Focus press setmanal número 75

Presentació

Aquesta darrera setmana del 2017 hem seleccionat alguns articles que analitzen els resultats de les eleccions al Parlament de Catalunya del 21 de desembre, el mapa polític i parlamentari resultant, les perspectives de governabilitat a Catalunya i els efectes sobre la política espanyola. Sis d’aquests articles recullen la visió dels politòlegs (Joan Rodríguez Teruel, Oriol Bartomeus, Kiko Llaneras, Jordi Muñoz, Alberto Penadés i Carlos Fernández Esquer). Els nou rarticles estants són comentaris periodístics i polítics (Benoît Pellistrande, Enric Juliana, Andreu Mas-Colell, Joan Subirats, Antoni Gutiérrez-Rubí, Francesc-Marc Álvaro, Josep Ramoneda, Xavier Fina i Miquel Molina i FAES).

També afegim un repertori d’enllaços a gràfics, quadres i mapes que ajuden a disseccionar el comportament electoral.

Conscients que la tria no fa justícia amb molts dels altres articles publicats, afegim un apèndix amb els enllaços a altres textos.

Amb el nou any recuperarem articles sobre altres temes que ens ajudin a aixecar la mirada per superar l’entotsolament provocat per les vicissituds del procés.

Us desitjem un bon any 2018, amb l’esperança vana que sigui menys “interessant” que el 2017.

 

MONOGRÀFIC 21-D

 

Resultats provisionals

 

Pàgina oficial dels resultats provisionals del 21-D

https://resultats.parlament2017.cat/09AU/DAU09999CM.htm?lang=ca

 

Resultats a la ciutat de Barcelona

http://www.bcn.cat/estadistica/catala/dades/inf/ele/ele42/index.htm

 

Mapes i gràfics

 

GESOP. Breu de dades-31. Eleccions al Parlament de Catalunya. Desembre 2017

http://www.gesop.net/images/pdf/ca/BREUS%20DE%20DADES/31_BreuDades_EleccionsParlament2017.pdf

 

Martín GONZÁLEZ y Eduardo SUÁREZ, “Así ha votado Cataluña” a Politibot (22-12-17)

https://politibot.io/asi-ha-votado-cataluna/

 

La Catalunya que nos deja el 21D: los 21 gráficos que explican el 21D a eldiario.es (22-12-17)

https://elecciones.eldiario.es/analisis21D/?_ga=2.102741768.847061257.1513964099-93423239.1452336388

 

La demografía del 21D, así votó cada grupo social a eldiario.es (22-12-17)

http://www.eldiario.es/politica/Resultados-mapa-voto-independentista-Catalunya_0_720578676.html

 

El voto por municipios en las autonómicas de Cataluña a El País (22-12-17)

https://elpais.com/elpais/2017/12/20/media/1513772339_524000.html

 

La mayoría independentista del 21-D sobre el mapa catalán a La Vanguardia (22-12-17)

http://www.lavanguardia.com/politica/20171222/433812896363/elecciones-cataluna-victoria-independentista-21d-tres-mapas.html

 

Así ha cambiado la distribución territorial del voto por cada partido a La Vanguardia (22-12-17)

http://www.lavanguardia.com/politica/20171222/433815620062/elecciones-cataluna-mapa-distribucion-territorial.html

 

Meritxell M.PAUNÉ i Laura ARAGÓ, “Consulta cómo han votado tus vecinos en Barcelona” a La Vanguardia (23-12-17)

http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20171223/433819814761/resultados-elecciones-catalanas-barcelona-barrios-vecinos.html

 

Els resultats del 21-D a Barcelona carrer per carrer a Ara (23-12-17)

https://www.ara.cat/eleccions21d/resultats-21D-Barcelona-seccions-censals_0_1928807264.html

 

Anàlisis politològics

 

Juan RODRÍGUEZ TERUEL, “21-D: cuando los ganadores no deben serlo completamente” a Agenda Pública (22-12-17)

http://agendapublica.elperiodico.com/21-d-cuando-los-ganadores-no-deben-serlo-completamente/

¿Podemos pedirle peras al olmo? Si aceptamos no atribuir a las elecciones parlamentarias más funciones que las que empíricamente permiten sus resultados, cabe considerar los comicios del 21-D en Cataluña como altamente clarificadores. Porque reflejan las opiniones de la ciudadanía después de un período dramáticamente convulso, porque despejan incógnitas importantes en la competición entre partidos, porque configuran un Parlamento para formar una mayoría que gobierne –si los candidatos pensaban hacerlo– y porque confirman por enésima vez que, dentro del respeto a las reglas democráticas, las instituciones canalizan mejor que la calle, las encuestas o los simulacros plebiscitarios el contraste de anhelos y visiones que existen en una sociedad, la catalana, tan compleja como todas.

En cambio, estas elecciones no servirán para lo que algunos –¿ingenua, errónea, interesadae, desesperadamente?– pretendían: resolver el conflicto catalán, cerrar definitivamente el procés, legitimar la ruptura constitucional, o tumbar al Estado. Las elecciones son el mejor instrumento de clarificación política que poseemos en democracia, y solo como tal debemos interpretarlas. O nos quedaremos sin peras.

Por eso, los ganadores nunca suelen serlo del todo, ni los perdedores deben ser despreciados. ¿Cómo se aplica este principio de precaución a las elecciones del 21-D y a sus dos principales beneficiarios, Inés Arrimadas y Carles Puigdemont?

De entrada, constatando todo lo que no cambia. Por un lado, la existencia de un electorado muy plural, segmentado en bloques en torno a la cuestión nacional y territorial, pero con matices muy importantes en las formas (confrontación vs. concordia) y en el fondo (el eje izquierda-derecha, es decir, para qué se gobierna). Esa necesidad de matices se expresa mediante un elevada fragmentación. Como muestra el gráfico, el indicador de ‘número efectivo de partidos’ (una formulación matemática del peso ponderado de los partidos para sintetizar cuántos partidos cuentan realmente) sigue por encima de 5 (como en 2012), propio de democracias en sociedades divididas y acostumbradas a las salidas negociadas. Es cierto que la elevada polarización difumina esos matices: como ya hemos explicado, lo distintivo del período en el que se encuentra Cataluña desde 2012 es la elevadísima polarización identitaria, que en 2017 mantiene la de 2015 (entre votantes): 5,4 en una escala de 10. Muchísimo, un reflejo de contextos crispados, en el que las propuestas conciliadoras de socialistas y comunes quedaron ensordecidas.

 

 

 

 

 

Tampoco cambia el equilibrio de fuerzas en el Parlamento. Persiste la mayoría absoluta de las fuerzas nacionalistas/independentistas que se viene dando desde 1984, aunque con una legitimidad débil: desde 1999, esa mayoría absoluta parlamentaria es exclusivamente el resultado del efecto reductor del sistema electoral catalán, no de una mayoría social en votos. Como han explicado José Ramón Montero e Ignacio Lago, ese sistema electoral, provisional desde 1980, premia al independentismo, debido al sesgo producido por el malapportionment, una muy desigual distribución de escaños entre distritos según su población. Este detalle es determinante para la correlación de fuerzas, tanto que CiU y ERC, en 2005, condicionaron la reforma del Estatut a imponer una mayoría parlamentaria reforzada para cambiar la regla electoral y evitar así que Pasqual Maragall la modificara: como si alcanzar la independencia necesitara de menor consenso social que cambiar el sistema electoral. El gráfico también ilustra hasta qué punto el efecto reductor de la ley electoral se ha intensificado en períodos de mayoría nacionalista, especialmente desde 2010, beneficiando a las candidaturas pro-soberanistas y eliminando del Parlamento casi un partido efectivo de los resultantes tras el voto.

Esas dos constantes –pluralidad polarizada en torno a lo nacional y mayorías parlamentarias artificiales del independentismo– constituyen la peana sobre la que se erigió el procés y su intento de cuestionar la estructura del poder en España. La mayoría de encuestas nos decían que eso se iba a mantener con mucha probabilidad. Y acertaron.

Con esas constantes de fondo, se entiende mejor qué significa ganar o perder en estas elecciones. Es cierto que Ciudadanos ha conseguido un hito en la política catalana, inédito, al superar a CiU-JxS-JxC como primera fuerza parlamentaria, algo que ni siquiera pudo hacer Maragall. Es la victoria de Arrimadas: ella es quien mejor ha sabido personalizar la oposición de media Cataluña contra el independentismo. ¿Es la victoria de Albert Rivera? Sin duda este tratará de transponerla al plano político español, aunque su resultado será más incierto mientras en España predomine la polarización izquierda-derecha y la competencia centrípeta entre partidos, talón de Aquiles de las organizaciones centristas. No olvidemos que los efectos del 155 sobre la política española podrían muy distintos que en Cataluña.

Sin embargo, la victoria de Arrimadas, como era previsible, se ha visto limitada por las constantes mencionadas: requería una casi imposible mayoría parlamentaria anti-independentista y, además, la polarización de la que se ha beneficiado al mismo tiempo le cierra los puentes con los partidos de enfrente. Lo que suscita dos interrogantes para el medio plazo: ¿podrá mantener esa coalición de ciudadanos anti-independentistas si luego no va a poder gobernarlos? Y con ello, ¿qué mensaje le estará lanzando el independentismo a un millón de catalanes rotundamente opuestos al procés si trata con desprecio –como ha hecho hasta ahora– a la ganadora de las elecciones que les representa?

Ese es el reverso de la triple victoria de Carles Puigdemont, que se había planteado las elecciones como un desafío contra el 155 de Rajoy, contra la ineluctable ascensión de Junqueras hacia el poder y contra los adversarios de su propio partido –el PDeCat– que nunca se fiaron de él. Si la apuesta de Puigdemont ha dado frutos positivos en los tres planos (con inminentes consecuencias para ERC y el propio PDeCat), la gestión de esas victorias se antoja difícil. No porque no sepa qué debe hacer (recuperar la Presidencia y forzar a Rajoy a una negociación basada en el pragmatismo político), sino porque resulta difícil cómo hacerlo. Su victoria se ha erigido sobre una estrategia populista que permite polarizar y asentar su poder en los territorios tradicionalmente en manos de CiU, favorecidos por la ley electoral. ¿Puede renunciar a esa estrategia y adoptar una postura más pragmática para favorecer la negociación y el entendimiento con el Estado? Sabemos que el 26 de octubre, en una situación de mayor debilidad para sostener la tensión, no lo hizo. ¿Lo hará ahora que se ha beneficiado de esa tensión política y la división social? ¿Tiene incentivos para decirle a su cerca de un millón de votantes que renuncia a su promesa de ruptura porque quiere volver a ser el presidente de todos los catalanes, incluidos los partidarios del 155?

Ninguno de estos mimbres parecen propicios para extraer de estas elecciones la fórmula que permita el arreglo de la situación catalana. Si Rajoy esperaba que las elecciones resolvieran por sí mismas el conflicto, cayó en el error de no codificar las constantes mencionadas anteriormente. Por ello, muchos reprocharán a Rajoy haber anticipado los comicios de forma precipitada el 27 de octubre. Sin embargo, hubo en ello una decisión de Estado más que de partido: contribuyendo a reducir la tensión social que Puigdemont no se atrevió a desinflar, Rajoy adoptaba una medida que, en ese contexto tan extraordinario, enviaba al PP a una debacle colosal. Porque su problema no fue recurrir al 155, sino que con ello ponía de manifiesto que toda su estrategia política con Cataluña desde que perdiera las elecciones en marzo de 2004 ha resultado un completo desastre para España. Apostó a perder aquella para ganar esta. Sin embargo, ¿puede permitirse el Estado que el partido que gobierna España sea irrelevante en Cataluña?

Por todo ello, los ganadores de estas elecciones no lo son completamente, y deberán tener en cuenta a los que no lo son si quieren salir de un bloqueo institucional permanente en los próximos meses. En estas elecciones, el independentismo ha obtenido una mayoría (débil, llena de contradicciones) para intentar gobernar, pero no para romper el Estado ni mantener la falacia de la república. Ni siquiera para insistir en el argumento herestético del referéndum de autodeterminación, propuesta que queda desacreditada como fórmula de solución al conflicto: ¿una consulta así ayudaría a clarificar más la situación de lo que han hecho estas elecciones, o a facilitar el acuerdo entre los dos bloques?

La clarificación consiste en poner en evidencia que la única alternativa al previsible bloqueo actual pasa por la negociación dentro de Cataluña, como paso previo a un acuerdo con las otras instituciones del Estado. Porque el arreglo consocional que pueda darse en España requiere un acuerdo previo de lógica federal para el interior de Cataluña. Un acuerdo que plantee abiertamente las razones del actual disenso en torno a los medios de comunicación públicos, a la inmersión lingüística, etc., pero también que se cuestione las reglas de juego electorales, así como la organización institucional de Cataluña: el proceso ha puesto de manifiesto la enorme asimetría entre el peso social y económico de las regiones metropolitanas de Cataluña y su subordinación política al resto del territorio. Por alguna razón, los intelectuales que blanden el argumento del quién paga y quién manda en España les cuesta aplicarlo al interior de Cataluña.

Quizá esta perspectiva consocional no resulte plenamente verosímil en este momento: la capacidad de las elites políticas catalanas para alcanzar consensos integradores está en duda desde la tortuosa negociación del Estatuto en tiempos del tripartito, en el que el entendimiento solo fue posible mediante acuerdos maximalistas y la renuncia de algunas de las partes a su programa. Entre ellas, la que ahora ha quedado en primera posición. Pero también será responsabilidad del Estado decidir si favorece el disenso o la concordia en esa negociación interna.

El 21-D pone de manifiesto que en Cataluña no existen mayorías silenciosas, ni mayorías para la ruptura. Solo hay minorías heterogéneas y fluctuantes, de las cuales la independentista es la más numerosa en estos momentos. Veremos ahora si los partidos siguen apostando a rentabilizar sus apoyos enfrentándolas entre sí, o si optan por representarlas para sumarlas y levantar con ello mayorías verdaderamente legítimas, centradas en la idea fuerza del reciente libro del primer ministro canadiense, Justin Trudeau: Todo aquello que nos une. Paradójicamente, para ello resultará más eficaz el discurso del PSC y de los comunes que el de los partidos más votados. Eso también lo han dejado claro las elecciones

 

 

 

Oriol BARTOMEUS, “La victòria dels ofesos” a Ara (22-12-17)

http://www.noucicle.org/lhora/oriol-bartomeus-la-victoria-dels-ofesos/

Els resultats d’aquesta convocatòria especial del 21 de desembre defineixen un panorama a mig camí entre la continuïtat i l’enduriment de posicions. Hi ha continuïtat en els elements de fons, com no podia ser d’una altra manera. A Catalunya hi ha dos milions d’electors que opten per forces que propugnen la independència. És una dada estable des de fa tres anys, clavada, inamovible. Dos milions més o menys van ser els votants independentistes del 9-N, dos milions els votants independentistes del 27-S, dos milions els sís a la convocatòria de l’1 d’octubre i dos milions ara, vot amunt, vot avall.

Si algú creia (i segur que algú, o alguns, ho creien) que l’independentisme es faria fonedís anava molt i molt errat. Des de l’1 d’octubre l’independentisme està blindat, i qualsevol possibilitat d’afeblir-ne la força es va estroncar a partir de l’aplicació del 155 a finals d’aquell mes i l’empresonament dels membres del Govern cessat a principis de novembre. Cada actuació del govern central, de la fiscalia o dels jutges era entesa pels independentistes com una confirmació de la seva posició, com una ofensa que refermava la impossibilitat d’una via pactada. ¿Algú podia pensar que el vot independentista s’afebliria?

Al bloc independentista el seu enduriment l’ha sostingut, però no l’ha deixat créixer. L’opció unilateral empresa en aquesta última legislatura ha solidificat el suport a canvi de tancar el bloc amb pany i clau. El món independentista només és accessible als creients.

Aquest enduriment viscut durant els dos últims anys, i especialment des de l’estiu, ha acabat endurint l’altre bàndol, que en aquestes eleccions ha projectat Ciutadans fins a la victòria, esbandint les forces moderades. El milió de votants d’Arrimadas també estan carregats de raons. Ells, com els independentistes, també s’han sentit humiliats, arraconats i menystinguts. I també, com els independentistes, han anat covant les seves ofenses a foc lent, atiats per uns mitjans de comunicació que han fet de la polarització el leitmotiv dels últims mesos, fins a fer-ne una profecia autocomplerta. Sí, ahir Catalunya va acabar mostrant-se com molts la volien veure: dos pols enfrontats, cadascun amb les seves veritats, amb les seves ferides, amb les seves raons, amb la seva història que no pot ser compartida perquè no té res a veure amb la dels altres. Dos relats diametralment oposats, alimentats a base de simplificacions, de mentides, de greuges que reclamen satisfacció. Dos grups que se senten els legítims dipositaris dels anhels del veritable “poble català” i que, fent-ho, neguen l’altre.

No serveix de res intentar fer la llista de les causes que ens han dut fins aquí, segurament no ens posaríem d’acord i acabaríem tirant-nos les llistes pel cap els uns als altres. La pregunta és què fem a partir d’ara. La lògica dels blocs ens porta a un escenari de creixent confrontació i divisió, no només al Parlament. L’acumulació de greuges pot continuar fins a l’infinit. Arrimadas pot dir que ha guanyat i no se la deixa governar, passant per alt interessadament que en un sistema parlamentari governa qui aconsegueix bastir una majoria, no qui treu més vots. Puigdemont pot seguir clamant per la majoria que no té, com no la tenia el 2015. Uns i altres, i els seus corifeus (alguns pagats amb diners de tots), poden seguir estirant la corda, poden seguir alimentant les seves parròquies injuriades. En alguns casos, aquests greuges són reals, d’altres inventats, però això no és el més important. El més important és com es viuen, com se senten.

Estem creant una societat ofesa, irritada, enutjada, entotsolada en els seus greuges, que es retroalimenten a través dels mitjans, de les xarxes socials o de les converses de carrer. A tothom li deuen i no li paguen, tothom se sent humiliat pels altres, pel que fan els altres, o pel que li diuen que els altres fan, tant se val. Fins ara s’ha jugat a nodrir aquests sentiments perquè això tenia un evident rèdit polític. Les eleccions en són la prova. Han estat un concurs per veure a qui havien ferit més.

Seria fàcil continuar per aquest camí, deixar-se endur, rabejar-se en l’ofensa. De fet, seria el més fàcil. Però no ens duu enlloc. O sí, ens duu a una Catalunya escindida i bloquejada, ens duu quaranta anys enrere. Ara és l’hora del coratge, el moment de ser capaços d’aturar aquesta deriva abans no sigui massa tard. És el moment de reclamar als nostres representants que siguin valents i aturin aquesta espiral en què fa massa temps que estem encallats. Ens hi va el país.

 

 

Jordi PÉREZ COLOMÉ y Kiko LLANERAS, “Per què l’augment de la participació no va fer canviar la majoria independentista” a El País (24-12-17)

https://cat.elpais.com/cat/2017/12/23/catalunya/1513985798_835913.html

El creixement espectacular en nombre de votants en zones constitucionalistes va acabar per ser irrellevant. Les enquestes preveien que en les eleccions catalanes del 21-D hi hauria una mobilització espectacular. No era fàcil, perquè el 2015 la participació ja havia estat la més alta de la història de Catalunya: 77,4 % segons la dada de la nit electoral, 74,9 % una vegada sumat el vot de residents a l’estranger. Però, sorprenentment, la participació va pujar en aquesta ocasió encara més: fins al 81,9 %. La xifra baixarà una mica quan s’incorpori el vot des de l’estranger, però previsiblement superarà la del 2015 per quatre o cinc punts. Són xifres difícils d’aconseguir.

Les dades apuntaven també que l’augment es centraria en comarques poc independentistes. Així va ser, com es veu en el gràfic. La bretxa de participació entre les comarques més i menys independentistes es va reduir en aquestes eleccions. La gran pregunta és, per tant, per què amb aquests nous votants no es va obtenir una majoria nova al Parlament. En realitat la seva aparició va fer millorar els nombres dels partits constitucionalistes, però no tant com per canviar el resultat. Per què? Aquestes són les hipòtesis més probables:

1. Els abstencionistes són desconeguts. Un ciutadà que no vota tampoc acostuma a contestar enquestes. I si les contesta és probable que digui que votarà, encara que després no ho faci. Per això l’abstenció és difícil de predir, perquè amb prou feines es declara, sinó que es revela el dia de les eleccions. L’exemple recent més clar és el cas de Podem en les eleccions del 2016. Les enquestes donaven el famós sorpasso al PSOE, però després no va passar: un motiu va ser que molts votants que deien que votarien Units Podem van acabar per no fer-ho. Per què? Ningú no té una resposta clara.

2. Els abstencionistes estan fora del sistema. L’abstenció tradicional a Catalunya era la dels qui votaven a les generals i no a les autonòmiques. Però aquests votants ja van detectar que les eleccions autonòmiques del 2015 eren importants: “L’abstenció diferencial tenia molt pes quan en les catalanes votava el 60 % i en les generals un 70 %. Però aquesta gent ja hi va participar el 2015”, diu José Fernández-Albertos, investigador del CSIC.

 

Aquesta vegada, els ciutadans que no van votar el 2015 i el 2017 deien que sí que ho farien eren també, sobretot, no independentistes. Segons dades del CIS de novembre, hi havia al voltant d’un 7 % que votaria per una opció constitucionalista, davant de només un 2 % que preveia que votaria un partit independentista. Hi havia, per tant, una borsa més gran de votants no independentistes que no havien votat i que aquesta vegada volia fer-ho. Al final sí que van sumar més votants nous, però no tots els que preveia el CIS: els independentistes van arribar als 96.000 votants (un 2 % del cens) i els constitucionalistes 180.000 (4 %).

Però aquest 7 % era realment tan no independentista com deia? Veient els resultats, és difícil de saber: “Quan te’n vas al 80 %, els votants ja no tenen preferències tan clares”, diu Fernández-Albertos. L’últim que es mobilitza és algú amb un perfil polític poc desenvolupat i per tant molt imprevisible: “Tenim menys informació sobre el seu comportament electoral”, assenyala Sandra León, professora de la Universitat de York (Regne Unit). Les seves opinions sobre els partits són tan febles que, de la mateixa manera que habitualment no els impulsen a votar, poden optar per qualsevol partit una vegada davant l’urna. És una hipòtesi possible.

L’electorat silenciós és més variat i variable del que de vegades es pensa. “Entre els que no havien votat el 2015, la meitat posava un 0 a Arrimadas. Això significa que una part ja està dins del discurs independentista”, opina Fernández-Albertos.

3. La llei electoral penalitza el creixement urbà. La mobilització no independentista es va produir en zones urbanes. La llei electoral, en canvi, fa prevaldre les províncies menys poblades, i dona per tant més pes a l’augment de vots a les zones rurals lluny de Barcelona: “El sistema electoral filtra l’impacte de la participació en els resultats”, diu León.

Si Ciutadans hagués aconseguit que el seu percentatge de vots en barris de l’Hospitalet o Santa Coloma s’hagués donat per art de màgia en una comarca entre el Pla de l’Estany i la Garrotxa, avui parlaríem d’un altre resultat. Una altra opció més plausible per al bloc constitucionalista seria modificar la llei electoral, encara que ningú hagi aconseguit canviar-la en dècades. Qui hi està menys interessat ara és Junts per Catalunya, com abans CiU, que ha aconseguit el 40 % dels vots a les comarques menys densament poblades però només un 20 % al Barcelonès.

 

 

4. La lleialtat del votant independentista. Un altre camí perquè el bloc constitucionalista hagués aconseguit una majoria amb aquesta participació hauria estat una lleugera desmobilització dels independentistes. “Si, per alguna raó, els independentistes treuen 47,1 % en lloc de 47,4 %, potser perden la majoria absoluta i ara estaríem fent discursos diferents”, subratlla Fernández-Albertos. Clarament no va passar.

Hi havia un cert marge perquè passés. La reacció de l’independentisme a la fallida declaració unilateral va provocar crítiques, dubtes i divisió. “Mirant les enquestes veus gent independentista que hi estava en contra”, apunta Laia Balcells, professora de la Universitat de Georgetown (EUA). L’economia era una de les preocupacions principals. “Hi ha molts independentistes preocupats per l’economia. Valoraven pitjor els seus líders i tenien el seu vot menys clar”, explica Fernández-Albertos. I “no era del tot irrellevant”, afegeix.

Però va poder haver-hi una reacció a l’aplicació de l’article 155 de la Constitució que va implicar pors sobre qüestions troncals per a una majoria de catalans: com l’escola, la llengua o la televisió pública. “És destacable la lleialtat del vot independentista. Ha estat un efecte rebot per la repressió. És un vot defensiu davant una ofensiva nacionalista espanyola”, opina Balcells.

 

 

Jordi MUÑOZ, “Els dos móns de l’independentisme” a Ara (24-12-17)

https://www.ara.cat/politica/dos-mons-lindependentisme_0_1930606965.html

 

 

 

 

Tot i que sociològicament l’evolució ja era clara, el fet que Esquerra Republicana i el PDECat (ara amb Junts per Catalunya) hagen concorregut per separat a les eleccions del 21 de desembre ens permet radiografiar amb detall la composició interna del sobiranisme avui.

Contra pronòstic, la candidatura encapçalada pel president, Carles Puigdemont, ha aconseguit imposar-se a la del vicepresident, Oriol Junqueras. De tota manera, el mapa resultant és d’un gran equilibri entre les dues formacions i, per tant, l’antiga hegemonia convergent sobre l’espai sociopolític sobiranista sembla que ha passat a la història. Avui la distància que separa les dues formacions és només de 10.000 vots, i 0,3 punts percentuals. Per tant, la situació és, en termes de sociologia electoral, d’un gran equilibri.

Ara bé, si mirem amb detall els mapes observem diferències importants. Esquerra supera Junts per Catalunya a les comarques metropolitanes i de la costa entre Tarragona i Barcelona, a més de les Terres de l’Ebre, que, en aquesta ocasió, sembla que es consoliden com un dels feus dels republicans. Com a resultat d’això, Esquerra se situa com a segona força política pràcticament a tota l’àrea metropolitana.

Per contra, Junts per Catalunya s’ha imposat a Esquerra a totes les comarques interiors del rerepaís (amb l’excepció de l’Alta Ribagorça). Les comarques de Girona i, en menor mesura, també la Catalunya central s’han mostrat com a importants bastions dels exconvergents.

Aquesta tendència a una certa escissió territorial del vot independentista apunta diverses tendències. L’oferta d’Esquerra, que en aquesta ocasió ha optat, no només per presentar-se separada del PDECat, sinó també per presentar un perfil propi i diferenciat, sembla que funciona millor a les zones urbanes i metropolitanes, mentre que Junts per Catalunya manté un cert control i una certa hegemonia a les zones de predomini històric del nacionalisme català.

Tot plegat prefigura una evolució futura en què el sobiranisme de centredreta i el d’esquerra (incloent-hi la CUP) aniran consolidant els seus espais sociològics propis i diferenciats i, potser, això serà la clau de volta per ampliar la majoria independentista.

Malgrat que l’opció de presentar-se per separat va rebre crítiques d’alguns sectors, aquest repartiment del vot, i el lleuger creixement del vot independentista a les zones metropolitanes, sembla suggerir que, electoralment, té sentit per a l’independentisme aquesta fórmula electoral.

Un dels seus pilars, que és Esquerra, comença a ser competitiva en una part important de la Catalunya metropolitana, mentre que la candidatura avalada per l’antiga Convergència hi té també el seu espai, però sobretot manté el domini dels seus feus tradicionals.

Mirant els mapes, sembla evident que l’independentisme necessita créixer a les zones metropolitanes, que són les que concentren la major part de la població del país. Per això, l’articulació d’una oferta electoral adaptada a la diversitat del país és, possiblement, un pas necessari per millorar-ne la penetració. El 2015 només la CUP va poder fer de vàlvula de seguretat per la fuita de vots causada per l’operació de la candidatura de Junts pel Sí. L’electorat independentista és ideològicament divers, i prové de tradicions polítiques diferents. En un país complex com Catalunya, sembla difícil pensar que cap opció puga assolir una majoria absoluta del vot sense adaptar-se a aquesta heterogeneïtat

 

Alberto PENADÉS, “La polarización era esto” a Piedras de Papel (26-12-17)

http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/Polarizacion_6_721687825.html

Cuando se mira solo la evolución del voto independentista parece que el proceso soberanista catalán está llamado a tener más consecuencias en las cenas de Navidad que en las elecciones. Sin embargo, la polarización social que tantos dicen percibir sí deja un rastro claro en la evolución del voto no independentista.

A medida que el eje nacionalista ha ido supliendo al eje izquierda-derecha como base de la competición electoral, los partidos más anti-nacionalistas catalanes (que son, además, los partidos más a la derecha con respecto a la media de Cataluña) han ido creciendo, impulsados por Ciudadanos, a expensas, en distinta medida, de casi todos los demás. La principal conclusión cualitativa es que hoy, por fin, es imposible un gobierno de izquierdas, ni aunque se intentara recomponer ese eje. Y ese es el resultado más llamativo de las elecciones catalanas, me parece a mí.

Cuando algunos políticos (catalanistas) intentan desdeñar el ascenso de Ciudadanos como una simple reorganización “de la derecha” deberíamos re-preguntar. Lo que se está reorganizando es el no nacionalismo, con un refuerzo del polo más unionista, contra-nacionalista, nacionalista español o como se prefiera denominar… y, como consecuencia, se está reforzando el lado derecho del eje tradicional de la ideología. (Todas esas etiquetas pueden ser legítimas, ninguna es del todo adecuada; no hablo ya de las etiquetas despectivas al uso, empleadas por los más nacionalistas catalanes, al menos en la conversación de las redes sociales, precisamente cuando entienden que esto no es una reorganización de la derecha).

Gráfico 1. Evolución del voto, agrupado, en las últimas elecciones al Parlamento de Cataluña.

 

Polarización en las elecciones al Parlamento de Cataluña: El voto independentista se mantiene casi constante, crece el anti-nacionalismo (también centro derecha) y decrece el resto. (Penadés/Piedras de Papel)

Observemos a los electorados con más detalle. Los datos que vamos a ver son pre-electorales, y haríamos bien en esperar tener datos de encuestas post-electorales, pero la curiosidad nos puede y estos todavía tardarán bastante en llegar. Con la encuesta del CIS, cuyos microdatos se liberaron hace pocos días, podemos situar a los votantes potenciales de los partidos que han obtenido representación en las elecciones al Parlamento de Cataluña. (No son necesariamente votos realizados, atenderemos los que se declaran votantes seguros y los que se declaran próximos).

Entre los partidos con electores nacionalistas (más nacionalistas, en promedio, que el ciudadano medio de Cataluña) se es más nacionalista cuanto más a la derecha. Entre los partidos con votantes menos nacionalistas que el promedio catalán, sucede lo contrario: más a la izquierda hay más catalanismo.

Una conclusión visual es esta, el partido más votado el Cataluña tiene el electorado que más se inclina hacia el polo no nacionalista catalán, el segundo partido con más votos tiene a los electores más escorados hacia el polo nacionalista catalán. Al mismo tiempo, ambos partidos son relativamente moderados en el eje ideológico: el promedio de sus votantes se encuentran entre el centro y el centro-derecha.

Gráfico 2. Posición media de los electores (potenciales) de los partidos en los ejes de izquierda/derecha y más/menos nacionalista catalán. 

 

 

Elecciones al Parlamento de Cataluña 2017. Posición media de los electorados potenciales (voto y simpatía en la encuesta del CIS) en los ejes iizquierda/derecha y nacionalista catalán (Penadés/Piedras de Papel)

 

Los valores de la escala se han tipificado para no distraernos con los valores absolutos (que en Cataluña son peculiares, siendo la persona media que responde a esta encuesta una persona muy de izquierdas).

La comparación entre la escala de ideología nacionalista y la escala de preferencias territoriales (donde un polo es el estado unitario y el otro el derecho a la independencia) revela un contraste para los “Comunes”:  estos son menos nacionalistas que la media de Cataluña, pero están más a favor de mayor autogobierno que la media de Cataluña. Los partidos más nacionalistas tienen prácticamente las mismas preferencias territoriales y por eso es justo llamarlos independentistas como identificador principal.

Gráfico 3. Posición media de los electores (potenciales) de los partidos en los ejes de izquierda/derecha y preferencias por la organización territorial del Estado. 

 

 

Elecciones al Parlamento de Cataluña 2017. Posición media de los electorados potenciales (voto y simpatía en la encuesta del CIS) en los ejes iizquierda/derecha y preferencia por la organización territorial del Estado (Penadés/Piedras de Papel)

 

La identidad se segmenta claramente por partidos. Los partidos más alejados del nacionalismo catalán tienen un electorado muy homogéneo en cuanto a su identidad “hispano-catalana”.

Gráfico 4. Identidad catalana o española entre los votantes de los partidos. (Se agregan los “tan catalanes como españoles” con los “más bien españoles” y “solo españoles”, que son bastante minoritarios).

 

 

Elecciones al Parlamento de Cataluña 2017. Proporción de personas que se definen como nacionalistas catalanes en los electorados potenciales (voto y simpatía en la encuesta del CIS) (Penadés/Piedras de Papel)

 

La segmentación social es menor en aquello que es un atributo (más o menos) objetivo, como es la lengua.  Esto siempre es una buena noticia, especialmente si tenemos en cuenta que, con independencia de la primera lengua de cada cual, la competencia lingüística de casi todos los catalanes en ambos idiomas es (comparativamente) extraordinaria  (ver aquí).

Gráfico 5. Lengua “materna” entre los votantes de los partidos.

 

 

Elecciones al Parlamento de Cataluña 2017. Sentimiento de identidad nacional en los electorados potenciales (voto y simpatía en la encuesta del CIS) (Penadés/Piedras de Papel)

Por último este gráfico reitera la observación previa a propósito de la indentificación con la ideología nacionalista, pero usando una respuesta que invita a la disyuntiva en lugar de una escala gradual. Ciudadanos, como el PP, son partidos que claramente representan a votantes no-nacionalistas catalanes.  El nacionalismo catalán está representado en el independentismo, con cierta ventaja para la lista de Puigdemont.

Gráfico 6. ¿Se considera usted nacionalista catalán? Respuesta de los votantes.

 

 

Elecciones al Parlamento de Cataluña 2017. Lengua materna en los electorados potenciales (voto y simpatía en la encuesta del CIS) (Penadés/Piedras de Papel)

Así pues, parece que tenemos brecha.

 

Carlos FERNÁNDEZ ESQUER y José RAMA, “El Parlament más fragmentado de la historia” a Agenda Pública (23-12-17)

http://agendapublica.elperiodico.com/parlament-mas-fragmentado-la-historia/

En vísperas de la cita electoral catalana, escribíamos dos posts en los que intentábamos exponer, por un lado, la historia y el funcionamiento del sistema electoral catalán y, por otro, qué efectos podía desplegar a partir de la distribución geográfica del voto esperada. Con los resultados en la mano, estamos ahora en condiciones de hacer balance de los rendimientos de las duodécimas elecciones autonómicas en perspectiva histórica y comparada.

Participación

La expectación generada dentro y fuera de Cataluña ha hecho que la cifra de participación haya sido histórica: el 81,94% de los electores han acudido a las urnas. Esta cifra supera el que hasta ahora era el récord de participación en unas elecciones celebradas en España, las elecciones generales de 1982, en las que rondó el 80%. También supera las tasas de participación más altas hasta la fecha en otros comicios autonómicos: las elecciones a la Asamblea de Extremadura de 1995 (78,3%), las elecciones a las Cortes de Castilla-La Mancha del mismo año (78,8%), y las elecciones al Parlamento Vasco de 2001 (79,97%). Estos datos, sumados al 75% alcanzado en las elecciones de 2015, permiten afirmar que el electorado catalán parece estar sacudiéndose su habitual tendencia abstencionista en las elecciones autonómicas en comparación con las elecciones generales (abstención diferencial).

Desproporcionalidad

Respecto a la proporcionalidad global de los resultados (el ajuste entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños que recibe cada partido), el índice de desproporcionalidad de Gallagher (uno de los más utilizados) es de 4, ligeramente inferior al 4,85 de las elecciones autonómicas de 2012 y 2015. De este modo, el sistema electoral catalán continúa siendo el quinto más proporcional en el conjunto de comunidades autónomas en el promedio histórico (Tabla 1).

 

Fuente: Elaboración propia

Primas y penalizaciones

Por lo que se refiere a las primas y penalizaciones con que el sistema electoral premia o castiga a los partidos, es posible hacer varias consideraciones. De entrada, y como suele suceder con cualquier sistema electoral, los tres partidos más votados (Ciudadanos, JxCat y ERC) salen beneficiados, mientras que los cuatro partidos menos votados (PSC, comunes, CUP y PP), salen perjudicados. Ahora bien, lo que no es tan habitual es que el primer partido en votos (Cs) no sea el que recibe una mayor bonificación en términos de escaños, sino que lo sea la segunda fuerza (JxCat). Esto se explica por el sesgo del sistema electoral, que beneficia a los partidos nacionalistas catalanes, al sobrerrepresentar las provincias menos densamente pobladas (Tarragona, Lleida y Girona) y donde, por tanto, el voto es más valioso. Tradicionalmente, este sesgo ha beneficiado esencialmente a CiU y sus sucesores políticos, que han recibido importantes primas electorales de forma continuada (Tabla 2). No es de extrañar que este partido haya bloqueado los principales intentos de aprobar una ley electoral catalana que modificase un sistema que le favorecía. Es más, entre los partidos nacionalistas catalanes el modelo bonifica de forma más intensa a JxCat que a ERC: con un porcentaje de sufragios similar, los primeros obtienen dos escaños más que los segundos, debido a que concentran fundamentalmente su voto en las comarcas de Lleida y Girona, mientras que los republicanos tienen un respaldo mayor en ciertas comarcas del sur de Tarragona.

 

Asimismo, resulta también muy ilustrativo mostrar la tasa de ventaja de los partidos en las elecciones catalanas, que es el cociente resultante entre el porcentaje de escaños y de votos (Gráfico 1). Así, si un partido obtiene menos escaños de los que proporcionalmente le corresponderían en función de sus votos, su tasa de ventaja fluctúa entre 0 y 1; mientras que si acapara más, la tasa de ventaja estaría por encima del 1. A lo largo de las elecciones, CiU siempre ha estado por encima del 1 (la línea que marca la proporcionalidad perfecta), mientras que el PSC ha oscilado en torno a la representación ajustada y una ligera sobrerrepresentación. Por su parte, algunos de los más afectados por el sistema electoral han sido IU, PP, En Comú-Podem y la CUP. Lo mismo puede decirse de Ciudadanos en los primeros comicios a los que concurría; sin embargo, este partido, al ser ya una de las candidaturas más votadas, obtiene bonificaciones en estas últimas elecciones.

Gráfico 1. Tasa de ventaja de los partidos en las doce elecciones autonómicas al Parlamento de Cataluña

 

Fuente: elaboración propia

Fragmentación

Si prestamos atención a la fragmentación que se ha producido en estas elecciones, medida a partir del indicador del número efectivo de partidos, observamos que es de 5,34 en su versión electoral y de 4,64 en su versión parlamentaria. Este será el Parlament más fragmentado de la historia, aunque similar al resultante de las elecciones de 2012 (4,6). Sin embargo, no será la Asamblea legislativa más fragmentada del panorama político autonómico, pues las Cortes de Aragón (4,82) y el Parlamento de Navarra (5,25) exhiben un mosaico parlamentario aún más colorido y fraccionado.

La existencia de un cleavage nacionalista o centro-periferia fuerte sigue siendo el principal factor que explica la elevada fragmentación del sistema de partidos catalán en comparación con lo que sucede en otras comunidades autónomas. Ahora bien, existen otros sistemas de partidos autonómicos aún más fragmentados en promedio histórico, tales como el vasco, el navarro, o el canario (Tabla 3).

 

Fuente: elaboración propia

Una muestra de la elevada fragmentación de estas elecciones se pone de relieve en el hecho de que Ciudadanos, pese a su éxito sin paliativos, sea la fuerza más votada en unos comicios con un menor porcentaje de votos y con un grupo parlamentario más reducido de la historia autonómica catalana. Asimismo, tanto el partido que gobierna a nivel nacional (PP) como el que marcó el ritmo al Govern la pasada legislatura catalana y podría continuar haciéndolo en la actual (la CUP) tendrán, salvo sorpresas, que compartir el Grupo Mixto, al no alcanzar ninguno de ellos los cinco diputados que exige el Reglamento del Parlament para formar grupo parlamentario.

Esta acusada fragmentación partidista, sumada a la fuerte polarización existente, dejará sentir sus efectos en la formación del Gobierno y, por extensión, en la gobernabilidad a lo largo de la legislatura. La inexistencia de una mayoría partidista vuelve a abocar a un probable gobierno de coalición entre JxCat y ERC, que deberá contar con el apoyo de la CUP o de En Comú-Podem, ya sea de forma activa o pasiva: la aritmética parlamentaria permitiría la investidura de un candidato independentista con la abstención de algunas de estas dos fuerzas políticas.

Volatilidad electoral

La volatilidad electoral, es decir, el intercambio de preferencias políticas que se da entre una elección y otra, es un buen indicador para medir la estabilidad política de un país o región. Su evolución (Gráfico 2) no ha sido muy distinta a la observada a nivel nacional: si en el conjunto del Estado, se superaba en 1982 el 40% de volatilidad debido a la implosión de la UCD; en Cataluña, en 1984, se alcanzaba casi el 33% debido a causas similares. Por lo demás, y tras cierta estabilidad electoral, en las elecciones de 2015, como sucedió en la gran mayoría de comunidades autónomas, los niveles de volatilidad se dispararon, alcanzando el 22,5%: irrumpieron nuevos partidos y los ya existentes vieron cómo, sobre todo dentro del mismo bloque ideológico, se producían fuertes trasvases electorales. Por lo que respecta a 2017, la dinámica ha ido a la baja. A la espera de encuestas postelectorales, el porcentaje de volatilidad alcanzado podría justificarse por trasvases electorales del PP y PSC a Ciudadanos y de la CUP y Podemos a ERC. En cualquier caso, la frenética evolución política en Cataluña desde las elecciones de 2010, que se evidencia en parte en las elevadas tasas de volatilidad registradas desde entonces, apunta a que el sistema de partidos catalán está débilmente institucionalizado.

Gráfico 2. Volatilidad electoral en las elecciones autonómicas catalanas

 

Fuente: elaboración propia

En resumen, el sistema electoral catalán, pese a ser uno de los más proporcionales en España, continúa castigando comparativamente a quienes aglutinan su voto en la ciudad de Barcelona y su zona metropolitana (donde se halla más del 70% de la población de Cataluña), mientras que premia a quienes lo concentran en las provincias menos pobladas. El 47,5% de los votos cosechado por partidos independentistas se ha traducido en 70 diputados, el 51,85% de los escaños del Parlament: el sesgo del sistema electoral catalán sigue concediendo victorias.

 

 

Articles

 

Benoît PELLISTRANDE, “Le labyrinthe catalan” a Telos (22-12-17)

https://www.telos-eu.com/fr/le-labyrinthe-catalan.html

Le scrutin du 21 décembre 2017 marquera, à coup sûr, une date majeure de l’histoire politique catalane et espagnole. Dans un contexte d’une grande intensité émotionnelle, que traduit un record du taux de participation de 82%, les deux options indépendantiste et constitutionnaliste se sont mobilisées. Deux Catalognes se font désormais face. La troisième voie, esquissée par le Parti Socialiste de Catalogne et par En Comú-Podem (la marque catalane de Podemos), se révèle, pour l’instant encore, inaudible. La Catalogne est fracturée comme jamais et cela annonce une aggravation de la crise politique espagnole.

Une claire victoire indépendantiste?

Dès le soir du 21 décembre, les leaders indépendantistes ont proclamé leur victoire quelle que soit la liste sur laquelle ils avaient été élus. Tant Marta Rovira de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) que Carles Puigdemont, depuis Bruxelles, et avant lui, Elsa Artadi à Barcelone, ont d’emblée additionné tous les sièges indépendantistes. En clair, les 4 députés élus de la Candidature d’Unité Populaire (CUP), favorables à une stratégie unilatérale, sont associés à la nouvelle configuration parlementaire.

Les trois listes (Junts pel Catalunya de Carles Puigdemont, ERC et la CUP) obtiennent 47,7% des voix : 21,7% pour JpC, 21,5% pour ERC et 4,5% pour la CUP). En 2015, l’ensemble de ces trois listes représentait 47,8%. Comme la participation a été plus importante, le bloc indépendantiste gagne des voix : 2 026 000 voix contre 1 966 000 en 2015. On pourra toujours expliquer que la victoire en siège tient à la surreprésentation des trois provinces les moins peuplées (Gérone, Lérida, Tarragone) par rapport à Barcelone. Un député de la circonscription de Barcelone représente presque 47 000 électeurs tandis qu’un député de Lérida ne représente que 19 900 électeurs. Ce biais représentatif permet de comprendre pourquoi les nationalistes ont toujours eu la majorité parlementaire depuis 1984 et pourquoi ils restent hostiles à toute révision de la loi électorale. L’explication ici ne vaut pas raison. Le fait politique est là : il y a une majorité indépendantiste au sein du nouveau Parlement catalan.

Le changement tient aux variations à l’intérieur du bloc indépendantiste : en 2015, la liste Junts pel Si, qui regroupait tant le PdeCAT de Puigdemont qu’ERC de Junqueras, obtenait 62 élus. En 2017, les deux formations se présentaient séparément. Elles font mieux : 66 élus. Mais cette division, payante électoralement, trahit des divergences politiques. Quant à la CUP, elle passe de 10 à 4 élus. Le revers est net mais il est presque insensible. En effet, ces 4 députés étant la clef de la majorité absolue, ils demeurent décisifs.

Objectivement, les indépendantistes peuvent penser que leur légitimité démocratique a été renouvelée. Avec 47,7%, il est difficile de construire une république catalane. Mais c’est largement suffisant pour retendre à l’extrême la crise catalane.

La crise catalane s’aggrave

L’application de l’article 155 de la constitution, grâce auquel ces élections ont été convoquées, peut-il s’apparenter à un coup d’épée dans l’eau ? C’est la thèse des indépendantistes et il suffisait de voir l’air triomphant de Carles Puigdemont au soir du 21 décembre pour mesurer son soulagement et sa projection dans l’avenir. Il évoquait la victoire de « la République catalane » par rapport au « bloc monarchique du 155 ». Marta Rovira, de ERC, évoquait, elle aussi, un « mandat pour la République ». L’utilisation répétée de ce terme de « République » dévoile sans doute les nouveaux axes de la tactique indépendantiste. Le mot et l’idée de République sont connotés à gauche. Ils permettent d’arrimer au projet indépendantiste les radicaux de la CUP. Surtout, ils peuvent aussi servir de sirène pour En Comú-Podem. Le mouvement de la maire de Barcelone Ada Colau et de Pablo Iglesias a nagé dans l’ambiguïté depuis début octobre. Ils perdent des voix (40 000 en passant de 363 000 à 323 000) et passent de 11 à 8 élus. En Comú-Podem se rêvait en faiseur de roi, ou au moins en instrument de dialogue entre les deux blocs. C’est raté. Désormais, pour Ada Colau, l’objectif sera de sauver sa mairie de Barcelone. Avec 9,33% des voix dans sa commune, elle risque gros et ne peut envisager de se maintenir que par une alliance avec les indépendantistes. La « République catalane » va devenir le nouveau levier par lequel essayer de faire exploser le camp non-indépendantiste.

Il faudra bien un jour réfléchir sur le glissement à gauche de ce nationalisme catalan. L’ancienne Convergence et Union de Jordi Pujol et de Artur Mas est devenue, avec Carles Puigdemont, une machine à transformer la classe moyenne catalane en ferment révolutionnaire. Actuellement, aucune hypothèse complète et rationnelle ne permet d’expliquer ce phénomène.

Apparaît comme évident, toutefois, que le nationalisme catalan dispose d’une réserve émotionnelle qui lui donne une force de résistance incroyable. Là où l’affaire devient dangereuse c’est que de ces émotions surgissent une perception absolument biaisée du monde. Le nationalisme catalan est auto-référencé. Son arrogance sort renforcée des résultats du 21 décembre.

Des recompositions nationales

Le scrutin catalan porte en lui des enseignements nationaux et annonce l’ouverture d’un nouveau cycle politique. La victoire morale de Ciutadans (C’s) est spectaculaire. Avec 25,5% des voix et 37 députés, la « formation orange », comme on a pris l’habitude de l’appeler dans la presse espagnole, a agi comme un véritable aspirateur électoral. C’est en 2005 que C’s est né, en Catalogne, en réaction à la dérive nationaliste. En 2006, trois députés entrent au Parlement régional. Ils seront 9 en 2010, 9 en 2012 et 25 en 2015. En même temps que se renforçait l’indépendantisme, l’anti-indépendantisme constitutionnaliste trouvait en C’s sa meilleure expression politique et son refuge électoral. Le très mauvais score du Parti Populaire de Mariano Rajoy (4,3% des voix et 3 députés seulement contre 8,5% et 11 élus en 2015, soit la perte de près de la moitié de ses voix) s’explique, en partie, par le vote utile qui est allé à C’s. Mais l’autre explication tient aussi à la fermeté du discours politique de C’s qui a séduit un électorat inquiet, en recherche de protection. Avec le scrutin catalan, les électeurs de droite et de centre-droit voient naître une vraie alternative au PP. Le parti de Mariano Rajoy, enkysté dans une culture archaïque du chef, de l’absence de débat et d’affaires de corruption, est menacé d’obsolescence politique.

Autre victime de l’ambiguïté, le Parti Socialiste de Catalogne (PSC). Certes, il gagne 1 siège (17 au lieu de 16 élus) et progresse de 50 000 voix jusqu’à 600 000 (13,8% des voix contre 12,7% en 2015). Mais le PSC reste à un niveau historiquement faible. Quand on songe qu’en 2003, il avait 42 élus et 31% des voix ! Quel lessivage ! Le PSC paye le flou de son positionnement. Pendant la campagne, son leader Miquel Iceta a plaidé en même temps le respect de la Constitution et l’amnistie pour les indépendantistes poursuivis par la justice, la solidarité et l’excès de contribution de la Catalogne au financement de l’Espagne. Il a même réclamé une annulation de la dette de la Catalogne, c’est-à-dire une prise en charge par l’État central ! La révolte dans toutes les autres fédérations du PSOE a été immédiate. Ni le PSC, assiégé par cette fièvre nationaliste qu’il n’ose pas affronter parce qu’il la croit liée aux idéaux de gauche, ni le PSOE, victime de ses divisions internes, n’ont aujourd’hui une idée d’Espagne. Cette défaillance d’un fondement politique de l’idéal constitutionnel espagnol est source de grande inquiétude.

Il y a un an, sur Telos, je pronostiquais « une année 2017 redoutablement délicate ». J’écrivais que « plus que jamais la question catalane devient une bombe à fragmentation institutionnelle et sociale tant en Catalogne où la société est profondément divisée qu’en Espagne. Dans un environnement européen marqué par la fragilisation des démocraties représentatives, la menace qui pèse sur l’Espagne, quarante ans après les premières élections libres de 1977, n’est pas anecdotique. C’est la définition même de la démocratie et du cadre national qui sont en jeu ». À la veille de 2018, je ne peux que confirmer ce diagnostic en en accentuant la gravité. Nous allons revoir des scènes d’égarement politique. Les concepts vont être soumis à des redéfinitions incroyables. La légitimité va s’opposer au droit. La volonté du peuple sera interprétée par des leaders qui se pensent charismatiques (alors qu’ils ne sont peut-être que mégalomanes). La crise catalane est un labyrinthe dont tous, à ce jour, ignorent la sortie…

 

Enric JULIANA, “Guanya el gen convergent” a La Vanguardia (22-12-17)

http://www.lavanguardia.com/encatala/20171222/433807199534/guanya-el-gen-convergent.html

El titular busca la provocació. Fa cinc anys, la nit de les eleccions del 25 de novembre del 2012, en les quals Artur Mas anava a buscar la majoria absoluta i en va sortir escaldat, vaig titular amb tota la intenció: “Guanya Espanya”. Alguns encara no s’han recuperat de l’ensurt i d’altres encara em continuen insultant a través de les xarxes socials.

Per què vaig titular “ Guanya Espanya” el 2012? Perquè la fragmentació del vot sobiranista, per molt que CiU i ERC sumessin majoria absoluta al Parlament, privava aquell moviment d’una direcció política clara, capaç de gestionar amb calma el temps polític i afrontar una veritable negociació. Els grans combats –siguin justos o injustos, encertats o molt equivocats– exigeixen un comandament unificat quan l’adversari és fort. I l’ Estat espanyol és fort. Rocós. Durant aquests cinc anys ho ha demostrat amb escreix, per molt que no ens agradi l’enfocament governamental de la qüestió catalana.

Un moviment sobiranista esclavitzat per la competició interna estava condemnat a la radicalització i a estavellar-se contra les roques, malgrat l’entusiasme dels seus seguidors. Això ha passat. En les eleccions del setembre del 2015, la fragmentació del bloc sobiranista encara va ser més gran. CDC i ERC, aliats en la coalició Junts pel Sí, van quedar presoners de les exigències de la CUP, amb els resultats coneguts per tothom. L’ Estat espanyol, més fort que flexible, ha frenat en sec la independència, però no ha desmobilitzat els independentistes. La qüestió de Catalunya continua oberta, carai si continua oberta!

Avui no titularia que guanya Espanya, malgrat la facilitat amb què l’ Estat ha aplicat l’article 155; malgrat la seguretat que tornarà a aplicar-lo si el Parlament resultant de les urnes torna a transgredir la Constitució. Espanya ja ha guanyat: la independència ha estat frenada, amb el concurs actiu de la Unió Europea i la secretaria d’ Estat nord-americana. El sistema Espanya no va guanyar ahir més del que ja tenia guanyat en termes d’autoritat de l’ Estat. El que ve ara és diferent. Ara ve un govern d’independentistes sense independència. Veurem com ho enfoquen amb una CUP necessàriament radicalitzada després de perdre més de la meitat dels escons. No serà fàcil sense la recerca d’altres aliances o acords parlamentaris. No pot dir-se que guanya Espanya –ni que sigui per provocar– quan el partit que governa Espanya acaba de tenir una patacada descomunal a Catalunya. En tot cas, guanya Ciutadans. Guanya el partit d’Albert Rivera, una posició d’alt valor simbòlic a tot Espanya. El primer lloc de Ciutadans és una novetat important, fruit directe de la radicalització sobiranista i de la consegüent polarització de la societat.

“ Tenim pressa!”, deien els insensats. Doncs aquí ho teniu. Inés Arrimadas amb els llorers del partit més votat i amb un resultat colossal a l’àrea metropolitana de Barcelona i a Tarragona. Una societat dividida. Una economia tocada. Un trencaclosques que trigarà anys a recompondre’s. La victòria de Ciutadans sobre el Partit Popular –37 diputats davant 3– és una bufetada que se sentirà fins i tot a l’altra riba de l’ Atlàntic. 37 a 3! El PP queda desarticulat a Catalunya. Es pot governar bé Espanya amb menys del 5% dels vots a Catalunya? Es podria governar bé Itàlia amb menys del 5% a la Llombardia? Es pot governar bé França amb menys del 5% a Lió?

No guanya Espanya; guanya la complexitat de la política espanyola. A partir del gener es creuaran apostes a l’hipòdrom de Madrid sobre el futur del PP. A Mariano Rajoy se li presenten ara tres problemes. Digerir el mal resultat del seu partit (el digerirà sense problemes). Afrontar la tornada de Carles Puigdemont a Catalunya, si aquest decideix fer el pas. Aguantar el segur reforç de Ciutadans als despatxos poderosos de Madrid. José María Aznar es deu estar fumant un cigar.

Guanya el gen convergent. Volia titular que guanya Jordi Pujol, però la provocació potser seria excessiva. Guanya el legitimisme de Puigdemont. Guanya la capacitat de supervivència de la força que ha governat més temps Catalunya en els últims quaranta anys. Guanya la classe dirigent de la Generalitat, encara que Puigdemont sembli que va per lliure. Adeu, PDECat. S’imposa Darwin: la segona mutació convergent deixa enrere els vells pecats pujolistes. Junts serà el nou format a les eleccions municipals. Esquerra no tindrà una segona oportunitat.

Guanyen els independentistes sense independència. Guanya el gen convergent. Guanya Inés Arrimadas. I perd l’esquerra. Tràngol per a Rajoy que necessita més que mai els vots del Partit Nacionalista Basc per guanyar temps. L’ Estat espanyol és fort, però la qüestió de Catalunya continua oberta, amb un inalterable 47,5% de vot independentista. No hi ha passejada militar.

 

 

Andreu MAS-COLELL, “El xantatge de la por ha fracassat” a Ara (23-12-17)

https://www.ara.cat/opinio/xantatge-por-ha-fracassat_0_1930007008.html

Ha guanyat la dignitat. Serà complex, però el sobiranisme formarà govern. El malson d’una Generalitat repressora de la identitat catalana s’ha esvaït. Empresonant i embargant dirigents polítics se’ns havia convidat, amb barroeria, a la rendició. Però entre les decapitacions de la Sra. Sáenz de Santamaría, les desinfeccions del Sr.Borrell i la no resposta de la Sra. Arrimadas a la pregunta de si dominar el català continuaria sent un requisit per als mestres de les escoles catalanes, només un ingenu podia pensar que una derrota del sobiranisme portaria a una política més moderada envers Catalunya. S’ha demostrat que d’ingenus a Catalunya ja en queden pocs. El votant sobiranista s’ha mantingut mobilitzat i fidel. Ha entès que calia arrenglerar-se amb el president Puigdemont i el vicepresident Junqueras. El xantatge de la por ha fracassat.

La victòria electoral, en les circumstàncies del moment, ha estat molt notable, i així ho ha recollit la premsa internacional. Hi ha hagut polarització i, afortunadament, encara som més. Però, en la meva opinió, el resultat no permet plantejar-se salts endavant, ni menystenir el que representa l’èxit de Ciutadans i el fracàs del PSC. Ara és l’hora de recuperar i ampliar forces. També de fer permeables les línies de divisió social i política. El sobiranisme sempre ha reconegut, en teoria, que li calia expandir la seva base, però el fet és que ho ha aconseguit només parcialment. L’ha augmentat en nombres absoluts però en proporció de votants és on era. És qüestionable si, a la pràctica, ho ha intentat amb prou cura i vigor. Potser hi havia qui necessitava comprovar que el mur, per més que no ho semblés, no era de cartró. Però ara ja ho sap. Seria suïcida, després de rebotar-hi, llançar-nos-hi de nou. No és l’hora d’accelerar.

Els temps que venen seran de resistència i recuperació. Els catalans han decidit democràticament que els volen liderats per un Govern sobiranista. Però la confiança obtinguda no permet anar més enllà d’aquesta agenda. Al sobiranisme se li ha concedit una segona oportunitat. Si no la sap utilitzar amb moderació, realisme i sensibilitat cap a les exigències de l’economia, el perill que sigui l’última hi és.

La lliçó que el govern central hauria de treure del resultat electoral és que, pel bé d’Espanya, cal fer gestos de distensió, alliberar presos, avançar cap a una cronificació tolerable del conflicte, rebaixar-ne la intensitat. Serà així? Ho podria ser si s’imposés la línia que va portar a convocar eleccions. Seria el millor per a tots. Però, en direcció contrària, al programa que fa temps va imposant el PP s’hi afegirà ara la frustració d’una vicepresidenta que volia guanyar per 10 a 0. L’ànsia punitiva podria continuar, i hi podria haver una pulsió enderrocadora cap a un nou govern català. Però mantinguem la ment oberta i no avancem escenaris.

Combinar les necessitats de la resistència i de la recuperació no serà fàcil. Molt en primer lloc, caldrà unitat entre les dues grans formacions sobiranistes. La rivalitat lògica no hauria de portar ni al maximalisme ni a la paràlisi. Formulem a cada moment la posició justa, expressem-la amb claredat i sense acomplexar-nos davant les crítiques. Si es reben acusacions de traïdoria, que no ens trasbalsin ni ens facin perdre la son. Un factor positiu és que al nou Parlament la CUP serà menys decisiva.

Amb el resultat electoral hem recuperat el respecte i la credibilitat internacionals. I això és un tresor que cal cuidar. Vivim al món i, sobretot, vivim a Europa. Ens importa la seva opinió pública. També l’espanyola, que no és com ens agradaria però que no és homogènia i compta molt per al nostre futur. Hauríem de fer onejar més la bandera d’Europa. No caiguem en la trampa dels que ens volen fer triar entre Catalunya i Europa. Catalunya no se’n sortirà sense Europa: ¿us imagineu l’1-O sense ella? I en referència a símbols i mots: la senyera, el catalanisme, la societat civil i el bilingüisme són nostres. La majoria dels que ara els empren no hi han cregut mai. No proposo recuperar el terme autonomia però faig constar que tampoc hi han cregut. Utilitzen tots aquests mots amb oportunisme, i aprofitant que nosaltres, imprudentment, els hem abandonat.

Acabo amb l’expressió d’un desig: res es resoldrà a curt termini, ens convé actuar amb una prudència basada en l’autoconfiança. La mirada ha de ser llarga i la legislatura que comença hauria de durar quatre anys, passi el que passi.

 

 

Editorial de la FAES (23-12-17): “Elecciones en Cataluña”

http://www.fundacionfaes.org/es/contenido/46586/elecciones-en-cataluna

Los resultados electorales en Cataluña distan bastante de la observación escuchada durante la campaña que consideraba “descabezado” al independentismo. La tríada secesionista JxC, ERC y CUP suman la mayoría absoluta en el Parlamento autonómico. Pero frente a este desenlace, el triunfo de Ciudadanos es un logro extraordinario que se constituye en expresión de la movilización cívica contra la exclusión, el silenciamiento y la fractura. Ciudadanos ha sabido interpretar las exigencias de muchos cientos de miles de catalanes –más de un millón-, las ha traducido en un discurso político reconocible y les ha ofrecido una propuesta de esperanza y convicción.

El hecho de que Ciudadanos se haya destacado como primera fuerza política en Cataluña, tanto en voto popular como en escaños, y que el voto popular de los partidos no independentistas haya quedado por encima del secesionismo deslegitima las pretensiones nacionalistas de arrogarse la representación y la supuesta voz auténtica de los catalanes. Cuando en septiembre de 2015 este partido superó con claridad al Partido Popular, observamos que Ciudadanos se estaba convirtiendo en la opción preferente del constitucionalismo. Anticipamos entonces que “el grado de fraccionamiento y división en Cataluña se va a agravar” y adelantábamos que “el proceso secesionista va a continuar y va a continuar más radicalizado porque los más radicales tienen  más fuerza”. Se podía constatar hace mas de dos años “la consolidación del fraccionamiento del espacio de centro-derecha”, y pedíamos “emprender un proceso muy profundo de reflexión, extraer todas las consecuencias y ponerse a ello”. No hay, por tanto, casualidad, ni razones puramente coyunturales que expliquen la progresión electoral de este partido.

Es evidente que el llamado ‘voto útil’ constitucionalista ha ido a Ciudadanos. Pero eso, lejos de explicar los resultados del PP, es lo que necesita una explicación. Sabemos por experiencia que cualquier apelación a la reflexión en este sentido será despachada con el desdén, la humorada o el habitual reproche de inoportunidad o deslealtad. Habría que esperar al menos que la responsabilidad de los resultados no sea cargada, injustamente, sobre las espaldas del candidato.  Y sería de agradecer que no se insistiera en culpar de este mal resultado a Ciudadanos con el peculiar argumento de que a este partido le han votado demasiados catalanes, porque tal afirmación, por insostenible, desacredita a quien la hace.

Es innegable que existen decisiones que un Gobierno debe tomar al margen de sus eventuales efectos electorales. Aplicar el artículo 155 de la Constitución ha sido una de ellas y, al margen del cómo y el cuándo se podría haber aplicado, el Gobierno cumplió con su deber haciéndolo. Pero asumir que la responsabilidad de gobierno y la audiencia electoral son incompatibles no es en absoluto evidente. Y si eso era así, entonces no se entiende que el mensaje prácticamente único de la campaña del PP haya sido el de recordar esas decisiones que el Gobierno ha protagonizado. En todo caso, el Gobierno tendrá que prepararse para una situación política de una extraordinaria complejidad a la que habrá de hacer frente con mejor equipaje estratégico, discursivo y político del que se ha dotado hasta ahora.

En estas elecciones, por muy peculiares que resulten, lo que no se sometía a votación era la Constitución, ni la vigencia del Estado de derecho, ni los derechos de todos los catalanes en tanto que sujetos de la ciudadanía común que nos ampara a todos los españoles. Garantizar esos derechos y el imperio de la ley que los reconoce y protege sigue siendo responsabilidad primordial del Gobierno y de todas las instituciones, pero también de los partidos que se sitúan en la Constitución. Sólo en el cálculo destructivo del secesionismo se puede considerar que los resultados convalidan los despropósitos del proceso separatista o borran las responsabilidades de sus autores. Este es el primer y el más importante mensaje que deben recibir quienes no han ganado las elecciones –al margen de lo que puedan sumar- ni representan el voto mayoritario de los catalanes, expresado, esta vez sí, con las garantías que un sistema democrático debe ofrecer y que sus ciudadanos tienen derecho a exigir.

 

 

Joan SUBIRATS, “Canviar les preguntes?” a El País (24-12-17)

https://cat.elpais.com/cat/2017/12/23/opinion/1514053739_818157.html

Després de les eleccions del 21-D, el dubte que entenc que es planteja ara és si només cal canviar les respostes ja que les preguntes a resoldre segueixen sent les mateixes, o si el raonable seria modificar les preguntes. Fa un parell d’anys, a la sortida de les eleccions del 27-S, les primeres reaccions dels tres partits que donaven suport a l’opció independentista, apuntaven, amb diferents matisos, que no s’havia aconseguit guanyar les eleccions plebiscitàries. El 47’8% era insuficient. Després, al cap d’uns dies de debats, la possibilitat d’aprofitar la finestra d’oportunitat de la majoria parlamentària va desencadenar el pla que ens ha conduït fins a aquí. La pregunta era, podem tibar la corda al límit i provocar una reacció internacional que permeti negociar amb l’Estat des d’una posició de força?. I la resposta que ells mateixos es van donar va ser que sí.

Els informes del “Consell assessor per a la transició nacional” apuntaven quatre condicions bàsiques perquè la declaració unilateral d’independència fos viable: realització de consulta amb garanties avalades per observadors internacionals, una majoria sòlida que donés suport a la secessió, reconeixement d’una Catalunya independent per diferents països, i existència d’estructures d’Estat que garantissin la transició. No va passar res d’això. Les mateixes debilitats processistes es van anar compensant amb el tancament a qualsevol diàleg per part del govern de l’Estat. L’aventurisme d’uns trobava resposta segura en la tossuderia dels altres, que continuaven confonent democràcia amb legalitat estricta. I així, de dia històric a dia històric, i de recurs d’inconstitucionalitat a recurs d’inconstitucionalitat, hem anat passant setmanes i mesos. Uns explicant amb somriures a tot el món, menys a la resta d’Espanya, com de viable seria una Catalunya independent i les raons per a això, i els altres utilitzant tot el seu gran instrumental estatal per tancar camins i possibilitats.

Tot això ja ho hem viscut. Uns fent història i els altres atiant els jutges perquè castiguessin la dissidència. Ningú s’ha dedicat a fer política. És a dir, ningú ha intentat trobar correlacions de força diferents que obrissin camins no explorats pels blocs en oposició. Els pocs que intentaven insinuar sortides eren titllats de fluixos i indignes. Fa anys que ens trobem amb càrregues d’identitat cada vegada més excloents, amb negacions interessades de la pluralitat i amb essencialismes que han anat tancant espais possibles de confluència. I al final, voler ser conseqüents fins al final per part de tots dos bàndols ens ha conduït a una situació sense sortida i amb abundants danys col·laterals. Danys en forma d’empresonaments, autoexilis i processos judicials en marxa que no auguren res de bo. Han estat eleccions de retrets creuats i d’ofenses a rescabalar. Les declaracions de Puigdemont i Arrimadas la nit electoral continuaven ancorades en el passat.

I ara?. Necessitem una política de reducció de danys. Les eleccions mostren que no hi ha espai per a la victòria unilateral. La pregunta amb la qual hem arribat fins a aquí ja no serveix. La via del conflicte obert amb l’Estat no troba solidaritat suficient més enllà de Catalunya perquè sigui políticament rendible i a més castiga durament els que honestament intenten defensar la seva dignitat personal i col·lectiva. Si teníem dubtes ja no en tenim. Menys història, menys legalisme repressor i més política. Volem conviure amb els que no pensen com nosaltres?. Podem explorar vies factible perquè la identitat nacional de Catalunya sigui institucionalment reconeguda preservant i millorant l’autogovern?. Buscarem aliats a Espanya per a això?. Servirà sobre aquest tema el gran impacte internacional que el conflicte obert ha generat al món?. Si construïm espais perquè aquestes siguin les preguntes a plantejar després del 21-D, les majories per intentar buscar vies de resposta hi són. Sens dubte transporten menys càrrega emocional i també menys il·lusió en forma de solució màgica. Però, són potser preguntes que concorden més amb l’escenari global en el qual ens movem en què les incerteses són enormes, les pors i les amenaces proliferen i la gent se sent enormement desprotegida. No hi ha espais ni força suficient per a una simple repetició de la jugada. No tot continua igual després del 21-D. Moltes coses han canviat i moltes ferides han de curar-se. Busquem espais dignes i possibles i trobem aliats per fer-ho.

 

 

Antoni GUTIÉRREZ-RUBÍ, “Els blocs són la decadència” a El Periódico (27-12-17)

http://www.elperiodico.cat/ca/opinio/20171226/els-blocs-son-la-decadencia-antoni-gutierrez-rubi-article-6518262

El resultat electoral del 21-D confirma allò que molts analistes havien advertit: el problema polític de Catalunya i Espanya no es resol

–simplement– amb la meitat més un. Invariablement, al llarg d’uns quants anys i en diverses eleccions de circumstàncies ben diverses, el bloc independentista no supera el 48% dels vots. Hi ha victòries democràtiques, legítimes i indiscutibles, però Catalunya continua dividida i bloquejada. El debat polític, quan gira cap a la qüestió nacional, genera trinxeres d’exclusió i de bel·ligeràn-cia de naturalesa prejutjadora. Es mesura el grau de catalanitat en funció de qui parla i aquí s’acaba la capacitat d’escolta. Els debats ideològics o programàtics, al centrar-se en la gestió dels recursos, permeten geometries variables.

Aquesta llarga guerra de desgast entre blocs –sense horitzó de resolució– està deixant profundes lesions de confiança mútua i ha començat a erosionar –encara que ens costi admetre-ho– la nostra convivència, la nostra unitat nacional. La unitat civil és la nostra profunda pàtria. I avui, la pàtria íntima, s’està esqueixant. «Un sol poble», proclamava el PSUC amb la seva poderosa maquinària tot i la clandestinitat. Aquesta idea vigorosa per la seva capacitat de crear una indivisible consciència social i nacional avui està en perill.

¿És temerari pensar en una Catalunya a l’estil belga? Una Catalunya en la qual la divisió lingüística, territorial i política van agafades de la mà, acostant-se a perilloses –considero– coincidències de superfície. El resultat electoral del 21-D comença a dibuixar un escenari nord / sud més profund del que sembla, amb conseqüències imprevisibles i que superen el marc mental de l’escenari conegut de metròpolis/interior.

Aquestes eleccions han sigut estomacals. S’ha votat amb preocupació, cansament, ressentiment, ofensa, ràbia, orgull i malestar. Tots aquests humors són més viscerals que racionals, per aquest motiu les opcions més serenes han retrocedit i s’han mantingut amb lleugers avanços. El resultat anima les parts a mantenir les files unides per al pròxim, estèril i pírric nou combat polític i electoral. El risc que cada bloc quedi replegat sobre si mateix és temptador i confortable. Tant com inútil. L’empat permanent és el principi de la fi.

Sense un pacte, ara i aquí, entre tots, Catalunya pot entrar en la decadència política i econòmica. La temeritat d’aquells que encara pensen a doblegar el braç als seus oponents en un pols esqueixador és un mal horitzó. Però, lamentablement, la por del pacte interior és més gran que la por del fracàs cap enfora.

Aquest pacte de convivència i progrés a Catalunya, d’àmplia base, és i ha de ser la primera de les tasques que s’han de fer. Els ciutadans els hem tornat la pilota. Hem decidit, però no hem conclòs. No hem resolt, amb claredat, el desenllaç del nus. Encara més, sembla que l’hem retornat més fort. Els blocs són el passat, la geometria variable hauria de ser el futur.

No podem perdre aquesta –última– ocasió abans que ens acabem acostumant a  l’irresoluble

 

Francesc-Marc ÁLVARO, “És nova, aquesta Catalunya?” a La Vanguardia (28-12-17)

http://www.lavanguardia.com/opinion/20171228/433914744737/es-nova-aquesta-catalunya.html

La foto que tenim després del 21-D mostra que hi ha una part del país partidària de la independència passi el que passi (malgrat les amenaces i la repressió) i una part del país (votants de Cs i del PP) que vol continuar dins d’Espanya i que, a més, es col·loca explícitament i de manera frontal contra els grans consensos catalanistes i s’articula al voltant d’un espanyolisme desacomplexat. Fora d’aquests dos grans sectors, els votants dels comuns i els votants socialistes (la majoria d’aquests) comparteixen el marc de referències catalanista, no volen la independència i observen amb inquietud el discurs de Cs.

Anem més enllà de la ressaca electoral i de les càbales sobre el futur Govern de Catalunya. Posem els llums llargs. Ara cal fer-se moltes preguntes. La primera gran qüestió: és nova, aquesta Catalunya? Aquesta Catalunya de dues cares i mitja existia durant els llargs anys del pujolisme o és un fet dels darrers temps? Potser hi era i no la volíem veure? L’espanyolisme que dona sentit a Cs estava adormit, amagat o s’havia disfressat amb altres etiquetes? Aquest espanyolisme és una resposta circumstancial o és un fenomen de més pes? Els vots a Cs que provenen del PSC, dels comuns i de la desapareguda Unió són espanyolistes o responen a una ­altra motivació?

Soc partidari d’analitzar el creixement de Cs sense caure en l’error de menystenir els seus votants. Alguns periodistes de Madrid qualifiquen de xenòfobs, fanàtics, idiotes i adoctrinats els més de 2.063.000 votants de les tres formacions independentistes. Jo no vull fer res semblant amb els votants de Cs (més de 1.102.000) ni amb els del PP (uns 184.000). Encara que em dolgui que molts votants de Cs, del PP i del PSC justifiquin els cops de porra i la presó per als Jordis i els membres del Govern, no puc sotmetre’ls a un judici moral ni els puc demonitzar. Estic obligat a esbrinar què els mou a votar el que han votat.

Si em faig aquestes preguntes és perquè em preocupa saber si encara és vigent aquella idea de “Catalunya, un sol poble”, formulada per Josep Benet (aprofito per recomanar l’excel·lent biografia que d’aquesta figura ha escrit Jordi Amat), concretada per Paco Candel, i aplicada pel PSUC, Pujol, el PSC, els sindicats, l’Església i l’escola catalana, entre d’altres. El catalanisme –que tots els estudiosos internacionals consideren un exemple de nacionalisme cívic i no pas ètnic– arriba a la transició amb l’obsessió de la unitat civil i la integració de la immigració. Contra la visió franquista de l’immigrant com a eina de colonització, el catalanisme adopta una idea constructiva: l’immigrant és un català més, perquè “és català qui viu i treballa a Catalunya i vol ser-ho”, síntesi pujoliana que ens parla d’una identitat inclusiva i oberta. El nou independentisme manté aquesta mateixa idea. Paradoxalment, Arrimadas ha fet campanya demanant el vot per raons identitàries als catalans amb arrels a Andalusia i altres territoris.

S’ha trencat l’ideal de “Catalunya, un sol poble” després del 21-D? Des de l’unionisme, s’afirma que ha estat l’independentisme qui ha fracturat la societat. Des de l’independentisme, es replica que un projecte polític expressat democràticament no trenca la societat, només la mostra tal com és, altrament seria impossible plantejar cap transformació de l’statu quo. Més preguntes: Un espanyolisme català organitzat és incompatible amb la visió d’un sol poble? De quin espanyolisme parlem? Té al darrera un projecte nou d’Espanya o no? Quin concepte d’espanyolitat i de catalanitat inspira la doctrina de Cs? Els votants de Cs relacionen la catalanitat exclusivament amb un veïnatge administratiu, hi veuen una identitat de segon rang o senzillament no hi pensen? Què significa el càntic “yo soy español, español, español” que entonen els simpatitzants de Cs? Per què la nit electoral Arrimadas i Rivera –abanderats d’un suposat bilingüisme– només es van adreçar en castellà als seus partidaris? Una cosa sí que la sabem: per Cs, Catalunya no és una nació, perquè Cs afirma que de nació només n’hi ha una: l’espanyola.

Hem de tenir memòria. Cs va néixer a Catalunya molt abans del procés, fa més d’una dècada, amb l’objectiu de combatre els consensos catalanistes de manera agressiva. Els més identitaris es definien com a “no-nacionalistes”. En el sorgiment d’aquest artefacte, hi ha dos motors: el desengany i ressentiment de certs entorns amb el maragallisme arran del tripartit, i una imitació forçada de l’espanyolisme basc que s’enfrontava a ETA. La batalla contra la immersió lingüística va ser, durant anys, el monotema de Cs, amb ganes de crear conflicte on no n’hi havia. En la darrera campanya, Cs ha estat el partit que ha expressat amb més claredat l’“¡a por ellos!”. No és un detall menor quan es pensa que ara tocaria rebaixar la tensió.

I un gran misteri: Cs articula la resposta espanyolista amb un gran resultat el 21-D i, alhora, és un partit sense cap alcaldia i amb una implantació marginal en moltes loca­litats. Les properes municipals ens res­pondran potser algunes de les qüestions apuntades.

 

Josep RAMONEDA, “Sobre la fractura de Catalunya” a Ara (27-12-17)

https://www.ara.cat/opinio/Sobre-fractura-Catalunya_0_1931806808.html

1. TABÚ. El 21-D ha aixecat un tabú: ha fet aparèixer una divisió de Catalunya en dues comunitats. “ Soy español”, cantaven els votants de Ciutadans concentrats a la plaça Espanya per celebrar l’èxit del partit. Arrimadas, en sintonia amb el clima ambiental, va fer tot el seu discurs en castellà. Culminava així una campanya construïda sobre una idea: reespanyolitzar Catalunya. Arrimadas havia repetit com a objectiu posar fi a l’hegemonia del nacionalisme català, i per això li calia una nova hegemonia: la del nacionalisme espanyol. Ciutadans no ha aconseguit el seu objectiu, però per primera vegada s’erigeix davant del bloc independentista un bloc de dimensions semblants que, si repassem el simbolisme dels seus actes de masses, és l’eclosió d’una comunitat espanyolista que desmentiria el mite catalanista de Catalunya com un sol poble.

La composició demogràfica de la Catalunya actual és fruit de diverses onades d’immigració procedent de diferents territoris d’Espanya al llarg del segle XX i de l’estranger a partir dels anys 90. El que ve de fora porta un món amb ell. I això fa grans els països si ho saben assumir. Des dels anys 60 en la resistència antifranquista estava molt present la preocupació per evitar les fractures comunitàries. I en la restauració de la democràcia, algunes iniciatives, com la immersió lingüística, tenien ple sentit en relació amb aquest objectiu. ¿S’havia aconseguit realment? ¿Era només una ficció mantinguda per les elits del bipartidisme CiU/PSC que van articular els primers vint anys de la Catalunya del règim del 78? ¿Es tractava d’una neutralització més que d’una integració?

2. DUALITAT. Òbviament, aixecat el tabú, com ja estem veient, tothom tira cap a casa. Però, tanmateix, la pregunta que ens hem de formular ara és: ¿aquesta visualització que les eleccions han donat de la fractura en dues comunitats respon a una realitat profunda o té caràcter conjuntural? Si s’ha produït és, principalment, per dues raons: perquè l’escalada de l’independentisme ha fet que amplis sectors socials contraris a la independència se sentissin amenaçats, cosa que ha provocat el natural replegament identitari; i perquè aquestes eleccions, convocades pel govern espanyol, en les condicions que tots sabem, tenien com a objectiu la desfeta i desarticulació de l’independentisme, la qual cosa ha fet que es disputessin en el terreny de la polarització identitària. El desenvolupament de la campanya ha mobilitzat el vot independentista fins a fer el ple i ha desplaçat l’eix del vot contrari a la independència del constitucionalisme a l’unionisme. Un doble plebiscit identitari que ha fet visible una comunitat espanyolista que ha desplegat tot el seu repertori simbòlic com no s’havia vist en eleccions anteriors. I s’ha obert una bretxa simbòlica que es podria fer molt perillosa si la situació econòmica es compliqués. En el moment en què l’independentisme havia de significar la superació del nacionalisme català en un objectiu -l’estat- transversal i d’ampli espectre, la dinàmica de la confrontació d’aquests anys dona consistència al nacionalisme espanyol a Catalunya.

És indubtable que tant l’electorat independentista com l’unionista són molt interclassistes. Però l’independentisme, estabilitzat al voltant dels dos milions de vots, té dificultats per créixer precisament per la incapacitat de sortir del seu nínxol identitari, i la pretensió d’imposar l’hegemonia cultural en una societat estructuralment diversa dins d’un estat amb identitat ben definida és vana. I els comuns no aconsegueixen penetrar en les classes populars que el PSC ha anat perdent de mica en mica en els darrers anys, quan tanmateix semblaria que el vent els hauria d’anar a favor. El que passa a Catalunya se situa en el marc de les reaccions contra els excessos de la globalització: desregulacions massives, desigualtats siderals i canvi climàtic han generat una inseguretat que fa que els ciutadans busquin territoris on sentir-se confortats quan els estats tradicionals ja no garanteixen el benestar.

¿L’esquerra no té res a oferir? ¿L’independentisme te alguna cosa més a proposar que la independència? Aquestes han de ser les qüestions centrals de la legislatura que comença, malgrat que l’estratègia repressiva del govern espanyol ho fa difícil perquè obliga els partits independentistes a tancar files. La dreta espanyola (amb el PSOE perfectament neutralitzat) sap que el dualisme identitari és el pitjor obstacle tant per a la reconstrucció de l’esquerra com per a l’èxit de l’independentisme.

 

Xavier FINA, “Ara més que mai, política” a Ara (28-12-17)

https://www.ara.cat/opinio/xavier-fina-ara-mes-que-mai-politica_0_1932406745.html

Molts pensàvem -o potser només desitjàvem- que els tons i els continguts dels discursos a partir del 22 serien substancialment diferents als de la campanya i als dels últims mesos. Suposo que la victòria de Junts per Catalunya per sobre d’ERC -i aquest sorpasso que no arriba mai- combinada amb el primer lloc de Ciutadans dificulten aquest canvi. Les dues propostes més emocionals, les més populistes, les que menys continguts aliens al Procés incloïen en el seu missatge, han estat les grans triomfadores. I això, visca la democràcia!, les legitima.

El president Puigdemont insisteix en les tres erres: rectificació, reparació i restauració. I ho justifica a partir de l’existència d’una majoria absoluta independentista. El problema és que en termes factuals no hi ha cap relació entre la causa judicial oberta contra els dirigents independentistes i el resultat d’aquestes eleccions. En l’ordre polític, i amb matisos, l’independentisme té motius per sentir-se reforçat: els dos milions els són fidels. Però la situació judicial no canvia. Amb tota la injustícia que suposen els empresonaments preventius sense fonament, el resultat d’unes eleccions no farà canviar les decisions dels jutges. Que el president Puigdemont serà detingut i empresonat en el moment que trepitgi territori espanyol també és obvi. L’independentisme pot estar content amb els resultats de les eleccions: manté -tot i la pèrdua de dos escons- la majoria absoluta. Però no pot mantenir un relat fora de la realitat. Aquesta negació ja l’ha fet, i els resultats -empresonaments, proclamació fallida de la República, fugida a Brussel·les, 155- són ben clars. No valoro, descric.

A l’altre costat, sentim un Mariano Rajoy que, amb un resultat electoral lamentable del seu partit -que a última hora ha rescatat un quart diputat-, també nega la realitat. El seu mecanisme és el de tancar els ulls a la manera dels nens petits: el que no veig, no existeix. Tot i que és impossible que Inés Arrimadas pugui recollir una majoria al Parlament per ser presidenta de la Generalitat, ell insisteix que li trucarà a ella com a guanyadora de les eleccions. I no, en termes parlamentaris l’única majoria possible és la formada per les forces independentistes. Negar-ho, com negar que hi ha una força social molt important que vol marxar d’Espanya -els dos milions de fidels, el 47,5% de la ciutadania catalana-, forma part del problema. En la mesura que no hi ha reconeixement, no hi ha solució.

Un relat, l’independentista, que té poc present la realitat -respecte a la força de la legalitat de l’Estat, respecte a la correlació de forces i respecte a la insuficient majoria social que li dona suport-, i una resposta, la de l’Estat, que nega la dimensió política amb vocació de permanència del conflicte. I unes eleccions que han donat prou raó a cadascuna de les parts per no canviar, però una força insuficient per portar a terme els seus objectius.

La paradoxa és que el que hauran de fer les forces guanyadores -els dos grans blocs-és el que reivindicaven els que han sortit, vist des de la lògica dels blocs, menys reforçats. Amb això no reivindico que la força de la raó hagi d’estar per sobre de la força democràtica. Però la realitat obliga a recuperar la política com a espai de diàleg i de construcció de grans acords. La situació no es resoldrà en clau de grans victòries ni de grans derrotes. Ha arribat l’hora d’aparcar per un temps l’èpica i recuperar la política. Això cal fer-ho en el marc de la relació amb l’estat espanyol. Però encara és més important fer-ho a Catalunya. Sense entrar en el nivell de fractura social -no cal exagerar però tampoc negar-la-, és evident que el país està polaritzat en relació a un tema central. I és obligació dels representants polítics ser responsables davant aquesta situació. Ningú pot seguir parlant alegrement de “poble català” en nom del 47%, com tampoc ningú té dret a reivindicar-se com a representant d’una “majoria silenciosa” en nom del 44%. Cal generositat i intel·ligència política per gestionar aquest resultat. I no quedar-te amb la raó que t’han donat els teus, sinó albirar com construir, com trobar solucions des de la -relativa- debilitat sense aparèixer com un traïdor. El mandat democràtic no pren mai la forma de veritat absoluta i inequívoca. Cal donar-li contingut, necessita interpretació intel·ligent. I pedagogia, molta pedagogia.

Fer política -sempre, però en aquest context especialment- implica renúncies: a les presses i als maximalismes. La indignació no farà sortir el problema polític de la via judicial. La negociació, potser sí.

 

Miquel MOLINA, “La ciudad que se abstuvo el 21-D a La Vanguardia (24-12-17)

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20171224/433842041545/la-ciudad-que-se-abstuvo-el-21-d.html

Es sabido que cuando el debate político se polariza entre dos nacionalismos enfrentados, quedan arrinconadas las cuestiones ideológicas. Hay en la historia ejemplos de muchos líderes y partidos condenados a la irrelevancia en momentos de exaltación patriótica. Sin llegar al extremo de personajes como Rosa Luxemburgo –se editan ahora en castellano sus deliciosas Cartas desde la cárcel (Abada Editores)–, que pagaron un alto precio por oponerse a conflictos que enfrentaban a la clase trabajadora de un país contra la de otro, la izquierda europea lo ha pasado mal en todas las ocasiones en que las banderas se han impuesto sobre las ideas. El ejemplo más reciente en nuestro entorno inmediato lo tenemos en las elecciones del jueves, cuando la polarización entre el bloque soberanista y los nacionalistas españoles de Ciudadanos envió al extrarradio del Parlament a los socialistas de Miquel Iceta y a los comunes de Xavier Domènech.

El problema es que junto a ellos, además de un determinado posicionamiento ideológico (el Parlament ha dado un giro a la derecha), fue derrotada cierta idea de ciudad. El hecho de que Catalunya en Comú, la lista del partido que gobierna Barcelona de la mano de Ada Colau, quedara quinta en la capital (por detrás de Cs, ERC, Junts x Cat y el PSC), invita a una reflexión en clave barcelonesa. Y lo mismo vale para ese cuarto puesto de los socialistas, que son, junto a los comunes, los únicos que formulaban algunas (tímidas) propuestas de ciudad en sus programas.

Porque Barcelona no votó como tal el pasado jueves. Lo hizo su ciudadanía, inclinándose legítimamente por alguno de los grandes bloques en el conflicto entre Catalunya y España, pero la ciudad no se pronunció como tal de una forma diferenciada. Lo comentaba el director de Barcelona Global, Mateu Hernández, durante un encuentro mantenido el viernes en Barcelona con los socios expatriados de la organización: “Mientras Catalunya sí tiene un discurso claro y reconocible, Barcelona se ha quedado sin él”.

El resultado augura, entre otras cuestiones, que queda aparcado hasta otra legislatura el debate sobre si el área metropolitana debe dotarse de un estatus político como el que sí tienen otras ciudades globales con las que compite Barcelona. También se posterga la reforma electoral que algún día tendrá que reconocer a los barceloneses su derecho a un sufragio que en el recuento tenga tanto valor como el de los votantes de zonas menos pobladas. Es cierto que estas cuestiones no estaban sobre la mesa y también lo es que generan poco debate, pero en el inicio de toda legislatura deben figurar a efectos de inventario en el debe de Barcelona.

Menos previsible era que los partidos que lideran hoy la capital y algunas de las poblaciones más relevantes del área metropolitana hayan quedado desbordados por la marea naranja de Inés Arrimadas, una candidata que ha ganado las elecciones con un mensaje de oposición al independentismo. Y superados también por los propios soberanistas, que en Barcelona cosecharon el 45,8% del total (frente al 47,5% de Catalunya).

La tendencia sugiere que las elecciones municipales del 2019 van a ser complicadas para el partido de Colau y para el PSC de Jaume Collboni, en un escenario que, según cómo evolucione la crisis política, puede favorecer otro choque entre nacionalismos que deje en una posición difícil a los partidos más tibios con la cuestión identitaria. Eso, por supuesto, desde la perspectiva que tenemos hoy, ya que en un año y medio la aceleración a que nos tiene acostumbrados la vida política catalana puede propiciar un marco muy distinto.

El resultado del jueves, además de acentuar la idea de que la Catalunya urbana se aleja cada vez más de la Catalunya rural en orientación de voto, sienta las bases para un periodo prolongado de inestabilidad política. Quienes ya hacían planes para empezar el mismo viernes 22 la campaña para reclamar el retorno de las empresas que han trasladado su sede fuera de Barcelona asumían la noche electoral que habrá que seguir actuando a la defensiva. O más oportuno todavía: buscando la manera de convertir en ventaja lo que es hoy una crisis mayúscula.

El investigador Bruce Katz, que desde la Brookings Institution se ha dedicado a estudiar ciudades que han sido capaces de resolver sus crisis de credibilidad, sugiere un ejemplo extremo en su último libro, The New Localism, how cities can thrive in the age of populism, recién editado en Estados Unidos y del que se publica un capítulo en Vanguardia Dossier. Katz cuenta cómo la ciudad de Pittsburgh supo sacar ventaja del accidente nuclear sufrido por la cercana central de Three Mile Island, en 1979. Estudiantes de robótica liderados por el profesor de la Carnegie Mellon William Whittaker diseñaron entonces unos robots que fueron capaces de entrar en la planta e iniciar unas labores de limpieza que no podían realizar seres humanos. El éxito de aquella operación sentó las bases para el desarrollo de una industria robótica que es hoy un punto fuerte de la economía de Pittsburgh, una de las capitales de los coches autónomos.

¿Hallará Barcelona la manera de sacar provecho de su crisis política? Otras ciudades lo han logrado, aunque siempre ha sido gracias a unos liderazgos que hoy por hoy aún no se vislumbran.

 

 

Apèndix: altres articles publicats (fins el 28-12—17)

 

 

Astrid BARRIO, “Guanya el legitimisme, ¿podrà governar?” a El Periódico (22-12-17)

http://www.elperiodico.cat/ca/opinio/20171222/guanya-el-legitimisme-podra-governar-article-astrid-barrio-6511831

 

Ignacio VARELA, “Las dos Cataluñas y el doble dilema de Puigdemont” a El Confidencial (22-12-17)

https://blogs.elconfidencial.com/espana/una-cierta-mirada/2017-12-22/resultados-elecciones-cataluna-2017-doble-dilema-puigdemont_1497174/

 

Roger SENSERRICH, “Seguimos en el mismo sitio” a Politikon (22-12-17)

https://politikon.es/2017/12/22/seguimos-en-el-mismo-sitio/

 

Arturo PUENTE, “Siete claves para leer los resultados del 21D” a eldiario.es (22-12-17)

http://www.eldiario.es/catalunya/politica/claves-leer-resultados_0_720928913.html

 

Lola GARCÍA, “La lectura dels resultats” a La Vanguardia (22-12-17)

http://www.lavanguardia.com/encatala/20171222/433807090812/la-lectura-dels-resultats.html

 

Joan TAPIA, “Todo se ha complicado” a El Confidencial (22-12-17)

https://blogs.elconfidencial.com/espana/confidencias-catalanas/2017-12-22/elecciones-cataluna-lio-enredado-resultados_1497176/

 

Jesús MARAÑA, “21-D: seis apuntes y una primera conclusión” a infoLibre (22-12-17)

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2017/12/22/21_seis_apuntes_una_primera_conclusion_73384_1023.html

 

Luis ARROYO, “Resurrección” a infoLibre (22-12-17)

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2017/12/22/resurreccion_73385_1023.html

 

Pau LUQUE, “Hivern català” a El País (22-12-17)

https://cat.elpais.com/cat/2017/12/21/opinion/1513896843_495214.html

 

Pablo SIMÓN, “La Catalunya belga” a La Vanguardia (23-12-17)

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20171223/433826781768/la-catalunya-belga.html

 

Lluís ORRIOLS, “¿Cambio de ciclo?” a La Vanguardia (23-12-17)

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20171223/433826798865/cambio-de-ciclo.html

 

José Miguel CONTRERAS, “Así ganaron las elecciones Puigdemont y Arrimadas” a infoLibre (23-12-17)

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2017/12/23/asi_ganaron_las_elecciones_puigdemont_arrimadas_73430_1023.html

 

Carles CASTRO, “El largo adiós” a La Vanguardia (23-12-17)

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20171223/433826873578/el-largo-adios.html

 

Máriam MARTÍNEZ-BASCUÑÁN, “Vencedores y vencidos” a El País (23-12-17)

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/opinion/1513948558_215339.html

 

Enric JULIANA, “Un teorema defectuoso” a La Vanguardia (23-12-17)

http://www.lavanguardia.com/politica/20171223/433826863380/elecciones-catalanas-teorema-defectuoso.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=twitter&utm_medium=social

 

José Antonio ZARZALEJOS, “Cataluña y las dos maldiciones de Aznar”a El Confidencial (23-12-17)

https://blogs.elconfidencial.com/espana/notebook/2017-12-23/independencia-cataluna-maldiciones-aznar_1497564/

 

Antoni PUIGVERD, “El nudo regresa por Navidad” a La Vanguardia (23-12-17)

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20171223/433826803757/el-nudo-regresa-por-navidad.html

 

Josep RAMONEDA, “Victòries, fracassos i fractures” a El País (23-12-17)

https://cat.elpais.com/cat/2017/12/22/opinion/1513965353_643686.html

 

Josep PIQUÉ, “Una estrategia ante la muerte del catalanismo” a El Mundo (23-12-17)

http://www.elmundo.es/opinion/2017/12/23/5a3d50a722601d73308b458d.html

 

Ramon SUÑÉ, “El seismo catalán hace temblar a Colau” a La Vanguardia (23-12-17)

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20171223/433826891941/el-seismo-catalan-hace-temblar-a-colau.html

 

Narciso MICHAVILA, “Lecciones de las elecciones” a La Vanguardia (24-12-17)

http://www.lavanguardia.com/opinion/20171224/433841954796/lecciones-de-las-elecciones.html

 

Enric JULIANA, “Empieza el ajuste de cuentas” a La Vanguardia (24-12-17)

http://www.lavanguardia.com/opinion/20171224/433841903812/empieza-el-ajuste-de-cuentas.html

 

Entrevista a Cayetana ÁLVAREZ DE TOLEDO a El Español (24-12-17)

https://www.elespanol.com/opinion/20171224/cayetana-alvarez-toledo-deberia-elecciones-centrarlas-referendum/271723087_0.html

 

Lola GARCÍA, “Esta legislatura tampoco va a ser  normal” a La Vanguardia (24-12-17)

http://www.lavanguardia.com/opinion/20171224/433841882291/esta-legislatura-tampoco-va-a-ser-normal.html

 

Jordi MERCADER, “Velles certeses, noves complicacions” a El Periódico (24-12-17)

http://www.elperiodico.cat/ca/opinio/20171223/velles-certeses-noves-complicacions-jordi-mercader-article-el-periodico-6515456

 

Joan TAPIA, “Enfrontada i paralitzada” a El Periódico (24-12-17)

http://www.elperiodico.cat/ca/opinio/20171223/enfrontada-i-paralitzada-joan-tapia-article-el-periodico-6515407

 

Llàtzer MOIX, “Contra la obstinación” a La Vanguardia (24-12-17)

http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20171224/433841948149/contra-la-obstinacion.html

 

Xavier VIDAL-FOLCH, “Las bases de la fortaleza ‘indepe’” a El País (24-12-17)

https://elpais.com/ccaa/2017/12/23/catalunya/1514060380_730289.html

 

Soledad GALLEGO-DÍAZ, “Cierta racionalidad” a El País (24-12-17)

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/opinion/1513956748_667576.html

 

Carlos SÁNCHEZ, “¡Váyase señor Puigdemont!; ¡Váyase señor Rajoy!” a El Confidencial (24-12-17)

https://blogs.elconfidencial.com/espana/mientras-tanto/2017-12-24/independencia-cataluna-elecciones-rajoy-puigdemont-soraya_1497877/

 

Manel PÉREZ, “Mercado: victoria independentista sin DUI” a La Vanguardia (24-12-17)

http://www.lavanguardia.com/economia/20171224/433854966324/independentista-dui.html

 

David CASALS, “Las principales incógnitas de la nueva legislatura catalana” a Expansión (24-12-17)

http://www.expansion.com/economia/politica/elecciones-catalanas/2017/12/24/5a3eb63322601d8d208b4573.html

 

 

Lluís BASSETS, “El rei de Catalunya” a El País (25-12-17)

https://cat.elpais.com/cat/2017/12/24/espana/1514141415_035988.html

 

Jordi JUAN, “El 21-D ens obre els ulls: hi ha dues Catalunyes que han de conviure juntes” a La Vanguardia (25-12-17)

http://www.lavanguardia.com/politica/20171225/433862944457/en-diagonal-catala-21-d-dues-catalunyes-conviure-juntes.html

 

Sandra LEÓN, “Más allá de la mitad más uno” a El País (27-12-17)

https://elpais.com/elpais/2017/12/26/opinion/1514302137_369629.html

 

Kiko LLANERAS, “¿Han girado los catalanes a la derecha?” a El País (27-12-17)

https://politica.elpais.com/politica/2017/12/25/ratio/1514226578_313289.html#?ref=rss&format=simple&link=link

 

Antón COSTAS, “Acordar el desacuerdo” a La Vanguardia (27-12-17)

http://www.lavanguardia.com/opinion/20171227/433898870436/acordar-el-desacuerdo.html

 

Antoni PUIGVERD, “Camp de mines” a La Vanguardia (27-12-17)

http://www.lavanguardia.com/politica/20171227/433898859842/camp-de-mines.html

 

Andreu CLARET, “La Catalunya d’Oriol Junqueras” a El Periódico (27-12-17)

http://www.elperiodico.cat/ca/opinio/20171226/la-catalunya-doriol-junqueras-andreu-claret-article-el-periodico-6518340

 

Ignacio URQUIZU, “Lecciones catalanas para la izquierda” a El País (27-12-17)

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/opinion/1513933589_624205.html

 

Francesc-Marc ÁLVARO, “És nova, aquesta Catalunya?” a La Vanguardia (28-12-17)

http://www.lavanguardia.com/opinion/20171228/433914744737/es-nova-aquesta-catalunya.html

 

Joaquim COLL, “Iceta y el catalanismo viejuno” a El País (28-12-17)

https://elpais.com/elpais/2017/12/27/opinion/1514392819_641140.html

 

Jordi MERCADER, “Puigdemont, ¿problema o solución?” a Crónica Global (28-12-17)

https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/puigdemont-problema-solucion_109808_102.html

 

Joan TAPIA, “Pronóstico muy grave” a El Confidencial (28-12-17)

https://blogs.elconfidencial.com/espana/confidencias-catalanas/2017-12-28/cataluna-pronostico-muy-grave_1498898/

 

Esteban HERNÁNDEZ, “Cuidado con Tabarnia, porque esconde algo muy real. Y no es bueno” a El Confidencial (28-12-17)

https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2017-12-28/tabarnia-real-globalizacion-megaciudades-cataluna-independencia_1498815/

 

Roger SENSERRICH, “Las murallas de Tabarnia” a voz pópuli (28-12-17)

http://www.vozpopuli.com/materias_grises/murallas-Tabarnia_7_1094360555.html

 

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.