FOCUS PRESS 256

ARTICLES DESTACATS

(1) Article de Kiko LLANERAS a El País (31-12-21): El mundo no empeora, mejora: 43 buenas noticias para empezar 2022 con optimismo

(2) Article de Javier SAMPEDRO a El País (2-01-22): Covid: de la pandemia a la endemia

(3) Article de Mariano AGUIRRE a esglobal (30-12-2021): Un año de política exterior de Biden: pragmatismo y repliegue

(4) Article de Ramón GONZÁLEZ FÉRRIZ a El Confidencial (6-01-22): Disfuncional y poco fiable: así es Estados Unidos un año después

(5) Article de Carmen CLAUDÍN a El País (5-01-21): Un nuevo Yalta, la obsesión de Putin

(6) Article de Nacho ALARCÓN a El Confidencial (4-01-22): Aprender a vivir con la tormenta: la UE, ante un nuevo año de incertidumbre

(7) Article de Lola GARCÍA a La Vanguardia (2-01-22): Las seis tareas que te pueden arruinar la presidencia

(8) Article de Pablo IGLESIAS a política&prosa nº 39 (gener 2022): Iván (Fischer) Redondo

(9) Article de Josep OLIVER a La Vanguardia (31-12-21): Temporalitat, atur I productivitat

(10) Article d’Alberto PENADÉS a Piedras de Papel (5-01-22): La independencia como enemiga de la lengua

(11) Article de Daniel INNERARITY a Ethic (27-12-21): La sociedad del desconocimiento

(12) Article de Christopher DOMÍNGUEZ MICHAEL a Letras Libres (gener 2022): 1922: el año I de Ulises

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ALGUNES BONES NOTÍCIES DEL 2021

Article de Kiko LLANERAS a El País (31-12-21): El mundo no empeora, mejora: 43 buenas noticias para empezar 2022 con optimismo [1]

COVID: DE LA PANDÈMIA A L’ENDÈMIA

Article de Javier SAMPEDRO a El País (2-01-22): Covid: de la pandemia a la endemia   [2]  Ómicron es más leve que las anteriores variantes, y parece un paso hacia el quinto coronavirus catarral … “Dos años y cinco millones de muertos después de su detección en la ciudad china de Wuhan, el coronavirus SARS-CoV-2 se ha propagado de tal forma por todo el planeta que los sueños políticos de eliminarlo se han revelado ilusorios. El agente infeccioso seguirá entre nosotros durante décadas, probablemente causando un catarro estacional como ya hacen los cuatro coronavirus que le han precedido en el último medio siglo. En este año recién salido del cascarón dejaremos de hablar de pandemia y empezaremos a hacerlo de endemia, una enfermedad que se mantiene constante en el tiempo en un equilibrio estable con la inmunidad de la población. En los países occidentales llamaremos a eso el fin de la pandemia, aunque no lo será realmente mientras el mundo pobre no esté vacunado, tal vez en 2023, siendo optimistas”… “Si 2020 fue el año del miedo y 2021 ha sido el de la vacunación, 2022 será el de la resignación. No, las vacunas no han acabado con la pandemia. Sí, son el elemento esencial para gestionarla, pero no, no bastan por sí mismas. Y sí, van perdiendo eficacia con cada nueva variante del virus. Las vacunas actuales se han desarrollado contra la cepa original de Wuhan, pero luego han surgido “variantes preocupantes” (variants of concern en la nomenclatura de la OMS) como alfa (detectada primero en el Reino Unido), beta (Sudáfrica), gamma (Brasil), delta (India) y ómicron (Sudáfrica de nuevo). Micro y mega significan pequeño y grande en griego, y de ahí la o pequeña (ómicron) y la o grande (omega) del alfabeto griego. Ojalá nunca lleguemos a omega, que es la última letra. Los anticuerpos inducidos por la cepa original de Wuhan han ido perdiendo capacidad para disminuir el contagio desde alfa hasta ómicron, siendo esta última la que mejor elude la inmunidad generada tanto por las vacunas como por la infección natural. La capacidad de las vacunas para evitar el desarrollo de la covid grave en el paciente, sin embargo, sigue siendo muy alta. Una explicación posible es que la segunda línea de defensa del sistema inmune, la inmunidad celular (por oposición a los anticuerpos sueltos por la sangre), siga funcionando bien para ese propósito, al igual que reconoce un virus de la gripe en las personas que ya habían sido infectadas por otro distinto. Las dosis de recuerdo, de todos modos, recuperan gran parte de los anticuerpos perdidos tras seis meses desde la pauta completa. La sensación generalizada entre la población en este comienzo de año es de hartazgo. “¡Esto no se acaba nunca!” es la frase más oída en la peluquería y el dentista, en la acera y la calzada, en el metro y el taxi. Los adolescentes y los viejos coinciden por una vez en quejarse por la duración de la crisis pandémica. Ambos dicen que, a su edad, resulta muy duro perder tres años de vida y de interacción social, y es un argumento comprensible. Parte de la culpa de este estado de ánimo es la apuesta por las “vacunas y nada más” que se cocinó en los altos despachos de los gobiernos y ha abducido la mente de la mayoría de la población. Una vez creadas las vacunas y suministrados a la población sus efectos salvíficos, todo habría vuelto a la normalidad. En el otoño de 2021, la gente estaba relajada desde la óptica sanitaria y había transferido la preocupación a la recuperación de su economía. Todo eso cambió el 9 de noviembre ―ni siquiera hace dos meses— cuando los médicos de Sudáfrica detectaron una nueva variante de alta propagación. Siguiendo el protocolo no escrito del alfabeto griego, la OMS la denominó ómicron (o pequeña, como vimos más arriba). En los 50 días que han pasado desde entonces, ómicron ha alcanzado a unos 115 países, con Australia, Reino Unido, Dinamarca, Francia, Italia y Sudáfrica en la cabeza del pelotón. Otros como España se incorporarán enseguida a esa dudosa lista de honor. Pese a que su eficacia de propagación duplica o triplica la de la variante dominante anterior (delta), que ya era muy alta, los médicos sudafricanos percibieron desde el principio que los casos tendían a ser más leves. Pero está resultando difícil distinguir si esa levedad es una propiedad intrínseca de ómicron o una consecuencia de la inmunidad conferida ya por vacunas, ya por infección natural. Los últimos estudios del Instituto Nacional de Enfermedades Comunicables de Johannesburgo y del Imperial College de Londres demuestran al fin que ómicron es intrínsecamente más leve, una vez descontados los efectos de las vacunas, las infecciones anteriores, la edad media de la población y otros. Riesgo.Nada de esto es un argumento para no vacunarse o no protegerse con las mascarillas y demás medidas profilácticas. En el Reino Unido, por ejemplo, 132 contagiados por ómicron han ingresado en urgencias, de los que 14 han muerto. Que la enfermedad grave y la mortalidad sean mucho menores que con la variante delta es una buena noticia sobre la evolución de la pandemia, pero un triste consuelo para el que muere de todos modos. Además, la circulación libre del virus sigue siendo una idea tan mala como lo era hace dos años, porque conducirá al colapso de los hospitales y la atención primaria. En un ejemplo hipotético, si ómicron solo causa la mitad de casos graves que delta, pero se propaga el doble, el sistema sanitario se seguirá colapsando igual. Y eso significa muertes. El caso, sin embargo, es que ómicron parece encajar con las predicciones teóricas de los virólogos: que un virus debe evolucionar hacia una creciente capacidad de propagación —su concepto de éxito es tener mucha descendencia— y una menor letalidad, puesto que muerto el huésped, muerto el virus. La principal hipótesis sobre el origen de ómicron, una variante con 35 mutaciones solo en su proteína de la espícula (las protuberancias típicas de los coronavirus), es que haya evolucionado dentro del cuerpo de un paciente con una respuesta inmune débil a alguna cepa anterior. La guerra de armamentos entre virus y anticuerpos pudo generar ahí un buen equilibrio en las mutaciones del virus. Seguramente nunca lo sabremos. Pero ómicron parece haber iniciado el camino para convertir un agente pandémico en uno endémico”.

Article de Víctor BRIONES a El País (6-01-22): Endemia, al fin.   Superar la pandemia no será volver a un estado prepandémico, sino generar nuevos comportamientos adaptados a necesidades evolutivas, como el virus … “En clase de Enfermedades Infecciosas, uno de los primeros conceptos que explicamos es la diferencia entre enfermedad infecciosa e infección. Sin signos clínicos, hablamos de infección; solo si hay síntomas o lesiones es adecuado hablar de enfermedad infecciosa. Los individuos que albergan patógenos sin padecer alteraciones apreciables se llaman portadores (no portadores asintomáticos, oxímoron innecesario). Otra de las lecciones iniciales es la referente a la acción de las vacunas. En su mayoría, las vacunas protegen frente a la enfermedad. Lo cual no significa que impidan siempre y por completo la infección. Pero es una gran ventaja en términos coste/beneficio. Y, por último, una enfermedad con una elevada prevalencia crónica en la población es una endemia. Y, cada vez más, esto se parece a una endemia en los países que han llevado a cabo campañas masivas de vacunación. Así pues, cabe preguntarse, ¿por qué llamamos enfermos o casos a los asintomáticos? Se les debe llamar portadores. Y los portadores son una pesadilla para los epidemiólogos, pero mientras no lo sean para el sistema asistencial, el riesgo está bajo control. Bajo esa premisa, la población no debería entrar en la histeria de someterse a una prueba diagnóstica tras otra con el único resultado de saber que es portador. ¿No hay un sobrediagnóstico sesgado que, a estas alturas, con tantos vacunados, nos desvía de la verdadera magnitud sanitaria? Un portador, claro está, disemina el patógeno. Eventualmente, puede enfermar, incluso de forma grave. No es cuestión de descuidarse, lo es de dimensionar e interpretar unos resultados analíticos que son, en puridad, lo que la gente obtiene con las pruebas de antígenos. Y esa interpretación les cabe a los sanitarios, no a los ciudadanos (ni los medios de comunicación). En segundo término, de esa valoración técnica sanitaria, los políticos y los administradores deben, después, adoptar decisiones”… “Pero la evolución del virus requerirá además de modificaciones en la conducta social e individual. Algunos cambios en nuestra forma de interacción social (distancia, contacto), la higiene individual y colectiva (mascarillas, lavado frecuente de manos, geles, ventilación), la sanidad (protocolos, personal específico), la educación (hábitos higiénicos, docencia telemática), el trabajo (teletrabajo, virtualización) o el turismo (requisitos sanitarios de viaje o entretenimiento) podrán suavizarse, pero seguramente nos acompañarán en nuestras vidas pospandémicas. Superar la pandemia no será volver a un estado prepandémico, sino generar nuevos comportamientos adaptados a necesidades evolutivas, como el virus. Aprender y evolucionar. Nada es constante excepto el cambio”.

POLÍTICA INTERNACIONAL

Article de Mariano AGUIRRE a esglobal (30-12-2021): Un año de política exterior de Biden: pragmatismo y repliegue  [3] En su primer año de gobierno, la Administración Biden ha mostrado un fuerte pragmatismo: ha definido a sus contrincantes, está dispuesta a defender la democracia, pero sin usar la fuerza y acepta los límites que impone un sistema internacional complejo e incierto … “La Administración Biden no está interesada en librar batallas diplomáticas de menos peso, ni en mandar tropas a conflictos inciertos. En cambio, se ha concentrado en definir a China como su contrincante principal y, en la práctica, a Rusia como el segundo frente más conflictivo e importante de su política exterior. La relación con China y Rusia está fuertemente marcada por la competencia por el acceso a recursos, a inversiones en infraestructura, mercados financieros y de consumo, y por la capacidad de contar con altas tecnologías. China dispone de una amplia infraestructura productiva en Asia y la está ampliando en otros continentes a través de la iniciativa de la “nueva ruta de la seda”… “La política de confrontación de Biden con China, sin embargo, tiene problemas y contradicciones, entre otras que un alto número de corporaciones estadounidenses y de otros países occidentales siguen produciendo en el gigante asiático y que poderosos actores financieros de Estados Unidos están ampliando sus inversiones y operaciones en ese país. Por tratar de mostrar una cara “fuerte” que compita con el “American First” de Trump, Biden se puede quedar con pocos apoyos y arriesgándose a situaciones que le obliguen a amenazar con el uso de la fuerza. Respecto de Moscú, la Administración lo considera un contrincante, pero de menor peso que China. Biden parece seguir su larga experiencia en política exterior durante la Guerra Fría, inclinándose por una relación que combine el diálogo con el crecimiento gradual de los arsenales en el marco de acuerdos de control de armamentos, la gestión de crisis y tensiones sobre derechos humanos y democracia”… “Biden y su gobierno tienen el complicado desafío de poner el mayor esfuerzo en edificar una economía incluyente (al contrario del modelo neoliberal que ha generado desigualdad), reconstruir la desgastada infraestructura industrial y tratar de frenar la brecha política y cultural que agudizó el trumpismo. En esta agenda, la política exterior tiene un peso secundario. Pero frente al ascenso de China como potencia global, Washington considera que debe competir por recursos, mercados y presencia en sitios geopolíticamente importantes. Por su parte, los aliados de la OTAN y una serie de gobiernos alrededor del mundo esperan que Washington vuelva a cumplir un papel de liderazgo y protección frente a potencias como China y Rusia u organizaciones terroristas como el Estado Islámico”… “Algunos analistas, como Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relation, consideran que hay una perturbadora continuidad entre Trump y Biden. La cuestión, sin embargo, va más allá de continuidades. En realidad, son expresión de la tendencia, que se empezó a evidenciar durante la presidencia de Barack Obama, a centrarse en los problemas internos del país, a replegarse de diversos escenarios conflictivos para enfocarse en la confrontación con la potencia global en ascenso, y a reforzar que los intereses de Estados Unidos están por delante de la cooperación con otras naciones. El país enfrenta graves problemas, como desindustrialización; pérdida de competitividad internacional; fracturas sociales por cuestiones de racismo, desigualdad y guerras culturales; y un desgaste del sistema democrático debido a que el Partido Republicano se ha convertido en un movimiento ultraderechista antidemocrático de masas, liderado por Trump”… “Al entrar en su segundo año de gobierno, el presidente Biden probablemente siga la línea que mostró durante la salida de las tropas de Afganistán: firmeza para defender los intereses propios, elegir las batallas que se quieren librar y asumir que Estados Unidos está muy ocupado en el frente interno y que no puede ni quiere solucionar todos los problemas del mundo”.

Article de Lluís BASSETS a El País (30-12-21): Grandes estrategias de Rusia y China   Será terrible si los dos países consiguen aliarse, frente a unas potencias casi siempre desacordes y divididas, que se ven ellas mismas carentes de rumbo … “La integración de Rusia y China en la economía global ha cambiado el planeta. También ha proporcionado cuantiosos beneficios a las empresas en una etapa de crecimiento de las desigualdades como no se había visto desde hacía un siglo. Nadie como Estados Unidos se ha beneficiado tanto del salto económico chino, y en el caso de Rusia ha sido Alemania quien mayores rendimientos ha extraído. Si la estrecha relación de Washington con Pekín es reciente, más lo es la de Berlín con Moscú. El primer acercamiento chino-americano lo realizaron Richard Nixon y Henry Kissinger con Mao Zedong en 1972 y el germano-ruso, Helmut Kohl con Mijaíl Gorbachov tras la caída del Muro de Berlín. Gracias a ambas operaciones, China y Rusia se abrieron al mundo y participaron como el que más en las instituciones internacionales. La integración fue tan intensa que se llegó a hablar de Chimérica como la mayor y más conjuntada economía del mundo. Todavía más íntimas fueron las que se establecieron entre Rusia y Alemania, respondiendo a una tradición secular que solo el trágico siglo XX había destruido y luego se reavivó gracias al complejo de culpa y al agradecimiento de Berlín hacia Moscú por la reunificación. Dos libros, aparecidos este año, ofrecen sendas visiones sorprendentes sobre estas relaciones que ahora han entrado en crisis y hacen temer sendos conflictos bélicos, uno en Ucrania y otro alrededor de Taiwán. El primero es del actual asesor para China en la Casa Blanca de Joe Biden, Rush Doshi, y el segundo de quien fue representante de la OTAN en Moscú entre 1995 y 1998, John Lough. Uno se titula The long game (El juego largo) con un subtítulo que recoge su tesis central: La gran estrategia china para desplazar el orden estadounidense y el otro El problema de Alemania con Rusia, también de subtítulo explícito: La lucha por el equilibrio en Europa. Ambos sostienen que China y Rusia siempre han tenido grandes e invariables estrategias para recuperar sus imperios perdidos. De su lectura se deduce, en cambio, que quienes no tienen estrategias y están sometidos a instintos paralizantes son Estados Unidos y Alemania. Cabe concluir también cuán temibles serán esas dos grandes estrategias si consiguen conjuntarse y aliarse, frente a unas potencias casi siempre desacordes y divididas, que se ven ellas mismas carentes de rumbo”.

Informe a esglobal (gener 2022): Las guerras de 2022.   Los preocupantes problemas de fondo que hemos observado en 2021 —desde Estados Unidos hasta Afganistán, pasando por Etiopía y la emergencia climática— no provocaron un aumento de las muertes en combate ni incendiaron el mundo. Pero, como vamos a ver, en 2022 es muy posible que muchas situaciones conflictivas en todo el planeta se agraven … “Después de un año en el que fuimos testigos del asalto al Capitolio de EE UU, el terrible derramamiento de sangre en Etiopía, la victoria de los talibanes en Afganistán y los pulsos entre las grandes potencias a propósito de Ucrania y Taiwán en medio de una ambición estadounidense cada vez menor en el escenario global, la COVID-19 y la emergencia climática, es fácil pensar que el mundo ha descarrilado. Pero quizá se pueda argumentar que las cosas están mejor de lo que parece. Al fin y al cabo, en ciertos aspectos, la guerra está en retirada. El número de personas muertas a causa de ella en todo el planeta ha disminuido desde 2014, si solo contamos los fallecidos directamente en combate. Según el Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala, las cifras disponibles hasta finales de 2020 muestran que las muertes en combate han descendido desde hace siete años, sobre todo gracias a que la terrible matanza de Siria ha remitido enormemente. El número de guerras declaradas también está descendiendo, después de haber alcanzado recientemente su máximo. Aunque el presidente ruso, Vladímir Putin, amenace a Ucrania, no es frecuente que los Estados se declaren la guerra. Hay más conflictos locales que nunca, pero suelen ser menos intensos. En general, las guerras del siglo XXI son menos letales que las del siglo XX. El hecho de que Estados Unidos actúe con más cautela también puede tener sus ventajas. El baño de sangre de los 90 en Bosnia, Ruanda y Somalia; las guerras de Afganistán e Irak tras el 11-S; la campaña asesina contra los tamiles en Sri Lanka y el desmoronamiento de Libia y Sudán del Sur se produjeron cuando Occidente, encabezado por Washington, era dominante y, a veces, precisamente por eso. El hecho de que los últimos presidentes estadounidenses se hayan abstenido de derrocar a sus enemigos por la fuerza es positivo. Además, no conviene exagerar la influencia de Washington ni siquiera en su apogeo en plena Guerra Fría; sin una invasión, siempre le ha costado mucho someter a los líderes recalcitrantes (por ejemplo, el exdirigente sudanés Omar al Bashir) a su voluntad. No obstante, aunque estos sean argumentos positivos, son bastante endebles. Al fin y al cabo, las muertes en combate no son más que una parte de la historia. La guerra de Yemen mata a más personas, fundamentalmente mujeres y niños, por hambre o enfermedades prevenibles que debido a la violencia. Millones de etíopes sufren una horrible inseguridad alimentaria a causa de la guerra civil que asola el país. En otros lugares de África, las luchas en las que participan los islamistas no suelen causar miles de muertes, pero sí expulsan a millones de personas de sus hogares y provocan una devastación humanitaria. En Afganistán, el nivel de violencia ha disminuido claramente desde que los talibanes se hicieron con el poder en agosto, pero la hambruna, debida sobre todo a las políticas de Occidente, puede causar la muerte de más afganos —entre ellos, millones de niños— que las luchas de las últimas décadas. El número de personas desplazadas en todo el mundo, en su mayoría debido a las guerras, está en unos niveles sin precedentes. En otras palabras, puede que las muertes en batalla hayan disminuido, pero el sufrimiento debido al conflicto no. Por otra parte, los Estados están envueltos en una competencia feroz incluso cuando no participan directamente en combates. Pelean mediante ciberataques, campañas de desinformación, injerencias electorales, coacción económica y la instrumentalización de los migrantes. Las grandes potencias y las regionales se disputan la influencia en las zonas de guerra, a menudo a través de sus respectivos aliados locales. Hasta ahora, las guerras por terceros interpuestos no han desatado ningún enfrentamiento directo entre los Estados que se entrometen. Es más, algunos eluden ese peligro con gran habilidad: Rusia y Turquía siguen manteniendo unas relaciones cordiales a pesar de apoyar bandos opuestos en las guerras de Siria y Libia. Aun así, la injerencia extranjera en los conflictos crea el peligro de que los enfrentamientos locales desaten incendios más grandes. Los pulsos entre las grandes potencias son cada vez más peligrosos. Quizá Putin se la juegue con otra incursión en Ucrania. No parece probable que China y EE UU vayan a pelearse por Taiwán en 2022, pero cada vez hay más choques entre los ejércitos de ambos países en los alrededores de la isla y en el Mar del Sur de China, con todo el riesgo que eso entraña. Si el pacto nuclear con Irán fracasa, cosa que parece probable, es posible que Estados Unidos o Israel intenten —tal vez incluso a principios de 2022— destruir las instalaciones de la República Islámica, lo que seguramente empujaría a Teherán a acelerar su programa de armamento y a llevar a cabo ataques en toda la región. Un paso en falso o mal calculado y podríamos encontrarnos de nuevo ante una guerra entre Estados. Además, al margen de lo que piense cada uno sobre la influencia de EE UU, es inevitable que su declive comporte riesgos, puesto que su poder y sus alianzas han estructurado la política global desde hace decenios. No exageremos al hablar de decadencia: sigue habiendo fuerzas estadounidenses desplegadas en todo el mundo, la OTAN sigue en pie y la labor diplomática reciente de Washington en Asia demuestra que todavía es capaz de formar coaliciones mejor que ninguna otra potencia. Ahora bien, con una situación tan cambiante, sus rivales no dejan de probar hasta dónde pueden llegar. Los lugares más peligrosos de la actualidad —Ucrania, Taiwán, los enfrentamientos con Irán— están en cierto modo relacionados con las dificultades del mundo para encontrar un nuevo equilibrio. Y las disfunciones de EE UU no facilitan las cosas. Para que la transición en el poder mundial sea suave, hacen falta cabezas frías y previsibilidad, no elecciones cargadas de tensiones y cambios de rumbo entre un gobierno y el siguiente. En cuanto a la COVID-19, la pandemia ha agudizado los peores desastres humanitarios del mundo y ha fomentado el empobrecimiento, el alza del coste de la vida, las desigualdades y el desempleo, es decir, los problemas que alimentan la indignación popular. La pandemia intervino a la toma de poder por parte del presidente de Túnez en el pasado otoño, el golpe de Sudán y las protestas de Colombia. Los daños que está provocando la COVID-19 en la economía pueden llevar al límite la tensión que se vive en algunos países. No es lo mismo el descontento que la protesta, ni la protesta que la crisis, ni la crisis que el conflicto, pero es posible que los peores síntomas de la pandemia estén todavía por llegar. En definitiva, aunque las inquietantes tendencias que vemos hoy no han disparado aún las cifras de muertos en combate ni han hecho arder el mundo, el horizonte sigue siendo malo. Y la lista de este año muestra bien a las claras que puede empeorar todavía más”.

ESTATS UNITS

Article de Ramón GONZÁLEZ FÉRRIZ a El Confidencial (6-01-22): Disfuncional y poco fiable: así es Estados Unidos un año después [4] Tras el ataque al Congreso del 6 de enero de 2021, la desconfianza en las instituciones y la amenaza de violencia política generan una inestabilidad de la que la UE debe tomar nota … “¿Una guerra civil? El libro ‘How Civil Wars Start’, de la académica Barbara F. Walter, es un estudio sobre las causas políticas, económicas y culturales que históricamente han dado pie al inicio de guerras, y su conclusión es ominosa: en los Estados Unidos actuales, con milicias armadas, episodios de violencia política y una desconfianza general en el sistema —considera que el país está a medio camino entre la autocracia y la democracia—, se cumplen algunas de las premisas para que se produzca un conflicto a gran escala. Otro libro que ha tenido cierta repercusión, ‘The Next Civil War: Dispatches From the American Future’, del periodista Stephen Marche, afirma que Estados Unidos se “encuentra ya en un estado de conflicto civil, en el umbral de una guerra civil”. Hasta la revista progresista ‘The Atlantic’ tuvo que publicar un artículo advirtiendo de que “la sola idea de que esa catástrofe es inevitable” era ya de por sí “incendiaria y corrosiva”. Más verosímil es la noción de que Estados Unidos podría estar recuperando un rasgo que lo ha caracterizado durante siglos: la presencia de una violencia política que surge de vez en cuando y fragmenta el país de una manera aparentemente irreconciliable, que provoca numerosos muertos —en la toma del Capitolio murieron cinco personas, y cuatro de los policías que intentaron contenerla se suicidaron después— y genera una inestabilidad constante, pero que no deriva en una violencia organizada. Eso fue lo que pasó en la década de 1960, cuando los asesinatos de personalidades como Robert Kennedy o Martin Luther King se alternaron con saqueos, linchamientos e incendios urbanos. El FBI ha llamado ya al ataque al Congreso “terrorismo interior”.  Más allá de esa posibilidad de volver a momentos del pasado, lo que parece evidente es que el sistema político estadounidense se ha vuelto muy disfuncional. No es solo que los simpatizantes de un partido crean que el otro carece de legitimidad, llega al poder gracias a trampas y su fin es acabar con la democracia. Es que el propio sistema está perdiendo eficacia: el fraude electoral no existió, pero bastó con que una parte relevante del electorado creyera que sí para que el sistema dejara de ser creíble para muchos. La modificación de los distritos electorales por parte de los partidos mayoritarios para asegurarse el triunfo es un viejo vicio de la política estadounidense, pero cada vez resulta más exasperante. La polarización mediática no es nueva, pero alcanza proporciones grotescas: buena parte de la izquierda parece regodearse en su propio tribalismo, mientras hay sectores de la derecha que viven cómodamente en la mentira; la combinación de ambas cosas refuerza la sensación de que las dos mitades del país son irreconciliables. Estados Unidos como socio. Donald Trump podría volver democráticamente al poder en 2025. Pero, al margen de eso, la disfuncionalidad, la polarización extrema y el hecho de haber pasado por una crisis constitucional sin precedentes tienen consecuencias en el exterior. Para la Unión Europea, Estados Unidos sigue siendo un socio indispensable, pero poco fiable. La alegría que sintieron sus líderes con la llegada al poder de Biden ya se ha enfriado. Ahora la UE debería ir más allá: obrar como si fuera un hecho no solo que los republicanos de inspiración trumpista —con Trump al frente o no— volverán al poder, sino que un orden político tan inestable internamente no puede ser estable en el exterior durante mucho tiempo. Dado que en Estados Unidos la arquitectura institucional es buena —el Congreso se contrapone al presidente, y el Tribunal Supremo a ambos— nadie puede decir en realidad que vive en un país dominado por sus rivales. La guerra civil es una amenaza inverosímil. Y, en muchos sentidos, la americana sigue siendo una democracia vibrante y competitiva. Pero la disfuncionalidad, un año después de las ominosas imágenes que mostraron milicias armadas entrando en el Congreso, es un hecho. A los estadounidenses les toca arreglarlo. A nosotros, protegernos preventivamente”.

AMÈRICA LLATINA

Article de Paolo STEFANONI a Nueva Sociedad (diciembre 2021): Aire fresco para el progresismo latinoamericano  La contundente victoria de Gabriel Boric frena a la derecha en Chile y en la región. Ahora, el presidente más joven y con más votos de la historia democrática tendrá el desafío de poner en marcha un proyecto progresista que articule el cambio social y la defensa de los derechos humanos … “En el caso de Boric, pese a ser el candidato de una alianza a la izquierda de la Concertación, su programa está lejos de ser radical. Es, más bien, la expresión de un proyecto de justicia social de tipo socialdemócrata en un país donde, pese a los avances en términos de lucha contra la pobreza, perviven formas de desigualdad social —y jerarquías étnicas y de clase— inaceptables junto a la mercantilización de la vida social. Por otro lado, pese a que Kast se presentaba como un candidato de «orden», todos sabían que el postulante de la derecha habría sido un presidente potencialmente desestabilizador, por su seguro enfrentamiento con la Convención Constitucional en funciones, pero también por la previsible resistencia en las calles. El «orden» en un país que, como se vio en la campaña y en la elevada participación electoral, sigue profundamente movilizado, rima con el cambio y no con los retrocesos conservadores que prometía Kast. Más que a un radical, muchos en la izquierda consideran a Boric, de 35 años, como demasiado «amarillo», la forma clásica para referirse a las izquierdas reformistas. Y gran parte de su éxito en la segunda vuelta fue haber podido captar el apoyo de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista, incluido el de la ex-presidenta Michelle Bachelet, hoy Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que viajó a Santiago a votar y llamó, mediante un video, a votar por Boric. Como ocurrió con Podemos en España, el Frente Amplio (surgido de las movilizaciones estudiantiles) criticó duramente la transición post-dictadura, pero no podía ganar sin el apoyo de las fuerzas que la dirigieron (solo que, a diferencia de España, sí logró dar el sorpasso frente a la vieja centroizquierda, al menos en la Presidencia, no así en el Congreso). Y menos aún podría gobernar, una tarea cada vez más difícil en una América Latina revuelta” … “Es posible que el posicionamiento del Frente Amplio en la Convención Constitucional, donde trabaja en coordinación con el PS y más que con el PC, anticipe algo de lo que viene: su lugar como pivote entre la izquierda del PC y la centroizquierda. En su campaña, Boric debió parecerse más a Bachelet que a Salvador Allende. Al final, el «reventón» no significó un giro hacia la izquierda tradicional ni añoranza hacia el pasado, y por eso el desafío del nuevo presidente será poder llevar adelante las banderas de transformación social, sobre todo la de un país más justo, pero sin sobreactuación. Boric captó en su campaña —que en la segunda vuelta penetró en el electorado moderado— que hay en las demandas de cambio más de «frustración relativa» que de añoranzas de la época allendista, aunque sin duda el ex-presidente brutalmente derrocado en 1973 constituyó para muchos una suerte de faro moral de las protestas”.

RÚSSIA

Article de Carmen CLAUDÍN a El País (5-01-21): Un nuevo Yalta, la obsesión de Putin  [5] El autócrata ruso quiere reeditar el reparto de influencia en el mundo logrado por Stalin en 1945, y fijar su frontera natural de seguridad en Ucrania, como aquel lo hizo en Polonia … “Esa franja de territorio europeo —las exrepúblicas soviéticas, convertidas en nuevos estados independientes— constituye, para el Kremlin, su cinturón de seguridad, su esfera de “interés vital”, allí donde se juega la subsistencia misma del Estado ruso. Pero Occidente no solo no respeta ese temor existencial, sino que ahora se inmiscuye en los asuntos internos de esos países. A ojos del Kremlin, eso no responde a los deseos de acercamiento a Europa de las sociedades de esos países, sino a las aviesas maniobras de Occidente para usurpar el lugar Rusia en Europa. Aquí radica, para Moscú, el núcleo de “la cuestión” de la arquitectura de seguridad europea. En definitiva, Rusia se considera la única legitimada para actuar en esa área mientras las repúblicas exsoviéticas —es decir, unos 75 millones de personas— no pueden decidir librarse de la condición geopolítica postcolonial que les impone el Kremlin. Ahora Moscú exige garantías jurídicas de no expansión de la OTAN hacia el Este, siguiendo un razonamiento que entronca con el reparto en esferas de influencia, suscrito en Yalta en 1945 entre la Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. No por casualidad, decía Putin en el discurso mencionado de 2013, fueron esos acuerdos los que, “con la participación activa de Rusia, garantizaron una paz duradera”. En este referente histórico está arraigada la lógica de la política actual del presidente ruso. Como explica de forma rigurosa Fernando Claudín en su Crisis del movimiento comunista (1970), la obsesión de Stalin era hacer aceptar a Churchill y a Roosevelt las fronteras soviéticas establecidas por el reparto acordado con la Alemania nazi en los protocolos secretos del pacto germano-soviético. Y, como Stalin entonces, Putin quiere lo mismo. Si la obsesión de Stalin se centraba en 1945 en Polonia (además de Finlandia, los países bálticos, la Moldova actual y parte de Ucrania), para Putin ahora es Ucrania. “La Unión Soviética tiene derecho a conseguir que en Polonia exista un Gobierno amigo (…) y no puede aceptar un Gobierno que le sea hostil (…)” escribió Stalin y añadió, irritado: “Es incomprensible que, al discutirse la cuestión de Polonia, no se quieran tener en cuenta los intereses de la Unión Soviética desde el punto de vista de su seguridad”. Cambie el lector Polonia por Ucrania y Unión Soviética por Rusia y tendrá la clave para interpretar lo que el Kremlin persigue desde que los ucranios decidieron seguir otro camino en 2014, tras el movimiento popular conocido como Euromaidán. Por eso, en Ucrania “empezó todo”, como declaró Putin en junio de 2021 al semanario alemán Die Zeit, porque la Unión Europea (bajo la batuta de Washington) “apoyó activamente el golpe armado inconstitucional” en Kiev. De hecho, la obsesión de Putin con Ucrania se remonta a antes del Maidán. Se nutre de la tesis según la cual Rusia y Ucrania son un mismo pueblo, invocando argumentos esencialistas como datos duros, como si fueran la ley de la gravedad o el número pi. El relato del Kremlin hace con las palabras y la realidad juegos malabares en los que el principio de veracidad es totalmente irrelevante: la represión feroz en Bielorrusia se llama en Moscú “normalización”, como en Checoslovaquia tras el aplastamiento con tanques de la Primavera de Praga en 1968; el presidente Alexandr Lukashenko convierte a su propio Estado en traficante de personas, pero la culpa es de Polonia y Lituania; la opción escogida por los ucranios en varias elecciones libres se llama en Moscú golpe de Estado, mientras una parodia de referéndum legitima la anexión de Crimea donde Moscú persigue y encarcela a los verdaderos moradores originarios de la península, los tártaros; el presidente ucraniano proviene de una familia rusa y judía pero, según Moscú, los secesionistas rusófonos del Donbás son patriotas que luchan contra el fascismo y están amenazados de genocidio y, por eso, Rusia “se ve obligada” a desplegar sus tropas a lo largo de la frontera con su vecino. De la misma manera, Moscú siempre se queja de que la UE no la trata como a un igual cuando, en realidad, se inculca desde la cuna a los futuros ciudadanos de Rusia que su país es especial, y que en el fondo nadie alcanza a entenderlo del todo. O, según la perspicaz expresión de la historiadora Marlène Laruelle: “La idea tautológica de que lo que tiene de especial Rusia es que es rusa”. Pero hechos tozudos demuestran que es la política de Putin la que se vuelve contra Rusia. Ni Bruselas ni Washington necesitan cansarse mucho para atraer a los ciudadanos de la región, suponiendo que esta fuera su intención y no la de rendirse a la llamada fatiga de la ampliación. Es la política agresiva del Kremlin la que explica el aumento del apoyo a la UE y a la OTAN entre los ciudadanos de esos países. No es que idealicen esa opción, es que, con todas sus limitaciones y contradicciones, resulta más respetuosa con la soberanía nacional y los deseos de sus poblaciones. Con la última exhibición de fuerza en la frontera con Ucrania, el Kremlin ha desplegado todas sus artes para una operación de “coerción al diálogo” (prinuzhdenie k dialog), muy en la línea de la tradición diplomática rusa. Y aunque se puede pensar que solo era una maniobra (amenacemos para sentarnos a hablar), queda muy claro quién pone en peligro la paz en Europa. Es lo que nos recuerda Andréi Sájarov, uno de los fundadores de Memorial, cuando dice que ‘un país que no respeta los derechos de sus propios ciudadanos no respetará los derechos de sus vecinos’”.

UNIÓ EUROPEA

Article de Nacho ALARCÓN a El Confidencial (4-01-22): Aprender a vivir con la tormenta: la UE, ante un nuevo año de incertidumbre  [6] La Unión se está acostumbrando a vivir en la policrisis, pero en el próximo curso intentará lidiar con la incertidumbre y poner las bases para una segunda mitad de legislatura más fructífera … “En la gestión de crisis de la Unión Europea siempre hay un cierto patrón. Aparece una crisis, ya sea migratoria, económica o sanitaria, que suele pillar por sorpresa. En una segunda fase, de alguna manera, el bloque logra gestionarla y salir adelante y, finalmente, en una tercera fase, los Veintisiete aprenden a vivir con una crisis no resuelta del todo que pasa a convertirse en parte del paisaje. Las dos primeras fases corresponden a 2020 y 2021. El reto de la Unión ahora es intentar que 2022 no sea el año de la tercera fase. Por una vez, los Veintisiete quieren cerrar una crisis. Y hacerlo bien.  Sin embargo, el próximo curso empieza con malas señales. El empeoramiento de la situación sanitaria ha generado mucho nerviosismo en algunas capitales. La posibilidad de dar marcha atrás en el camino recorrido en el último año gracias a la vacunación preocupa mucho en Bruselas. El 2022 debe ser el año de la confirmación de la recuperación económica, del desembolso masivo de miles de millones de euros del fondo de recuperación. Según las previsiones de la Comisión Europea, España será el único país que al final del curso no habrá recuperado su nivel precrisis de producto interior bruto” … “la aparición de ómicron vuelve a poner la gestión de crisis inmediata en el centro de la agenda. Al menos en el corto plazo. El instinto natural de la Unión lleva a volver a esa tercera fase de la gestión de crisis: tras dos años, aprender a vivir con ella. Aprender a vivir con la tormenta para poder así seguir sacando adelante otros asuntos quizá menos urgentes, pero igualmente importantes. Por ejemplo, Bruselas tiene prisa por avanzar en el Pacto Verde, con su propuesta Fit for 55 para reducir en un 55% las emisiones en 2030, un debate en el que todavía no se han visto la profundidad de las divisiones que existen entre Estados miembros en cuanto a los objetivos, cómo alcanzarlos y hasta qué punto se pueden hacer sacrificios sociales para llegar a ellos”… “Tras las elecciones francesas, se dará por finalizada la renovación del liderazgo en el eje francoalemán. Este mes de diciembre, Olaf Scholz se ha convertido en el nuevo canciller alemán tras 16 años de Angela Merkel al frente de la república federal. Tiene cuatro años por delante y una agenda europea muy cargada. París y Berlín se necesitan mutuamente, y necesitan tener la maquinaria bien engrasada. Los primeros meses del año servirán para que Scholz, que ya ha sido vicecanciller desde 2018, termine de cogerle el ritmo a su nuevo cargo y aprenda a gestionar su coalición de Gobierno. Los meses después de la elección francesa servirán para ver hasta qué punto hay un nuevo ímpetu en el eje franco-alemán.  Uno de los asuntos fundamentales para ese eje es la negociación de la reforma de las normas fiscales, que tendrán su fase clave en este 2022, que en principio será el último curso en el que las reglas están suspendidas para que los Estados miembros puedan hacer frente a la pandemia. Los Estados miembros están de acuerdo en reformar las reglas, que hasta ahora tienen como principales pilares que las capitales deban mantener el déficit presupuestario por debajo del 3% y la deuda pública por debajo del nivel del 60% del PIB. Pero las reglas son enormemente complejas, muy pocos Estados miembros cumplen la segunda y, cuando algunos Gobiernos han incumplido la primera, tampoco se han impuesto multas. Hay que cambiar las normas, y sobre eso hay consenso. Pero no tanto sobre cómo, en qué sentido, qué cambios realizar. Scholz deberá medir incluso las fuerzas dentro de su propio Gobierno, porque la persona que lo negociará será Christian Lindner, ministro de Finanzas alemán, que es el líder de los liberales (FDP), que acudió a las elecciones defendiendo un discurso de ortodoxia fiscal y mano dura con el resto de Estados miembros.  En todo caso se trata de un debate urgente para algunas capitales. España ha insistido en la necesidad de una negociación rápida. Otros países, que buscan cambios menos ambiciosos, apuestan por una negociación más larga, porque saben que, sin la presión de intentar acercarse a un acuerdo antes de enero de 2024, cuando se reactivarán las reglas fiscales, podrán reducir las reclamaciones de socios como España, Italia o Francia. Por otro lado, en la agenda económica, el 2022 será clave para la ejecución del fondo de recuperación de 140.000 millones de euros pactado por los Estados miembros en 2020.  Además, los Estados miembros pelearán por una reforma de Schengen sobre la que Macron lleva hablando ya años y que se ha convertido en uno de los principales objetivos del presidente galo durante el tiempo en el que Francia ostente la presidencia rotatoria del Consejo. París intentará también desatascar la discusión respecto al Pacto Migratorio propuesto por el Ejecutivo comunitario y al que España sigue oponiéndose por poner demasiado peso sobre los hombros de los países de primera llegada. “Seguimos comprometidos con lograr avances en el nuevo Pacto sobre migración y asilo con carácter de urgencia”, señala la declaración conjunta del Consejo de la Unión Europea, la Comisión y el Parlamento Europeo sobre los objetivos del próximo curso político. En el ámbito no legislativo hay otras preocupaciones. Por ejemplo, la situación en la frontera de Ucrania, donde Rusia acumula a unos 100.000 efectivos en lo que Kiev y los socios europeos consideran que es una amenaza de invasión. Otro punto fundamental es la cuestión del Estado de derecho: se espera que el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) dicte sobre la legalidad o no del mecanismo de condicionalidad con el que la Comisión Europea podría cortar los fondos europeos a Polonia y a Hungría por sus ataques al Estado de derecho. Si recibe el respaldo de la alta corte de Luxemburgo, el Ejecutivo comunitario podría lanzar expedientes en los primeros meses de 2022 contra Varsovia y Budapest”… “Además, habrá algunas renovaciones institucionales. El Parlamento Europeo elegirá a un nuevo presidente en enero, con la maltesa Roberta Metsola, del Partido Popular Europeo, como favorita, y el Consejo Europeo tendrá que decidir si renueva por otros dos años y medio el mandato del belga Charles Michel al frente del foro de los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete. Michel ha hecho algunos enemigos en esta primera mitad de mandato, pero la falta de alternativas le favorece” …

POLÍTICA ESPANYOLA

Article de Lola GARCÍA a La Vanguardia (2-01-22): Las seis tareas que te pueden arruinar la presidencia    [7]  “1. Salir de la pandemia y recuperar la economía. Prioridad indiscutible. Algunos liderazgos se construyen sobre los estragos de una calamidad, pero encarar un tercer año bajo así no hay quien lo resista. Siempre da la sensación de que las medidas llegan tarde y mal. Pedro Sánchez es un superviviente nato, pero con el virus ha cantado victoria antes de tiempo demasiadas veces. En la Moncloa esperan que se llegue al pico de la sexta ola en la tercera semana de enero y luego todo vaya a mejor… La recuperación económica debería marcar el 2022. Pero ahí están la inflación para ensombrecer el horizonte. La incertidumbre es la norma. 2. Fin de la tregua: empieza un ciclo electoral. Tras la última tanda de reformas estatutarias, más comunidades pueden convocar elecciones sin coincidir con las municipales. La de Madrid lo hizo por primera vez el 4 de mayo y convirtió esa cita casi en unas generales. El 13 de febrero habrá elecciones en Castilla y León. El PP intentará convertir el efecto Ayuso en un efecto Casado ganando en esa comunidad y luego en Andalucía, también en este 2022. A despecho del líder popular, la operación puede llevar a otro ascenso de la extrema derecha. Pablo Casado puede salir propulsado o puede quedar en evidencia que no es capaz de recuperar el voto de Vox. Después, todos los partidos correrán hacia las municipales de mayo de 2023. Una concatenación que aún dificulta más los acuerdos. Lo que no se haya pactado ya, olvídense. 3. Catalunya, el elefante en el salón. Ningún gobierno de España puede aspirar a la estabilidad sin encauzar, que no resolver, este asunto. Los indultos han aflojado la tensión política y social. Pero el arresto de Carles Puigdemont en Cerdeña evidenció la fragilidad de la situación. No hay plan para afrontar un eventual retorno del expresident, sea o no con aval de la judicatura europea. Tampoco para dotar de contenido a la mesa de diálogo con ERC. La mesa –con algún cambio en su composición– ya se ha reunido alguna vez de forma discreta, pero si no se hace en enero en público es porque no se avista ningún acuerdo. Sánchez y Pere Aragonès se dan margen hasta las municipales como mínimo. Podría prolongarse más si hay algún resultado parcial. En fin, en el 2022 la mesa debería parir algún ratón. 4. El desempate independentista. Los convulsos años vividos en Catalunya han dejado un mapa político cuarteado. Y eso siempre tiene consecuencias en la política española. El antiguo eje central, CiU, se ha convertido en una amalgama heterogénea, Junts per Catalunya, aún en transformación. En su seno cohabitan convergentes hasta la médula con activistas del independentismo, conservadores clásicos con progres de pose, y camarillas varias. No son pocos los que aspiran al puesto del jefe ejecutivo, Jordi Sànchez , que avanza entre equilibrios internos, mientras el líder simbólico, Puigdemont, está sin querer estar. Sí permanece en Junts la capacidad convergente para transformarse en una fabulosa máquina electoral a caballo de las instituciones y su objetivo en este 2022 es zamparse lo que queda del PDECat, heredero nostálgico de un pujolismo sin Pujol. Pieza necesaria para que Junts recupere lo que importa, que es la presidencia de la Generalitat. Los empates inmovilizan. Y en Catalunya persiste un empate entre Junts y ERC. Entre los que apoyan la independencia o la rechazan. Y, por encima de todo, el independentismo cuenta con fuerza suficiente para condicionar la política española pero no para repetir un desafío como el 2017 que acabe en su favor. De ahí que ERC se aferre a un diálogo que le proporciona tiempo, aunque las bases republicanas han gozado siempre de escasa paciencia. Mientras, Esquerra trata de convencer de que su llegada a la presidencia supone un cambio radical en forma y fondo, pero lo que ampulosamente denominaron “nueva Generalitat republicana” se reduce a poco más que la recuperación de la institucionalidad perdida durante el mandato de Quim Torra. Este año el Govern seguirá lidiando con dos problemas: que el president tiene a la oposición (Junts) dentro y que la autoridad política no está solo en el gobierno, ya que actores relevantes (Puigdemont, Sànchez, Laura Borràs, Oriol Junqueras o Marta Rovira) están fuera. 5. Cogobernar no es solo un palabro. Al margen de Catalunya, la pandemia ha evidenciado la necesidad de reformas en la arquitectura autonómica. La “cogobernanza” pregonada por Sánchez se traduce en una torpe combinación de imposición y desistimiento a conveniencia. Si la cogobernanza consiste solo en más reuniones de la Conferencia de presidentes, aún se desvirtuarán más esos encuentros. Y en 2022 se debe afrontar la financiación autonómica, uno de los asuntos más peliagudos y que más pereza dan al presidente de turno. De ese embrollo nadie sale contento y, si lo está, no lo reconoce. 6. El retorno del rey. Por último, en el 2022 deberá resolverse el futuro judicial del rey Juan Carlos, su eventual regreso y en qué condiciones. Todo un reto para Sánchez. No hay que olvidar que el votante del PSOE es el más dividido ante la monarquía y que gobierna con los republicanos de Unidas Podemos. Trance delicado”.

Article de Pablo IGLESIAS a política&prosa nº 39 (gener 2022): Iván (Fischer) Redondo   [8] Va aconseguir que Pedro Sánchez tingués l’audàcia de presentar una moció de censura que, a priori, tenia perduda, i que bona part del PSOE no desitjava … Pedro Sánchez és president gràcies al sistema tàctic que Iván Redondo el va convèncer de posar en pràctica … Iván Redondo va ser, mentre va ocupar el càrrec de director de gabinet, la mà del rei, i això ho puc assegurar jo … Destituint Redondo, el president va demostrar que ja ha après a jugar als escacs aleatoris sense necessitat que ningú li proposi les jugades … “Hi ha dos aspectes dels líders polítics que sempre desperten molt d’interès: la seva personalitat i la seva persona (o persones) de confiança. S’ha escrit molt i s’escriurà molt sobre la personalitat de Pedro Sánchez, però em temo que és molt difícil desxifrar les claus del caràcter d’un home reservat i temperat com n’hi ha pocs. El que no admet discussió és que, entre els acompanyants de Pedro Sánchez, cap no ha tingut ni tindrà la rellevància política que va tenir Iván Redondo. Ja els dic que no és fàcil saber què pensa el president, però sí que és fàcil saber, i hi ha prou material a disposició dels lectors, què va començar a fer Sánchez d’ençà que va tenir l’Iván al seu costat. Hi ha un abans i un després indiscutible en les decisions tàctiques i comunicatives de Pedro Sánchez des que va començar a treballar amb Iván Redondo. Encara cal dilucidar quin serà el destí de Pedro Sánchez ara que l’Iván no l’acompanya i torna a cavalcar amb els seus vells cowboys, alguns dels quals el van trair en el passat. Al final d’aquesta semblança els esbossaré una hipòtesi, però reconeixeran que el moviment de Sánchez al juliol era del tot imprevisible. A mi, si més no, em va sorprendre. No vaig pensar mai que Sánchez deixaria marxar Redondo ni tampoc que prescindís de figures tan crucials per al seu ascens a la secretaria general del PSOE i a la presidència del govern com José Luís Ábalos o Carmen Calvo. Pedro Sánchez és un líder al qual li escau el càrrec de president. El seu físic envejable (ni els Estats Units han tingut presidents així) i, sobretot, el seu temperament calmat, l’ajuden molt a l’hora de projectar una imatge de líder segur i convencional en uns temps gens convencionals com els que viu el nostre país. Aquest temperament és el que també li ha permès executar els seus assassinats polítics –com el del mateix Redondo i el dels seus principals col·laboradors que assenyalàvem– amb la fredor pròpia d’un franctirador soviètic. Ho dic amb admiració, no pensin altra cosa. En política no està malament patir a l’hora de prendre decisions difícils; és un senyal d’humanitat. Però quants disgustos m’hauria estalviat si hagués après més del president a l’hora de tallar en sec i a temps” …

ECONOMIA ESPANYOLA

Article de Jesús CRUZ VILLALÓN a El País (29-12-21): Una reforma estructural con futuro   Este cambio normativo, actuando sobre unas pocas piezas claves, puede tener suficiente impacto como para eliminar ciertas desviaciones perversas y al tiempo construir un modelo más equilibrado … “Sus piezas claves se pueden resumir como sigue. Atajar la temporalidad desbocada, superando la negativa rotación laboral. Muchas de las reformas previas formalmente han pretendido reducir la desmesurada temporalidad, si bien con muy escasos resultados, lo que ha provocado un elevado escepticismo de que otras reformas lo puedan lograr. Eso sí, debe destacarse que aquellas reformas siempre dejaron vías de escape al mantenimiento del uso abusivo de la temporalidad, aparte de que la levedad de las sanciones provocaba un cálculo de costes de los escasos riesgos por los excesos en la temporalidad. Frente a ello, la presente reforma, sin contener originalidades ficticias, pretende evitar todas esas posibles vías de escape: elimina el contrato de obra como causa justificativa de la temporalidad, pone coto a la contratación sucesiva de diversos trabajadores en un mismo puesto, reafirma que el contrato mercantil en la subcontratación no puede justificar la contratación temporal, impide la contratación temporal ante necesidades cíclicas que se canalizan hacia los fijos discontinuos, reduce la posibilidad de que los convenios amplíen el uso de la temporalidad. En definitiva, establece una definición estricta del nuevo contrato por circunstancia de la producción, al tiempo que le fija límites temporales que, con una interpretación finalista, debe evitar abusos. Complementariamente, se intensifican las sanciones frente a los incumplimientos, lo que puede eliminar la tentación de asumir sus costes manteniendo el uso indebido de la temporalidad. Fortalecer la negociación colectiva sectorial como instrumento de gestión de la política salarial, favorecedora de un cambio de la especialización productiva menos centrada en un uso intensivo de trabajos descualificados y poco remunerados. La clave de la preferencia del convenio empresarial, que facilitaba en las microempresas la devaluación salarial, viene corregida con el simple expediente de eliminar dicha preferencia respecto de la cuantía de la retribución. Ello va a permitir un papel protagonista a los convenios sectoriales, esperemos sobre todo de los estatales, de modo que los mismos marquen la evolución general de los salarios de modo homogéneo, conjurando los riesgos de prácticas de competencia desleal en costes salariales y modelos basados en la baja productividad y escasa innovación tecnológica. La recuperación de la ultraactividad del convenio puede coadyuvar a este resultado. Corregir el uso desviado de la subcontratación, evitando que se convierta en un mero instrumento de competencia desleal sobre la base de trabajos precarizados, orientándola hacia la auténtica especialización productiva. El uso perverso producido por las empresas multiservicios, con efectos de una notable inestabilidad en el empleo y de un intenso deterioro salarial entre los trabajos de menor cualificación, puede corregirse por la doble vía de reafirmar que la subcontratación no justifica la temporalidad y, especialmente, de las nuevas reglas sobre el convenio aplicable en caso de subcontratación. Situar los ERTE como los protagonistas por excelencia de los procesos de reestructuración empresarial, desplazando a los despidos colectivos a un papel secundario o de última alternativa. A algunos ha llamado la atención que esta reforma no haya actuado sobre el régimen de los despidos, corrigiendo los efectos de intensa destrucción de empleo de la reforma anterior. Sin perjuicio de que hubiera sido recomendable hacer algo en este terreno, lo más importante es que cada institución laboral constituye una pieza de un puzle completo, de modo que mover ficha en una institución puede arrinconar el espacio de otra que no se modifica. Esto es lo que puede suceder con el impulso decisivo a los ERTE, que pretenden convertirse en el instrumento por excelencia para afrontar los escenarios individualizados o generalizados de crisis empresariales futuras. De producirse este resultado, junto a un uso más generalizado de la flexibilidad interna consensuada, los despidos colectivos podrían perder influencia, al convertirse en la alternativa última frente a las situaciones coyunturales de excedentes de empleo”.

Article de Josep OLIVER a La Vanguardia (31-12-21): Temporalitat, atur I productivitat  [9] L’addicció de la nostra economia a l’ocupació de baixa qualitat des dels anys vuitanta és el problema de base … “Perquè els últims trenta anys la temporalitat ha format part essencial de l’augment de l’ocupació de certs sectors privats i, en evitar augments estructurals de despesa, del manteniment de l’oferta en serveis públics. L’exposició de motius del reial d ecret l lei afirma que el seu objectiu és aturar aquesta alta temporalitat i l’elevat atur que patim. Lloable desig, encara que difícil d’aconseguir: perquè la causalitat no va de les lleis a l’economia, sinó en sentit contrari. L’elevada temporalitat i l’atur alt són el resultat d’un teixit productiu de diminutes empreses, baixos salaris i reduït valor afegit, que aporta molta ocupació temporal quan hi ha creixement (en la mitjana 1990-2020, la taxa de temporalitat mitjana és del 30% dels assalariats, amb màxims del 33/34% als anys 1995-2006) i que la destrueix en les crisis. Des dels anys vuitanta, baixa productivitat, alta temporalitat, intensa creació de llocs de treball en l’expansió i fort augment de l’ atur en la recessió, són cares d’un mateix políedre: el de l’addicció de la nostra economia a l’ ocupació de baixa qualitat. En aquest context, reduir dràsticament la temporalitat en pocs anys no sembla realista. Perquè, per bé o per mal, el funcionament de l’economia i del seu mercat de treball remeten més al lent creixement del corall, amb hipertròfies impossibles de corregir a curt termini, que al d’una pàgina en blanc sobre la qual escriure un nou futur. I encara que el BOE hi pot ajudar, les nostres addiccions necessiten cures més severes. Però això són figues d’un altre paner”.

POLÍTICA CATALANA

Article de Josep MARTÍ BLANCH a El Confidencial (31-12-21): Aragonés va de farol (de momento)  El año que se cierra ha servido principalmente para que Cataluña aterrizara, veremos por cuánto tiempo, en la pista del principio de realismo político … ¿Significa esto que Cataluña ha vuelto a la normalidad? No. Seguimos caminando por un bosque en permanente riesgo de incendio … “Los indultos concedidos por Pedro Sánchez (enero) liberaron presión ambiental, pero por sí solos no hubiesen bastado. Era imprescindible también que JxCAT, el partido de Carles Puigdemont, perdiese las elecciones (febrero), que el torrismo desapareciese de escena y que la presidencia de la Generalitat acabara en manos del republicano Pere Aragonès (mayo). A pesar de que el pacto que lo convirtió en presidente de Cataluña incluía coyunturalmente a todo el bloque independentista, se sabía que más pronto que tarde los anticapitalistas de la CUP saltarían por la borda y que deberían alcanzarse pactos entre independentistas y no independentistas para que la legislatura tuviera recorrido. Y también esto ha pasado. Los presupuestos se han aprobado con Cataluña en Comú (diciembre) y la renovación de cargos de los órganos estatutarios caducados se ha pactado con el PSC (diciembre). Igualmente, ERC sigue comprometida en apuntalar la legislatura española, el último ejemplo, los presupuestos de Pedro Sánchez recién aprobados definitivamente. Todo este bagaje puede sonar a poca cosa, pero solo a condición de que se olvide previamente de dónde veníamos. A poco que uno tenga presente la gravedad de lo acontecido en Cataluña en los últimos años, ha de valorar forzosamente como un cambio disruptivo estos elementos que, en condiciones normales, no merecerían más que una anotación a pie de página. El año ha dado para más cosas, claro, pero entonces ya no sería un resumen. ¿Significa esto que Cataluña ha vuelto a la normalidad? No. Ni mucho menos. Seguimos caminando por un bosque en permanente riesgo de incendio. Como ejemplo, la enésima polémica sobre el catalán en las escuelas. La normalidad, entendida como un regreso al pasado de convicción autonómica, sigue adivinándose como imposible para más o menos la mitad de los catalanes” …

Article de Lluís BASSETS a  El País (27-12-21): Diálogo, reconciliación y pacto  Nadie puede hablar seriamente de consenso sobre la inmersión y de unidad civil en las actuales condiciones de radicalización y polarización … “Los nacionalismos son inexorables. No riman con las ideas tolerantes y liberales y dañan los valores democráticos. La nación, pequeña o grande, debe ser redonda, entera, indiscutible. La identidad que de ella se desprende no permite ambigüedades ni solapamientos. Acordémonos de la bronca que cayó sobre aquel presidente del Gobierno que pretendió convertir la idea de nación en algo relativo y objeto de debate. Ya no es posible sostener en público, salvo voces extravagantes, una ecuación que, como antaño, juegue con Dios, la raza, los designios de la historia y la lengua, pero se hace lo que se puede, en Cataluña y en España, para acercarse al viejo paradigma. Cae la maldición sobre todo lo que suene a soberanías compartidas, identidades múltiples, naciones plurales, gobernanza multinivel, federalismos incluso. Todos los nacionalismos pertenecen al mismo universo mental y moral, por más que se presenten como enemigos e incluso se insulten o enfrenten a palos en los campus universitarios. A nadie puede extrañar por tanto que ahora estemos en la guerra de lenguas, una vez han concluido prácticamente todos los otros combates. La lengua es como la madre. No hay razones que valgan. Todo son sentimientos. Todo ofensas. Todo resentimientos por tanto, los peores. No se había llegado a este punto hasta ahora porque los agitadores, todos, estaban en otras cosas. Ahora hemos llegado al meollo. Las palabras que hemos escuchado, de nuevo desde un lado y desde otros, las amenazas proferidas, no pueden llamar a engaño. ¿Quién dijo que la convivencia se había preservado en Cataluña en esta última década? ¿Quién ha defendido políticamente que no es necesario ningún tipo de diálogo entre catalanes porque el único diálogo necesario es entre los gobiernos catalán y español, se supone que como representantes de la Cataluña y de la España eternas en la resolución de un conflicto también eterno? Estamos en el nudo de los afectos y de los valores y nos hemos perdido el respeto y el mínimo sentimiento de amistad civil necesario para cualquier actividad civilizada y pacífica. Se sigue utilizando con toda frescura la idea de consenso e incluso la de unidad civil, pero ambas han desaparecido desde hace tiempo de la escena. No hay consenso sobre la lengua, tampoco sobre la escuela, no lo hay ni siquiera sobre el papel de las instituciones y sobre el necesario respeto por parte de todos a una regla de juego común. Lo único que valen son las posiciones de ventaja de cada parte en las instituciones, entendidas además de forma abusiva y excluyente, como derecho de propiedad con bula para someter a la minoría. La presidente del Parlamento catalán, Laura Borràs, con su antireglamentaria y partidista aprovechamiento de su cargo, ha proporcionado en esta cuestión tan buen ejemplo como Pablo Casado con su bloqueo del Consejo del Poder Judicial. La batalla de las lenguas no está afectando únicamente a la convivencia, sino que tiene visos de hipotecar el futuro. También el de la lengua catalana. La senda de la polarización puede producir nuevamente la ensoñación independentista de un nuevo envite, el famoso embate, que inevitablemente llegaría con un gobierno de coalición entre el PP y Vox. No está mal si se trata de adentrarse de nuevo en la incertidumbre, el riesgo y la inseguridad jurídica, pero hay que aclarar que es la peor opción para la lengua catalana y para su papel como ‘centro de gravedad’ en la escuela. De un tal ‘embate’ o desafío lingüístico, la lengua catalana será la que saldrá más perjudicada. España, no tan solo Cataluña, necesita lo contrario, un pacto de lenguas, que salvaguarde los derechos lingüísticos individuales de los ciudadanos en todo el territorio donde tiene vigencia la Constitución y a la vez asegure el futuro de la riqueza que significan las distintas lenguas españolas, también según reconoce la Constitución. Todas las lenguas españolas, todas, merecen idéntico reconocimiento institucional en las instituciones que habrá que denominar como federales de este Estado compuesto. Su enseñanza como lengua materna a todos los niños españoles debe quedar asegurada, en cada una de las comunidades autónomas y a ser posible en todo el territorio. ¿Por qué no debería existir una escuela pública o concertada en Bilbao, Coruña o Madrid en la que se impartiera un 25 por ciento de las clases en catalán o compartiera la condición de lengua vehicular con el euskera, el gallego y el castellano si así lo demandara una presencia suficiente de familias catalanas? La vieja y eficaz idea de la reconciliación nacional, surgida de la oposición clandestina y materializada en la transición, merecería ahora un nuevo impulso con una reconciliación lingüística que cerrara la vergonzosa pelea que hemos presenciado estos días y años y cerrara de una vez aquel camino que nos ha conducido a la peor etapa de nuestra historia desde el franquismo, ha destrozado las buenas formas parlamentarias y políticas y está poniendo en peligro la convivencia”.

Article d’Alberto PENADÉS a Piedras de Papel (5-01-22): La independencia como enemiga de la lengua  [10] La política lingüística de Cataluña se sostiene en la cordialidad y en el deseo de aumentar la difusión de la lengua, así como en sus resultados para lograrlo. Aunque algunos quieran hacer de ello algo intocable … “La tesis que defiendo es sencilla. En caso de ser Cataluña un estado independiente no podría mantener las políticas lingüísticas que mantiene (y que personalmente, si a alguien le importa, apoyo en sus líneas generales). Tal vez podría hacerlo si se acogiera al grupo de Visegrado, o cosa parecida, donde los argumentos que utilizan algunos políticos nacionalistas para defenderlas tienen su lugar natural. La segunda tesis que defiendo es que lo que tienen de malo las políticas lingüísticas en Cataluña son esos argumentos, no tanto las políticas mismas, pues estas tienen sentido en el contexto de una relación de amistad y dentro de un mismo Estado, compartiendo una misma nación política. Son mejorables, como toda política puede serlo, pero tienen buen sentido” … “Dicho con claridad, para poder mantener algunas de sus políticas lingüísticas en una hipotética Cataluña independiente sería necesario que la secesión fuera unilateral y, por tanto, en algún sentido, “revolucionaria”, y no reconocida por las democracias de su entorno, salvo los sospechosos habituales. Un cuento épico para algunos y trágico para otros, pero un cuento. Una secesión acordada conllevaría una inevitable regulación basada en derechos distintos para hablantes distintos, o de políticas distintas para localidades distintas. Si a esto se une la creación de nuevas fronteras internacionales entre hablantes del idioma, es difícil entender en qué ayuda la independencia al catalán. Sé lo que están pensando, así que repitámoslo: el asimilacionismo solo puede ser autoritario. La política lingüística de Cataluña es un equilibrio que presupone buen entendimiento entre conciudadanos dentro de una democracia en la que la mayoría, sobre el 80%, tenemos la lengua española como primera lengua y en la que las lenguas del 20% requieren apoyo especial; no es algo a lo que se pueda llegar apelando a los criterios internacionales de justicia aplicados en otras democracias para una situación comparable a la de Cataluña. Como toda amistad, tiene equívocos, problemas, cosas ilógicas y correcciones prácticas por la experiencia y el buen uso; pero si pasamos a escribirla en los papeles de divorcio, no se sostiene. No pretendo adjudicar el mérito relativo de una escuela catalana en la que el catalán se emplee en el 75% o en el 90% de las clases. Lo mejor sería experimentar y ver qué funciona mejor para los fines compartidos. Personalmente, me alegro de que no se hable de un sistema segregado, lo que indica que la locura no se ha extendido tanto como a veces parece. Opino que el catalán debe obtener ese tipo de discriminación positiva, como también debería obtener más apoyo fuera de Cataluña. No hay que ser tacaños y hay que ser prácticos, lo que resulte de esa combinación estará bien; el resto debería consistir en probar y recoger datos. Lo que deseo subrayar es que nada de eso implica aceptar la ideología de la “escuela catalana en catalán”. Quienes esto defienden como una esencia no admiten gradación porque cualquier grado es incompatible con su carácter simbólico. Una escuela casi todo en catalán es como una persona casi honorable o un fraile casi célibe; para los creyentes en el símbolo, es una desgracia entera. El resto de nosotros debemos respetar las creencias más o menos míticas de nuestros conciudadanos, con quienes mantenemos muchos objetivos comunes, pero tampoco estamos obligados a hacerles un Goodbye Lenin. Si se rompe ese mínimo común es inevitable que muchos pasen del código de la amistad cívica al de la justicia y los derechos lingüísticos, y eso solo puede ser la ruta hacia más nacionalismo y hacia menos catalán (y a Visegrado)”.

PENSAMENT

Entrevista a Arthur C.BROOKS a Ethic (20-12-21): «Cuando la política se eleva a un nivel moral o religioso, deriva en violencia»   El sociólogo norteamericano Arthur C. Brooks ha dejado de presidir el American Enterprise Institute, uno de los principales ‘think tanks’ conservadores de Estados Unidos, para dedicarse al creciente sector de la felicidad y la autoayuda. Es columnista habitual en la reputada revista ‘The Atlantic’, autor del pódcast ‘Cómo construir una vida feliz’ y profesor de liderazgo público en la Harvard Kennedy School y en la Harvard Business School. En su obra, ‘Love Your Enemies’, Brooks defiende reparar las relaciones personales en medio de una cultura de polarización política que, asegura, nos ha llevado a vivir en soledad. Nos reunimos con él antes del lanzamiento de su nuevo libro, ‘From Strength to Strength’, donde reflexiona sobre la búsqueda de la felicidad a partir de los 50 años … «La religión secular de Estados Unidos es la secta de la autorrealización» … «El trumpismo es victimización, lo que lo convierte en un movimiento culturalmente de izquierdas» … «La tradición es lo mejor del pasado que estás viviendo en el presente»

Article de Daniel INNERARITY a Ethic (27-12-21): La sociedad del desconocimiento    [11] La epistemocracia se basa en la convicción de que los problemas de la democracia son consecuencia de la ignorancia de la ciudadanía o de la incompetencia de los políticos. Pero ¿cuál es el objetivo último de la democracia? En este texto adaptado, el filósofo Daniel Innerarity avanza algunas de las claves de su libro ‘La sociedad del desconocimiento’, que se presentará en enero y en el que reflexiona sobre la verdadera naturaleza de nuestro sistema político. … «En la sociedad del conocimiento, los problemas de una política sobrecargada se resolverían delegando los asuntos en los expertos» … «Aunque puedan ser unos necios, quienes desprecian a la ciencia nos advierten de que, tal vez, esta no está bien articulada con la política y la sociedad» … «Cuando está bien diseñada, la democracia soporta mucha más ignorancia de lo que suponemos y puede permitirse el lujo del ensayo y el error» … «Tendemos a añorar un pasado de certidumbre y confianza que realmente nunca existió»

HISTÒRIA CULTURAL

Article de Javier RODRÍGUEZ MARCOS a “Babelia” de El País (31-12-21): 1922, el año de la revolución cultural  Firmados por James Joyce, T. S. Eliot, Ludwig Wittgenstein o Virginia Woolf, algunos de los libros que cambiaron el rumbo de la novela, la poesía y la filosofía modernas se publicaron hace exactamente un siglo … Estas obras cristalizan tras la guerra, nacen de crisis personales y escenifican otra batalla: la del lenguaje … El ‘Ulises’de Joyce sometió a la Odisea a un ejercicio de sublimación, parodia, desmontaje y condensación … Con ‘El cuarto de Jacob’, Woolf empezó a borrar en 1922 los límites entre acción, lirismo y pensamiento

Article de Christopher DOMÍNGUEZ MICHAEL a Letras Libres (gener 2022): 1922: el año I de Ulises  [12] La historia de la literatura se puede dividir entre antes y después de la publicación de Ulises. Alabada por unos, menospreciada por otros y perseguida por obscenidad, la novela de Joyce marcó un punto de quiebre en las letras del siglo XX … “Es probable que nunca antes artistas e intelectuales hayan estado tan conscientes de estar empezando una nueva época como en aquel 1922 que hoy conmemoramos. Lo había predicho, famosamente, Virginia Woolf en “Character in fiction” (1924), reflexión sobre la nueva novela donde afirmó, de manera a la vez vaga y rotunda, que “alrededor de diciembre de 1910 el carácter humano cambió”, según nos lo recuerda Kevin Jackson en Constellation of genius. 1922: Modernism year one.  Pero fue Ezra Pound quien se le había adelantado, en su también conocida y celebrada carta al crítico H. L. Mencken del 22 de marzo de 1922: “La era cristiana terminó en la medianoche de octubre 29-30 del año pasado. Ahora usted está en el año I p. s. U [post scriptum Ulises], si eso le sirve de consuelo.” El atrabiliario Mencken, cuyo nietzscheanismo, en su día provocador, empezaba a pasar de moda, con seguridad gruñó. Finalmente, en Not under forty (1936), Willa Cather lo dirá de modo más llano: “El mundo se partió en dos en 1922.” Tanto en la cronología comentada de Jackson (muy informativa) como en el ensayo The world broke in two. Virginia Woolf, T. S. Eliot, D. H. Lawrence, E. M. Forster, and the year that changed literature, de Bill Goldstein (más nutritivo), entre los numerosos libros que han aparecido en torno a 1922, el reparto “modernista”, para decirlo con el concepto anglosajón, es más o menos el mismo. Ese año aparecieron Ulises (al autor le fue entregado el primer ejemplar en fecha capicúa: 2/2/22) y La tierra baldía, y James Joyce y T. S. Eliot, sus autores, se hicieron famosos, apoyados por Pound como “il miglior fabbro” y con Virginia Woolf (ella misma publica El cuarto de Jacob en 1922) como una quisquillosa directora de conciencia asistida devotamente por su esposo Leonard. Si el grupo protagónico de 1922 es el de Bloomsbury, una extensión urbana –según Goldstein–   de las hermandades universitarias de Oxbridge, varios de los actores se definen en contra de este, como el errabundo D. H. Lawrence, ahíto de sí mismo en su “peregrinaje salvaje” (de Taormina a Australia, pasando por la isla de Ceylán y Taos, Nuevo México), quien ese año publica La vara de Aarón e InglaterraInglaterra mía” (…)

LLIBRES

Gilles KEPEL. El Profeta y la pandemia. Alianza. Madrid, 202.   Entrevista a Gilles KEPEL a La Vanguardia (25-26/12/21): “La religión y el petróleo son los enemigos de la democracia” … “Estados Unidos ha optado por irse de la región. La retirada de Kabul ha sido la señal más clara” … “Erdogan reislamizó Santa Sofía para proyectar la nueva expansión otomana” … “A todos los estados del Golfo les inquieta la situación en Irán” … “Hay que preguntarse si fue buena idea acoger en secreto al líder del Polisario”