acontecimientos del Maidán —una ola de manifestaciones y disturbios civiles en Ucrania que comenzó el 21 de noviembre de 2013 con una gran manifestación en la Maidan Nezalezhnosti (plaza de la Independencia) de Kiev— fueron un golpe nazi, cuidadosamente orquestado por Estados Unidos, contra un gobierno democráticamente elegido. Es indudable que los acontecimientos fueron caóticos, con muchas tendencias diferentes y numerosas injerencias extranjeras, pero, por encima de todo, el Maidán fue una auténtica revuelta popular. Durante el levantamiento, el Maidán era un enorme campamento de protesta ocupado por miles de manifestantes y protegido por barricadas improvisadas. Tenía cocinas, puestos de primeros auxilios y emisoras de radio, además de estrados para discursos, conferencias, debates y actuaciones; lo menos parecido a un golpe nazi que se pueda imaginar. Mucho más similar, en realidad, a lo que ocurrió en Hong Kong, en Estambul o durante la Primavera Árabe. La rebelión del Maidán también debe compararse con las protestas de Bielorrusia de 2020-2021, que fueron brutalmente aplastadas. Lo único que podemos reprocharles es que su europeísmo fue demasiado ingenuo y no tuvo en cuenta los antagonismos que atraviesan hoy Europa. Pero de ninguna manera se puede decir que el asalto del 6 de enero de 2021 contra el Capitolio fue el Maidán estadounidense. Varios amigos míos estaban totalmente traumatizados por las escenas de la turba que invadía el Capitolio y me decían: “La multitud que toma la sede del poder, ¡eso es lo que deberíamos estar haciendo nosotros! ¡Lo están haciendo quienes no deben!”. Esta es, quizá, la razón por la que la derecha populista molesta tanto a la izquierda: le está robando su oportunidad de disfrutar. Recordemos lo que dijo Putin el 21 de febrero de 2022: después de afirmar que Ucrania era una creación bolchevique, aseguró que “hoy, la ‘progenie agradecida’ [de Lenin]” ha derribado monumentos a Lenin en Ucrania. Lo llaman descomunización. ¿Quieren la descomunización? Muy bien, por nosotros, estupendo. Pero ¿por qué quedarse a medio camino? “Estamos dispuestos a mostrar lo que significaría una verdadera descomunización para Ucrania”. Y lo están demostrando, con su operación militar especial. La lógica de Putin está clara: Ucrania fue una creación bolchevique (de Lenin), así que una verdadera descomunización significa el fin de Ucrania. Pero no olvidemos tampoco que la “descomunización”, en este caso, debe interpretarse literalmente: un intento de borrar los últimos rastros del legado del Estado de bienestar. Lo siento por los “izquierdistas” que apoyan la descomunización de Ucrania que está llevando a cabo Putin: pertenecen al mismo grupo que los pacifistas “antiimperialistas” de 1940 que afirmaban que la guerra no era su guerra y no tenían por qué luchar contra los nazis. Y esto nos lleva a nuestro punto de partida. Hace muchos años que Rusia y China se dejan llevar por el pánico cuando estalla una rebelión popular en algún lugar de su esfera de influencia, que suelen interpretar como un complot instigado por Occidente y obra de la propaganda y los agentes extranjeros. Ahora, por lo menos, China tiene la sinceridad de reconocer que existe un profundo descontento en todo el mundo; lo malo es que apela a la solidaridad de quienes están en el poder, independientemente del lado de la nueva división ideológica en el que se encuentren. ¿Y si nos mantenemos fieles a la tradición de la izquierda y mantenemos la solidaridad con los que se rebelan?”.

(5) Article de Francis FUKUYAMA a Letras Libres (27-07-22): Partidismo y principios  En los últimos años el apartidismo que se presupone en los funcionarios ha dejado de ser la norma. Que el partidismo se imponga al interés público es un problema para la democracia
(…) “Al desafiar la legitimidad de las elecciones de 2020, los conservadores favorables a Trump han cruzado una línea roja hacia un territorio que no busca simplemente impugnar una preferencia política dentro de un marco ampliamente democrático, sino que pretende socavar ese marco, y por lo tanto la democracia estadounidense, en su conjunto. Como está quedando muy claro en el Comité del Congreso del 6 de enero, a Donald Trump se le dijo en repetidas ocasiones que no había pruebas serias de fraude en las elecciones y, sin embargo, ha seguido impugnando los resultados y diciendo a sus seguidores que el sistema está “amañado” y profundamente corrupto. Un grupo de conservadores ha presentado una refutación completa de las acusaciones de fraude electoral en su informe lostnotstolen.org. Al seguir impugnando la legitimidad de las elecciones, Trump carcome los propios cimientos del sistema constitucional y se adentra en un territorio abiertamente antidemocrático. Esta postura necesariamente erosiona la norma del apartidismo en el resto de nosotros, y en cierto sentido nos obliga a volvernos partidistas. Puedo ilustrarlo con una referencia a dos organizaciones de promoción de la democracia a las que he estado afiliado, la National Endowment for Democracy (donde fui miembro de la junta directiva durante 18 años) y Freedom House (de cuya junta directiva formo parte ahora). Ambas organizaciones tratan de promover la democracia en todo el mundo, en parte reforzando la capacidad de los partidos para concurrir a elecciones democráticas. Dos de los institutos que componen la NED, el Instituto Nacional Demócrata(vinculado al Partido Demócrata) y el Instituto Republicano Internacional (vinculado a los republicanos) se crearon explícitamente para trabajar con partidos afines en países de todo el mundo y fortalecerlos. Sin embargo, ninguna de estas organizaciones apoya a todos los partidos: los partidos que tienen un historial no democrático, o que son sospechosos de ser antidemocráticos, quedan fuera de la lista.  Así, durante la Guerra Fría, no trabajaron con los partidos comunistas francés o italiano, y en los últimos años se han mantenido alejados de grupos como los Hermanos Musulmanes en Egipto o el AKP en Turquía. El apartidismo termina, por así decirlo, en el límite de la democracia. En los últimos años, Freedom House ha destacado el declive de la práctica democrática en Estados Unidos; su deterioro es uno de los grandes impulsores de sus mediciones globales de la democracia. En cambio, ha guardado silencio sobre cuestiones como la reciente decisión del Tribunal Supremo de anular Roe vs. Wade. Esto último ha provocado una gran y, para mí, justificada indignación, pero la decisión del Tribunal se mantiene dentro del marco del desacuerdo y la deliberación partidista permisibles. Puede no gustarnos que el SCOTUS haya adoptado una posición apoyada por una minoría de estadounidenses, pero la decisión en sí no constituye un ataque a las instituciones democráticas fundamentales. Por lo tanto, la decisión de Freedom House de guardar silencio sobre este neurálgico asunto doméstico estaba justificada, al igual que su decisión de criticar los intentos republicanos de anular las elecciones de 2020. Mientras el Partido Republicano se mueve para respaldar la visión de Trump de las últimas elecciones y se prepara para poder manipular las próximas, ha dejado la familia de partidos que operan dentro de un marco democrático. Se puede impugnar una amplia variedad de políticas favorecidas por los republicanos y los demócratas, pero no las políticas diseñadas para debilitar deliberadamente la propia democracia. En consecuencia, creo que es de gran importancia que los demócratas conserven el control del Congreso y de las legislaturas a nivel estatal en 2022, y que un demócrata gane las elecciones presidenciales de 2024. No digo esto por lealtad partidista, o como una cuestión de preferencia política. Los demócratas han estado dominados por el ala progresista activista del partido que sigue haciendo todo lo posible para alejar a los votantes moderados en los estados donde el resultado no está decidido de antemano. Los pésimos resultados del presidente Biden en las encuestas demuestran hasta qué punto ha sido captado por esa ala, así como las legítimas preocupaciones sobre su edad, su juicio y su vigor. El historial de la vicepresidenta Harris no sugiere que su atractivo sea mayor que el del presidente, ni que vaya a hacer un mejor trabajo que él. La gran mayoría de los estadounidenses cree que hoy nos enfrentamos a una elección partidista normal, en la que la preferencia política y los juicios sobre las cualidades de liderazgo deberían determinar nuestro voto. Ojalá fuera cierto, pero una gran parte del Partido Republicano ha evolucionado en una dirección extremista que la sitúa fuera del ámbito de la elección democrática aceptable. Por primera vez en mi experiencia, nos enfrentamos en casa a los mismos dilemas que los promotores de la democracia han afrontado en el extranjero en sociedades con problemas democráticos.  El problema no es el partidismo, sino la propia democracia”.

(6) Article d’Steven FORTI a CTXT (21-07-22): Draghi, crónica de un asesinato anunciado Ni una figura como la del expresidente del BCE ha conseguido dar estabilidad al país transalpino en medio de la tormenta perfecta marcada por la pandemia, la guerra, la crisis energética y la inflación … Entre insultos a migrantes, feministas y progresistas, Matteo Salvini viajaba a menudo a Moscú y se hacía selfies en la plaza Roja …En Italia destaca el cansancio hacia una clase política que es percibida como irresponsable (…) (…)  Draghi cayó, pues, por una incineradora en Roma? Obviamente no. Cayó por la incapacidad política de un partido, el M5E, que es un mejunje populista sin una ideología clara que pierde piezas cada mes. Desde el principio de la legislatura, de hecho, el partido que obtuvo el 32,7% en 2018 no solo sigue cayendo en picado en intención de voto –obtendría ahora alrededor del 10%–, sino que ve menguar su representación parlamentaria: en la Cámara, los grillini han pasado de 222 diputados a solo un centenar tras la última escisión liderada por su anterior líder político y actual ministro de Exteriores, Luigi Di Maio, que fundó un nuevo partido, Juntos por el Futuro. En casa del excómico Beppe Grillo, desde hace tiempo es un sálvese quien pueda.
El objetivo de Conte era sencillamente el de marcar perfil y, como mucho, apoyar externamente al ejecutivo en lo que queda de legislatura para intentar recuperar algo de consenso de cara a las elecciones que se habrían debido celebrar en primavera. Sin embargo, a fuerza de estirar tanto la cuerda, esta se rompió. El abogado de Volturara Appula demostró todas sus limitaciones políticas y el M5E, que ha estado en el gobierno ininterrumpidamente desde 2018 con tres ejecutivos muy distintos, ha puesto de manifiesto que no ha aprendido nada de cómo se hace política. ¿Qué se podía esperar de un partido que nació gritando Vaffanculo? De aquellos polvos, estos lodos.
Y es aquí cuando debemos volver a Villa Grande. Es en la Appia antigua donde se decidió darle el golpe de gracia a Draghi. Acompañado de su flamante nueva novia de 32 años, Berlusconi –que cumplirá 86 en dos meses– se reunió con Salvini. Los dos hablaron con Meloni y apostaron por ir juntos a nuevas elecciones, donde tienen todas las de ganar por goleada. El líder liguista obtuvo lo que quería hace tiempo, aprovechando el diletantismo de Conte. Berlusconi espera ser una vez más el king makery Meloni recoge los frutos, sin ensuciarse las manos. El guion de la jornada del 20 de julio fue escrito en la villa que fue de Franco Zeffirelli. Los asesinos de Draghi son, en suma, Conte por incompetente y el dúo dinámico Salvini-Berlusconi, que son los que han apretado el gatillo.
Certezas e incógnitas
Italia se encamina, pues, a nuevas elecciones, que se celebrarán el 25 de septiembre. Mientras tanto, en Washington y Bruselas el estupor se mezcla con la rabia por ver cómo ni una figura como la de Draghi ha conseguido dar estabilidad al país transalpino, en medio de la tormenta perfecta marcada por la pandemia, la guerra, la crisis energética y la inflación. En el Kremlin, en cambio, han acabado las reservas de vodka tras la fiesta que se han pegado. ¿Y en Italia? Hay de todo, pero destaca el cansancio hacia una clase política que es percibida como irresponsable. En los últimos días, han sido muchos los llamamientos de la sociedad civil para que el gobierno siguiese adelante: le pidieron a Draghi quedarse explícitamente, con manifiestos y recogidas de firmas, el partido del PIB (la patronal), el partido del sentido común (los alcaldes) y el partido de la solidaridad (el tercer sector).
En definitiva, las certezas son pocas. Se votará con una ley electoral pésima –el Rosatellum– que prevé el 61% de los diputados elegidos con el sistema proporcional y el 37% con el sistema mayoritario en colegios uninominales. Además, por primera vez será un Parlamento “reducido” tras el recorte de diputados (de 630 a 400) y senadores (de 315 a 200) aprobado hace un par de años. Mucho dependerá de cómo se presenten los partidos. Si en la derecha –por favor, no lo llamen centro-derecha porque de centro no tiene nada– no hay dudas de que Salvini, Meloni y Berlusconi se presentan una vez más juntos, en el centro-izquierda todo está por ver. El frente largo progresista, defendido por el PD y que incluía al M5E, ha quedado posiblemente herido de muerte tras la decisión de Conte. El secretario democrático, Enrico Letta, lo ha expresado claramente: lo que ha pasado implica “un cambio total de paradigma”. ¿Y qué harán los Renzi, los Calenda, los Di Maio y todo ese heterogéneo popurrí más o menos liberal que incluye a los que han roto con Berlusconi, como los ministros Gelmini y Brunetta, dirigentes históricos de Forza Italia? ¿Irán juntos? ¿Y alguien los votará? La descomposición-recomposición de las fuerzas políticas no ha parado desde 2018 y la conclusión abrupta de la legislatura lo acelerará.
Las primeras proyecciones, a partir de las encuestas de las últimas semanas, otorgan una amplia mayoría absoluta en casi todos los posibles escenarios a la coalición de derecha. Sería, atención, un gobierno ultra con la muleta pseudo-liberal del berlusconismo. Lo único que quedaría por entender es quién se llevaría el gato al agua: Meloni se frota las manos con una intención de voto del 22-23%, mientras que Salvini espera presentarse junto a Forza Italia para quedar primero dentro de la coalición. La regla no escrita es que el partido más votado nombra al presidente del Consejo. Veremos. De todas formas, una cosa u otra no cambiaría el resultado: en Roma habría un gobierno que miraría al modelo húngaro de Viktor Orbán.
Las incógnitas, sin embargo, son muchas más. ¿Qué pasará con el plan de recuperación que debe ser implementado con un calendario estricto? Hay que aprobar una serie de reformas si se quiere recibir el próximo paquete de ayudas. ¿Qué pasará con la prima de riesgo del país con la deuda pública más elevada de la UE? Ayer superó los 240 puntos y la subida de tipos de interés del BCE no ayudará. ¿Qué pasará con la aprobación de los presupuestos? En el mejor de los casos, el gobierno se formaría a finales de octubre: no será fácil prepararlos y conseguir el visto bueno de Bruselas. ¿Y qué pasará con la colocación internacional de la tercera fuerza económica de la UE si se forma un gobierno Meloni-Salvini? ¿El compromiso euroatlántico, pilar del gobierno Draghi, se mantendrá? Rusia intentará influir en las elecciones italianas y después en la línea del nuevo gobierno. No olvidemos que los canales de comunicación son fluidos con Berlusconi, histórico amigo de Putin, y Salvini, cuyo partido, la Liga, firmó un acuerdo de cooperación con Rusia Unida. No estamos hablando de temas baladíes.
Obviamente, el futuro no está escrito, como decía Joe Strummer. La izquierda –o, al menos, lo que queda de ella– y el mundo progresista pueden movilizarse y evitar que los amigos de Orbán, Trump y Abascal lleguen al poder en Roma. No va a ser fácil, desde luego, pero hay que intentarlo. Y sobre todo hay que encender todas las velas a todas las vírgenes que conozcamos. Y rezar. En el país que alberga el Vaticano a veces funciona”.

(7) Article d’Olaf SCHOLZ comentat per Pierre MENNERAT a Le Grand Continent  (20-07-22): Cambio de época, segunda etapa  “La mera constatación de un cambio de época no hace un programa.” En un importante texto comentado aquí por primera vez en español, Olaf Scholz detalla cómo podría ser la entrada de Alemania en una nueva era global, articulando diferentes escalas y abriendo el camino a alianzas inesperadas  

Pierre Mennerat. En una tribuna publicada el domingo 17 de julio en el FAZ, el canciller Olaf Scholz hace un balance de la política de su gobierno desde febrero y subraya la necesidad de una política exterior para Alemania bajo el signo del realismo y la búsqueda de cohesión. Esta nueva doctrina exterior alemana se despliega en tres niveles: «Hacer a Alemania más segura y resistente, a Europa más soberana y al orden internacional más sólido para el futuro».
Olaf Scholz. La política comienza con una revisión de la realidad. Incluso cuando ésta no nos gusta. La realidad actual es que el imperialismo ha vuelto a Europa. Muchos esperaban que la estrecha interdependencia económica garantizara tanto nuestra estabilidad como nuestra seguridad. Esa esperanza ha sido ahora destruida a la vista de todos por la guerra de Putin contra Ucrania. Los misiles rusos no sólo han causado una destrucción masiva en Kharkiv, Mariupol y Kherson, sino que también han reducido a cenizas el orden de paz europeo e internacional de las últimas décadas.
Además, el estado de nuestra Bundeswehr y de nuestras estructuras de defensa civil, pero también nuestra excesiva dependencia de la energía rusa, demuestran que nos hemos adormecido con una falsa sensación de seguridad tras el final de la Guerra Fría. La política, la economía y amplios sectores de la sociedad no dudaron en extraer consecuencias de gran alcance de la afirmación de un ex ministro de Defensa de que Alemania «sólo está rodeada de amigos». Esto fue un error.
P.M. Mientras que el discurso de la Zeitenwende procedía de la urgencia, Alemania se enfrenta ahora a la necesidad de reflexionar sobre la guerra y sus consecuencias a largo plazo. En cierto modo, el discurso retoma lo dicho en el discurso del 27 de febrero: el Canciller hace un breve balance de los cuatro meses de guerra, y se detiene mucho más en las consecuencias económicas y sociales que ahora se hacen más evidentes.
Olaf Scholz calificó de error la política exterior de apaciguamiento motivada por la esperanza de un cambio político a través del comercio y la interdependencia. Reniega explícitamente de la fórmula del ex ministro de Defensa Volker Rühe (1992-1998), quien, al final de la Guerra Fría y en un contexto de disminución de los gastos de defensa, declaró que Alemania estaba ahora «rodeada sólo de amigos». En 2014, esta fórmula ya fue seriamente cuestionada con la invasión rusa de Crimea y el este de Ucrania
Olaf Scholz. Tras el cambio de época marcado por el ataque de Putin, nada es igual que antes. Por eso las cosas no pueden seguir como están. Pero la mera constatación de un cambio de época no hace todavía un programa. El cambio de época implica la necesidad de actuar, para nuestro país, para Europa y para la comunidad internacional. Debemos hacer que Alemania sea más segura y resistente, que Europa sea más soberana y que el orden internacional sea más sólido para el futuro.
P.M. La retórica de Olaf Scholz consiste en reconocer los errores del pasado en la economía y en la sociedad alemana en su conjunto, al tiempo que destaca las acciones presentes de su gobierno. Olaf Scholz retomó su programa de acción anunciado el 27 de febrero ante el Bundestag: la modernización de la Bundeswehr gracias al fondo especial de cien mil millones de euros, el apoyo económico, humanitario y militar a Ucrania, el refuerzo de la presencia en el flanco oriental de la OTAN y las sanciones europeas contra Rusia. Al subrayar que su gobierno tomó medidas de precaución el pasado diciembre para reducir la dependencia del gas ruso, Olaf Scholz quiere evitar la acusación de falta de preparación. De hecho, su gobierno ha proclamado el plan de emergencia del gas, y ahora se enfrenta a un riesgo muy grave de escasez este invierno.
La novedad y la radicalidad del cambio de época -el fondo especial para la Bundeswehr se califica como «el mayor cambio en la política de seguridad de la República Federal de Alemania»- no debe ocultar que, desde 2014 y la invasión rusa del este de Ucrania, la gran coalición en el poder en Berlín había puesto fin definitivamente al recorte de los créditos militares y se había embarcado en nuevos programas de equipamiento bajo el liderazgo de Ursula Von der Leyen y Annegret Kramp-Karrenbauer.
La decisión de volver a poner en funcionamiento las centrales eléctricas de carbón se tomó con «mucho pesar», a la espera del aumento de las energías renovables. Sin embargo, Olaf Scholz no menciona la cuestión de las tres centrales nucleares que quedan en Alemania, cuyo cierre está previsto para finales de año y que proporcionan alrededor del 6% de la producción actual de electricidad[2]. El FDP quiere que se amplíen, los Verdes se oponen. El canciller socialdemócrata se opone actualmente a la ampliación de su funcionamiento (…)

(8) Conversa de Toni ROLDÁN amb Jordi SEVILLA a Ethic (19-07-22): «El problema de España no es el bipartidismo, sino la partitocracia»  «Ningún dato avala que España vaya a entrar en recesión» … «En su momento, tanto Podemos y Ciudadanos me parecieron un soplo de aire fresco, pero el problema empezó con un diagnóstico equivocado de la política española … «No se puede compatibilizar el discurso del esfuerzo que hace una cierta derecha en España con una bajada de impuestos» … «Descentralizar España necesita dos acciones: sacar cosas de la capital y traer de vuelta experiencias de otras partes del país, pero siempre haciéndolo desde la igualdad de derechos»

En el primer capítulo de tu libro, realizas un análisis con el que estoy de acuerdo en la sección Raíces de la actual discordia: hasta aproximadamente 2018, todos compartíamos un diagnóstico parecido al del politólogo Francis Fukuyama. Un optimismo con la democracia liberal y la creencia de que la tecnología iba a hacer que los regímenes autoritarios no pudieran resistir y, además, nos conduciría a permanentes incrementos de productividad. Luego ha venido la realidad: un auge del populismo y un incremento de la polarización a nivel global. A veces creemos que la raíz de estos problemas es esencialmente económica, y tendemos a ofrecer respuestas esencialmente económicas, pero los que hemos pasado por política sabemos que influyen también otros factores –como la identidad o el sentido de pertenencia– que van más allá. Y nos cuesta mucho ofrecer respuestas que no sean económicas. En el libro reconozco dos cosas que son, en realidad, obviedades: primero, que los seres humanos no se mueven solo por sus intereses; y segundo, que sus intereses no son solo económicos. Independientemente de la formación de unos y otros, no podemos olvidar lo que significa la pérdida de respeto que mucha gente ha sentido por un sistema que le ha engañado. Ahora estoy trabajando en esas promesas que mencionas y que yo llamo errores del siglo XXI. Ya no solo es que la globalización no nos haya hecho ricos a todos, o que la digitalización no nos haya empoderado por igual, sino que se ha puesto de manifiesto que los Estados nación ya no son lo que eran y, por lo tanto, que no está en sus manos resolver la mitad de los problemas que afectan a los ciudadanos. Estos tienen más que ver con el cambio climático, con el proceso de digitalización o la globalización. Se nos había olvidado que la globalización también genera marginados en el primer mundo, y nos dimos cuenta cuando los vimos votar a Trump. Esto, además, ha coincidido con una política muy identitaria, pero la gente siente que no le aplica. Piensa: «El sistema que me prometió una gran riqueza me ha dejado en el paro, y el sistema democrático que me ofreció una gran cohesión social habla de todo el mundo menos de mí». Ese es uno de los primeros fallos. Otro asunto a tratar es el ascensor social, algo que mencionamos constantemente sin dar nunca el siguiente paso. A mí no me preocupa solo la avería del ascensor social (que evidentemente empezó a manifestarse a finales de los 80), sino que veo dos claves –un Estado que redistribuye y una cierta garantía de igualdad de oportunidades– que se acaban rompiendo con el exceso de la revolución neoliberal. El mensaje que estamos dando a la juventud y a los padres de la juventud es que el sistema nos ha hecho creer que, con esfuerzo, podemos llegar donde queramos y, cuando después de todo te conviertes en becario mileurista o te tienes que buscar la vida en el extranjero, la decepción es muy grande. En un contexto de política identitaria, eso genera mucho enfado. Es carne de cañón del populismo, que tiene una gran ventaja y es que nadie le pide soluciones, solo que señale al culpable y movilice a la gente contra él. Esto me permite hablar no solo del tema económico, sino de la democracia tal y como la hemos desarrollado en este siglo XXI; una democracia que no está cumpliendo sus promesas y que nos debe llevar a una reflexión sobre el sistema democrático, que hay que defenderlo en términos formales y en términos de la separación de poderes, pero que también tiene que ofrecer una perspectiva de futuro y de cohesión social (esta última también se ha roto). Yo soy un enemigo de las políticas identitarias a todos los niveles. En el caso del nacionalismo lo tenemos más claro algunos, pero lo digo muchas veces: defiendo los derechos de las mujeres y los derechos LGTBI no por ser mujeres o LGTBI, sino por ser ciudadanos. Como ciudadanos de un sistema democrático tienen derecho a todo eso. ¿Es lo mismo? No, porque si no yo no reconozco sus derechos por ser lo que son, estoy señalando, encapsulando y separando a un grupo, a veces incluso confrontándolo con el resto. En cambio, si yo reivindico la ciudadanía dejo claro que ciudadanos somos todos y hablo de lo que nos une, no de lo que nos separa. Todo esto es lo que nos está llevando a la situación actual, absurda, en la que, ante una crisis enorme, en lugar de tener a un Parlamento preocupado por los ciudadanos y buscando soluciones comunes, espera a ver quién se la pega más fuerte al otro.

Te voy a apretar un poco más en esta línea. Quizá esta pregunta es la más filosófica que te voy a hacer porque no quiero ponerme demasiado abstracto. Pero es un tema que me preocupa, en particular, desde que me fui de la política y que tú mencionas en el libro. En mis primeros discursos en el Parlamento, cuando hablaba de las ventajas y desventajas de una política pública, nadie me hacía caso, los matices no importaban; pero el día que buscaba la confrontación y marcaba polarización, conseguía titulares. Los incentivos del propio sistema político están muy alineados con esto y van a un asunto de fondo: prácticamente desde la Ilustración hemos asumido que somos esencialmente racionales y, sin embargo, lo que nos dice la creciente evidencia en ciencia cognitiva, en psicología social con experimentos cada vez más concluyentes –de hecho, mencionas a Jonathan Haidt en tus páginas–, es que más bien somos seres racionalizadores. Esto genera mucho pesimismo y desconfianza: es un cambio de perspectiva. ¿Cómo lo vives tú desde tu experiencia política? Para mí esto es crucial, porque yo me he educado en una generación donde tenía claro que la Ilustración –esa «mayoría de edad del ser humano», como decía Kant– era, junto a los derechos humanos y la penicilina, uno de los grandes inventos de la humanidad. Defiendo mucho ese planteamiento, y no quiero mezclarlo con el concepto de los economistas que son racionalizadores, porque en eso soy muy crítico. Los sesgos cognitivos también existen, pero el libro de Haidt me golpeó precisamente porque con él lo ves en la práctica. Te das cuenta de algo importante y es que no podemos pensar que no tenemos capacidad de racionalizar, sino de razonar. Posiblemente eso es lo que más nos diferencia del resto de animales. Lo que me preocupa en esa línea es que estamos volviendo a una moda de recuperar la especie humana olvidándonos del individuo. Tendríamos que ser capaces de conseguir que lo cortés no quitara lo valiente. En mi caso, he encontrado una posición que me mantiene en pie: el estoicismo. Los estoicos ya se dieron cuenta de la doble faceta del ser humano y reconocieron y aceptaron que también somos pasiones irracionales, que tenemos sentimientos, y que no debemos intentar negarlos o suprimirlos, pero tampoco debemos perder de vista que la razón debe poder controlarlos. En ese sentido, el estoico no estaría de acuerdo con Haidt al afirmar que la razón va detrás, sino que está un pasito por delante.

El jinete controla al elefante. Eso es. Un estoico se tomará una copa de vino, pero nunca se emborrachará; es decir, reconoce que le gusta el vino y que tiene derecho a divertirse, pero controla. Es un aprendizaje, un esfuerzo que tenemos que hacer. Es posible que, si no lo haces, seas racionalizador y el jinete vaya detrás del elefante. ¿Qué ocurre entonces? Si miras la experiencia histórica, incluida la propia actualidad, verás que, cuando no somos razonadores, cuando nos dejamos llevar por cualquier cosa que no sea la razón, acabamos en la confrontación. Hay un ejemplo no me canso de repetir: si dices que hay que subir impuestos y yo digo que hay que bajarlos, tú darás tus argumentos, yo los míos, los discutiremos y a lo mejor hasta llegamos a un acuerdo; pero si tú dices que yo soy gilipollas, yo digo que tú eres más gilipollas todavía… ¿cómo sigue entonces la conversación? La convivencia en una sociedad democrática es conversación, es la razón dialógica que decía Habermas. Por tanto, si bloqueas los espacios de lo común, cercenas la posibilidad del diálogo y te cargas la convivencia.

En el libro, concretamente en el segundo capítulo, también haces un análisis de nuestra historia reciente. Tú y yo estuvimos sentados en 2016 y logramos llegar a un acuerdo. Parece que eso fue en la Prehistoria, y han pasado solo seis años. Pero cómo habría cambiado España si aquello hubiera salido.

Era un acuerdo político muy sensato y trabajado. Ahora, tras las elecciones andaluzas, básicamente mi antiguo partido (Ciudadanos) ha desaparecido. Simultáneamente, Pablo Iglesias ha salido de la política. Todo apunta a un retorno al bipartidismo. ¿Qué ha pasado? En su momento valoré muy positivamente la aparición de Podemos y de Ciudadanos porque, por entonces, yo también tenía una actitud muy crítica con la gestión que mi partido y mi Gobierno hizo de la crisis de 2010, la crisis de la deuda y del euro. Me pareció que podía ser un soplo de aire fresco. ¿Dónde empezó a nacer el temor? E diagnóstico fue equivocado: el problema de este país nunca ha sido el bipartidismo, sino la partitocracia, es decir, anteponer los intereses del grupo a los antiguamente llamados intereses generales. De ellos, por cierto, ahora ya casi nadie habla. Ese mal diagnóstico, desde mi punto de vista, llevó a una mala práctica. La idea era que el problema se encontraba en PP y PSOE y, por tanto, si los cambiábamos por Podemos y Ciudadanos, sería diferente. Poco a poco te das cuenta de que Podemos y Ciudadanos comparten con PP y PSOE esa visión partitocrática y ves que el problema sigue siendo el mismo. A partir de un momento determinado, posiblemente cuando Pablo Iglesias –y digo Pablo Iglesias, y no Podemos, porque creo que él tuvo gran responsabilidad personal, ya que mucha gente en su grupo se hubiera abstenido para favorecer un Gobierno como el que en aquel momento podríamos haber formado– se empeña en esa visión partitocrática porque está convencido del sorpasso que su admirado Anguita ya buscaba, y empieza a romper puentes. Ya no solo con el PSOE, sino que se carga la Transición y rompe consensos de los que España se siente muy orgullosa. Cuando a los dos años Ciudadanos, quien había hecho bandera de la Transición y del consenso que significó esta, se pasa también a la banda de Sánchez y a la confrontación, acaba alimentando esa confrontación entre bloques. Así, lo que empezaron siendo dos golpes de aire fresco en la política española han acabado convirtiéndose en dos elementos negativos, porque no solo no han refrescado, sino que han contribuido al nacimiento de Vox. En ambos partidos, sus votantes iniciales se han dado cuenta y eso es lo que están castigando. (…)

(9) Article de Raimon OBIOLS a L’Hora de Nou Cicle (26-07-22): Deures d’estiu 4 (Garicano, Ciudadanos, guies gastronòmiques) Luis Garicano, economista prestigiós i eurodiputat de Ciudadanos (Cs), abandona el seu escó i torna a l’activitat acadèmica, a la Universitat de Colúmbia. Comentant-ho, Juan Claudio de Ramón ha escrit que és una  retirada de la vida política que “induce una aguda melancolía”.   La  malencolia que sent de Ramón és induida per dos problemes, que exposa en el seu article.  En primer lloc, la dificultat d’atreure a la política activa a persones de  probada vàlua professional al marge de l’estructura dels partits. De Ramón ho atribueix a dues causes:  els estipendis més baixos que els que ofereix el sector privat, i  la repugnància a submergir-se en “las aguas mefíticas de la política”.   En segon lloc la malenconia de de Ramón és induïda per “la puesta de sol de Ciudadanos”. No n’analitza les causes (“dejemos para otro momento los yerros”) però lamenta la pèrdua d’empenta dels que van constituir Cs amb els objectius, que ell considera lloables (i no li manquen raons), de combatre la “fractura etnolingüística”, superar l’anquilosament i la corrupció del capitalisme “de amiguetes”, i “revertir la degradación institucional”.   Però Garicano ha negat la vinculació entre la seva retirada i la situació crítica de Cs: “De ninguna manera, no ha sido la clave de mi decisión (…) Se basa exclusivamente en que yo quiero continuar con mi vida académica”.  Aquesta explicació, educada i lleial al seu partit,  ha estat reblada amb menys elegància per Inés Arrimadas: “Garicano ha aceptado una oferta irrechazable”. En tot cas, que Cs presenta símptomes terminals no escapa als ciutadans que, havent-los votat o no, han seguit amb un mínim d’atenció la seva agitada història. Com mostren els resultats electorals, els ciutadans que van votar a Cs han deixat de fer-ho en massa.  Toni Roldán, que en fou portaveu destacat al Congrés (i que, fill de fundadors del PSC, és en certa mesura el símbol d’un determinat decantament) ho ha constatat sense embuts en una conversa recent amb Jordi Sevilla: “tras las elecciones andaluzas, básicamente Ciudadanos ha desaparecido”. No li manca raó:  l’últim CIS  pronostica un 1,7% en intenció de vot a Cs. D’aquesta crisi del seu antic partit (l’abandonà el 2019), Toni Roldán en dóna una interpretació: “Hay un elemento que creo que condicionó de manera muy significativa la evolución de Ciudadanos, pero también de Podemos: el shock nacionalista en Cataluña. Ciudadanos, hasta 2017, fue un partido perfectamente equiparable a un partido liberal europeo capaz de pactar con izquierda y derecha, pero de pronto llegan dos millones de votantes básicamente centralistas y de derechas, y entonces decide cambiar el rumbo.”

Defectes de fàbrica. D’acord. Però caldria esbrinar perquè aquest gir es produí. Jo crec que hi havia un parell d’errors d’origen, de concepció estratègica, que expliquen la trajectòria erràtica d’aquest partit avui crepuscular.   Aquests defectes de fàbrica van ser bàsicament dos. El primer fou jugar des del primer moment la carta de les emocions identitàries, que sovint provoquen èxits sobtats però poden produir greus desfetes a més llarg termini, en benefici d’altres que apugen l’aposta. Des de bon començament, Cs s’adrecà als ciutadans de Catalunya irritats pel nacionalisme pujolista, que presentà com el seu principal adversari de referència. Però la competició real era amb les esquerres, especialment amb el PSC, presentat com una mena de còmplice acomplexat dels nacionalistes.   El càlcul era elemental:  de l’espai electoral nacionalista no en podien treure res, però si radicalitzaven la pugna d’identitats podien explotar a fons el jaciment electoral mestís del PSC, escindint-lo i captant-ne una porció substancial. D’ací, no sols l’exacerbació de la pugna identitària i lingüística, sinó també l’ambigüitat ideològica inicial, que creà els primers conflictes interns, entre l’etiqueta liberal i la socialdemòcrata.  El segon defecte de fàbrica va ser impulsar la fundació d’un nou partit (Por un nuevo partido político en Cataluña) i no fer-se’n càrrec sinó subrogar-lo a encarregats,  o masovers, o com se’n vulgui dir,  triats a la babalà i amb presses, que van sortir carabassa com no podia ser d’altra manera. Que la majoria dels dirigents subrogats (d’Albert Rivera a Antonio Robles, passant per Toni Cantó) no han estat a l’alçada del repte és el mínim que es pot dir. Què esperaven els fundadors? Un miracle de Fàtima? Tots els errors  de Cs (Garicano n’ha lamentat un de principal: la “tragèdia per a Espanya“ que segons ell significà que Cs no pactés amb el PSOE el 2018 , quan junts sumaven 180 diputats) deriven d’aquell error fundacional. És significatiu, i no em sembla casual, que Garicano i Roldán, dos dels pocs que es van mullar en la tasca ingrata, posessin en el frontispici del seu llibre,  Recuperar el futuro, aquesta cita de Theodore Roosevelt:   “No és el crític qui compta, ni el que assenyala com ensopega l’altre, o com es podrien haver fet millorles coses.  El mèrit és de qui baixa realment a l’arena, amb el rostre desfigurat per la pols i la suor i la sang;  de qui s’esforça valentament;  de qui s’equivoca, perquè no hi ha esforç sense error ni deficiències, però intenta fer realment el què cal fer”. Trobar el punt just que eviti la “trahison des clercs” i la subrogació als “encarregats”: aquesta és la qüestió. Exigeix la valentia de “baixar realment a l’arena”, i també la  seriositat i la modèstia de posar-se a treballar a la cuina. En política, la cuina és tan important com les idees, i en algunes ocasions més. El procés de formació de Cs va ser una d’aquestes ocasions: no es poden prometre plats d’El Bulli amb discursos rutilants i després desentendre’s del combat diari i de la feixuga feina culinària.

Excessos d’intel·ligència. El “¡No es esto, no es esto!” davant dels plats servits a la taula de la política no mereix massa consideració quan els que es queixen són els mateixos que van muntar el restaurant, van imaginar la carta, van fixar el menú i van escollir els cuiners.  En la mesura que amb la seva iniciativa del juny de 2005 els comensals havien creat realitat política (i no menor), a l’hora del balanç n’haurien d’assumir l’actiu i el passiu, els guanys obtinguts i els danys generats (els directes i els col·laterals). D’aquest balanç, un dels 15 signants d’aquell manifest fundacional, Félix de Azúa, n’ha fet un resum:  “Lo  intentamos unos cuantos amigos y salió mal. Yo, si puedo ser soberbio, diría que era un partido demasiado inteligente para este país”.   Potser sí. Però en sobrepès  d’intel·ligència José Manuel Villarejo li ha guanyat la partida a Félix de Azúa. La frase més lúcida que ha estat pronunciada telefònicament a Espanya en els darrers anys és de l’excomissari:   “Hay que tener un equipo de gente honesta, seria y dura para estos hijos de puta de los catalanes y para estos hijos de puta de los vascos”.  Si hi restem el pes dels qualificatius, aquesta frase mereix premi.  Rem acu tetigisti: posa el dit  amb exactitud i cruesa en la llaga essencial d’una de les  dues o tres qüestions  polítiques més importants del nostre present. La “gent honesta, seriosa i dura” (Villarejo exclòs, per motius evidents) s’hauria de dedicar a aconseguir un encaix respectuós i liberal de les nostres diverses identitats col·lectives, que permeti superar la trituradora antidemocràtica  dels xocs identitaris permanents.  En aquest projecte de desactivació (de fet, d’activació d’una democràcia raonable), els  liberals hi haurien de tenir un  paper important. Penso amb gent  com Garicano o Roldán. I  també com  Arcadi Espada, malgrat els seus ardors combatius o els  rampells notòriament il·liberals d’alguns dels seus articles (p.e.: anomenar-me ocasionalment Raimundo Obiols mentre segueix signant-se Arcadi; o anomenar sistemàticament sánchez (amb minúscula)  a un  president del govern que  pel fet de ser-ho mereix un mínim respecte).   Però els liberals haurien de plantejar-se un gir copernicà, que no es produirà. És una llàstima, perquè no hi haurà una força  liberal a Espanya si no entoma amb liberalitat i respecte el pluralisme dels nostres sentiments d’identitat col·lectiva.  Cs no va poder ser aquesta força liberal perquè no mantingué una mínima aparença d’equilibri en la seva crítica dels nacionalismes realment existents. Denuncià amb estentòria bel·ligerància el nacionalisme català; i negà,  exonerà o disminuí el nacionalisme espanyol, que ara li passa una dramàtica factura en termes electorals. Cs posà el dit, des del seu moment fundacional, en l’engranatge dels xocs identitaris i nacionalistes; i les rodes dentades d’aquest mecanisme no perdonen: acaben  triturant el dit,  la mà, el braç i la resta. És això (ho dic amb aprensió), el què ha passat amb la paràbola espectacular de l’ascens i la fallida  de Cs. (…)

(10) Entrevista a Jordi AMAT a Crític (22-07-22): “Els Jocs del 92 eren socialdemòcrates, però el neoliberalisme profana el model”  “És fàcil fer trampa criticant els Jocs. Què hauria sigut Barcelona sense el 92? Un port decadent del Mediterrani” … “El 92 res feia pensar que Barcelona s’ompliria de turistes i que el sector immobiliari creixés tant” … “Hi ha dues pel·lícules per entendre els contrastos de Barcelona: ‘En construcción‘ i ‘Vicky Cristina Barcelona‘” … “La crítica que es fa al model dels Jocs del 92 és ingènua. Barcelona ha de pactar amb la realitat (…) Vas fer un article paradigmàtic i, a més, el vas publicar precisament a La Vanguardia, que es titulava “Matar el Cobi“, sobre els valors de la Barcelona olímpica i el Procés independentista.
Aquell article, que vaig publicar el 2013, explica que l’intent de fer hegemònic el discurs del Procés necessitava matar el Cobi una vegada per totes. En realitat, el que volien matar era el projecte politicocultural d’una identitat barcelonina, catalana i espanyola compatibles, cosa que s’havia visualitzat als Jocs, tant en els anys previs com en les cerimònies d’inauguració i de clausura. Es tractava de matar el Cobi, perquè, en realitat, volien eliminar la possibilitat que l’espanyolitat fos una identitat amb la qual els catalans poguessin sentir-se còmodes. No sé si es va aconseguir o no. Per això, el discurs que hi ha ara sobre la decadència de Barcelona és en el fons un discurs sobre la decadència del país.
Políticament, els Jocs també permeten analitzar aquella Catalunya i aquella Barcelona…
Només et dono imatge: l’entrada del rei Joan Carles a l’Estadi Olímpic es fa amb Els segadorsi… en la retransmissió televisiva la bandera que es veu mentre hi entra és la senyera. Això seria impensable avui dia. Però et dono encara una altra imatge: l’aleshores alcalde Pasqual Maragall comença el seu discurs a la cerimònia inaugural recordant Lluís Companys. Jo volia viure en aquell país, i aquell país ja no existeix.
Els Jocs de Barcelona 92 són un moment àlgid de la (re)presentació mundial de Barcelona, de la seva cultura i dels seus valors. Això marca tot el que vindrà després per a aquesta ciutat i, en general, per a Catalunya. Com ens vam presentar al món?
Sí, i dona per a molta anàlisi tota la qüestió de la projecció cultural d’aquella Barcelona del 92. L’aposta cultural de les cerimònies d’inauguració i de clausura és fascinant. La d’inauguració comença amb Carles Santos, un músic d’avantguarda, dirigint una orquestra de tenores que porten una americana de lleopard típica del Dalí interpretant una protosardana. Però, a més, hi ha cantants d’òpera, el Carreras amb l’”Amigos para siempre”, hi ha la Fura dels Baus i hi ha Dagoll Dagom, i, a tot allò, s’hi ajunta un llegat de l’avantguarda i de la contracultura. Però recordo a la cerimònia de clausura el concert de rumba, un estil que era una subcultura barcelonina i que es converteix en mainstream amb Los Manolos i amb Peret tocant a la cerimònia de clausura. Em sembla una estampa d’il·lusió col·lectiva preciosa. I, a més, un segell d’autenticitat. Hi ha una idea que qualla: Barcelona és una ciutat moderna i on t’ho pots passar bé. Els Jocs permeten interpretacions interessants sobre la imatge que es projectava de la ciutat, sobre aquell moment d’alegria, sobre com els atletes perden el control i pugen a l’escenari… Vivim un xut d’orgull, els barcelonins, amb els Jocs Olímpics. I surt bé! I no estem acostumats que les coses surtin bé.
Per què hi ha nostàlgia d’aquella Barcelona del 92?
Fa anys que va morir la nostàlgia per aquella Barcelona. Avui tenim una perspectiva molt més crítica sobre els Jocs que la que vam tenir en els 20 anys posteriors. Determinades elits tenen nostàlgia perquè el canvi de model de la ciutat, amb els Jocs com a catalitzador, va generar una quantitat de pasta descomunal. Però són pocs. Entre la ciutadania, en general, no veig nostàlgia d’aquells anys. Els Jocs tenen un punt de cant del cigne de l’Espanya democràtica i, en els anys següents, es va anar esfilagarsant.
Com definiries el model econòmic i social de ciutat que vam tenir arran dels Jocs del 92 a Barcelona? Vam passar d’una ciutat industrial a una ciutat que viu en gran part del turisme i dels serveis.
És molt fàcil avui fer-se trampes sobre això. Què havia de ser Barcelona sense els Jocs? Quina era una evolució possible? Doncs… Livorno, Nàpols, Marsella, un port decadent del Mediterrani. Sense els Jocs, Barcelona hauria continuat sent una ciutat industrial? Mentida. Ja no ho era aleshores! La virtut que té el projecte de Pasqual Maragall i Oriol Bohigas és que troben una sortida perquè la ciutat es modernitzi, en un context en què Barcelona no era ni capital d’Estat, estava deixant de ser una capital financera i tampoc era una ciutat monumental i patrimonial com Florència o Venècia. Què podia oferir al món? La desindustrialització a Espanya era impossible d’aturar. I els Jocs, i tot el que ho va envoltar, ens van donar una alternativa.
Però aquest nou model Barcelona d’aleshores provoca una cara B: creix el turisme fins a convertir-se pràcticament en un monocultiu i patim un boom immobiliari que expulsa molta gent de la ciutat encara avui pel fet de no poder pagar els preus d’un pis
En el model del 92, l’immobiliari no hi està contemplat. L’Hotel Arts és la principal inversió immobiliària exclusivament privada que es fa pels Jocs. És un cacau. Pràcticament no arriba a temps. Aquella època, amb dades oficials, els principals visitants de Barcelona eren per negocis o per la Fira, i no turistes. Res feia pensar que això canviaria després dels Jocs. No es va pensar un model per als turistes ni perquè el sector immobiliari creixés tant com creixeria després.
Aleshores, què va passar?
El canvi urbanístic que va fer Barcelona va ser en clau socialdemòcrata. L’arquitecte d’aquella ciutat, Oriol Bohigas, al seu primer llibre, es defineix com un socialista, i Pasqual Maragall, l’alcalde, venia de l’esquerra. El paradigma ideològic del canvi és de tall socialdemòcrata. Però qui capitalitza l’èxit del model de Barcelona no són els governs que l’impulsaven, sinó gent que troba la manera de forrar-se gràcies a l’èxit de la marca. Això fa que els Jocs no acabin revertint sobre la ciutadania tant com es volia. Hi ha una profanació del model per part del neoliberalisme.
A partir del 92… Barcelona, en tot cas, creix econòmicament, s’omple de turistes, s’hi construeix pertot arreu. Com és aquella ja Barcelona postolímpica?
Hi ha dues pel·lícules molt significatives per entendre el contrast de models: En construcción, de José Luis Guerín, i Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen. A En construcción es reflexiona sobre un tema en què la majoria no hi estava pensant: som conscients del que implica el canvi de pell? Sabem el que implica, en pèrdua d’identitat dels barris, fer fora gent del centre de la ciutat? I, en canvi, a Vicky Cristina Barcelona, feta amb l’ajuda econòmica de l’Ajuntament i de la Generalitat, s’està venent la marca. Què s’està venent? L’oferta a un ciutadà de París o de Berlín pot ser una mica Gaudí i la cultura… però sobretot l’oferta és: “Vindràs a Barcelona i hi tindràs una experiència agradable i emocionant. Aniràs a un barri antic i et trobaràs la Penélope Cruz i el Bardem discutint, i això és molt guai, no només perquè són molt guapos, sinó perquè són autèntics, i en el món globalitzat ja no hi ha experiències genuïnes”. Podràs anar a la platja, menjaràs bé, passejaràs pels carrers, viuràs una experiència de mediterraneïtat light i et quedarà un sabor de boca llatí. Això genera un negoci i hi ha gent, una elit, que se’n beneficia, sí; però, si no arriba a totes les capes socials, és perquè manquen mecanismes de redistribució de la riquesa a partir de l’èxit del model. El problema real és que es perd el control de l’èxit massiu que té Barcelona, la rumba, l’autenticitat mediterrània… malgrat que la marca tenia un origen socialdemòcrata. Però, de moment, el model funciona i les elits econòmiques espremeran el model com una vaca fins que la deixin prima en extrem.
Hem matat ja el Cobi o la Barcelona del 92 també econòmicament… o seguim ancorats en la Barcelona postolímpica i la necessitat de grans esdeveniments per revitalitzar l’economia de la ciutat?
Avui dia, els que han matat el Cobi són els neoliberals que han capitalitzat l’èxit socialdemòcrata de Barcelona. Els que peten el globus en el qual marxa el Cobi volant de l’Estadi Olímpic són ells. Ells creuen que poden regenerar el model: ja sigui amb la fantasia de l’Hermitage, que convertiria Barcelona en una ciutat provinciana, i que les elits pensen que serà un atractiu cultural quan és un atractiu turístic; ja sigui amb la fantasia de creure que pots fer uns Jocs Olímpics en unes muntanyes on nevarà ben poc, o ja sigui construint un hotel de luxe al passeig de Gràcia només per a superrics o la marina de luxe al port només per a megaiots que tenen només unes 50 persones a Occident. El llibre que millor ho explica és Ciutat princesa, de Marina Garcés, que naturalitza una idea de la ciutat com si fos tota, quan en realitat era una idea residual. Els que ens dediquem a l’anàlisi de la cultura ens equivoquem quan ometem l’assumpte dels diners, que, en realitat, és l’assumpte que ho canvia tot.
Com veus el futur de Barcelona?
Barcelona no és una capital d’estat, no és una ciutat amb musculatura financera forta ni tampoc té un patrimoni comparable al de les grans ciutats que visitem. Com pot fer per sobreviure? L’actual Ajuntament de Barcelona té una agenda socialdemòcrata per transformar la ciutat. Com finançarà, però, el canvi que vol fer? M’agradaria pensar que només amb els nostres impostos ja faríem, però em temo que no hi arribem. Per tant, les possibilitats de canvi social són difícils si no hi ha un catalitzador que les impulsa. No volem tants turistes, okey. Però els turistes podrien ser una font d’ingressos que podem aprofitar per transformar la ciutat. Haurem d’acceptar que cal pactar amb la realitat. Però la crítica que es fa a Barcelona sol ser ingènua perquè no està disposada a pactar amb la realitat. Jo ja n’estic tip. La política del meu país ja m’ha venut moltes motos en els últims anys. Una manera de tractar els ciutadans com a adults seria: “Mireu, tenim una agenda per transformar socialment la ciutat avalada pel vot; ara, però, necessitem diners per tirar-ho endavant i haurem de pactar amb aquells que estan traient un benefici de la nostra ciutat”. Aquesta és una tensió que no s’ha sabut resoldre.
Hi ha qui diu que avui no hi ha un projecte per a Barcelona com aquell del 92. Que les elits no tenen projectes. Que Colau no té projecte. Que l’independentisme no té projecte. Però la ciutat està en disputa. Quins projectes estarien, segons tu, en diputa?
El que és segur és que no hi ha un projecte consensuat per aquells que poden tenir poder. Les elits voldrien regenerar el projecte del 92, i crec que la ciutadania majoritàriament això ja no ho compra. En contra seu, el model del govern d’Ada Colau, amb una agenda socialdemòcrata i ecologista, està tenint moltes dificultats per implementar-se amb èxit. Hi ha, però, un model que ha anat reunint força consens i podria fer convergir els diversos models en disputa: fer de Barcelona una metròpoli del coneixement, una ciutat laboratori, on s’innova, on es faciliten les start-ups… Hi ha elements per pensar que hem de ser una ciutat de ciència: el supercomputador de l’Institut de Ciències Fotòniques o el Parc de Recerca Biomèdica són exemples de futur. Jo col·laboro amb el Pla Estratègic Metropolità de Barcelona en la idea d’una regió de ciència i de coneixement, i sé que treballen en aquesta idea. Ah, i és clar, hem de pensar el projecte per a una Barcelona que serà regió metropolitana, no només àrea metropolitana.

(11) Entrevista a Pere RUSIÑOL a Jot Down (juliol 2022): «El origen de los audios de Villarejo que se publican es más plural de lo que parece»   En la décimo tercera jornada de Futuro Imperfecto que organizan La Rambleta y Jot Down en València, el periodista Pere Rusiñol repasó toda su trayectoria, especialmente su situación después de que Jaume Roures se querellara contra él por haber empleado la palabra «estafador» en una entrevista para referirse a su gestión empresarial de medios, concretamente, el caso del diario Público. Ahora Rusiñol escribe en MongoliaAlternativas Económicas y elDiario.es, medios que dependen fundamentalmente de sus lectores. Un modelo que el periodista juzga vital para la existencia de un debate democrático. La entrevista se amplió posteriormente en un segundo encuentro para tratar las últimas noticias relativas a Roures y las polémicas de las cloacas del Estado. 

(…) Repasando tus artículos, veo que te hiciste eco de un libro de José Antonio Piqueras, un profesor de la Universidad Jaume I de Castelló, que se titula Negreros. Un estudio que explica cómo el origen de las grandes fortunas españolas está en la esclavitud. En tu artículo trazabas la línea hasta La Caixa, BBVA, Acciona… Piqueras es un catedrático de Historia Contemporánea de extrema solvencia. Su libro bucea en los orígenes del capitalismo español con una cantidad de datos tremendos. Y no se trata de denunciar, como haría el movimiento woke, sino de entender los orígenes, de dónde venimos. Cómo se amasaron algunas fortunas. Luego hay paradojas. En Barcelona se ha quitado la estatua de Antonio López, en mi opinión porque era de Cantabria, porque hubo muchos negreros catalanes; hemos quitado la estatua de Antonio López y ya está, asunto resuelto, pero la paradoja y en lo que hay que entrar es que este señor también era mecenas de Gaudí. La Pedrera, la Barcelona contemporánea, se ha construido con dinero procedente de ese trabajo esclavo.  Se amasaron así muchas fortunas. En el libro explica cómo La Caixa, BBVA, Acciona, multitud de medios, Vocento… hunden ahí sus raíces. No es que haya una causa directa, pero mucha de las fortunas que se hicieron así luego se invirtieron en los sectores industriales y, cien años después, junto con muchas otras cosas, pero en parte también por eso, permitió la creación de unas nuevas elites políticas e industriales que todavía son las que nos gobiernan. Es un libro que es un buen ejemplo de lo que tenemos, porque abre un debate interesante, con datos muy concretos, y no tuvo apenas repercusión. En Alternativas Económicas fue libro del mes, en Mongolia le dimos un trato importante para contribuir al debate. Al final nosotros, paradójicamente, somos los que creemos en la libertad de información y el papel de la prensa en la democracia: generar y fomentar debates de calidad con información, pero no la que los poderosos quieren que esté, sino con la auténtica para que pueda haber un debate libre en una sociedad democrática.

¿Qué opinas del papel de Russia Today y su censura en Europa? Al margen de la propaganda de guerra, en periodos electorales anteriores llegaban a publicar más ellos solos que la prensa local de cada país con la intención de inclinar la balanza hacia los candidatos de su interés, generalmente la derecha dura o extrema derecha.  El buen periodismo necesita lectores dispuestos a pagar. En la sociedad española se destruyó el modelo de negocio con el gratis total en la red. En un momento dado eso pasó en todo el mundo, porque se creía que a internet llegaría el dinero de las televisiones, el de la publicidad. Se vio rápidamente que no era así, pero en España seguimos empecinados en esto, mientras otros países fueron entendiendo que el buen periodismo necesita que haya lectores dispuestos a pagar, no solo clics y anuncios. Es importante entender eso. En catalán existe una frase que también debe existir en castellano: quien paga manda. Si dependes de poderosos, ya sean anunciantes, el Estado o los bancos, haces la información que ellos necesitan. Pero si dependes de tus lectores, haces una información para que a tus lectores les vaya bien leerte y paguen por ello. Es un enfoque completamente distinto.  En España no hay tanta cultura de lectores comprometidos que rápidamente entienden que lo que reciben gratis es porque alguien lo está pagando, porque las fake news siempre son gratuitas, te regalan en redes multitud de análisis sesudos e interesantes gratis para meterte sus cuñas. Eludir esa propaganda exige una masa crítica de lectores y en eso vamos con retraso.  En resumen, en la medida en que la sociedad española o los ciudadanos entiendan que tienen que contribuir con su dinero a tener medios de calidad, lo normal es que se impongan los que ofrecen información gratuita. Y hay Estados dispuestos invertir la cantidad que haga falta hasta para ganar unas elecciones en Estados Unidos.  Esto es así, dicho incluso por el Congreso estadounidense y todas las investigaciones que se hicieron. La responsabilidad cívica de la ciudadanía de tomar conciencia y pagar a la prensa independiente, de calidad o en la que confíe, es muy importante. La gente tiene que adquirir esa conciencia.

También te he leído en Alternativas Económicas abordar el tema de los bots, donde ya no haría falta prensa casi, bastaría con invertir en generar ciertas opiniones… Eso es lo que han intentado. Volviendo a España, a principios de la década pasada, con todos los medios quebrados, si fuese otro sector, si vendieran zapatos en lugar de información, habrían cerrado. Sin embargo, en este caso los poderosos se quedaron los medios. Los bancos acreedores.  Al final, si mirabas las cabeceras, todas estaban bajo la influencia de la publicidad y créditos en la órbita de los bancos. Ha llovido bastante desde entonces. El modelo de negocio estaba completamente destruido, las publicidad huyó a las redes y no había masa crítica dispuesta a pagar, pero ahora, años después, ya hay prensa independiente que influye. Está el caso de elDiario.es o El Confidencial, que tienen para aguantar las querellas que les ponen.

Como la de Iberdrola. Una querella que se basa no en una información mal dada sino en los daños reputacionales que implica explicar el caso, un caso público. Hay unos imputados, unos informes y lo que ha hecho El Confidencial al respecto es explicar un caso, con el suficiente impacto como para que Iberdrola, que es un gran player de la publicidad en España, haya puesto una querella que si prospera nos vamos a la cuarta división de la libertad de información en España. Para mi sorpresa, como Iberdrola es un gran anunciante en casi todos los medios, casi nadie habla de la importancia de esta querella.

Hay un cambio de tendencia en el panorama mediático. Ya se ve lo que hay que hacer, lo que hace New York TimesLe MondeFinancial TimesThe Economist… que su principal activo es la buena información, no poner tu cabecera a disposición de los poderosos para que te vayan financiando. Eso es lo que te garantiza que luego haya un montón de gente dispuesta a pagar. Esto, que parece una perogrullada, en los últimos quince años no ha sido así. Los medios no se atrevían a pedir dinero ni para suscribirse online, pero cuando lo han pedido acababa en que el New York Times tiene seis millones de suscriptores. Ahora gana más que nunca, tiene más dinero que nunca, tiene más de los que tenía diez años antes. En España no, pero ya hay un norte y creo que poco a poco todos los medios están intentando ir hacia allí. Es una gran noticia.

Cuando reseñaste El rey al desnudo, el libro de Ernesto Elkaizer, comentabas que el silencio tácito, la opacidad o la omertá en torno a la Casa Real, que ese silencio de la prensa, no hacía más que demostrar la” aluminosis del edificio institucional de la Transición”.  El sentido de Estado peor entendido es que los medios tengan líneas rojas que no puedan cruzar, pero que no tenga sentido periodísticamente no cruzarlas, porque el daño acaba siendo siempre mayor. No puedes guardar la información como si no existiera, creyéndote un sumo sacerdote que decide qué necesita el pueblo y qué no.  En esto los americanos son mucho mejores que nosotros. Obviamente, también tienen sentido de Estado, obviamente en alguna ocasión también van con cuidado, pero están a años luz de los medios de comunicación españoles, pese a los buenos profesionales que hay. Aquí a veces consideran que algunas informaciones son malas porque la gente les parecen niños pequeños que no sabrían asimilarla. Sobre todo las relacionadas con el andamiaje institucional, que en su momento creo que fue un gran éxito, pero que anquilosado y guardado de esta manera al final se pudre y se hace más daño que bien.

En Alternativas Económicas has publicado varios reportajes sobre la financiación autonómica, cuyos números tampoco han estado claros nunca, lo que nos lleva a que todos los actores se consideren víctimas de ella. Es un trema complicado porque la evolución del pensamiento ha ido en la dirección contraria de lo que históricamente representaba la izquierda o la cohesión. Cuando se asume el marco de balanzas fiscales, lo de doy tanto y recibo tanto, estás jodido, pero este marco ya es así y es muy difícil entrar a razonar de otra manera.  Simultáneamente, como el sistema es opaco, todo esto también lo empeora más. Para ir saliendo de estas dinámicas hay que volver a pensar en términos en que no existen esas balanzas fiscales, lo mismo que no existen individualmente. Lógicamente, hay que escuchar a los territorios, porque en el otro lado te encuentras un despotismo que dice lo que hay que hacer en todos los lados, y no. Hay que escuchar al territorio, hacerle partícipe de las decisiones comunes, pero al mismo tiempo el sistema de financiación autonómica es tan opaco que uno no sabe cuáles son los criterios.  Cuanto más opaco sea el sistema, hay más posibilidades de que exista victimismo y caciquismo. Por lo tanto deberíamos empezar con toda la humildad a tener más transparencia, porque el sistema no está bien.

También nos ha costado mucho empezar a debatir seriamente sobre el precio de la luz. Era un tema que si lo analizabas parecías un bolchevique o un loco. Hay informes de la OCDE que indican que en todos los países hay eléctricas públicas menos en España y Portugal. Hay un marco que hace que lo que en otros países es normal aquí no se pueda ni debatir. Aparte, el sistema de precios se hizo para promover las renovables y ahora los que pueden producir con saltos de agua u otras formas muy baratas consiguen enormes beneficios caídos del cielo. Cambiar algo extremadamente beneficioso para los poderosos es muy difícil. Encima la factura de la luz acumula en sus recibos montones de cosas estrambóticas y una vez más muy opacas. Porque vivimos en Estados liberales, pero que no lo son.

Siguiendo con la opacidad, cuando estuviste en El País en Catalunya, eran los últimos años del pujolismo, una época que ha destacado por sus silencios mediáticos.  La experiencia que yo viví en El País antes de irme a Madrid es que nosotros íbamos a tope siempre, pero luego hay cosas objetivas. Cuando estalla el caso Banca Catalana, eso fue información que dio El País. Pues en las manifestaciones a principio de los ochenta, cuando Pujol movilizaba al pueblo catalán frente a la agresión exterior, se quemaban ejemplares del periódico.  Al final el periodismo es muy complicado de hacer, necesitas muchos medios. Actualmente, los departamentos de comunicación de las principales empresas del Ibex tienen muchos más redactores que las empresas periodísticas. Es tal la desproporción que imagínate en Catalunya lo que eran unas redacciones en comparación con todo un aparato de propaganda con capacidad de recursos económicos para tener las cuestiones controladas. En Catalunya, en Madrid y en montones de sitios.  Lo que yo vi en El País era un deseo de cotidiano y diario de querer sacar el mayor número de información, que es lo que nos daba la gasolina para ir cada día a trabajar. Visto en perspectiva, a pesar del esfuerzo, solo sacamos el uno por ciento de todo lo que había. Es difícil hacer información, se necesita mucho apoyo económico y voluntad.

Lo del tres por ciento salió, pero en el Parlament. Salió de una manera un poco extraña. Porque Maragall, dijo eso de «ustedes tienen un problema, que es el tres por ciento». Con eso abrimos todos los periódicos, pero ¿dónde estaba? Maragall lanzó una piedra, pero con eso no haces una noticia. Haces la noticia del día, pero la buena información necesita mucho más que eso. Si falta la materia prima fundamental, la información, las opiniones no pueden tener la calidad necesaria.

¿TV3 está hipertrofiada? TV3, objetivamente, está hipertrofiada. Tiene unas necesidades financieras descomunales. En su origen fue un intento de hacer una televisión de Estado en el sentido de una televisión moderna y que afrontara todos los temas. No hicieron, como se hizo en otros sitios, una televisión regional que hablara de la sardana, sino una apuesta por la televisión de calidad que hablara de internacional y mandara gente a Irak…

Manel Alías en Ucrania… En ese sentido, sigue siendo de primer nivel. Sin embargo, como ocurre en todas las televisiones públicas de este país, hay un gran problema de gobernanza, una vez más la falta de liberalismo porque los poderosos consideran que son medios a su servicio. TV3, aunque tenga buenos profesionales, no escapa de este marco general. Por eso aquí también es clave la financiación. La BBC no depende del dinero que caprichosamente le pueda dar el gobierno, sino de un canon . Si no hay elementos que garanticen la independencia económica del medio, está condenado. En Catalunya y en cualquier sitio. El problema de origen es la dependencia del gobierno que te paga.

En el caso Triacom lo que se está dirimiendo es lo contrario, si el gobierno se financiaba a través de TV3. Es una productora de las principales proveedoras de TV3 y ahora hemos sabido que, según la instrucción, que está en la Audiencia Nacional, también era una presunta forma de financiar la campaña de Artur Mas. Esta productora trabajaba por encima del coste de producción y ese dinero iba a Convergencia. Sea cual sea la sentencia, lo mismo que es incuestionable que el rey emérito tenía cuentas en el extranjero y no las declaraba a Hacienda, Triacom revela con su mecánica de funciona aspectos de Catalunya que ojalá hayamos conseguido dejar atrás.

La verdad es que la estrategia de defensa de Laura Borràs se parece mucho a los modos de Pujol. Ambos casos son presuntos, todavía no hay sentencias, aunque hay indicios muy sólidos, pero ambos se agarran a las banderas grandilocuentes de la patria y cuestiones metafísicas para que no se entre a debatir sobre menudencias. En el caso de Borràs, con lo que ha salido públicamente creo que no puede mantenerse en un cargo tan importante. Aunque salga absuelta, porque la verdad judicial es una, pero políticamente no debería poder seguir en su puesto con lo que ya sabemos que ha hecho, sea o no delito.

Descubierto en una investigación de la policía catalana. Evidentemente, además de la investigación de la policía autonómica, hay materiales, como grabaciones y emails, que no están manipulados puesto que están bajo supervisión judicial, y son rotundos desde la perspectiva de la honorabilidad.  A lo mejor el juez decide que no es delito, pero concertarse con un amiguito para fragmentar contratos de una institución pública para que se lo den a él y no a otro, además ese amiguito con el curriculum que tenía, trapicheos ilegales, falsificación de moneda y tráfico de drogas, son suficientes elementos para pensar que esa persona no puede ser la segunda institución de Catalunya. Encima, quienes sacralizan estas instituciones son los nacionalistas sobre todo. Por lo tanto, aplicando sus propias varas de medir, debería haber dimitido ya sin esperar a la sentencia judicial.

¿Está ERC a la altura de las circunstancias? Está en una situación complicada porque es su socio de gobierno. Las cosas tienen sus tiempos. ERC está apretando con las cartas que ya tiene. Si ves el ejemplo de Ximo Puig con Compromís a lo mejor crees que ERC debería hacer más, pero son dinámicas complicadas. Además, ERC y Junts tienen una relación muy compleja. ERC siempre ha tenido cierto sentimiento de inferioridad que está tratando de sacudirse, pero siguen prisioneros de algunas dinámicas históricas.

Acabas de publicar que el Ibex alimentó el procés. La fase inicial del procés habría sido imposible sin el Ibex. En Madrid tengo la sensación de que se culpa a los catalanes de algo que, evidentemente, tienen su responsabilidad, pero a mí lo que me molesta es que en Madrid no asuman la propia. En mi opinión, todo lo que pasó fue consecuencia del Pacto del Majestic entre la derecha española y la catalana. Ahí pactaron compartir el poder con unas determinadas reglas del juego, se suponía que los nacionalistas catalanes también se implicarían en la gobernabilidad de España sin entrar en el gobierno, pero había una segunda agenda fuera de los pactos que era el business.  Ha habido muchas manifestaciones de eso, una de las pruebas más claras es que Indra poco después de esos pactos, una gran empresa del Ibex pero con mayoría del Estado, compró a un precio que todo el mundo juzgó absolutamente extraño la consultora de uno de los hijos de Pujol, que se llama Europraxis.  Esto se prolongó en el tiempo, y cuando Convergencia pasó a la oposición estas dinámicas seguían creadas. Cuando el procés arranca como consecuencia del primer referéndum, cuando se pasa a la fase más fuerte, los grandes sostenes económicos de los que lanzan el desafío estaban en el Ibex. Todos los escándalos de corrupción de la época tienen empresas del Ibex detrás pagando, alimentando esa corrupción de un partido que es el que encabezó este movimiento.  Estaría bien un poco de autocrítica en Madrid, el procés no ha sido solo un desvarío de catalanes como ellos dicen. En el caso Triacom le pagaron tres millones de euros a una empresa en la que el diez por ciento era de Mediapro, que estaba presuntamente para pagar facturas falsas de Convergencia y demás. Telefónica les dio tres millones de euros sin contraprestación y todavía no ha dado ninguna explicación. Yo se lo he pedido muchas veces y dicen que no hablarán de eso. Pues me gustaría que lo hicieran.

Unos dicen que Mas puso en marcha el procés para eludir las acusaciones de corrupción y otros problemas, otros que ya existía una movilización en la calle y que Mas se sumó a ella para que no le pasase por encima.  Hay muchas hipótesis, realmente había un movimiento de base que intentaron cabalgar líderes políticos en beneficio propio. Las dos hipótesis son compatibles y verdad. Lo único es que el medio más importante no fue TV3, en mi opinión, que es modesta y me puedo equivocar, pero creo que el medio clave fue La Vanguardia.  El Grupo Godó es el medio de referencia en Catalunya, el que leía la gente de orden y, paradójicamente, tenían de director a una persona que había puesto Aznar en su día, José Antich, que ahora tiene El Nacional, el diario más independentista de Catalunya, que es muy parecido a Okdiario.  Este director puesto por Aznar —hay muchos datos para sostener esto— dio un giro a La Vanguardia que hizo creer a sus lectores que la independencia era perfectamente posible. Para mí esta es la clave, que se sumase TV3 era lo que tocaba, pero que a la gente de orden que leía el periódico y escuchaba la radio del Grupo Godó le dijeran que todo era perfectamente posible, en mi opinión, fue un cambio enorme. Una elevación cualitativa de enorme importancia. Si se lo decía Convergencia y La Vanguardia es que era verdad.

En los dosmiles escribiste un artículo sobre la abstención en Catalunya, que es el voto español. Citabas un estudio que señalaba que cuando en Madrid había un debate sobre autodeterminación, el interlocutor siempre era Pujol, lo que a esta gente le mostraba indirectamente que no había alternativas. Creo que desde el resto de España siempre se contribuye a esta cuestión de identificar Catalunya con el nacionalismo catalán, lo que refuerza mutuamente los nacionalismos. Muchas veces es por razones puramente pragmáticas, pero está incorporado en la cabeza de mucha gente y hace mucho daño, porque el principal número de diputados en Madrid es el del PSC, que es un partido catalán. Los independentistas o nacionalistas son una parte muy importante de Catalunya, sin duda, pero no representan al conjunto salvo para los líderes políticos de Madrid. Ojalá esta cuestión se corrija algún día porque no le hace bien a nadie.

Pero el voto, si hablas con gente de la sala de máquinas de los partidos, te dirán que depende de la lengua materna, que al final está más ligado poco menos que al crecimiento vegetativo de cada grupo. Antes no era así. El PSC evidenciaba que no era así. Era un partido transversal desde un punto de vista idiomático, pero es verdad que con el procés esto cambió y ojalá podamos volver a una situación en la que el comportamiento político no lo defina la lengua. Esto no hay que tomárselo en términos tajantes, como en otras sociedades, pero objetivamente lo dicen todas las encuestas. A mí, personalmente, es algo que me inquieta, y soy catalanohablante.

(12) Article de Sergio RAMÍREZ a política&prosa nº45-46 (juliol-agost 2022): Historia de un delirio   Granés escribe con brillo y congruencia intelectual sobre el papel de los escritores y artistas en la elaboración de las utopías que nos han encandilado desde los albores de la independencia … La contradicción creada en el siglo XIX, entre proyecto de nación utópica y realidad espuria, es parte del mito americano … Llevamos dentro las semillas envenenadas del mestizaje, que son también semillas de redención … Uno de los grandes aciertos de Granés es fijar el papel de las vanguardias dentro del contexto político latinoamericano

Delirio americano es un libro como pocos se han escrito, de manera tan iluminadora, sobre la historia de las ideas en América Latina, sobre la íntima y sorprendente relación entre el arte y la política, y sobre el papel de los escritores y artistas en la elaboración de las utopías que nos han encandilado desde los albores de la independencia, pasando por el delirante siglo XX, y hasta las de hoy día, cuando no pocas de ellas han terminado convertidas en distopías. Tras navegar por el exhaustivo y articulado análisis que Carlos Granés hace de la larga aventura de invención y reinvención de América Latina, descubrimos, entre tantas cosas, que los filósofos han estado casi ausentes a la hora en que se han dilucidado las propuestas de nuevos modelos políticos y sociales, y que son los poetas y los novelistas quienes han cumplido ese papel, convertidos en ideólogos, a veces con pretensiones de profetas. Los filósofos no aparecen en la formación del pensamiento latinoamericano, salvo la influencia que pudo haber tenido José Ingenieros, o que consideremos a José Enrique Rodó y a José Vasconcelos como tales, sin olvidar que ambos fueron también literatos; y están ausentes también las universidades, que hasta avanzado el siglo XX no fueron nunca laboratorios de ideas, sometidas como estuvieron a viejos fueros académicos, avasallados a partir del movimiento estudiantil de Córdoba de 1918.

Realidad de atraso y miseria. Los escritores fueron capaces de contemplar una realidad por transformar, y se atrevían a buscarle una filosofía, como en el caso de Rodó, con Ariel, o de Domingo Faustino Sarmiento con Facundo. Sarmiento, que además de novelista, fue político, y militar, y llegó a ser presidente de Argentina. Pero desde entonces va a producirse una dicotomía entre el escritor que busca, y la realidad que no se transforma de acuerdo a sus sueños y visiones. El ideal va a convertirse entonces en utopía, y la realidad de atraso y miseria se volverá entonces un cebo literario, y al mismo tiempo ideológico. Hay un momento en que el libertador que se sube al caballo para librar las luchas de independencia contiene también al intelectual hijo de la ilustración, y así mismo al escritor, basta recordar las cartas de Bolívar, que son verdaderas piezas literarias, o los diarios de viaje de Francisco de Miranda. Todos tienen una visión ecuménica, como creadores de naciones, y son hijos de Rousseau y de Voltaire. Su pasión es crear un Nuevo Mundo, la utopía. El fundamento ideológico de Rodó, capital en la formación del pensamiento latinoamericano, como Granés viene a mostrarlo, es la lucha planteada entre Ariel y Calibán. Pero Calibán también es Facundo, el salvaje al que la civilización debe domeñar para que haya naciones verdaderas. Esa formidable contradicción creada en el siglo XIX, entre proyecto de nación utópica y realidad espuria, viene a ser parte del mito americano. Y del delirio. Orden institucional contra dictadura cerril. La perfección de los sueños históricos y la terca realidad heredada. Mundo rural y modernidad frustrada. Choque de razas y mestizaje. Orden y anarquía. Centralismo versus federalismo. Civilización contra barbarie. Es a los escritores a quienes toca dilucidar estas contradicciones, y plantear, incluso, propuestas de cambio o reforma, como la que contiene la novela Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, publicada en 1929, donde sigue campeando el espíritu de Ariel contra los apetitos oscuros de Calibán. La barbarie en Argentina es la dictadura de Rosas. Pero tiene un nombre particular: Facundo Quiroga, caudillo de La Rioja, capitán de montoneras. Y Facundo encarna, en términos genéricos, al gaucho, el habitante de las pampas que se disuelve en la leyenda, pero mestizo cercano y concreto, un mestizo salvaje. Y la barbarie en Venezuela es doña Bárbara, la naturaleza indómita a la que hay que dotar de leyes agrarias, poner cercos a los fundos, símbolos de la civilización. Es la novela que llega a expresar una filosofía, un deber hacer, que propone una norma. Gallegos no duró mucho en el poder para poner en acción sus propuestas civilizadoras, derrocado por los militares nueve meses después de haber sido electo presidente de Venezuela. Progreso versus atraso. El siglo XIX alienta el positivismo más desaforado, cuya bandera alzan Rubén Darío y los modernistas, y alienta el darwinismo social: no solo los individuos más fuertes serán los únicos destinados a sobrevivir, sino las razas mejor dotadas. Lo europeo versuslo autóctono. Lo extranjero y lo vernáculo. El poder regenerador de las inmigraciones, que Darío exalta en su Canto a la Argentina. En el otro extremo del continente, en los nacientes Estados Unidos, se emprende también una obra civilizadora de expansión, y de conquista de territorios, como la que se pretende en Argentina. «El teatro de la guerra donde las razas indígenas y la raza sajona están combatiendo por la posesión del terreno», le dice al oído John Fenimore Cooper a Sarmiento en El último de los Mohicanos.

Intelectuales y caudillos. El mestizo empieza, entonces, a luchar contra sí mismo. Luchamos a partir de Facundo contra el salvaje que todos llevamos dentro. Queremos elevarnos a las alturas espirituales de Ariel. Llevamos dentro las semillas envenenadas del mestizaje, que son también semillas de redención. Somos el doctor Jekyll y también somos Míster Hyde, como Carlos Granés va revelándonos paso a paso. Y mientras buscamos con delirio nuestra identidad americana, intentamos dilucidar los modelos políticos, mediando las constantes frustraciones de la democracia y mediando golpes de estado, revoluciones y alardes populistas. Los atributos de guerrero, intelectual, escritor, que al principio se presentan juntos, como en Bolívar o Miranda, o como en Sarmiento, se separan con el tiempo, y los intelectuales, desarmados, entran en contradicción con los caudillos, que nunca dejan las armas y las vuelven su razón de ser, y de poder.

Apóstoles desarmados. La muerte de José Martí en 1895, al apenas haberse subido al caballo, es fruto del idealismo más puro, la disposición al sacrificio de quien carece de preparación militar; pero también es fruto de una necesidad. Alguien que es solo poeta, y pensador, carece de credenciales suficientes y tiene que legitimarse frente a las armas y quienes las empuñaban como caudillos militares. Los apóstoles desarmados no se acomodan en la concepción del poder, que es político, y es militar. Someter el poder militar al poder político ha sido uno de los grandes delirios de nuestra historia, y la frustración más relevante. Una contradicción que ya nunca se quitará de en medio, y que llegará a repetirse entre José Vasconcelos, candidato presidencial derrotado en 1929, y el general Plutarco Elías Calles, quien impone a su propio sucesor en la presidencia de México, para manipularlo. El sacrificio de Martí en Dos Ríos, incomprensible para quienes lo veían como poeta, llevará a Rubén Darío a lamentarse: «perdona que te guardemos rencor los que te amábamos y admirábamos por haber ido a exponer y perder el tesoro de tu talento. La juventud americana te saluda y te llora, pero ¡oh, maestro!, ¡qué has hecho!». Es precisamente con el modernismo, que representa la modernidad a finales del siglo XIX, una vanguardia antes de las vanguardias, que se da la separación de papeles entre escritores de oficio y políticos de oficio. Escritores, poetas, que son a la vez pensadores y tienen sus propias visiones americanas, contrarias al creciente dominio de los Estados Unidos. El antiimperialismo pasará ahora a encarnar la lucha entre Ariel, el espíritu de la América indohispana, y Calibán, con sus legiones avasalladoras de «búfalos de dientes de plata». Pero los modernistas no pretenden ser hombres de acción, salvo Martí. Su papel es el de diplomáticos y agentes consulares, como el propio Darío, embajador del dictador liberal José Santos Zelaya en España, o como Amado Nervo, embajador del gobierno de Venustiano Carranza en Uruguay. O el de Enrique Gómez Carrillo, agente en París de Manuel Estrada Cabrera, el dictador a cuyo lado permanece José Santos Chocano hasta su caída en 1920. Uno de los grandes aciertos del libro de Granés es fijar el papel de las vanguardias dentro del contexto político latinoamericano. Al llegar el siglo XX, América está todavía por hacer, y por interpretar, y las vanguardias ensayan a darle un sentido al futuro que aún no ha sido dilucidado. Y, a la vez que revolucionan las letras y las artes, sus manifiestos generacionales y sus actos de ruptura van aparejados a la toma de posiciones ideológicas que no se quedan nunca sin consecuencias; y terminan alineándose en los dos grandes polos que vendrán a surgir en el siglo XX, primero izquierdas y derechas, y luego fascismo y comunismo, hasta llegar a las propuestas totalitarias que se consolidan en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, y que arrastran a unos del lado de Stalin, y a otros del lado de Hitler, Mussolini y Franco.

Populismo de pesadilla. Los desbordes imaginativos, las propuestas atrevidas de renovación artística, la insolencia de las protestas contra el statu quo, vendrán a acomodarse a los moldes políticos de los que los vanguardistas parecen no tener escapatoria. Son parte del gran delirio de la utopía que se despeña hacia la entropía en el siglo XXI. Revoluciones que han terminado en involuciones, escenografías triunfales en harapos, sueños de redención pervertidos por dictaduras y populismos de pesadilla. Y Carlos Granés nos cuenta con madurez y en buena prosa, con brillo y congruencia intelectual, sin resquicios, todas estas historias de mundos que la literatura y el arte, inseparables en América Latina de la acción política, a veces transformadora, y a veces regresiva, han querido construir.