FOCUS PRESS 273

ARTICLES DESTACATS

(1) Article de Bernardo de MIGUEL i Manuel V.GÓMEZ a El País (1-05-22): La guerra de Putin entra en una espiral internacional imprevisible

(2) Article de Jesús A.NÚÑEZ VILLAVERDE a elDiario.es (29-04-22): Qué se juega la Unión Europea en Ucrania

(3) Article d’Enrico LETTA a La Vanguardia (29-04-22): Com podem acollir Ucraïna 

(4) Article de Santiago ALBA RICO a Público (28-04-22): Europa

(5) Article de Sheri BERMAN a Agenda Pública (3-05-22): Es el momento de abandonar las ideas de la Guerra Fría

(6) Article de Paul BERMAN a Letras Libres (1-05-22): La catástrofe intelectual de Vladimir Putin

(7) Article de Roger SENSERRICH a Four Freedoms (2-05-22): El final de un derecho

(8) Article d’Oriol BARTOMEUS a El País (1-05-22): Cansancio, miedo, rabia   

(9) Entrevista a Joaquín ALMUNIA a política&prosa nº 43 (maig 2022): “Espanya té un problema d’endogàmia política”

(10) Article de Miguel PASQUAU a CTXT (1-05-22): ‘Pegasus’ y el Estado: ¿quién cabalga a quién?

(11) Article d’Esteban HERNÁNDEZ a El Confidencial (29-04-22): El enigma de Despeñaperros: por qué Andalucía explica el auge de la derecha

(12) Article de Xavier VIDAL-FOLCH a El País (2-05-22): Veinte millones son muchos millones 

(13) Article de Daniel INNERARITY a La Vanguardia (30-04-22): La sociedad de las brechas

(14) Article de Manuel ARIAS MALDONADO a Revista de Libros (4-05-22: Diez tesis sobre el populismo

(15) Article de Clara SERRA a El País (4-05-22): ‘Thinking sex’

*****

LA GUERRA A UCRAÏNA

El curs de la guerra

Article de Bernardo de MIGUEL i Manuel V.GÓMEZ a El País (1-05-22): La guerra de Putin entra en una espiral internacional imprevisible  [1]  La creciente agresividad rusa y la decisión de Biden de plantarle cara empujan a Europa al riesgo de ser escenario de un choque fortuito o deliberado entre potencias nucleares  (…) Amenazas de ataque nuclear.Tamaño descalabro llevó la semana pasada al Kremlin a retomar sus amenazas de ataque nuclear, esgrimidas al principio de la contienda. “No podemos especular con lo que harán o no harán los rusos, pero el hecho es que son una potencia nuclear y no sabemos si es todo un farol”, reconocen fuentes de la OTAN. Las mismas fuentes consideran “tremendamente irresponsable que una potencia nuclear se esté embarcando en ese tipo de retórica”, aunque subrayan que las alusiones a un posible ataque nuclear proceden más del entorno mediático de Putin que del propio régimen.

Andrei Kolesnikov, responsable de política rusa en el centro de estudios Carnegie en Moscú, considera que las referencias a la hecatombe nuclear “forman parte del lenguaje del odio e incluso fuentes oficiales recurren ahora con facilidad a hablar de temas que hasta hace poco eran tabú”. Para Kolesnikov, esa retórica “revela un cierto grado de frustración”. Pero advierte contra el riesgo de ignorarla. “Putin puede hacer cualquier cosa: nadie creía que pudiera anexionarse Crimea y, desde luego, nadie pensaba que pudiera lanzar una ‘operación especial’, pero lo hizo”.

En ese sentido, el portavoz del Pentágono, John Kirby, dijo el miércoles: “Nadie quiere que esta guerra escale más de lo que ya lo ha hecho. Y desde luego, en ningún caso hasta el territorio nuclear”. Biden, por su parte, calificó de “irresponsables” los fantasmas atómicos agitados en los últimos días por Moscú. “No son ciertas [las amenazas]”, añadió. “Me preocupan porque muestran la desesperación que siente Rusia ante su abyecto fracaso”.

Ian Lesser cree que el riesgo nuclear es “pequeño, aunque no cero”. El director del German Marshall Fund en Bruselas ve “mucho mayor el riesgo de un choque convencional entre la OTAN y Rusia, bien de manera intencionada o, más probablemente, por un incidente en una operación militar. Y eso podría provocar una escalada”. Los expertos señalan, además, que las zonas de fricción para ese temible chispazo no se limitan al territorio ucranio y alrededores. “Podría ser en la frontera polaca, en el Báltico o en el mar Negro, pero incluso es concebible en el Mediterráneo, en Siria, Libia o en el Sahel, donde las fuerzas rusas y occidentales están en contacto”, recuerda Lesser.

“Rusia sabe que no puede ganar una guerra nuclear y que EE UU y la OTAN tienen unas capacidades en ese terreno que son mucho más que de igualdad con Rusia”, afirma Jamie Shea. Este analista, que también fue portavoz de la OTAN durante la guerra de Kosovo, interpreta que las gesticulaciones nucleares de Moscú no solo buscan amedrentar a Occidente. “También es un instrumento de propaganda interna para crear ante la opinión pública rusa la falsa impresión de que Rusia libra una guerra existencial en Ucrania, en la que se juega su supervivencia frente a una agresión occidental”.

Para Shea, ese relato “prepara el terreno para más reclutamientos obligatorios a medida que aumentan las bajas del Ejército ruso en Ucrania”. Esta decisión puede resultar muy impopular para una población rusa, a la que Moscú mantiene amordazada o hipnotizada a base de propaganda sobre una presunta desnazificación de Ucrania.

La propaganda de Putin alcanzará su apogeo durante el desfile militar previsto para el 9 de mayo, que este año se celebra en medio de una nueva guerra. Ese mismo día, la UE conmemorará el aniversario de la Declaración de Schuman, texto fundacional del club comunitario. Y en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, se pondrá fin a la conferencia sobre el Futuro de Europa, un ejercicio de reflexión ciudadana que aspira a adaptar la Unión a la realidad del siglo XXI.

La Europa en guerra de Putin frente al diálogo y la concordia de la UE en una misma jornada, un choque de impredecibles consecuencias. Aunque puestos a soñar, también cabe imaginar una posguerra en la que una Rusia liberada de su deriva autoritaria y con su arsenal nuclear sujeto a normas internacionales pudiera sumarse al viejo proyecto de construir un continente de paz y prosperidad desde Lisboa a Vladivostok.La reconciliación de Alemania y Francia también parecía una quimera cuando Robert Schuman apostó por la integración europea en 1950, solo cinco años después de la derrota de Adolf Hitler”.

Article de Lluís BASSETS a El País (1-05-22): El arsenal de la democracia Como Roosevelt en 1941 para vencer a Hitler, Biden ha lanzado un enorme paquete de ayudas a Ucrania para vencer a Putin … “Si Rusia deja de combatir ya no hay guerra, pero si es Ucrania la que deja de combatir, no hay Ucrania. Esta es una frase que se está escuchando con frecuencia estos días, desde la tribuna de Naciones Unidas hasta la del Congreso de Diputados. Sintetiza el carácter de esta guerra, que es optativa para Rusia y de necesidad para Ucrania. También conduce a una conclusión: sin armas para defenderse, por más determinación y disposición al sacrificio por parte de los ucranios, Ucrania dejará de existir y Putin impondrá sus condiciones para la paz. Vistos los antecedentes, (Grosni, Aleppo, Bucha, Mariupol…) será la paz de los cementerios.

Esta no es una guerra local, como algunos quisieran pintarla. No es tan solo Ucrania la que dejará de existir si vence Vladímir Putin. Los propósitos del Kremlin abarcan todo el antiguo espacio post soviético, la añorada esfera de influencia obtenida por Stalin en Yalta en 1945 al terminar la Segunda Guerra Mundial. Y van más allá. Desconocemos del todo la duración y la extensión de la guerra, pero no su trascendencia política e histórica, a la altura de las dos guerras mundiales. De la batalla del Donbás depende la existencia de Ucrania, pero también la unidad de Europa, el futuro de la OTAN y un orden internacional basado en la fuerza del derecho en vez del derecho de la fuerza.

En un planeta organizado por la ley del más fuerte sobran las instituciones internacionales y las que más, las del derecho y de la justicia que pueda condenar a los culpables de las atrocidades y matanzas de civiles. Desde Moscú y desde Pekín, el único obstáculo serio para el nuevo orden de las autocracias soberanas y las democracias iliberales no es Estados Unidos, sino la Unión Europea, potencia normativa basada en el Estado de derecho y el multilateralismo. Putin y Xi Jinping lo tienen claro: Europa para ti y Asia para mí. Y Estados Unidos que no moleste y se quede en casa, en su continente, ocupándose de sus asuntos.

Putin creyó que Washington le dejaba la pista libre tras la precipitada retirada de Afganistán, pero la Casa Blanca, por tercera vez en la historia (1914, 1941 y ahora), ha aceptado el desafío y superado sus reflejos aislacionistas. El Congreso acaba de aprobar un colosal paquete de ayuda a Ucrania, 33.000 millones de dólares, inspirado en la Lend and Lease Act (Ley de préstamo y arriendo), el programa de ayuda de Franklin D. Roosevelt a Winston Churchill para combatir al nazismo, cuando Hitler había ocupado ya el continente y se disponía a invadir las islas británicas. Estados Unidos entró en guerra más tarde, tras el ataque japonés contra Pearl Harbour, pero aquel auxilio financiero fue decisivo para la derrota de Hitler e incluso configuró el futuro de Europa. Fue entonces el arsenal de la democracia, expresión que también vale ahora para designar a ayuda que necesita Ucrania y necesitamos todos nosotros para no ser derrotados”.

Article de The Economist publicat a La Vanguardia (30-04-22): ¿Cuán podrido está el ejército ruso?  El presupuesto de defensa del Kremlin triplica el de Gran Bretaña o Francia, pero gran parte de él se despilfarra o se roba … León Trotski escribió que “el ejército no es más que un elemento de la sociedad y padece todas las enfermedades de ésta; sobre todo, cuando sube la temperatura” … Putin y sus altos mandos ocultaron los planes de invasión a los oficiales superiores, lo que refleja una abrumadora falta de confianza … Sumidos en la corrupción, los frustrados generales rusos se han dedicado a arrasar ciudades y aterrorizar civiles … Rusia puede ser muy grande, pero es un Estado de tamaño medio que sigue queriendo ser una superpotencia … Ucrania también demuestra que, en caso de no poder imponerse en el campo de batalla, las fuerzas rusas recurrirán a las atrocidades en las guerras futuras

Conseqüències econòmiques de la guerra

Article d’Andrea RIZZI, Ignacio FARIZA i Mariano ZAFRA a El País (1-05-22): La invasión de Ucrania precipita una revolución energética global  La desconexión de la UE de los combustibles fósiles rusos es la punta de lanza de un cambio más amplio que afecta a relaciones internacionales, cadenas de suministro, inflación y hábitos de vida … El ataque de Rusia contra Ucrania ha detonado una revolución en el sector de la energía, todavía ampliamente dominado por los combustibles fósiles … Rusia es un actor decisivo en ese mercado: es el mayor exportador en el conjunto del sector … Europa es su principal cliente, con un elevado grado de dependencia que la sitúa en una posición de debilidad … La guerra de Putin ha espoleado la voluntad de la UE de reducir una relación que llena las arcas del Kremlin … Este movimiento de desacople es la punta de lanza de un cambio geoeconómico con consecuencias que trascienden a Europa y al sector energético … EE UU: la sacudida agiganta su condición de potencia energética … Asia: la gran baza rusa para dar salida a su producción … Oriente Próximo y África: la OPEP planta cara a Occidente … Latinoamérica: entre la oportunidad y el daño colateral

Article de Manel PÉREZ a La Vanguardia (1-05-22): La segona guerra freda: un món opac  El somni secular d’una nova arquitectura econòmica mundial avui està anys llum més lluny … Com finançaran les potències les operacions encobertes contra els socis dels rivals? (…) “Els somnis d’una nova arquitectura econòmica mundial que embridi les forces cegues de les finances i la globalització avui està anys llum més lluny que abans de la invasió russa. No va ser possible amb la Gran Recessió del 2008; tampoc amb la pandèmia. El que ve no sembla que vagi pel bon camí. Si es desencadena la tempesta, serà molt més difícil de superar. I no només en l’àmbit econòmic. També en el sanitari, en cas que una pandèmia torni a trucar a la porta del planeta. O en el climàtic. Xocs en cadena”.

La Unió Europea i la guerra

Article de Jesús A.NÚÑEZ VILLAVERDE a elDiario.es (29-04-22): Qué se juega la Unión Europea en Ucrania   [2] Si Kiev resiste el envite ruso, habrá prestado un inmenso servicio a la UE, disuadiendo a Rusia de seguir adelante con sus delirios imperialistas en el resto del continente. Pero si no lo logra, hará creer a Putin que otras casillas del tablero europeo pueden caer igualmente en sus mano … “Ninguno de los Veintisiete ha desplegado unidades en Ucrania para luchar directamente contra las tropas rusas que han invadido ese país. Sin embargo, es obvio que en todos los demás frentes (político, económico, diplomático o cibernético) estamos en guerra con Rusia. Y lo mismo cabe decir desde Moscú, dado que todos los miembros de la Unión Europea figuran en su lista de países hostiles, sea por aplicar sanciones contra Rusia o por suministrar armas a Kiev. Eso significa, atendiendo a las amenazas lanzadas por el propio Vladímir Putin, que pueden ser objeto de respuestas insoportables si no cejan en su empeño.

De esa inquietante imagen se deduce que la UE se juega mucho en un conflicto para el que no se adivina final a corto plazo. Por un lado, está en peligro su recuperación económica, cuando los Veintisiete todavía no se habían recuperado del impacto acumulado de una crisis económica (2008) y una pandemia (2020) que ya han provocado un claro deterioro en los niveles de bienestar de su población y un malestar social que está dando alas a opciones populistas de todo signo. Sin ser la guerra la única causa de ello, su efecto contaminante ya está provocando una reformulación de las prioridades presupuestarias, en la medida en la que la inflación golpea muy directamente tanto a las variables macro como microeconómicas, y, adicionalmente, alimenta una espiral armamentística que a buen seguro va a detraer recursos para la defensa en lugar de cubrir necesidades sociales básicas.

Por otro, queda por ver si la inicialmente positiva respuesta a las necesidades de los ya más de siete millones de personas que han huido de la violencia en Ucrania se sostiene en el tiempo, más allá de la asistencia y protección de emergencia que hasta ahora se les está prestando. Todavía está fresca en la memoria la penosa imagen de una UE insensible a las necesidades de personas desesperadas de otras procedencias e insolidaria internamente a la hora de repartirse la carga que supone esa creciente afluencia de refugiados.

Igualmente, la estructura energética de la Unión va a depender en buena medida de lo que ocurra en Ucrania. Cuando ya la transición ecológica suponía un reto formidable, ahora se plantea la necesidad de eliminar la dependencia energética de Rusia. Y las prisas por lograrlo pueden llevar a corto plazo a caer en el error de recurrir al carbón (Alemania) o incrementar la dependencia de Estados Unidos (España), dejando dicha transición para más adelante, como si la dependencia actual no fuera el resultado de malas decisiones pasadas (sirva Nord Stream 2 como ejemplo) o como si la respuesta a la amenaza del cambio climático pudiera esperar más tiempo. Con el cierre de las exportaciones de gas a Polonia y Bulgaria, por no pagar en rublos, queda claro tanto que Rusia no es un suministrador fiable como que muchos de los países de la Unión no tienen alternativas a corto plazo para salirse de una dependencia que ellos mismos provocaron.

Moscú alimenta la división. Adicionalmente, en términos políticos, también está en cuestión el grado de unidad que los Veintisiete pueden mantener ante el intento de Moscú de fragmentarlos hasta el punto de bloquear el proyecto de una unión política tan necesaria. Con gobiernos como el húngaro, en abierto desafío a Bruselas, y con grupos políticos de ultraderecha que pretenden cargarse la UE desde dentro, Moscú lleva tiempo alimentando la disensión intracomunitaria y la guerra en Ucrania puede ser el instrumento ideal para provocar la ruptura interna entre los que parecen apostar por el apaciguamiento de Moscú y los que demandan la confrontación directa.

De la misma manera, queda por ver cómo será la relación de la UE con Rusia, teniendo en cuenta que la seguridad europea necesariamente tiene que contar con Moscú por un simple imperativo geopolítico. Lo que se dirime en Ucrania es mucho más que la suerte de un país y su gente. Si Kiev resiste el envite ruso, pagando un altísimo precio y quedando probablemente fragmentado, habrá prestado un inmenso servicio a la UE, disuadiendo a Rusia de seguir adelante con sus delirios imperialistas en el resto del continente. Pero si no lo logra, además de desaparecer como Estado, hará creer a Putin que otras casillas del tablero europeo pueden caer igualmente en sus manos.

Eso plantea un enorme dilema, del que no hay salida buena: si se atienden las peticiones armamentísticas de Zelenski hay más posibilidades de lo primero, pero a costa de alargar la guerra y, por tanto, la desdicha humana; si se desatienden, Ucrania desaparece y Putin proseguirá adelante con su plan bélico en otros territorios. En definitiva, llegados a este punto, apenas hay posibilidad alguna de que Ucrania pueda salir bien de esta situación. Y, por lo que respecta a Putin, si saca algo en limpio de su violación del derecho internacional, malo; pero si no lo saca -con bazas aún por emplear, incluyendo armas de destrucción masiva-, peor”.

Article d’Enrico LETTA a La Vanguardia (29-04-22): Com podem acollir Ucraïna   [3] La confederació amb països de l’Est seria la manera d’afrontar l’ampliació de la UE … L’Europa de l’endemà serà diferent; en qualsevol cas, diferent  (…) “L’adhesió a la UE preveu un recorregut complicat, moltes vegades decennal, i estàndards elevats a què s’han d’adequar els països candidats. Per no parlar de l’impacte que l’entrada de nous membres pot tenir sobre la inclinació institucional de la Unió, com ja ha passat amb l’ampliació als països centreorientals.
La resposta a aquestes dificultats és la creació, des d’ara, d’una Confederació Europea, composta pels 27 estats membres, per Ucraïna i per Geòrgia i Moldàvia, i després per Macedònia del Nord, Sèrbia, Montenegro, Albània, Bòsnia i Hercegovina i Kosovo. L’objectiu és que Ucraïna entri des d’ara mateix a formar part de la família europea i permetre que els altres països que aspiren a entrar-hi participin en la vida pública de la Unió i comparteixin les principals eleccions estratègiques. Una institució, la de la Confederació Europea, que no modifiqui la Unió però que estigui al seu costat.
No és cap modificació sobre la vida institucional de la UE, sinó una resposta política forta a les ambicions de milions de persones que voldrien ancorar el seu propi destí al de la Unió.
La Confederació Europea no menyscabaria ni tan sols els temps i els procediments necessaris per a una adhesió ordenada a la UE, evitant d’aquesta manera topar amb acceleracions perilloses per al bon funcionament de la nostra Unió.
Evitarem així repetir els errors comesos després del 1989, quan Europa va encapçalar una campanya d’ampliació justa i necessària però amb ràpides acceleracions i frenades improvisades, que han acabat per generar ressentiment en els nouvinguts i desconfiança en els vells membres. Els esdeveniments successius d’ Hongria, Polònia o el grup del
Visegrad ho demostren.
La guerra de Putin, que agredeix un país sempre exposat a les temptatives d’hegemonia russa, confirma com d’important ha estat acollir aquests països i com d’ important serà l’adhesió d’altres europeus a la Unió per ancorar-los en la democràcia i protegir-los.
La Confederació Europea seria el lloc del diàleg polític entre els 36 membres. Amb ells es podrien discutir les deci¬sions comunes que tenen a veure amb el continent europeu, definir les estra¬tè¬gies globals sobre pau, seguretat, lluita contra el canvi climàtic.
Promoure un model de desenvolupament just i sostenible.
Milloraríem així la nostra capacitat de decidir junts, des de ja, amb vista a una futura adhesió que haurà de respectar els temps establerts.
Alhora, aquesta idea hauria d’anar juntament amb una integració més gran a l’interior de la UE, abolint el poder de veto en aquelles àrees estratègiques que encara funcionen amb el mètode intergovernamental. La Confederació és, per tant, una nova manera d’afrontar l’ampliació de la Unió, fins i tot empenyent pel seu aprofundiment cap a una arquitectura federal” (…)

Article de Santiago ALBA RICO a Público (28-04-22): Europa   [4] “Europa ha sido siempre una buena idea y un mal ejemplo. Algunos activistas y pensadores negros de la primera mitad del siglo XX, como W.E.B du Bois o CLR James, pensaron que su proyecto democrático e ilustrado solo podían hacerlo realidad sus víctimas: jacobinos negros, jacobinos pobres, jacobinos indígenas, en otros lugares del planeta. En 1960, en plena guerra de independencia de Argelia, el psiquiatra franco-caribeño Frantz Fanon ya no se hacía ilusiones. En su vibrante Los condenados de la tierra consideraba que “esa gran aventura del espíritu” había detenido “el progreso de los hombres” y llamaba a empezar una nueva historia y una humanidad nueva “sin imitar a Europa”, responsable de la pobreza, la muerte y la esclavitud de “cuatro quintas partes del planeta”.

Europa, en efecto, ha podido dar pocas lecciones a sus damnificados: “De nosotros los civilizados”, decía Anatole France, “los bárbaros solo conocen nuestros crímenes”. Así lo recordaba en 1995, en una entrevista en el periódico Al-Hayat, el portavoz de la Yihad palestina: “Se nos acusa de violentos, pero los musulmanes no tuvieron nada que ver con la Primera ni con la Segunda Guerra Mundial ni con el nazismo ni con el estalinismo ni con las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki”. Tiene razón. Habría que añadir, en el exterior, los imperios coloniales, cuatro siglos de esclavitud, el apoyo a decenas de dictaduras criminales e invasiones ilegales; y en el interior, esa guerra civil permanente contra los pueblos, contra las mujeres, los campesinos, los pobres, los frikis, los heterodoxos, los rebeldes. Ningún continente ha generado tanta violencia endógena ni ha esparcido tanta violencia entre las cuatro esquinas del mundo. Era lógico, pues, que muchas de sus víctimas consideraran Europa una traición a sus propios ideales y trataran de materializarlos en otros sitios, fuera de su yugo, con otra gente; y era también lógico que muchos pensaran, en cambio, que esos ideales eran precisamente la causa del mal y se propusieran construir otro modelo y otra humanidad.

Estas dos tentativas, lo sabemos, fracasaron. En el marco de la Guerra Fría, los procesos de descolonización y de democratización paralela condujeron a experiencias autoritarias vinculadas a Moscú (pensemos, por ejemplo, en los regímenes nacionalistas árabes) o a golpes de Estado promovidos desde Washington. Ni la “verdadera” Europa ni la anti-Europa emancipada fueron posibles en América Latina, Africa y Asia. Tampoco tras la derrota de la URSS. Las sucesivas olas democráticas, primero en el ámbito ex-soviético, después en el “patio de atrás” estadounidense, por fin en el mamut congelado del “mundo árabe”, chocaron en distintas rompientes y viraron hacia el caos mafioso, el neosovietismo del siglo XXI o el yihadismo violento y el imperialismo regional. Tras varias extrasístoles de esperanza, los “ciclos progresistas” se han volteado, como un calcetín del revés, en un tozudo tsunami reaccionario. Ha triunfado, eso sí, el desprecio por Europa predicado por Fanon; pero lo ha hecho de manera paradójica, no como umbral de un nuevo comienzo y un “hombre nuevo”, sino, al contrario, como retorno de atavismos identitarios, tribalismos mafiosos y carismas autoritarios: lo más viejo -es decir- de todos los mundos. Europa, como quería Fanon, ya no es un modelo; nadie quiere imitarla; todos desconfían de sus “valores”. La victoria de Trump en 2016 marca, en este sentido, un parteaguas decisivo en la medida en que este desprecio por Europa se instala ahora en los EEUU -que ha sido su colofón, su aliado y su capo- y desde allí da el salto a la propia Europa. Europa como “idea” se desconecta del resto del mundo y de parte de su propia población; queda aislada en un planeta en crisis que se desentiende cada vez más del Derecho y la democracia.

¿Merece Europa este desprecio? Sí. ¿Puede salir algo bueno de él? No. Europa ha sido el continente más violento del planeta, es cierto, pero no hay que olvidar que, contra esa violencia, interior y exterior, mujeres, campesinos, frikis, marineros, esclavos, proletarios, sacerdotes, filósofos y rebeldes inventaron y conquistaron, como productos inalienablemente europeos, la división de poderes, la libertad de conciencia y de expresión, la libertad religiosa, la libertad sexual, los derechos laborales y civiles, el Derecho internacional. Rusia, China, la India, los propios EEUU no están cubriendo el hueco para hacer realidad estos valores traicionados por la hipócrita Europa; ni inventando tampoco una realidad más democrática y liberadora. En otros tiempos, los europeos de izquierdas mirábamos fuera con esperanza, buscando alternativas más o menos fundamentadas o ilusorias. Hoy no las hay. O Europa o Europa. Con un poco de claustrofobia y mucho escepticismo, estamos obligados a preguntarnos, pues, qué queremos hacer con ella.

De la guerra civil europea, contra la guerra civil europea, nació tras la II Guerra Mundial lo que sería primero la Comunidad Económica Europea y luego, a partir de 1993, la Unión Europea. Su nacimiento fue ambiguo, como una quimera griega, mitad hombre mitad caballo. Nacida para evitar una nueva confrontación franco-alemana, fuente de todas las violencias intracontinentales del último siglo, dejó enseguida el “espíritu del 45” que había impregnado el proyecto inicial; venció, digamos, la declaración Schumann a la declaración de Ventotene, claramente federalista y socialmente igualitaria. Se apostó por el “carbón y el acero” como garantías de paz y de democratización y, si el primer propósito se alcanzó, la revolución neoliberal de los años 80 socavó al mismo tiempo la relativa igualdad social y las propias instituciones democráticas. Su alargamiento desordenado tras el fin de la Guerra Fría y bajo la tutela estadounidense, aceleró una erosión de la que el Brexit, en 2020, fue al mismo tiempo expresión y espuela, inseparable -por lo demás- del crecimiento electoral de la ultraderecha y de la consolidación de regímenes iliberales en la periferia (Hungría y Polonia). Cuando la pandemia primero y después la guerra en Ucrania se abatieron sobre el continente, la UE estaba ya en un atolladero, minada por los soberanismos nacionales, las políticas del Banco Central Europeo y la incapacidad de gestionar de manera coordinada la crisis de los refugiados, la política fiscal y la acción exterior; o de estar a la altura de sus propios baremos en materia de DDHH. A finales de la segunda década del siglo, Europa era poco creíble en el exterior y también poco creíble para muchos de los ciudadanos europeos.

Ahora bien, estas terribles crisis solapadas nos han enseñado, contra la pared, dos cosas: que necesitamos a la UE y que necesitamos otra UE. La reacción frente a la pandemia, con la creación de los Fondos Europeos, e incluso la rápida  reacción frente a Rusia, con sus dudosas sanciones selectivas, demuestra que no hay ningún destino ni en el neoliberalismo austericida ni en el soberanismo identitario. Europa fue y puede volver a ser una decisión política. La pandemia y la guerra de Ucrania ofrecen la oportunidad para repensar nuestras instituciones y nuestras políticas. Esto es lo que propone, por ejemplo, Enrico Letta, exprimer ministro italiano y secretario general del PD, en un largo artículo publicado en Il Foglio el pasado 11 de abril. Letta dice que, “para ser potencia de valores” y “estar a la altura de los desafíos”, Europa tiene que “llevar la integración a un nivel superior” y para ello debe realizar de una vez “siete uniones” pendientes: en política exterior, en los procedimientos de adhesión de nuevos miembros, en protocolos de asilo y acogida, en seguridad energética y militar, en redistribución de recursos, en política sanitaria. Se pueden añadir otras propuestas de “unión” y se deben discutir los detalles, pero es difícil no estar de acuerdo en que la única posibilidad de sobrevivir a este solapamiento de crisis en cadena es la de reforzar la Unión frente -al mismo tiempo- Rusia, China y los EEUU; y frente a la tendencia oligárquico-mafiosa que se impone, como regla económica, en el mundo. O lo que es lo mismo: la única posibilidad de supervivencia es justamente la de volver a “nuestros valores”, encarnados en ese proyecto original de una Europa federal, social e independiente cuyo abandono en las últimas décadas, mientras nos acostumbrábamos a ser europeos, nos convertía en europeos descontentos. En esa misma dirección apunta el papa Francisco, nuestro último revolucionario, en una “carta sobre Europa” firmada el 22 de octubre de 2020, en plena sacudida pandémica: “Europa, reencuéntrate a ti misma; reencuentra tus ideales, que tienen profundas raíces”, dice, para recordar a continuación que no se trata de “recuperar una hegemonía política o una centralidad geográfica” sino de generar una verdadera “comunidad”, hospitalaria, fraternal, solidaria, capaz de responder, al mismo tiempo, a la desigualdad económica, a la violencia planetaria y a la destrucción ecológica.

Europa ha sido, sí, una buena idea y un mal ejemplo. Para que la idea sea de nuevo creíble debe convertirse por fin en un buen ejemplo. No es por apego a la idea -que en todo caso me gusta- ni por continentalismo chovinista; ni, desde luego, por antinacionalismo español. No me importaría encontrar realizada esa “idea” en otro sitio; o que ideas mejores se encarnasen por fin en modelos superiores de gestión y de gobierno. No los hay. Frente al “hombre nuevo” y al “nuevo comienzo” de Fanon, Europa tiene la ventaja, en medio de las ruinas, de que ya está “empezada” y de que conserva aún, como la cama el calor de los cuerpos que se han amado en ella, la sombra de irrenunciables derechos conquistados, a lo largo de siglos de lucha, contra los inquisidores, los generales, los oligarcas y los tiranos (los cuales vuelven ahora a ganar terreno). La pandemia y la guerra de Ucrania nos dan una oportunidad para repensar Europa, en un mundo sin alternativa, como única solución a las guerras y cómo único refugio posible de perseguidos, soñadores, frikis y deslenguados. No la aprovecharemos. Ni nuestros dirigentes ni sus oposiciones -de derecha y de izquierda- parecen comprender lo que está en juego. Seamos realistas: no podemos permitirnos la revolución mundial. Seamos realistas: no podemos permitirnos la renuncia a una Europa democrática, social y de Derecho. Ni los europeos ni el resto del mundo”.

Nota d’opinió del Cercle d’Economia (28-04-22): Una Europa unida i millor per reforçar la democràcia  “La guerra ha tornat a Europa. Ho ha fet com en els pitjors moments de la història del segle XX: deixant després de sí una reguera de dolor i irracionalitat, de frustració i contrasentit que recupera per al nostre present la barbàrie.
Des del 24 de febrer, Europa s’enfronta a una guerra d’agressió amb milers de morts i ferits, destrucció d’infraestructures i devastació completa de ciutats, desplaçaments massius de població civil i milions de refugiats. Un balanç de sofriment i violència que afegeix, fins i tot, crims de guerra i que qüestiona directament l’esperança civilitzada que representen els ideals de pau i cooperació que inspiren l’esperit d’Europa des dels tractats fundacionals de la Comunitat Econòmica Europea als nostres dies.
Lluny de sacrificar aquesta esperança, els europeus hem d’enfortir-la més que mai. La invasió d’Ucraïna és la prova més difícil que hem d’afrontar des de la Segona Guerra Mundial. Sens dubte, però també és una oportunitat decisiva per a aprofundir definitivament en la materialització del projecte europeista.
Aquest repte exigeix de tots valentia i responsabilitat a l’hora de prioritzar la salvaguarda del que significa Europa i els valors democràtics en el món. De fet, qualsevol altra consideració ha de subordinar-se a ella. Afortunadament, no estem solos. els Estats Units ha reafirmat el seu compromís històric amb la llibertat en el nostre continent. Aquesta circumstància no sols ha d’enfortir el vincle transatlàntic, sinó reprendre l’enteniment estratègic amb el Regne Unit i impulsar la col·laboració política, econòmica i militar amb la resta de les democràcies liberals en el món.
La guerra d’Ucraïna és un advertiment per a totes elles i, especialment, per a Europa, a qui Rússia ha posat en escac geopolític en tractar de dislocar no sols els fonaments socials de la nostra democràcia liberal i les bases econòmiques de la nostra prosperitat, sinó la raó mateixa d’un projecte assentat sobre el respecte a la dignitat humana, la primacia del dret i la salvaguarda de la pau.
Aquesta circumstància porta al Cercle d’Economia a demanar unitat en la defensa d’Europa. Unitat de les institucions, partits i agents socials que organitzen el conjunt de la societat civil del nostre país. A Catalunya i en tota Espanya. Però unitat, també, a Europa. La gravetat i urgència del moment present exigeix de tots els europeistes que comprenguem que el fonament del que defensem està amenaçat per la guerra desencadenada per Putin a Ucraïna” (…)

La Xina i la guerra

Article de Yan XUETONG a Foreign Affairs (2-05-22): China’s Ukaine Conundrum  Why the War Necessitates a Balancing Act … The war in Ukraine has deepened political polarization within China … Beijing now sees Washington as deliberately escalating the war in order to perpetuate it (…) ” THE MIDDLE PATH
This is not the first time Beijing has found itself caught between major rival powers. Between 1958 and 1971, the People’s Republic of China faced the most hostile international environment in its brief history. During this period, it had to confront strategic threats from the United States and the Soviet Union simultaneously. In response, the Chinese government devoted all its economic resources to preparing for a full-scale war against one of the two powers. To better shield its industrial base from attack, it moved many factories from more developed areas in eastern China to underdeveloped and mountainous western areas, hiding them in artificial caves. This large-scale industrial reorganization plunged China into a significant economic hardship, causing severe commodity shortages and widespread poverty.
The memory of this awful history has informed China’s response to the war in Ukraine and hardened its commitment to avoid getting sandwiched between Washington and Moscow once again. Official Chinese statements have thus been finely calibrated to avoid provoking Russia. In an interview in March, for instance, Qin made clear that Beijing seeks a cooperative relationship with Moscow but does not support its war in Ukraine. “There is no forbidden zone for cooperation between China and Russia, but there is also a bottom line, which is the tenets and principles established in the UN Charter,” he said. In a press briefing on April 1, Wang Lutong, director-general of European affairs at China’s Foreign Ministry, sought to walk a similarly fine line: “We are not doing anything deliberately to circumvent the sanctions against Russia imposed by the US and the Europeans,” he said, adding that “China is not a related party to the crisis in Ukraine.”
In choosing a middle path on Ukraine, China has refrained from providing military aid to Moscow but maintained normal business relations with Russia, a decision that other countries have also made. For example, India—a strategic partner of the United States—has adopted a similar stance, drawing a clear distinction between military and economic affairs. Even some NATO countries have continued to buy Russian gas to heat homes through the winter. If the war in Ukraine drags on, more countries may start mimicking China’s balancing policy to minimize their own economic losses caused by the war.
As the world’s second-largest economic power, China intends to play an important role in shaping global economic norms. But it has no ambition to play a leading role in global security affairs, especially in matters of war, because of the huge military disparity between it and the United States. Shaping a peaceful environment favorable to China’s economic development remains an important diplomatic goal. As long as the United States does not offer military support for a Taiwanese declaration of de jure independence, China is unlikely to deviate from this path of peaceful development”.

Debats entorn de la guerra a Ucraïna

Article de Sheri BERMAN a Agenda Pública (3-05-22): Es el momento de abandonar las ideas de la Guerra Fría   [5] “La invasión rusa de Ucrania representa la mayor amenaza para la paz en Europa desde el fin de la Guerra Fría o las guerras en la antigua Yugoslavia. El mantenimiento de la paz en todo el mundo es uno de los principales objetivos de la izquierda, por lo que su respuesta ante esta crisis es fundamental. Desgraciadamente, parte de la izquierda se encuentra aún sumida bajo una patología que la debilitó moral y políticamente durante la Guerra Fría: el ‘campismo’. El ‘campismo’ considera que el mundo está dividido en dos campos hostiles: uno agresivo e imperialista dirigido por EE.UU. y otro anti-imperialista integrado por los oponentes de Estados Unidos. Durante la Guerra Fría, esta visión maniquea del mundo llevó a partes de la izquierda a racionalizar e ignorar crímenes cometidos por la Unión Soviética, China y otros adversarios de Estados Unidos.  Aunque la Guerra Fría ya concluyó, algunos sectores de la izquierda siguen inmersos en esta visión del mundo, permitiendo que sus respuestas a los acontecimientos mundiales se rijan por aquello a lo que se oponen (Estados Unidos), en lugar de por lo que defienden: los principios progresistas. Esto les ha llevado a culpar al país norteamericano de la invasión de Ucrania, ya que supuestamente habría amenazado a Rusia mediante un “impulso expansionista” de parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte” (…) “Durante la Guerra Fría, el rechazo a la política exterior estadounidense llevó a parte de la izquierda a adoptar una visión campista del mundo, cuyo objetivo era ir más allá de la crítica justificada a Estados Unidos para racionalizar injustificadamente los crímenes, a menudo incluso peores, de sus oponentes. A pesar del fin de aquella era y del advenimiento de un mundo multipolar muy diferente al actual, la invasión rusa de Ucrania deja claro que esta tendencia sigue infectando a parte de la izquierda, llevándola a presentar argumentos intelectualmente débiles e hipócritas y a justificar las acciones de un dictador agresivo. Al hacerlo, los campistas permiten que los oponentes de la izquierda señalen las debilidades, las hipocresías y los obvios sentimientos anti-estadounidenses que subyacen a sus argumentos. Esto les permite, por tanto, eludir las reivindicaciones absolutamente críticas que la izquierda debiera promover con toda su energía: la paz, la democracia, los derechos humanos y la justicia”.

Article de Paul BERMAN a Letras Libres (1-05-22): La catástrofe intelectual de Vladimir Putin   [6] La visión de Putin obedece a una combinación de pseudohistoria y paranoia, de nostalgia imperial y ansiedad por el futuro. La invasión de Ucrania tiene que ver con las debilidades del propio Estado ruso     (…) “¿Por qué, finalmente, Putin ha invadido Ucrania? No es por la agresión de la OTAN ni por los acontecimientos de Kiev en el siglo IX y las guerras ortodoxas-católicas del siglo XVII. No es porque Ucrania bajo la presidencia de Volodímir Zelenski se haya vuelto nazi. Su invasión se debe a la Revolución del Maidán de 2014. La Revolución del Maidán fue precisamente la revolución de 1848, un clásico levantamiento europeo animado por las mismas ideas liberales y republicanas de 1848, con el mismo idealismo estudiantil, las mismas florituras románticas e incluso las mismas barricadas callejeras, solo que hechas de neumáticos y no de madera.
Lo sé porque he estudiado las revoluciones –he visto levantamientos revolucionarios repetidamente en diferentes continentes– y vi la Revolución del Maidán, con un retraso de tres meses. Sentí la electricidad revolucionaria en el aire, y Putin también la sintió desde lejos. La Revolución del Maidán era todo lo que Nicolás I se propuso evitar allá por 1848-1849. Era dinámica, apasionada, capaz de suscitar las simpatías de vastas cantidades de personas. A fin de cuentas, la Revolución del Maidán fue superior a las revoluciones de 1848. No terminó en estallidos de utopías desbocadas o en demagogia o en programas de exterminio, o en caos.
Fue una revolución moderada a favor de una Ucrania moderada. Una revolución que ofrecía un futuro viable para el país y, al hacerlo, ofrecía nuevas posibilidades a los vecinos de Ucrania también. Y no fracasó, a diferencia de las revoluciones de 1848. Entonces Putin estaba aterrorizado. Respondió anexionando Crimea e iniciando guerras en las provincias separatistas de Ucrania oriental, con la esperanza de menoscabar el éxito revolucionario.
Tuvo algunas victorias también, y es posible que los ucranianos lo hayan secundado, perjudicándose a sí mismos. Pero observó que, a pesar de eso, el espíritu revolucionario continuó su expansión. Vio la popularidad en Rusia de su oponente Borís Nemtsov. Le pareció terrorífico. Nemtsov fue debidamente asesinado en 2015 en un puente en Moscú. Putin vio a Alekséi Navalni dar un paso adelante para ofrecer una oposición aún mayor. Vio que Navalni, también, resultaba popular, como si esos luchadores reformistas y su atractivo entre la gente no tuvieran fin. Putin lo mandó envenenar y luego lo encarceló.
Aun así, una nueva Revolución del Maidán estalló, esta vez en Bielorrusia. Otros dirigentes revolucionarios se pusieron al frente. Una de ellas era Svetlana Tijanóvskaya, en Minsk, quien fue candidata a la presidencia en 2020 contra Aleksandr Lukashenko, un matón a la vieja usanza. ¡Ganó!, si bien Lukashenko se mantuvo en el poder tras una maniobra conspiranoica en la que alegó fraude electoral y se declaró a sí mismo ganador. Putin obtuvo otra victoria en su contrarrevolución sin fin, a pequeña escala. La victoria de Tijanóvskaya en las urnas lo aterrorizó de todos modos.
Y Putin estaba aterrorizado por el surgimiento de Zelenski, que pudo haber parecido, a primera vista, un don nadie, un mero cómico de la televisión, un político con un programa reconfortantemente acomodaticio. Pero Putin leyó la transcripción de la conversación telefónica de Zelenski con el entonces presidente Donald Trump, que mostró que Zelenski no era, en realidad, una presa fácil. Putin observó que Zelenski estaba pidiendo armas. La transcripción de esa llamada telefónica puede incluso haberle dado la sensación de que Zelenski era otra figura heroica que encajaba en el molde de la gente que él ya había asesinado, envenenado, encarcelado y depuesto –alguien que no cede, y por tanto peligroso.
Concluyó que la Revolución del Maidán estaba destinada a extenderse hasta Moscú y San Petersburgo, si no este año, el siguiente. Entonces consultó a los fantasmas de Brézhnev, Jrushchov y Stalin, quienes lo condujeron al maestro pensador, Nicolás I. Y Nicolás I le dijo a Putin que, si no lograba invadir Ucrania, el Estado ruso colapsaría. Era un asunto de vida o muerte.
Putin habría podido responder a este consejo con un proyecto para dirigir a Rusia en una dirección democrática y preservar al mismo tiempo la estabilidad del país. Habría podido elegir ver en Ucrania la prueba de que los pueblos rusos son, de hecho, capaces de crear una república liberal –dado que considera a los ucranianos una subdivisión del pueblo ruso–. Ucrania podría haber sido un modelo y no un enemigo –un modelo de cómo construir el Estado fuerte y flexible que Rusia siempre ha necesitado.
Pero carece de las categorías de análisis que podrían permitirle pensar siguiendo esas directrices. Su doctrina nacionalista no mira hacia el futuro, salvo para ver desastres al acecho. Su doctrina mira hacia el pasado. Y por tanto vislumbró el siglo XIX y cedió ante su encanto, del mismo modo que alguien podría ceder ante el encanto de la botella o de la tumba. Se sumergió hasta las profundidades más salvajes de la reacción zarista. La calamidad que se ha producido es, entonces, una calamidad ante todo intelectual. Es un fracaso monstruoso de la imaginación rusa. Y el fracaso monstruoso ha traído como resultado tanto el propio colapso dentro de la barbarie como el peligro para el siempre frágil Estado ruso que Putin creyó estar intentando evitar”.

Article de Marta REBÓN a politica&prosa nº 43 (maig 2022): Humiliats i ressentits  Si alguna cosa ha faltat a Rússia, al llarg de la seva història, ha estat la llibertat … Abans que Scheler, Nietzsche va teoritzar sobre el ressentiment com una emoció pròpia de la moral de l’esclau … Atesa la censura que hi havia de tota opinió sobre política exterior, la literatura es va convertir en un espai privilegiat de debat públic

(…) Cultura bèl·lica a les aules . Els esdeveniments iniciats amb l’annexió de Crimea el 2014 –la mobilització patriòtica va rebre el nom de krymnaixism (quelcom així com Crimeanostrisme)– i la invasió d’Ucraïna d’enguany tornen a airejar les conseqüències del ressentiment. De vegades aquesta rancúnia ha estat endormiscada; altres, s’ha esperonat. Però és pertinent parlar-ne, sobretot quan la cultura bèl·lica –reintroduïda a les aules russes en aquest segle– s’ha tornat a imbricar en la societat del país eslau i, de pas, també la retòrica del sacrifici i l’abnegació envers la Rodina-mat, la «mare pàtria», la mateixa que empunya l’espasa en dues escultures monumentals, icones dels perfils de les ciutats de Kíiv i Volgograd, que pertanyen al mateix artista ucraïnès, Ievgueni Vutxétitx, responsable també de la del temut Féliks Dzerjinski, el fundador de la policia secreta bolxevic, alçada fins al 1991 a la plaça Lubianka, on encara hi ha l’edifici on va tenir el seu despatx, la sinistra seu dels òrgans de seguretat.

Als likhie devyanostye (els salvatges anys noranta), a la història del ressentiment rus s’hi va afegir l’esfondrament del projecte soviètic, que aspirava a liderar el progrés social mundial. Putin, amb la seva citadíssima afirmació que allò va ser la més gran catàstrofe geopolítica del segle XX, amb el seu currículum com a agent del KGB a Dresden o, immediatament després, com a taxista al seu Petersburg natal on regnava la llei de «si hi ha baralla, sigues tu qui clava primer el cop», sembla un perillós home del subsol de la nostra era.

El passat 5 de març, en una entrevista concedida a Radio Free Europe, Svetlana Aleksiévitx va parlar del retorn del que s’ha anomenat el krasni txelovek (l’home roig). «Fa vint anys ens vam acomiadar de l’imperi roig amb renecs i llàgrimes… Ja no hi ha imperi “roig”, però l’home “roig” encara hi és», va dir en el seu discurs d’acceptació del Nobel. Òbviament, la realitat és molt complexa, perquè Rússia ho és, començant per la seva psicogeografia: no són iguals les percepcions i prioritats d’un rus d’un óblast siberià que les d’un moscovita.

Tot rima. Avui les imatges de joves reclutes russos a Ucraïna, la desinformació sobre el nombre de baixes, la propaganda a les televisions estatals amb soldats amputats arrenglerats per rebre una medalla al coratge, la desorganització i corrupció dels comandaments, el menyspreu cap a les vides humanes ens recorda massa el que Aleksiévitx va narrar a Els nois de zinc, sobre la guerra a l’Afganistan. Dins La guerra no té cara de dona, a les seves notes de 1978-1985, hi llegim:

«A la biblioteca de l’escola, la meitat dels llibres parlaven de la guerra. Com a la biblioteca del poble, i a la de la capital del districte, on el pare anava sovint a buscar llibres. Ara ja puc respondre per què. Representa que era casualitat? Ens passàvem l’estona fent la guerra o preparant-nos per fer-la. Rememoràvem com havíem guerrejat. Mai no havíem viscut de cap altra manera, potser és que no en som capaços. No ens imaginem una manera diferent de viure, però en algun moment haurem de dedicar una bona temporada a aprendre’n. A l’escola ens ensenyaven a estimar la mort. Escrivíem redaccions per dir que volíem morir en nom de… Somiàvem…»

No et banyaràs dues vegades al mateix riu, va dir un filòsof antic. Amb l’experiència soviètica, Vassili Grossman ho va reformular de la manera següent: «tot flueix, tot muta, ningú no entra dues vegades al mateix comboi». La matinada d’aquest 24 de febrer un dels estrèpits que va despertar els ucraïnesos va ser el d’una bomba caient amb una xiulada pròpia del passat. Tot era estrany i conegut alhora. Quan acabo d’escriure aquesta línia llegeixo que Nóvaia gazeta, el mitjà del periodista guardonat amb el premi Nobel de la Pau Dmitri Muràtov, interromp l’activitat després de rebre un segon avís del censor estatal. Tot flueix, però malauradament tot rima”.

Article de José María RIDAO a El Periódico de España (5-05-22): La literatura y la guerra  (…) “A poco que se analicen las fuerzas y los riesgos presentes en Ucrania, así como la estrategia de Estados Unidos y Europa, la conclusión que se impone es que tal vez las políticas de Chamberlain y Churchill no fueron alternativas, sino consecutivas. O dicho de otro modo: que para que una democracia no se traicione a la hora de hacer frente a un tirano, necesita pasar por Chamberlain, por el agotamiento de todas las vías de acuerdo, para llegar a Churchill, y precipitarse abiertamente en un conflicto. En el caso de Ucrania, las vías de acuerdo son a estas alturas limitadas, por no decir inexistentes. No solo porque Putin ordenó la invasión cuando podía no haberlo hecho, sino también porque su ejército habría cometido graves crímenes de guerra.
Se podría argumentar, y con razón, que el papel de la literatura no es inspirar vías de acción ante sucesos como los de Ucrania. Pero se da la circunstancia de que era eso, precisamente eso, lo que parecía justificar la moda de filmes y novelas basadas en hechos reales, como, también, la de biografías noveladas de hombres y mujeres que mantuvieron la dignidad en épocas dramáticas. Reconozcamos la verdad: de poco o de nada sirven ante las imágenes que ofrece la guerra de Ucrania. No es sin embargo el caso de otras obras en las que sus autores, lejos de proclamar certezas que no tenían, confesaron las dudas que les acometieron al tener que decidir entre la política de Chamberlain y la de Churchill. Simone Weil, por ejemplo, comenzó oponiéndose a responder militarmente a Hitler para, después, acabar aceptando que era inevitable.
Algo semejante le sucedió a Albert Camus, según recuerda en Cartas a un amigo alemán. Sería un error considerar que sus angustiados razonamientos de entonces pueden servir para precipitarse ahora en la batalla solo porque retrospectivamente sepamos que ésa fue su decisión. Antes por el contrario, el valor más permanente de esas obras reside en que, si finalmente no queda otra alternativa que la guerra, el deber de las democracias es mantener siempre ese resto de duda y, al fin, de humanidad, al que Putin y sus tropas renunciaron desde el instante mismo en que cruzaron la frontera con Ucrania”.

ESTATS UNITS: EL DRET A L’AVORTAMENT EN PERILL

Article de Roger SENSERRICH a Four Freedoms (2-05-22): El final de un derecho   [7] Una filtración del supremo indica la probable derogación del derecho al aborto (…) “ La filtración. Politico publicaba ayer por la noche el borrador de la sentencia, firmada por Samuel Alito y con los votos a favor de otros cuatro jueces conservadores del supremo (Thomas, Gorsuch, Kavanaugh y Barrett). Es increíblemente inusual ver una filtración de cualquier clase en el supremo, una institución con una larguísima tradición de opacidad y oscurantismo, pero dada la importancia colosal de esta sentencia y el terremoto político que va a acompañarla, no es que me sorprenda demasiado.  Vaya por delante, por supuesto, que esto es un borrador, no una sentencia en firme; según parece, fue escrito en febrero. No que sea un documento ligerito o esquemático; es igual de largo y detallado (98 páginas, 30 de apéndices, todo anotado y referenciado) que una sentencia completa. Es posible que la versión final, que será publicada antes de que acabe el periodo de sesiones a finales de junio, sea distinta.  Todo parece indicar, no obstante, de que no cambiará demasiado. Primero, porque quedó claro en la vista oral de que hay cinco jueces que se mueren de ganas de derogar Roe v. Wade, la sentencia judicial que define el derecho al aborto en Estados Unidos. Segundo, porque la radicalidad del lenguaje de Alito, y sus argumentos legales, siguen al pie de la letra lo que sus colegas conservadores, y el movimiento conservador americano, llevan repitiendo desde hace años. Ahora que tienen la victoria a su alcance, no darán un paso atrás.

Derogando Roe v. Wade. Vaya por delante: la sentencia del supremo no ilegaliza el aborto en Estados Unidos. Lo que hace es eliminar la interpretación constitucional vigente que sostiene que la constitución de los Estados Unidos incluye, de forma implícita, el derecho a la privacidad, y con ello, protege el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Sobre derechos de penumbra (derechos que no están listados en la constitución, pero que el supremo ha considerado necesarios para su funcionamiento) hablé aquí en detalle; la argumentación de Roe v. Wade es complicadísima, y os remito a ese artículo para ver de dónde viene. Las consecuencias de esta decisión son múltiples. Para empezar, el supremo autoriza a los estados a aprobar leyes que limiten o prohíban el derecho al aborto. El NYT publicó un muy buen artículo aquí detallando el impacto de este cambio, pero es muy, muy probable que el aborto pase a ser casi completamente ilegal en gran parte del sur y centro del país. Hay más de una veintena de estados que tienen “leyes gatillo” que prohibirán el aborto desde el momento en que Roe v. Wade sea invalidada.  ¿Os acordáis esa ley tan demencial de Texas que permitía a ciudadanos actuar como cazarrecompensas denunciando abortos? Pasará a ser completamente legal. Esa es la ley que Connecticut está intentando combatir. Si eso os parece poco, es necesario recalcar Roe v. Wade no es sólo una sentencia sobre el aborto, sino también sobre el derecho a la privacidad. Hay una cantidad francamente desmesurada de jurisprudencia que depende sobre la existencia de este derecho; derogar Roe, por ejemplo, hace que los estados puedan volver a promulgar leyes prohibiendo la sodomía, el matrimonio homosexual o los anticonceptivos. Si los “derechos de penumbra” implícitos en la constitución dejan de merecer protección, esto implicaría la posibilidad de aprobar toda clase de nuevas e innovadoras medidas reaccionarias, desde prohibir la existencia de salarios mínimos a legalizar la discriminación entre particulares por motivos religiosos.

Consecuencias políticas. Políticamente, las consecuencias de derogar Roe v. Wade son impredecibles. Para empezar, los sondeos son bastante consistentes en que una mayoría de americanos son partidarios de mantener el derecho al abortoLa inmensa mayoría de americanos viven en estados donde la mayoría de los votantes quieren que siga siendo legal en la mayoría de las situaciones. No hay ningún estado, ni siquiera en el sur, donde los partidarios de una prohibición completa o casi completa sean mayoría.  Esto parecería un ejemplo de libro de una decisión impopular por parte de una institución contramayoritaria que puede ser utilizada por el partido que se opone a esta para movilizar a sus bases y sacar rédito político. A fin de cuentas, la sentencia hace que las elecciones estatales en noviembre pasen a ser muchísimo más importantes; los progresistas no pueden perder esta guerra. Hay motivos, sin embargo, para ser escéptico, más allá de la congénita incompetencia del partido demócrata. Para empezar, hay una conocida asimetría entre un movimiento antiabortista pequeño pero muy, muy movilizado y una amplia mayoría pro- derechos pero que no considera el aborto como un tema prioritario. Es posible que la sentencia radicalice a los pro- abortistas, pero no me parece inevitable.  Segundo, los americanos, a la que rascas un poco debajo de los sondeos, están muy confundidos sobre los derechos que dicen defender. Como señalan en 538, amplias mayorías están a favor del derecho al aborto durante el primer trimestre, pero están en contra durante el segundo. Lo que hace Roe, sin embargo, es legalizar el aborto hasta 24-28 semanas de gestación, es decir, ese segundo trimestre. Es decir, es muy probable que muchas de las leyes propuestas en estados conservadores propongan cosas como prohibir el aborto a las 10, 14, o 16 semanas de embarazo para sonar razonables y “buscar consensos”. Esos resultan ser los límites para interrumpir un embarazo en Portugal, España, o Francia.  Este dato, por cierto, es lo que siempre me ha parecido más chocante del derecho al aborto en Estados Unidos. Este es un país, se mire como se mire, mucho más conservador que la mayoría de los países europeos, que por un accidente legal (una sentencia increíblemente complicada en 1973) tiene un régimen de protección de los derechos reproductivos de la mujer mucho más progresista que Europa en muchos aspectos. La involución del supremo colocará a Estados Unidos más cerca del resto del mundo (excepto en los estados más conservadores), de forma un tanto paradójica. La sentencia, sin duda, es una tragedia que va a empeorar la vida de manera dramática a cientos de miles de mujeres en todo el país, y sus implicaciones para derechos civiles y sentencias futuras en manos de un supremo cada vez más reaccionario son aterradoras. Pero es increíblemente complicado de hablar sobre consecuencias políticas de todo este asunto, porque la opinión pública está mucho más confundida de lo que parece”.

ELECCIONS A FRANÇA I ESLOVÈNIA

Presidencials franceses

Article de Marc LAZAR a il Mulino (29-04-22): Macron, vincitore in un paese diviso  Con quasi 18 milioni e 800 mila voti, pari al 58,5% del totale, Macron è stato rieletto, al secondo turno, presidente dei francesi. Dopo aver affrontato, nel mandato precedente, la crisi dei Gilet gialli, la pandemia e la guerra in Ucraina, che cosa lo attende ora? … La maggior parte degli astenuti proviene dalla classe operaia e ha un basso livello di istruzione. Ma a non aver votato è stato anche il 41% dei giovani … Gli elettorati di Macron e Le Pen sono totalmente diversi per collocazione sociale, culturale, geografica, generazionale. Due parti di Francia che non si capiscono e non si fidano l’una dell’altra

Entrevista a Christophe GUILLUY a La Vanguardia (30-04-22): “La Francia senil ha elegido a un presidente joven para que sea conservador”  El origen de la rabia: “Las élites nunca dijeron que la clase media occidental estaba condenada” (…) ¿Hay una especificidad francesa o los fenómenos Le Pen, Trump y Brexit son lo mismo? “Las dinámicas son las mismas porque hemos agotado el mismo modelo económico globalizado, que reposa sobre la división internacional del trabajo, utilizar al obrero chino en lugar del francés, británico, estadounidense o español. Detrás de ese modelo había algo que las élites nunca dijeron, que la clase media occidental estaba condenada, porque no tenía su lugar. Por eso la geografía es interesante. Nos dice el lugar real de la clase media y popular, que es la periferia. Eso es un choque cultural y político de envergadura porque, históricamente, la clase obrera y la clase media estaban situadas, físicamente, en el corazón de la maquinaria económica. Los obreros vivían en París, en Lyon, en Londres, en las grandes ciudades estadounidenses. La globalización los ha concentrado hoy en las periferias. Y de ahí viene el resentimiento de una población mayoritaria que ya no encuentra su lugar. Para rehacer esta sociedad se necesita fundamentalmente que la mayoría ordinaria vuelva a ser el centro de las preocupaciones y de la maquinaria económica de Occidente. Si no lo hacemos, habrá una explosión. Piense que el modelo no tiene apoyo. Macron, ese joven presidente, fue elegido por los viejos. Es una Francia senil la que ha elegido a un presidente joven. La paradoja es ese personaje que se presenta dinámico, moderno y que en realidad está ahí para preservar el modelo. El muy progresista Macron es, en verdad, un conservador, y conservará el modelo que satisface a los inactivos, a los jubilados, en detrimento de la población activa, que mayoritariamente votó a Marine Le Pen”.

Article d’Oriol BARTOMEUS a El País (1-05-22): Cansancio, miedo, rabia    [8] La acción política consiste hoy en generar emociones (a menudo negativas) que funcionen como carburante electoral … “En las elecciones presidenciales francesas se observó una penetración importante del voto a Marine Le Pen en el medio rural, en algunos casos por delante de Macron. No deja de sorprender que la Francia agraria sea donde mejores resultados ha obtenido una candidata que desplegaba un discurso nítidamente euroescéptico, cuando no directamente eurófobo. Sorprende porque precisamente son las políticas europeas, concretamente la Política Agraria Común, las que mantienen al campo francés (y al de tantos otros países miembros). Si los votantes franceses de las áreas rurales hubiesen votado conforme a sus intereses, lo más coherente sería que hubieran optado mayoritariamente por una candidatura que no pusiera en peligro los subsidios comunitarios, en este caso la de Macron.

La razón de la decantación del campo francés hacia Le Pen no se encuentra en la defensa de los intereses, sino en la expresión de un sentimiento que la candidata de la extrema derecha supo situar en el centro del debate electoral. Es el miedo de la Francia rural a perder su esencia, a ser engullida por la globalización que encarnan las ciudades y la propia Unión Europea, aquella que provee al campo francés de su sustento. El campo se siente atacado y ese sentimiento se convirtió en munición electoral a favor de Le Pen.

Este es un ejemplo de cómo de un tiempo a esta parte la política ha dejado de gravitar sobre los intereses para hacerlo sobre los sentimientos y las emociones. No es nuevo. La política sentimental hace tiempo que viene expresándose. De hecho, la política siempre ha tenido un componente emocional. Aquellos que hablan de la emotividad política como algo novedoso y negativo, como una degradación de la relación entre ciudadanos y representantes, olvidan que la emoción y los sentimientos siempre han formado parte del lenguaje y de las relaciones políticas. No es nuevo que las campañas electorales recurren a ingredientes de tipo emocional. La diferencia tal vez es que ahora esos elementos son el centro de la campaña, mientras que antes eran solo la envoltura de lo que hasta entonces había sido el núcleo del debate: los intereses. Este es el gran cambio operado en las últimas décadas, los intereses casi han desaparecido como eje de la política y su lugar lo han ocupado los sentimientos.

No debería extrañarnos. Ocurre en muchos otros ámbitos de la vida, a medida que la adscripción de los ciudadanos a grupos sociales se ha ido desvaneciendo y se ha hecho más difícil la articulación de intereses compartidos, principalmente ligados al mundo de la economía. Así, hoy en día la materia con la que se hace la política son principalmente los sentimientos, que es exactamente la materia que nutre la publicidad. Esta política emocional gira alrededor de tres sentimientos básicos: el cansancio, el miedo y la rabia. Actualmente la acción política consiste en intentar generar en el cuerpo social estas tres emociones, con el objetivo de que funcionen como carburante de la movilización o desmovilización del electorado. Si analizamos con cierta distancia y desapego cualquier campaña electoral, incluso cualquier campaña de comunicación, encontraremos que todas tratan de generar en segmentos predeterminados del cuerpo electoral o cansancio o miedo o rabia.

El cansancio es un sentimiento que lleva directamente a la abstención. El elector que se siente cansado, hastiado, hasta harto, tiende a dejar el terreno de juego, fastidiado con los contendientes, principalmente con los propios. Generar cansancio entre el electorado es clave para fomentar la desmovilización, el alejamiento de la política, algo que puede ser muy beneficioso, sobre todo si esa desmovilización debilita al adversario. El cansancio no se reparte homogéneamente en la ciudadanía. Afecta principalmente a la izquierda y a los jóvenes, más proclives a sentir que la política no les tiene en cuenta o que los debates políticos transcurren por unos caminos que este elector no aprueba. Los votantes de la izquierda acostumbran a llegar a esos límites con más facilidad que los de la derecha. De ahí que tengan una mayor tendencia al cansancio, es decir, a la abstención.

El miedo acostumbra a ser la tecla que se pulsa cada vez que se quiere evitar el cansancio del propio electorado. Cada vez es más común echar mano del miedo para movilizar a un electorado más remolón, sobre todo en la izquierda. Miedo a la extrema derecha, miedo a salir de Europa, miedo a lo desconocido. Las encuestas nos enseñan cómo cada vez está más presente el voto a la contra, el voto que pretende no tanto elegir a un partido sino impedir que otro acceda al gobierno. Para ello, obviamente, es necesario que exista un rival con suficiente grosor para generar ese temor. En la campaña francesa, Marine Le Pen centró buena parte de sus esfuerzos en no generar miedo, en desmentir que su acceso a la presidencia pudiera infundir miedo. En España ha habido elecciones que se han ganado apelando al miedo. En 1993, la victoria por la mínima de los socialistas se basó en buena medida en el miedo que infundía una posible llegada del PP al gobierno. En 2017 la victoria de Cs en las autonómicas de Cataluña se fundamentó en el miedo de una parte muy importante del electorado catalán a que un triunfo de los independentistas llevara a hacer efectiva la secesión. Siempre que hay miedo se produce un incremento notable de la participación. Generar miedo rinde electoralmente.

En tercer lugar, la rabia es un agente magnífico no solo de movilización, sino de acción. El elector que siente rabia se convierte en un publicista, en un activista de tu causa. La rabia es un estadio superior al miedo. A veces se fundamenta en el miedo, pero va mucho más allá. La rabia no hace reaccionar al elector frente a un escenario posible, activándolo para impedir que ese futuro hipotético se convierta en realidad. La rabia sirve para modificar el presente, empuja al elector. Por decirlo de algún modo, el miedo hace que el elector se plante, se levante; la rabia lo hace avanzar contra aquello que odia y desprecia. El caso más reciente es el de las elecciones autonómicas de Madrid en la primavera de 2021. El PP fue capaz de hacer de Pedro Sánchez un malvado de película, al que había que derrotar saliendo a votar en masa, como así ocurrió.

La política ha pasado de ser principalmente una actividad basada en la gestión de intereses a una que se basa en la gestión de las emociones. Toda acción política se dirige a generar cansancio, miedo o rabia en el electorado, en proporciones diferentes y en segmentos diversos. En España, la derecha solo puede ganar si es capaz de mantener la rabia de los suyos a la vez que induce al cansancio a una parte de los contrarios. Las posibilidades de la izquierda, por su parte, dependen del miedo que pueda infundir entre sus filas la posibilidad de una victoria de la derecha. Desde su elección como presidente del PP, Feijóo juega principalmente a adormecer al electorado de la izquierda, a no dar miedo, como Aznar en 1996. Sánchez, por su parte, no deja de mencionar a Vox cada vez que puede. Gestionar sentimientos, en eso consiste hoy la política”.

Article de Serge RAFFY a L’Obs (4-05-22): Parti socialiste : les raisons d’un hara-kiri   Ils ont choisi de s’immoler devant la statue du commandeur des « insoumis » et d’accepter un accord humiliant. A qui la faute ? Le naufrage était pourtant annoncé. Les socialistes, tous coupables ? (…) “Dans ce naufrage, il y a comme un inconscient, un non-dit. L’idée qu’au fond, tous avaient abandonné le navire bien avant qu’il n’atteigne les quarantièmes rugissants de la présidentielle. Pourquoi prendre, en effet, le gouvernail d’un rafiot en pleine tempête, qu’on considère vermoulu, prenant l’eau de toutes parts, et aller jouer les kamikazes, les Brancaleone ? C’est sans doute ce dédain des hiérarques socialistes vis-à-vis de leur propre formation qui a fait enrager tant de militants devenus « insoumis », sans même s’en apercevoir. La plupart des députés PS ont mesuré le poids du besoin d’union de leurs troupes, désemparées, perdues, effarées, par l’abandon de ceux qui étaient censés les diriger.
Ce désarroi de la base a pesé lourd dans le choix de la direction actuelle d’aller se prosterner devant le nouveau César de la gauche. Le hara-kiri vient donc de loin. Ceux qui jouent les autruches en accusant Emmanuel Macron d’être le principal fossoyeur d’un parti qui n’a jamais voulu de lui ont un sacré travail d’introspection à mener sur eux-mêmes. En auront-ils le courage ? Pour quel objectif politique ? Il faudra attendre de longs mois pour que les acteurs de ce drame historique osent se regarder dans le miroir. En attendant, pour une poignée de sièges de députés, l’heure est au sauve-qui-peut, au saut dans les chaloupes de fortune que sa majesté Mélenchon, magnanime, daigne leur concéder. Que feront les rescapés socialistes quand la tempête sera passée ? Le naufrage n’est pas fini…”

Legislatives eslovenes

Article de Carlos BLANCO a Agenda Pública (28-04-22): Elecciones en Eslovenia; cambio de rumbo e incógnitas  “Como ya previmos aquí hace apenas un año, el Gobierno de Janez Janša, líder del Partido Democrático Esloveno (Slovenska demokratska stranka, SDS; derecha), consiguió agotar la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional de Eslovenia, manteniéndose precariamente en el poder hasta los comicios del pasado 24 de abril. Sin embargo, dicha jornada culminó con la victoria inapelable del novedoso Movimiento Libertad (Gibanje Svoboda, GS, liberal-verdede Robert Golob, quien será en breve el nuevo primer ministro. Junto a estos dos partidos, sólo Nueva Eslovenia (Nova Slovenija, NSi, derecha cristiana), los Socialdemócratas (Socialni demokrati, SD, centro-izquierda) y la Izquierda (Levica, izquierda) han conseguido obtener representación en la Asamblea Nacional.
Estas elecciones, eclipsadas en el plano internacional por la segunda vuelta de las presidenciales francesas, han sido para el vencedor un “momento histórico en el que la sociedad civil y los partidos han firmado un nuevo acuerdo social“. Ciertamente, los resultados apuntan a una voluntad masiva de la población eslovena de iniciar una etapa diferente a la marcada por Janša (éste ha sido su tercer mandato, en periodos no consecutivos), si atendemos a la participación y a la reordenación de gran parte del panorama de partidos esloveno. No obstante, también se ha observado la fortaleza del SDS, a pesar de no haber ganado, así como algunas incógnitas que trataremos al final de este artículo” (…)

Article d’Alessandro MILANI a il Mulino (2-05-22): Le elezione in Slovenia Non era scontata la netta affermazione della nuova formazione politica ambientalista GS dell’imprenditore Robert Golob, che ha ottenuto oltre il 34% dei voti e 41 seggi su 90, staccando di quasi dieci punti il premier uscente Janez Janša … L’elettorato è parso turbato più dal rischio della deriva autoritaria che dalle politiche economiche, in un Paese che ha ripreso a crescere dopo il rallentamento impresso dalla pandemia … Il centrosinistra sloveno ha sempre coniugato riformismo e fedeltà ai valori euro-atlantici: per quanto si sia presentato come un uomo nuovo, Robert Golob è ascrivibile a quella tradizione

POLÍTICA ESPANYOLA

Panorama general

Article d’Enric JULIANA a La Vanguardia (1-05-22): Sembrar   La guerra durarà i serà abrasiva; Sánchez creu que pot aguantar malgrat el cas Pegasus … Andalusia determinarà el marge de Núñez Feijóo; Vox ho aposta tot amb Olona per capturar el PP (…) (…) “Espanya es troba en una posició lateral relativament favorable gràcies a la seva situació geogràfica i la poca dependència de Rússia. Tanmateix, Espanya presenta dos punts febles: una economia molt endeutada que es pot veure seriosament afectada per la pujada dels tipus d’interès i una situació política interna infernal, amb una violència verbal mai vista al Congrès i la carpeta de Catalunya encara irresolta.
Les eleccions a Andalusia, regió fronterera amb el Magrib, seran determinants per veure en quines condicions arriba Espanya als colls de tardor, quan es farà recompte de forces i de reserves de gas. L’extrema dreta intentarà apoderar-se de la campanya andalusa per neutralitzar Alberto Núñez Feijóo , que dijous no es va atrevir a fer el pas inaugural d’una nova política de concertació amb el PSOE oferint l’abstenció al programa anticrisi de l’Executiu. Una política de concertació entre els dos principals partits serà reclamada aquesta setmana vinent a Barcelona pel Cercle d’Economia i de manera més discreta està sent demanada pel Partit Nacionalista Basc, molt ofès pel protagonisme que Pedro Sánchez està donant a Bildu.
La partida es juga a Andalusia, i tindrà com a protagonista principal la candidata de Vox, un dels personatges més incendiaris de la política espanyola, que en aquests es considera en estat de gràcia. Macarena Olona intentarà marcar el ritme de la campanya per fer presoner el Partit Popular, que al seu torn voldria fer presoner el PSOE, que al seu torn vol fer presoners els partits que es mouen a la seva esquerra, en hores baixes, mentreYolanda Díaz deixa passar el temps.
S’acosta l’època de la sembra”.

Article de Soledad GALLEGO-DÍAZ a El País (1-05-22): Buena noticia, mala noticia   En la votación del jueves en el Parlamento, Alberto Núñez Feijóo perdió una gran ocasión de serenar la vida política … “La votación del pasado jueves, en la que el Gobierno logró mayoría suficiente para convalidar el decreto ley de medidas para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales de la guerra en Ucrania, fue un éxito para Pedro Sánchez y un alivio para la situación económica y social del país, porque esas medidas permitirán atajar la inflación y estabilizar el crecimiento. Es una buena noticia que el plan de gobierno se ponga en marcha y, sin embargo, no se puede decir que la votación que lo permitió fuese una buena noticia política para casi nadie en este país.
No lo fue políticamente para el presidente, porque, una vez más, se comprobó la inestabilidad de su Gobierno (ERC votó en contra y hubo dudas hasta el último día) y porque las encuestas demuestran que Pedro Sánchez tiene que pagar siempre un altísimo coste político cuando se percibe que sobrevive con el apoyo de EH Bildu. Y no fue tampoco una buena noticia para el Partido Popular porque quedó, también una vez más, asociado a Vox.
El nuevo dirigente popular, Alberto Núñez Feijóo, perdió una gran ocasión de serenar la vida política, abandonando la imagen del PP exasperado de Aznar y Casado y recuperando la de un centro moderado, capaz de aceptar el pluralismo y calibrar intereses generales. Es verdad que en esta ocasión el portavoz de Feijóo en el Congreso, Jaime de Olano, tuvo un discurso más pausado que el de sus antecesores (y, todo sea dicho, bastante más que el del inflamado orador socialista, Pedro Casares), pero lo cierto es que, bien porque no se decidió o porque no recibió ninguna señal que lo animara a ello, la ocasión del PP pasó.
Una mala noticia, salvo para quienes, desde los sectores más radicales de la izquierda y el nacionalismo, creen que la mejor estrategia electoral (sean cuando sean las próximas generales) es que Vox y Partido Popular aparezcan como un único bloque, pese al enorme riesgo que se corre, precisamente, de que el PP termine por normalizar la agenda de Vox, aproximándola al Gobierno de la nación. Bastante inquietante es lo ocurrido en Castilla y León como para proseguir ese malaventurado camino, que una vez recorrido tendría difícil vuelta atrás.
En realidad, el coste político que, según las encuestas, está pagando Pedro Sánchez se debe mucho más a la imposibilidad de conseguir que Unidas Podemos se mantenga como una opción seria en su espacio político (incluso la mejor baza de UP, Yolanda Díaz, intenta encontrar otro marco) que a su propio balance de tres años de presidencia. En términos generales, Sánchez podría llegar a las próximas elecciones explicando que ha hecho todo lo que tenía que hacer, incluida la recién anunciada e importantísima Agencia Estatal de Evaluación de Políticas Públicas, tanto tiempo deseada.
El mayor problema del presidente es la imagen de fragilidad que proporcionan votaciones como las del jueves y un Gobierno sometido a los continuos tirones de sus socios, tanto de coalición como de investidura. Todo lo ha tenido que negociar y, para colmo, en escenarios de crisis, totalmente inesperados y muy duros, como la pandemia o la guerra en Ucrania. Por mucho que La Moncloa insista en que los gobiernos de coalición expresan de forma habitual posiciones distintas, en realidad los gobiernos de coalición, como los de cualquier tipo, se expresan con una sola voz y cuando se producen disonancias suelen quebrar. Si nada de eso se ha producido, ha sido por la propia habilidad de Sánchez, pero también gracias al trabajo de su equipo, con especial relevancia de las tres vicepresidentas, Nadia Calviño, Teresa Ribera y Yolanda Díaz, que, con diferentes dotes comunicativas y procedencias políticas, han sido capaces de poner en marcha acuerdos importantes, dentro y fuera de España, y de mantener el entramado unido. No parece, sin embargo, que ese trabajo vaya a ser suficiente para equilibrar la imagen de fragilidad que se volvió a apreciar esta semana.
El resultado de las elecciones autonómicas andaluzas ayudará a comprender mejor la situación política real y el posible calendario nacional, bastante acotado ya por la presidencia española de la UE, el 1 de julio de 2023. El peor de los resultados posibles en Andalucía dejaría a Vox a las puertas de San Telmo. El compromiso para impedirlo debería ser absoluto”.

Enquestes

Baròmetre de 40dB (20-25/04/22) per a El País (4-05-22): El PP de Feijóo frena el avance sostenido de Vox y alcanza al PSOE  El nuevo liderazgo popular trastoca el mapa electoral y sitúa a la derecha con mayoría suficiente para gobernar… Estimació de vot i escons: PSOE, 26.2% (106); PP, 25.8 (108); Vox, 18.1 (64); UP, 10.2 (25); Cs, 3.4 (2), MP, 3.2 (4); ERC (13), JxC (8); PNV (6); Bildu (4); NA+ (2); Ca-NC (2); CUP (1); PRC (1); TE (1)

Comentari de Belén BARREIRO a El País (4-05-22): El líder carismático. Yolanda Díaz se impone en la encuesta de 40dB. como política transformadora y Feijóo, como conciliador (…) “Hemos querido conocer cómo se percibe a estos líderes en cuanto profesionales de la política, pero también con qué rasgos personales se les identifica. A primera vista, los resultados del estudio pueden llevarnos al engaño: los entrevistados, obligados a elegir un líder para cada atributo (hemos querido evitar que no señalasen a ninguno o ninguna), reparten la partida entre Díaz y Feijóo: a grandes rasgos, ella sería la líder buena (honrada, buena persona, a la que confiaríamos un secreto, etcétera) y él, el líder capaz (preparado, inteligente, etcétera). Más allá de esta caracterización en la que ella conecta con lo emocional y él con lo racional, Yolanda Díaz se impone también como líder transformadora (es la que mejor representa la capacidad de cambio), mientras que Feijóo lo hace como líder conciliador, cualidad relevante en tiempos de polarización. Frente a ellos, Abascal se erige como el líder malo: intransigente, soberbio, autoritario y frívolo. Solo se le reconoce dos atributos positivos: valentía y determinación.
¿Qué sucede con Pedro Sánchez? ¿Quiénes le prefieren y por qué? El presidente del Gobierno destaca en dos dimensiones peculiares, una menor y otra muy relevante. Por un lado, los ciudadanos señalan una característica poco habitual entre los políticos de nuestro país: domina varias lenguas, es políglota. Por otro, se le reconoce carisma. El carisma es un concepto escurridizo, que el gran sociólogo alemán, Max Weber, trató de analizar. Frente a la autoridad legal y a la tradicional, la carismática se asocia a la persona. Así, el líder carismático posee cualidades únicas, que le distinguen claramente del ciudadano común. Conecta con el pueblo, identifica sus preocupaciones y las transforma en un proyecto político, mostrando una especie de don natural para dirigir los asuntos públicos.
Estos atributos de Sánchez, que le hacen bastante único, obtienen un reconocimiento transversal en la sociedad: entre hombres y mujeres, acomodados y vulnerables, parados, ocupados, jubilados y amas de casa.
Por grupos de edad, son los más jóvenes quienes en mayor medida destacan estos atributos de Sánchez. Resulta interesante observar que es este grupo de edad el que mayor entusiasmo muestra por el presidente, atribuyéndole otras cualidades. Así, salvo en el atributo de honradez (el más importante, según los encuestados), en el que gana Yolanda Díaz, el líder socialista es el elegido sistemáticamente entre los votantes de 18 a 24 años. Son ellos, los más jóvenes, los más sanchistas”.

Una mirada amb perspectiva: Joaquín Almunia

Entrevista a Joaquín ALMUNIA a política&prosa nº 43 (maig 2022): “Espanya té un problema d’endogàmia política”  [9] (…) Ahir Ignacio Molina escrivia a El País que Espanya continua sent una potència mitjana, potser no aquella que molts voldrien tenir, però no menor de la que en realitat ocupa.  Estic d’acord que Espanya, ni en grandària econòmica ni en influència política, ha arribat on ens agradaria que pogués arribar, per diferents raons. Una d’aquestes raons té a veure amb un creixement feble produït, en la dècada passada, per la bombolla immobiliària de la construcció. Si hi afegim el turisme, que per naturalesa és cíclic i respon en el seu creixement a factors que moltes vegades no depenen de nosaltres, obtenim una estructura econòmica feble. Cal afegir-hi les febleses del mercat de treball a conseqüència dels factors esmentats, amb una ocupació de qualitat dèbil i baixa capacitat d’aguantar contractes quan venen mal dades. El nostre mercat de treball no ha pogut aguantar els xocs com han aguantat altres països amb sistemes productius menys febles. Per aquest motiu, vam perdre llocs en el rànquing del PIB per càpita dins de la Unió Europea. I després, un problema estrictament polític: l’endogàmia. Si mires el govern de Felipe González, a Felipe li encantava anar pel món i pensar en el món, malgrat unes limitacions lingüístiques enormes. Aznar també va tenir presència. Cert que desviada, amb males companyies i males prioritats. Però li agradava ser-hi i de fet hi era també present, per bé o per mal. Zapatero va fer una baixada molt forta des d’aquest punt de vista. Rajoy, igual o pitjor. És veritat que Pedro Sánchez sí que sembla haver recuperat la capacitat de sortir fora, entre altres coses perquè coneix l’àmbit europeu, el va conèixer quan era jove. El seu problema és que la política espanyola és una força absorbent que no li deixa gaire temps per a la política internacional. Per tot això, hem perdut presència política i influència en l’escena internacional. Ara tenim l’oportunitat de sortir amb els fons Next Generation. Però això exigeix també un determinat clima polític intern que permeti concentrar-se en el que és important.

Espanya tampoc no ha estat al capdavant de la innovació ideològica.  Jo crec que nosaltres vam estar en primera línia de la creativitat política durant la Transició. Posteriorment, els governs de Felipe no van teoritzar en directe el que estaven fent. I quan el govern intentava fer teoria, descarrilava, com va succeir amb el Programa 2000. Però les polítiques fetes pel PSOE fins a 1996… potser no van ser tot èxits, però aquestes polítiques van marcar sens dubte una línia socialdemòcrata contemporània. Qui ha definit millor la socialdemocràcia moderna… fins que es va enfonsar amb la guerra de l’Iraq? El New Labour, fruit d’una reflexió de fons, això sí que estava pensat. Avui no s’aprecia gaire tot el que es va fer de bo en aquella època, perquè es tendeix a quedar-se amb els errors que es van cometre. I és veritat que es van cometre alguns errors importants, com per exemple la reticència a la regulació financera, l’excés de fe en l’eficiència dels mercats financers. I això després, durant la crisi del 2008, es va pagar. La socialdemocràcia té pendent la tasca de modernitzar-se. La socialdemocràcia no es pot inspirar en el passat per dissenyar les seves estratègies i el seu plantejament de futur. És tan diferent! No podem pensar a assegurar una altra vegada unes bases fidels de la classe treballadora, amb empreses grans i sindicats potents. Això és un món que no es repetirà. Ara el món va cap a una altra banda. No dic que no sigui necessària la indústria competitiva, per descomptat, però això està lligat a tota una revolució tecnològica, amb una emergència de classes mitjanes diferents, en un entorn de start-ups i empreses de l’avantguarda tecnològica. Tot aquest món encara no s’ha analitzat prou políticament. I, mentrestant, l’esquerra es deixa portar per noves banderes, importants, però insuficients per separat per organitzar un projecte polític majoritari. Per descomptat, el feminisme és important. Però un partit feminista no guanyarà a les urnes. El verd també és fonamental. Però un partit verd, amb el Green Deal i la lluita contra el canvi climàtic com a únic element programàtic, no guanyarà. Si proposes una socialdemocràcia antiga, amb una cultura industrial, amb els sindicats en el lloc de comandament, no guanyes. Com agrupes en una societat del segle XXI un projecte de canvi, de reformes, de progrés, de reducció de desigualtats, d’expansió de drets? Això encara no està prou pensat. Aquí hi ha un punt fonamental: el partit. Per a què serveix un partit polític? Com s’organitza, com actua en l’oposició i, sobretot, com actua quan governa? Tot això requereix una reflexió pendent. No conec gaires polítics en actiu que pensin de debò en com s’organitza un partit polític. És fàcil de dir: «Jo no vull un partit, vull moviments. Jo no soc candidata, jo la política no sé què. Jo escoltaré la gent…» Com desempallegant-se de la política. Simplement, no n’hi ha prou amb escoltar la gent. Si tu ets el líder, a part d’escoltar, digues-li a la gent què penses perquè confiïn en tu i et votin. Els ciutadans són molt més intel·ligents i rebran, a més, informació de tota mena. Has de precisar què vols fer i quines són les teves prioritats. I després has de dir com t’organitzaràs. Qui són els teus? Tu sol, tu sola no ho pots fer. Ara estem en un període molt complicat per a tot això, perquè els lideratges no són forts. I quan troben algú a qui segueixen pel seu nom, per la seva cara… últimament són gent perillosa. A més, no veuen qui hi ha al voltant de cadascú. Per exemple, qui hi ha al voltant de Pedro Sánchez? Qui són les seves persones, els grups amb els quals debat i contrasta idees? Teòricament, són els partits, però avui dia s’estan convertint en una mena d’oficines personals al servei de qui ha guanyat les primàries. I no hi ha espais intermedis.

Com han de tractar els grans partits a Vox i el dilema entre cordó sanitari o integració?  Són necessàries algunes condicions per al cordó sanitari. Primer, que no desbordi determinats límits de representació. I, segon, que puguis tenir una relació política normal amb la resta, amb els que acorden amb tu fer el cordó sanitari. El cordó sanitari s’ha de produir sobre els temes: no accepto el final de l’Estat de les autonomies, ni les polítiques xenòfobes, ni l’antifeminisme. Hi ha espai per al debat amb vostès i amb tots els altres, per descomptat. Però no es pot arribar a posar en qüestió aquest tipus de principis bàsics. Cal tenir en compte que l’electorat de Vox està format per una minoria de nostàlgics del franquisme. Però després s’hi afegeix una majoria desenganyada amb el PP, antiimmigració, recelosa de les autonomies, encantada amb la Festa Nacional, molt liberal en l’aspecte econòmic… Tampoc no cal dramatitzar-ho més enllà de l’estrictament necessari. El problema és que el PP hagi demostrat que els té por.

Quin marge tenen avui les organitzacions polítiques per respondre a aquests desafiaments?  Molt complicat. Avui el PSOE és al govern en coalició amb un soci peculiar. Podemos va començar sent un no-partit, la màxima representant del qual en l’Executiu actual no és del partit… A més, té una cultura política molt diferent de la del Partit Socialista, més pròpia d’un moviment d’agitació i propaganda, d’oposició al sistema, a l’establishment, a la casta, encara que ara hagin entrat en el Govern. No sé prou bé què donarà de si. En aquest context, estar en coalició amb ells comporta un repte enorme per a un partit com el PSOE, que, a més, necessita vots més enllà dels que aporta directament la coalició. On queda el partit enmig de tot això? Què fa el Partit Socialista per adaptar els seus missatges, per refinar els seus programes, per aprofundir en la reflexió, per comptar amb gent que no té un càrrec públic, per prendre la temperatura del que passa en la societat? Avui sembla que els candidats es limitin a presentar-se a les eleccions prometent als votants no sé quantes coses. I la gent respon: «Què em diu? Jo no el votaré pel que va fer. Més aviat el deixaré de votar pel que no va fer o pel que va fer malament. I per al futur, què n’ha extret vostè del seu pas pel govern?». Per respondre a això necessites una formació política. «És que ara és un partit a internet». Aquests poden ser útils per rebre informació, però no per construir, per debatre, per intercanviar. Com es fa política en un partit en aquestes condicions? A més, el partit es buida molt quan és al govern. És molt difícil trobar l’equilibri entre les responsabilitats institucionals i, alhora, que un partit continuï pensant com a tal, amb autonomia per reflexionar i sense que els seus pensaments no xoquin o no interfereixin amb el que fa el govern, perquè no sempre serà al govern i perquè s’enfrontarà a unes eleccions al cap d’un temps. És un equilibri complicat.

Els nous partits organitzats com a plataformes virtuals tampoc no han trobat la manera de generar espais de pensament autònom o crític respecte a l’Executiu.  Qui millor practicava això era la Tercera Via, el New Labour, que va crear alguns think tanks. Aquest tipus de think tanks de partit, relacionats amb els que són en la primera línia de la política, sense crear friccions –perquè es pot interpretar que les seves idees s’oposen als que governen en nom del seu partit–, són necessaris. Quan governes tens poc temps per pensar, sobretot a mitjà termini. Passen tantes coses a tanta velocitat que el governant té necessitat d’inputs i de gent que t’ajudi a pensar i a reflexionar en les teves decisions del dia a dia. Que t’obrin una perspectiva que no apareix aquí, a la taula de treball, a les reunions de govern o en els contactes diaris.

Hi ha diferències entre els ministres de partit i els que no ho són?  Sí, és rellevant, encara que també depèn de les persones. Perquè una cosa és tenir el carnet del partit i una altra tenir experiència política, amb la qual no neixes, per descomptat, sinó que l’has d’anar adquirint. També hi ha gent que no són d’un partit i que s’acomoden bé a la vida política. I hi ha gent de partit sense experiència política o que no saben manejar-se quan tenen un càrrec polític. Cal aconseguir la combinació ideal –que no sempre es troba– entre gent que sap desempallegar-se en la vida política, que sap què significa ser allí, i que es mira el matí al mirall i es diu: «Sé on soc, sé quines són les meves responsabilitats, quines són les meves possibilitats d’actuació, a qui represento, a qui em dec i com m’haig de relacionar amb els altres.» Ser militant d’un partit t’ha d’ajudar a fer-ho. Encara que, després, cal saber passar del debat ideològic al moment en què ocupes un càrrec representatiu d’un govern nacional, en el qual et deus a tot el país, no representes només els teus. Els teus t’han encarregat que els representis, però han de saber que, el dia que passes a formar part d’un govern, ja no et pots dedicar només a ells, sinó que has d’obrir els teus espais més enllà.

El que em transmet aquesta conversa que he tingut amb vostè és que les persones que han fet política amb un llarg recorregut desprenen una visió optimista, perquè mostren que amb la política sí que es poden canviar coses importants per a bé.  Hi ha coses que només les pots fer si ets en la política activa i en tasques de govern, el que sigui. I es poden fer moltes coses. El que passa és que algunes de les coses que més t’agrada fer requereixen estratègia, tàctiques, contactes, on busco suport, saber què m’agradaria fer si tingués tres-cents diputats, què sacrificar i què preservar de l’essencial per poder pactar amb uns o amb uns altres. Això és la vida política de cada dia. I després explicar-li a la gent què fas i per què ho fas. I és aquí on els que ens hem desempallegat de la política, o ens en van desempallegar, ens preguntem com ha canviat la vida política avui en comparació amb la que vam conèixer quan érem a primera línia”.

Cas Pegasus

Article de Jorge A.RODRÍGUEZ a El País (3-05-22): Tres ataques, tres gigas robadas y muchas dudas

¿Cuándo fueron infectados los teléfonos de Sánchez y Robles? Según los dos informes técnicos del Centro Criptológico Nacional, se han producido dos “intrusiones” en el teléfono móvil del presidente del Gobierno en mayo y junio de 2021, y una “intervención” en junio de 2021 en el de la ministra de Defensa. No hay pruebas de que se haya producido un acceso posterior, según Bolaños, que ha insistido en que las incursiones en los teléfonos de ambos mandatarios “se consumaron”.

¿Qué información del Gobierno extrajeron los intrusos? No ha sido revelado. Lo que sí se sabe es el volumen de datos robados: en el caso del presidente del Gobierno, el programa pudo extraer 2,6 gigas de información en un ataque, y 130 megas en el otro. Un giga es el equivalente a unas 600 fotos o 15.000 folios de Word. Lo que tampoco ha contado Bolaños es qué información precisa ha sido robada. “Lo que conocemos es el volumen de datos que se extrajeron de los móviles, pero hasta la fecha no conocemos qué datos”, ha explicado el ministro de la Presidencia. Los fisgones se llevaron del teléfono de Robles nueve megas de información, de la que tampoco ha trascendido nada.

¿Quién ha sido? No se sabe o no ha sido revelado. El Gobierno ha contado esta mañana que se trata de “intrusiones externas”, es decir, “ajenas a los organismos estatales” y efectuadas sin “autorización judicial de ningún organismo oficial”. Esas palabras descartan a agencias como el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), señalado hasta ahora por los independentistas catalanes como supuesto autor del presunto espionaje, o los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil. Y se apunta a que es un ataque desde el extranjero Citizen Lab establece en su último informe, entre cuyos autores figuran algunos de los propios espiados, un vínculo entre el espionaje masivo al independentismo catalán y España. Se basa en el interés político de los monitorizados —que incluyen a protagonistas del procés como los expresidentes Carles Puigdemont o Quim Torra— y los momentos políticos calientes en los que se registraron los ataques, como la investigación del referéndum del 1 de octubre de 2017 o el juicio en el Supremo de 2019. Este nuevo ataque cambia la perspectiva y apunta en otra dirección, ya sea alternativa, distinta o simultánea a la del presunto espionaje al separatismo por sus actividades en favor de independizar a Cataluña de España.

¿Cuándo se ha sabido que el móvil del presidente había sido atacado? Bolaños ha asegurado dos cosas: la primera, que la existencia precisa de esta incursión fue conocida este fin de semana, gracias a los informes técnicos del Centro Criptológico Nacional, pero que “en las últimas fechas” ya tenían conocimiento de que algo había pasado. El análisis que dejó sentada la incursión de manera definitiva fue cerrado el 30 de abril último, es decir, el sábado, según un auto de la Audiencia Nacional por el que hoy mismo se ha enviado el asunto a reparto judicial. La segunda afirmación es que desde junio de 2021 “no ha habido ninguna intervención posterior en esos dos terminales. No hay pruebas de que se haya producido una nueva intrusión”. El ministro ha explicado que la violación de la seguridad ha sido conocida dentro de un “proceso de verificación” de los teléfonos de todos los miembros del Gobierno. “Por ahora no hemos terminado la comprobación de los terminales del conjunto [de los miembros] del Gobierno. Es lo que estamos haciendo para saber si las infecciones de esta herramienta Pegasus han afectado a otros. No es momento de conjeturas, sino de información contrastada”, ha dicho Bolaños.

¿Por qué se ha revisado ahora la seguridad de los teléfonos del Gobierno? La publicación de la lista de más de 60 líderes independentistas catalanes supuestamente espiados y la constatación de que muchos de ellos nunca habían sido controlados por el CNI fue lo que llevó al Gobierno a comprobar sus propios móviles, empezando por dos de los más sensibles: el del presidente y el de la titular de Defensa. El proceso de revisión continúa, y Bolaños se ha comprometido a informar de cualquier nuevo dato en este sentido. No obstante, el Ejecutivo asegura que los controles de seguridad en los sistemas de comunicación que usa el presidente Sánchez son periódicos, y que no habían detectado la infección por Pegasus. Por ello ahora han sido sometidos a una revisión más profunda, que, según los expertos, ha debido suponer que Robles y Sánchez han debido entregar sus aparatos y que no han podido disponer de ellos al menos durante 24 horas.

¿Es tan fácil atacar teléfonos del Ejecutivo? No debería, puesto que las víctimas han sido los teléfonos institucionales de los dos miembros del Gobierno, según fuentes de La Moncloa. Teóricamente, los terminales móviles oficiales de los miembros del Gobierno son sometidos a inspecciones periódicas y están dotados de sistemas de encriptación y secrafonía. Es decir, tanto los datos como la voz están o se emiten codificados en bloques, de forma que solo otro terminal parejo y con conocimiento de las claves de encubrimiento puede leer los datos. Por lo tanto, se trataría de una grave brecha de seguridad. “Una de las conclusiones es que tenemos que reforzar los sistemas de seguridad. Vamos a poner a disposición todo el conocimiento y capacidades del Gobierno central a disposición de Gobiernos y Parlamentos autonómicos por si quieren revisar sus sistemas”, ha dicho Bolaños. Los teléfonos móviles privados, los que pueden comprarse libremente en el mercado, son víctimas fáciles de sistemas como Pegasus e incluso de otros de menor nivel entremetimiento.

¿Qué pasaba en España en esas fechas? El mes de mayo de 2021 fue realmente anómalo, con varias crisis acumuladas sobre la ya prolongada pandemia. La entrada de cerca de 8.000 inmigrantes en Ceuta a mediados de mayo desencadenó una crisis migratoria (y política) inédita en la frontera con Marruecos. El motivo aparente de esta entrada masiva alentada por Rabat fue la acogida del líder del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Brahim Gali, de 72 años. España aceptó la entrada de Gali, aquejado de covid-19, para que ingresase en un hospital de Logroño, un gesto que disgustó a Marruecos. El asalto degeneró en una crisis sin precedentes con Rabat, mientras que la entrada de Gali supuso un debate político interior por la supuesta entrada irregular en España. Marruecos dispuso desde el inicio de una amplia y detallada información sobre Gali en España, pese a que este había llegado a Logroño de forma discreta y con documentación falsa. Ese mismo mes, Pere Aragonès llegaba a la presidencia de la Generalitat de Cataluña, con lo que ERC volvía a la cúpula del Gobierno catalán por primera vez desde Tarradellas tras largas negociaciones entre los independentistas, al tiempo que el Gobierno ponía en marcha el mecanismo para los indultos a los condenados del procés. También fue el mes en que Isabel Díaz Ayuso ganó las elecciones en la Comunidad de Madrid, y en el que España comenzaba a salir de un año de graves restricciones por la pandemia. Se da la circunstancia de que el programa Pegasus no está teóricamente en poder de servicios secretos de países supuestamente hostiles, como Rusia o China, sino precisamente de países amigos, como Marruecos, Arabia Saudí, Emiratos o México.

¿Y ahora, qué? El Gobierno ha llevado el asunto a la Audiencia Nacional. Esta misma mañana, el juez José Luis Calama, titular del Juzgado de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, quien esta, fiesta del Dos de Mayo en Madrid estaba de guardia, ha acordado remitir al turno de reparto “la denuncia presentada esta mañana por la Abogacía del Estado en la que se manifiesta la infección de los dispositivos móviles del Presidente de Gobierno y de la Ministra de Defensa”.

¿Cómo se cuela Pegasus en los teléfonos? La intrusión no es sencilla, pero principalmente hay dos técnicas: el envío de mensajes infectados que al pincharse redirigen a una web con el malware y aprovechando fallos de seguridad de aplicaciones como WhatsApp. Un error en este sistema de mensajería permitió colar Pegasus en 1.400 teléfonos en 2019. El expresidente del Parlament Roger Torrent y el exdiputado Ernest Maragall —ambos de ERC— fueron espiados a través de WhatsApp. Según el organismo de ciberseguridad canadiense Citizen Lab, considerado uno de los mayores expertos del mundo en la materia, 63 objetivos fueron atacados (tentativas de agresión) o infectados con este programa en nuestro país. La lista incluye a dirigentes y exdirigentes de ERC, CUP y Junts y de las entidades cívicas Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) y Òmnium Cultural. Para saber si sus móviles fueron atacados (tentativas de intrusión) o infectados (hackeados) con Pegasus, los 63 independentistas que fueron víctimas del programa espía instalaron voluntariamente en sus móviles una aplicación que rastreó los terminales. La investigación del organismo canadiense arrancó hace dos años.

¿Qué datos puede extraer Pegasus de un teléfono? Pegasus, según el órgano supervisor de protección de datos de la UE, puede leer los mensajes recibidos y enviados, aunque estén encriptados, descargar fotos almacenadas en el aparato y escuchar y grabar llamadas y videollamadas; acceder a la cámara del teléfono y grabar todo lo que capta; activar el micrófono y grabar conversaciones que se estén produciendo junto al dueño del terminal; acceder a la función de geolocalización del teléfono.

¿Han sido espiados con Pegasus otros presidentes o jefes de Estado? Sí, al menos 14 que se sepa. Por ejemplo, un teléfono móvil del presidente francés, Emmanuel Macron, figuraba en una lista de más de 50.000 teléfonos potencialmente infectados por el programa Pegasus, de la empresa israelí NSO Group, que fue divulgada en julio de 2021. Además de Macron, 13 jefes de Estado y de Gobierno aparecen en la lista, incluido el propio rey de Marruecos, Mohammed VI. En la nómina están el presidente de Irak, Barham Salih, y el de Sudáfrica, Cyiril Ramaphosa; el recién destituido primer ministro paquistaní, Imran Khan; el primer ministro egipcio, Mosfafá Madbouly, y el marroquí, Saadedín el Otmani. También varios ex primeros ministros –entre ellos, el francés, Édouard Philippe– y 14 ministros de Francia, según Le Monde. Esto no significa, ni hay pruebas, de que los teléfonos de todos ellos fuesen pirateados, pero sí que al menos fueron seleccionados como candidatos a serlo. El citado diario francés reveló que el listado marroquí de posibles objetivos para espiar con el programa Pegasus entre los años 2017 y 2019 incluía 6.000 números relacionados con Argelia. Ahí aparecen los de buena parte de la cúpula política y militar, jefes de servicios secretos, diplomáticos extranjeros y hasta periodistas argelinos, como el director del medio digital TSA, Lounes Guemache. Los medios franceses que han publicado estas noticias precisaron que Marruecos colocó uno de los móviles de Macron en la diana en marzo de 2019, durante las protestas que llevaron al presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, a renunciar a su quinto mandato presidencial”.

Article d’Irene CASTRO a elDiario.es (4-05-22): El espionaje a Sánchez apunta a Marruecos y pone en duda la continuidad de la directora del CNI       El teléfono del presidente fue atacado el 19 de mayo, un día después de viajar a Ceuta y Melilla en plena crisis en la frontera. Sánchez prometió “máxima firmeza” ante lo que posteriormente calificó como un “asalto” a la frontera. Esas declaraciones se produjeron el día de la segunda intervención a su móvil (…) “Este martes, el diario The Guardian ha hecho públicos los resultados de una investigación según la cual un solo cliente de la empresa israelí NSO, que vende el programa Pegasus, seleccionó como objetivos 200 números de teléfonos españoles. Entre ellos, estaba el periodista español especializado en El Magreb Ignacio Cembrero y la activista saharaui Aminatou Haidar.  A pesar de esos indicios, el Gobierno evita entrar en “futuribles” sobre el origen del espionaje que sitúan, en todo caso, en un ataque “externo e ilícito”. Y muchos menos plantear una reformulación del último acuerdo alcanzado con Marruecos y que responde al giro histórico de Sánchez respecto al Sáhara, que fue lo que finalmente estaba detrás de lo que él mismo denominó un “asalto a las fronteras españolas” el 31 de mayo de 2021″ (…)

Article d’Ignacio ESCOLAR a elDiario.es (3-05-22): ¿Quién espió al presidente del Gobierno?  Es obvio que muchas cosas funcionan mal en el CNI cuando tarda todo un año en detectar un ataque de esta naturaleza a la cúpula del Gobierno (…) “Hay dos grandes hipótesis plausibles: que el espionaje a Pedro Sánchez tenga su origen en un gobierno extranjero y no esté relacionado con el espionaje a los independentistas. O que sea obra de sectores descontrolados de los aparatos del Estado.
Desde el independentismo catalán, hace años que señalan esa posibilidad: que existan grupos dentro de las fuerzas policiales que van por libre y que tienen acceso a esta tecnología de espionaje. Un Estado dentro del Estado, capaz incluso de actuar contra el propio Gobierno. Una posibilidad que descartan de plano desde el Gobierno.
Sea cual sea la verdad de lo ocurrido, hay un organismo que no queda bien parado con el espionaje denunciado hoy. El CNI tiene muchas preguntas por contestar. ¿Cómo es posible que el servicio secreto haya tardado todo un año en detectar un ataque de esta naturaleza a la cúpula del Gobierno? ¿Por qué no se revisaron antes estos terminales, cuando ya hace tiempo que se habían denunciado más de una decena de ataques con Pegasus a jefes de Estado y primeros ministros de todo el mundo? ¿Se comprobó el teléfono de Pedro Sánchez cuando se detectó el espionaje a su ministra de Exteriores?
Es obvio que muchas cosas funcionan mal en el CNI, que en los últimos años ha empleado más tiempo y recursos en proteger la bragueta del rey emérito que en cumplir con su función”.

Article de Jesús MARAÑA a infoLibre (3-05-22):  Pegasus o ‘el que paga, espía’.   ¿Quién se hace responsable de las actividades de servicios de inteligencia encargados de defender la democracia con todas las armas (legales) de que dispongan. (…) “Está bastante claro legalmente el reparto de responsabilidades en lo que se refiere a la investigación del espionaje: si afecta a cualquier administración o cargo público, es cosa del CNI, vía Centro Criptológico Nacional; si se trata de información de carácter militar, Defensa tiene su propia área dedicada exclusivamente a ello; y si un ciberataque o un hackeo se dirigen a ciudadanos o empresas privadas, es responsabilidad del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE). No le demos más vueltas. Que cada palo aguante su vela. Y en los casos de los que hablamos (independentismo, presidente del Gobierno y ministra de Defensa), es el CNI quien tiene que responder por acción o por omisión. Entiendo que a estas alturas quepa la sospecha de que en España sigan funcionando las llamadas alcantarillas del Estado (ver aquí). Y comprendo también la eficacia de ese mensaje político que consiste en decirle al personal: ¡yo te protejo, no me preguntes cómo! Pero en lo que estamos conociendo estos últimos días no caben explicaciones tan simples. Nos estamos jugando, una vez más, la credibilidad del sistema. Si todo lo que está saliendo a media luz se hizo con cobertura judicial, no sé a qué esperan para hacer públicos todos los datos salvaguardando la intimidad de las personas afectadas. Si se puso en marcha una operación al estilo de la conocida como Policía patriótica, que inventó un golpe de Estado en Cataluña (ver aquí) para disimular la incompetencia absoluta del gobierno de turno… hágase la luz, caiga quien caiga. ¿O acaso alguien desde las estructuras del Estado decidió espiar a independentistas y a responsables políticos del Gobierno en mitad del proceso de diálogo entre el Govern y Moncloa para la concesión de los indultos a los condenados por sedición?” (…)

Article de Josep MARTÍ BLANCH a El Confidencial (3-05-22): Pegasus y la degeneración democrática  Lo que hasta ayer era para muchos poco más que una construcción mediática orquestada por el soberanismo catalán es hoy un primerísimo problema de seguridad nacional y calidad democrática (…) “lo que no sobran son las preguntas. La lista empieza a ser interminable. A las que arrastramos de las dos últimas semanas se añaden ahora otras. ¿Por qué el Centro Criptológico Nacional, adscrito al CNI, ha tenido que trabajar a destajo en fin de semana para que el ministro Bolaños pudiera comparecer de urgencia en un día festivo en siete comunidades para dar cuenta del espionaje a Pedro Sánchez y a Margarita Robles? ¿Había un interés especial en que la ministra llegase a su comparecencia en el Congreso en calidad de espiada para poder defenderse mejor y convenía acelerar la confirmación de que también ella había sido espiada? O, por el contrario, ¿no la deja en peor lugar la confirmación de un agujero de seguridad de tal magnitud a la hora de defender su labor al frente del Ministerio de Defensa? ¿Hay alguna excusa para que, una vez judicializado el asunto en la Audiencia Nacional, al margen no se cree una comisión parlamentaria que también investigue las derivadas políticas de la cuestión? ¿No es razonable que, sea quien sea quien haya sido espiado, se hagan cuantos esfuerzos sean necesarios para llegar hasta tan al fondo del escándalo como sea posible? ¿No es razonable pensar que alguien debería estar redactando su carta de dimisión antes de que su superior redacte la de su cese por incompetencia?” (…)

Article d’Ignacio CEMBRERO a El Confidencial (4-05-22): ¿Por qué España se comporta de manera tan diferente al resto de países espiados?  Las demás capitales europeas no confirman que han sido espiadas, ni lo denuncian ante la Justicia ni revelan cuánto tardaron sus equipos de ciberseguridad en hallar el virus

Article de Javier PÉREZ ROYO a elDiario.es (4-05-22): Catalunya lo complica todo  Sin la conexión catalana, Pegasus habría sido abordado como en los demás países en que se ha hecho uso. Como un problema grave que afecta a la seguridad del Estado, pero que, por eso mismo, tiene que ser abordado con discreción. Al nacionalismo catalán le interesa todo lo contrario

Article de Genís ROCA a El País (3-05-22): Y ahora, ¿de quién nos podemos fiar?  Hay herramientas fuera de control usadas para violar la información privada de personas concretas. Necesitamos garantías de que esto no suceda o, al menos, de que no quede impune

Article de Miguel PASQUAU a CTXT (1-05-22): ‘Pegasus’ y el Estado: ¿quién cabalga a quién?   [10] La importancia de las funciones del CNI no es mayor que la defensa de la limpieza democrática. Un CNI constitucional debería investigar a las autoridades que empleasen métodos opacos de espionaje a fuerzas electorales en liza … “Hay muchas cosas que no sabemos sobre qué autoridad española, cuándo y para qué decidió adquirir Pegasus” … “Despejada la más burda ilegalidad, la cuestión espinosa pasa a la valoración de si desde un Gobierno se puede espiar a líderes y cargos políticos” … “El CNI puede recabar información sobre riesgos para el orden constitucional, pero no puede espiar las comunicaciones de los abogados” (…) ” La opacidad es imprescindible para la eficacia de los servicios de inteligencia. Pero plantea un complicado problema político de confianza. De hecho, la legislación sobre el CNI y los secretos oficiales son la expresión de una confianza dada por el legislador al Gobierno. Es un “puedes hacer lo que quieras, que no vamos a enterarnos”. Pero ese refrendo legal no impide una desconfianza política si aparecen indicios de utilización abusiva de un instrumento que, por su naturaleza, es peligroso. Hay maneras de dar explicaciones y de corregir eventuales abusos que fortalecerían la confianza y el prestigio mismo del CNI: la comisión parlamentaria de secretos oficiales le ofrece al Gobierno un cauce inmejorable, en especial una vez que se han incorporado a dicha comisión representantes de todos los grupos parlamentarios. Es importante tener claro que esto no va de adhesiones al Gobierno, ni de lo contrario. Tratamos de algo que afecta a la entereza misma del sistema constitucional. Basta pensar en cómo nos gustaría que estuviesen regulados los controles judicial y parlamentario del CNI si éste estuviera en manos del Gobierno que, a cada uno, nos pareciera más indeseable. No sólo eso. Cuando los caballos tienen alas, como Pegasus, hay el riesgo de que el jinete quede a su merced. La democracia necesita servicios de inteligencia, pero ha de disponer de medios efectivos para defenderse de eventuales y tentadores abusos de los servicios de inteligencia”.

Article de Dolors CANALS a Agenda Pública (4-05-22): Secreto de comunicaciones y vigilancia digital.  El avance tecnológico de los medios que emplean los servicios de espionaje demanda una reforma legal urgente para reforzar la garantía del control judicial   (…)El ciberespacio, ese mundo en el que cohabitamos a diario con desconocidos, está repleto de amenazas que acechan a cualquiera que se asome a internet. La vigilancia y la usurpación de datos e identidades son riesgos cotidianos. Si no somos conscientes de ello, deberíamos serlo cuanto antes mejor. Ciberataques de este calado son posibles gracias a las vulnerabilidades digitales que facilitan incidentes de ciberseguridad que comprometen la disponibilidad, autenticidad, integridad o confidencialidad de los datos e informaciones almacenados o transmitidos por nuestros dispositivos inteligentes, así como los servicios ofrecidos por redes y sistemas de información a través de infraestructuras digitales, las cuales vienen siendo ya consideradas en Europa como “entidades críticas” por peligrosas.

Ello significa que los derechos fundamentales y sus garantías no tienen hoy en el entorno digital el encaje deseado. Este ajuste, tarea laboriosa donde las haya, incluso podría ser inalcanzable, por lo que el ejercicio de los derechos constitucionales, e incluso su misma existencia, estarían abocados a rectificaciones sustanciales; siempre recordando que los derechos fundamentales son el bien jurídico más preciado que guardan las constituciones europeas, al que no deberíamos estar dispuestos a renunciar.

Es así que el derecho al secreto de las comunicaciones, y, “en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas”, según la literalidad del artículo 18.3 de la Constitución Española, ha de ser forzosamente interpretado acorde con el avance tecnológico que caracteriza a los medios de comunicación electrónica. La sofisticación de los artilugios mediante los cuales ejercemos este derecho fundamental posibilita complejos mecanismos de vigilancia masiva creados por operadores privados que los ponen a disposición de los Estados para que ejerzan, de acuerdo con las garantías jurídicas preceptivas, las acciones de investigación y vigilancia que tienen legalmente atribuidas.

No podemos obviarlo. Pese a las circunstancias actuales concurrentes, el ciberespionaje constituye una modalidad de vigilancia institucional legítima cuando se ejerce conforme a derecho, es decir, a los contrapesos previstos por el ordenamiento jurídico. La vigilancia a través de la intercepción de comunicaciones se prevé en la legislación vigente en materia de telecomunicaciones, que será en breve modificada para incorporar a nuestro sistema el Código Europeo de Comunicaciones Electrónicas y cumplir con el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía española (PRTR) en el sector de la digitalización. Como decía, la ley vigente obliga a los operadores a realizar las intercepciones que se autoricen judicialmente de acuerdo con la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la ley 2/2002, de 6 de mayo,reguladora del control judicial previo del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Luego, la legalidad del espionaje, en tanto que injerencia directa en el derecho al secreto de las comunicaciones que corresponde solo al Estado, está subordinada a la correcta ejecución de las garantías por las instancias competentes. La primera garantía es el control judicial, regulado, a grandes rasgos, en la mencionada ley orgánica 2/2002, que complementa la ley 11/2002 de regulación del CNI, cuyo artículo 11 se refiere de manera expresa a la segunda: el control parlamentario.

La resolución judicial autorizadora de la afectación del secreto de las comunicaciones recae en un solo magistrado del Tribunal Supremo, propuesto por el Consejo General del Poder Judicial para un periodo de cinco años. Dicho control se activa cuando la persona en la que recae la dirección del CNI solicita al magistrado la autorización judicial correspondiente, que ha de ser motivada en todo caso. También debe motivarse el escrito de solicitud, en el que constarán las medidas concretas de intervención y la identificación, si es conocida, de la persona o personas afectadas por el espionaje. La resolución judicial exige un análisis previo de las medidas a adoptar por el CNI que afecten a la inviolabilidad del secreto de las comunicaciones y, asimismo, una ponderación de la necesidad de las mismas para el cumplimiento de las funciones asignadas al Centro Nacional de Inteligencia, es decir, proporcionar al Gobierno la información precisa para prevenir y evitar cualquier riesgo o amenaza que afecte a la independencia e integridad de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones.

Ahora bien, la mencionada sofisticación tecnológica de los medios con los que actúan los servicios de inteligencia y, en el caso de investigaciones criminales en el marco de una instrucción penal, los cuerpos y fuerzas de seguridad, demanda una reforma urgente de la legislación para reforzar la garantía del control judicial. A nadie escapa que los jueces y magistrados, sin el auxilio de expertos en el campo del spyware, difícilmente podrán autorizar actuaciones concretas de vigilancia con todas las tutelas exigibles. Las limitaciones de conocimiento respecto del funcionamiento del software específico y del alcance pernicioso de su uso pueden ser más que relevantes. El refuerzo técnico del control judicial, así como la ampliación del número de magistrados intervinientes, otorgaría una legitimidad mayor a las resoluciones judiciales autorizadoras de la vigilancia institucional en la era digital. Ante la complejidad tecnológica, al Estado de derecho no le queda otra que armarse con más garantías en el ejercicio de potestades que suponen una injerencia directa en los derechos fundamentales. Sin esas garantías, las conductas podrían ser penalmente punibles, pese a las dificultades probatorias que concurren en los delitos tecnológicos, cuya autoría y participación no son fáciles de identificar.

En cuanto al control parlamentario, la ley obliga al CNI a comunicar al Congreso de los Diputados, a través de la comisión que controla los créditos destinados a gastos reservados, la información apropiada sobre sus actividades, incluidas las clasificadas, con excepción de las relativas a las fuentes y medios del Centro Nacional de Inteligencia. Del contenido de las sesiones y deliberaciones de la comisión debe guardarse el debido secreto por parte de los diputados asistentes, como secretas son las actuaciones del magistrado que resuelve sobre la legalidad del espionaje.

Nos encontramos, pues, ante una contraposición de secretos oficiales que habrá de ser resuelta según la ley reguladora de dichos secretos, de 1968, que urge adaptar también a las especificidades de las informaciones reservadas acorde con la era del Estado digital de derecho”.

Eleccions andaluses

Enquesta d’IMOP-Insights (25-26/04/22) per a El Confidencial (29-04-22): Andalucía vira a la derecha y el PP estaría al borde de la mayoría absoluta Moreno doblaría sus escaños, de 26 hasta los 53 diputados, y mantendría a raya el avance de Vox, que crece dos escaños. El PP acumula votos desde su derecha y su izquierda. Su ventaja es enorme respecto al PSOE, estancado en 35 Estimació de vot i escons: PP, 40.2% (50-53 escons); PSOE, 27.7 (33-35); Vox, 13.5 (14-15); Por Andalucía, 7.9 (6-7); Adelante Andalucía, 3.1 (0-1) (…) “Hay tres claves que explican un resultado tan abrumador del PP de Moreno, atendiendo a las tripas de la encuesta que ofrece hoy este periódico. Primera, la enorme fidelidad de sus votantes de 2018. El 87% de ellos declara directamente su decisión de respaldarlo. Segunda, el trasvase masivo de los votantes de Ciudadanos. El partido de Juan Marín obtuvo 661.000 votos hace cuatro años y 21 escaños. Casi la mitad de ellos (en torno a 325.000) tienen ya decidido votar a Moreno, a los que hay que añadir 40.000 más que muestran inclinación a hacerlo. Es decir, el PP, además de retener casi íntegramente a sus electores de 2018, está en disposición de recibir una transferencia de 365.000 votos procedentes de Ciudadanos. Por último, hay que añadir otro trasvase significativo del 15% de los votantes del PSOE (150.000) y otros 100.000 procedentes de Vox” (…)

Article d’Esteban HERNÁNDEZ a El Confidencial (29-04-22): El enigma de Despeñaperros: por qué Andalucía explica el auge de la derecha  [11]  Hay explicaciones diferentes al crecimiento de las fuerzas de derecha más allá de las coyunturales. Las elecciones andaluzas constituyen un buen laboratorio desde el que entender la política nacional próxima … Los hijos de las clases medias y medias altas emigran; los de las clases medias bajas y las trabajadoras son los que se quedan … Las clases altas españolas no creen en el programa de Sánchez, y tampoco las populares, ya que creen que terminarán pagando la factura … La desconexión de las clases con menos recursos de la participación democrática es una debilidad evidente de las fuerzas de izquierda … Hay tensión de fondo en los nuevos empresarios entre los ecodigitales y los tecnoliberales

ECONOMIA ESPANYOLA

Article de Raymond TORRES a “Negocios” de El País (1-05-22): El contagio de la inflación energética  Los efectos de segunda ronda en los precios amenazan la competitividad y la cohesión social (…) “la principal preocupación viene de la aceleración de la inflación subyacente: excluyendo la energía y los alimentos frescos, el IPC sube un 4,4%, un registro sin precedentes desde mediados de los años noventa que evidencia el traslado del encarecimiento de la electricidad al resto de precios. Un proceso inevitable para las empresas electrointensivas con márgenes muy reducidos y que podría continuar en los próximos meses, incluso tras la entrada en funcionamiento del mecanismo de tope.
Tampoco ayuda que la inflación subyacente supere la media de los países con los que compartimos el euro, socavando nuestra competitividad. Una tendencia que, de mantenerse, nos aboca a dolorosos ajustes al no poder compensarse con devaluaciones monetarias.
No estamos en esa tesitura, y de momento nuestras exportaciones e ingresos del turismo registran buenos resultados, contrarrestando el encarecimiento de las compras de energía. La balanza externa sigue arrojando un sano superávit. Pero este es un activo que debemos preservar, y que empieza a materializarse en algunas empresas, con acuerdos innovadores: los incrementos pactados se revisan periódicamente para compartir la pérdida de poder adquisitivo entre todas las partes, pero no se consolidan para así evitar una indiciación de la economía nefasta para todos. Algo que, junto con acciones contundentes focalizadas en sectores y colectivos en dificultad, debería inspirar un acuerdo amplio y a mayor escala. Todo ello para alejar el riesgo de cronificación de la inflación”.

Article de Xavier VIDAL-FOLCH a El País (2-05-22): Veinte millones son muchos millones   [12] Es el inicio de un cambio de patrón de crecimiento, con empleo menos precario, más estable (…) “Salvo alguna oscilación (o una catástrofe aún peor que las registradas desde 2020), este guarismo se convierte en colchón laboral de valor inestimable. Del inicio de un nuevo patrón de crecimiento, con empleos menos precarios, más estables y que por tanto presionan hacia una mayor calidad: al compás de la entrada en vigor de la reforma laboral —incluso desde poco antes—, el ritmo de contratos fijos supera el 30% del total, e irá a más. Y el parque de empleos asalariados por cuenta ajena, casi 17 millones, contabiliza 13 millones fijos. Económicamente es también una plataforma susceptible de convertirse en trampolín de productividad. Algunos subrayan que al recuperarse el empleo (pese al revés del paro del primer trimestre) a más velocidad que el PIB, baja la productividad global: pues una misma unidad de producto requiere más brazos. Pero los 20 millones son un tesoro. Precisamente para aumentar la productividad, el aumento del factor trabajo exige a su vez que se acompase con más capital, con más y mejor tecnología. Está casi disponible, por los fondos europeos del Plan de Recuperación. Y si según calcula Fedea, de momento han llegado pausadamente —en un 27%— a la economía real, el impulso restante deberá acrecentar el PIB con mayor intensidad” (…)

Article de Laura OLÍAS i Raúl SÁNCHEZ a elDiario.es (4-05-22): La mitad de los contratos en abril fueron indefinidos y España supera por primera vez los 20 millones de afiliados  Gran empuje del empleo: 184.577 afiliados más hasta superar el récord de 20 millones de trabajadores, los indefinidos en máximos y una caída del paro que aceleró, con 86.260 desempleados menos

Article de Miguel Ángel NOCEDA a “Negocios” de El País (1-05-22): Un acuerdo histórico para la luz (con algunas sombras)  El Gobierno saca adelante su plan para bajar la electricidad, pero tendrá que aclarar algunos detalles sobre el pago del gas

Article de José Luis FERREIRA a Nada es Gratis (2-05-22):  Tres paquetes de medidas para abaratar el recibo de la luz y una enmienda  (…) “Tomemos las medidas contenidas en el decreto 17/2021 y complementémoslas con la siguientes:
(i) uso del precio horario, no medio, para el cálculo de la tasa por beneficios caídos del cielo,
(ii) exención de los contratos de bilaterales ya firmados a precios por encima del máximo,
(iii) tasación de los nuevos contratos bilaterales idéntica a la que se paga en el mercado eléctrico, es decir, calculada según la diferencia entre el precio de casación en cada momento y el precio máximo establecido.
Este sistema corrige los problemas detectados, mantiene los incentivos al ahorro y al desarrollo de mejores tecnologías y no presenta problemas con Bruselas”.

Article de José Ignacio CONDE-RUIZ a El País (5-05-22): Irresponsabilidad fiscal  La solución del PP no es novedosa: bajadas muy concretas de impuestos y buenos propósitos inconcretos de eliminación del gasto superfluo. Su plan es decepcionante y contradictorio, pues las medidas aumentan el déficit e impulsan la inflación (…) “En definitiva, creo que se puede encontrar cierto consenso entre los principales partidos para resolver la crisis fiscal. En primer lugar, hacer un Presupuesto base cero, es decir, hacer un Presupuesto empezando desde cero, mirando únicamente hacia el futuro y sin las inercias del pasado. Con este ejercicio se podría hacer una buena estimación del llamado gasto superfluo e ineficiente. En segundo lugar, una senda de reducción del déficit estructural y de la deuda pública y con ello dejar de pasar nuestras obligaciones de pago a los jóvenes, que bastantes problemas tienen ya. En tercer lugar, una reforma del sistema impositivo para hacerlo más eficiente. En este sentido, todos los expertos coinciden en la ineficiencia del sistema impositivo español, con tipos efectivos bajos y tipos marginales muy altos debido a la gran cantidad de deducciones, exenciones y beneficios fiscales que tenemos en todos los impuestos. En cuarto lugar, una reforma de la financiación autonómica que mejore la corresponsabilidad fiscal de las comunidades autónomasY, como bien señala el documento presentado, potenciar a la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) como órgano realmente independiente de evaluación del gasto público, pues no deja de ser paradójico que desde su creación en 2013 el déficit estructural no ha dejado de crecer. Quinto, reformar las pensiones para adaptarlas a la nueva realidad demográfica. La última reforma aumenta el gasto de forma creciente hasta 3,6 puntos de PIB en 2050, y no olvidemos que gran parte del déficit estructural se genera por el desfase creciente entre ingresos y gastos del sistema”.

PENSAMENT

Article de Daniel INNERARITY a La Vanguardia (30-04-22): La sociedad de las brechas   [13] Las sociedades se pueden romper por una falta de voluntad de resolver los problemas … Uno de los efectos de la polarización es que sustituye el poder compartido por la impotencia compartida 

“Sabemos bien que las sociedades son espacios de diversidad, antagonismo y conflicto. No vivimos en comunidades homogéneas ni deberíamos aspirar a las unidades enfáticas y los consensos absolutos. Son cosas imposibles y, aunque solo fuera por eso mismo, situaciones que no tiene ningún sentido desear. La pregunta inquietante es si, pese a esto, hay algún límite a partir del cual ya no tenemos una sociedad diversa sino fragmentada, insoportablemente desigual, incoherente y disfuncional, herida y fracturada. ¿Cómo distinguimos el pluralismo de la fragmentación, la división de poderes del choque y los vetos entre las instituciones? ¿Cuál es la diferencia entre el desacuerdo productivo y la diversidad que enriquece? ¿Cómo se rompen las sociedades y hasta qué punto es posible que ellas mismas recompongan su frágil unidad?
Jordi Sevilla ha hablado de todo esto en el libro de próxima aparición La España herida. El título del libro parece sugerir una enésima mirada sobre el conflicto territorial que España no termina de resolver, pero este libro aspira a realizar un diagnóstico completo de los desgarros sociales, para lo que el autor¬ pasa revista a otras heridas a veces menos ruidosas, pero no por ello menos importantes, como las brechas de género, intergeneracionales, la que enfrenta a ricos y a pobres, la con-traposición entre lo rural y lo urbano o la coexistencia –problematizada por la pandemia– del mundo analógico y la nueva realidad digital. Son heridas que podrían completarse con las contraposiciones entre lo global y lo local, entre racionalidad y emociones, lo público frente a lo privado o la vieja y la nueva política. Estas fracturas han generado nuevas líneas de identificación, ejes de conflicto que van más allá de la simplificación derecha/izquierda y que debemos afrontar con una estrategia más sofisticada.
Una brecha no es simplemente una tensión que se resuelve con un acuerdo o una transacción, sino una ruptura consolidada, una herida crónica para la que no parece haber sanación. En una brecha se esta¬bilizan valores e intereses contrapuestos sin que asome la posibilidad de integrarlos o realizar un compromiso entre ellos. Coexis¬ten y convivirán en el futuro lo digital y lo analógico, pero habrá que repartir equitativamente los costes de la transición hacia un entorno laboral más automa-tizado y combatir las divisiones que amenazan con dejar a muchos atrás; la economía no prospera si no hay estímulos, pero el discurso del mérito parece desconocer las condiciones estructurales que estabilizan la desigualdad y desmienten la supuesta igualdad de condiciones; vivimos en un espacio supuestamente abierto pero en el que hay distancias infranqueables, techos y líneas rojas; el difícil equilibrio entre competir versus cooperar parece haberse estabilizado en una brutal competición sin reglas comunes; los valores de la libertad y la igualdad, siempre en tensión, se han polarizado de un modo que quienes pretenden monopolizar uno de ellos se desentienden completamente del otro; la reivindicación de respeto a la diversidad deriva en narcisismo en la misma medida que la apelación a la igualdad se convierte en una coartada para la im¬posición.
Hay muchas rupturas de las reglas del juego que se explican por un juego que no ha sido suficientemente integrador. Preguntémonos si detrás de la desafección que llevó a una buena parte de nuestra sociedad a desentenderse de los asuntos comunes (para regocijo de los que querían convertirlos en asuntos privados), en la indignación que agitó casi todo y produjo finalmente muy poco o en la unilateralidad que tensó la cuestión catalana sin ofrecer una salida viable no había otra cosa que problemas irresueltos y enquistados, malos funcionamientos del sistema político que habíamos aceptado cínicamente como normales. Las sociedades se pueden romper tanto por una voluntad expresa de hacerlo como por una falta de voluntad de resolver los problemas que conducen a la ruptura. En política, cuando hay una mala solución no necesariamente debemos concluir que no había un problema.
La primera condición para abordar esos problemas es respetar una prohibición democrática fundamental: en una sociedad pluralista nadie representa en exclusiva la totalidad de la sociedad, ni siquiera la totalidad de una parte de esa sociedad (los trabajadores, el orden constitucional, la nación, los valores políticos, a las mujeres) aunque todos estaremos convencidos de que representamos esos intereses mejor que nuestros competidores. Sin esta distinción entre pensar que somos los mejores y saber que no somos los únicos no existe cultura política democrática que se precie, sino bandería, fanatismo y voluntad de exclusión.
La segunda condición es configurar sujetos políticos amplios. No se pueden abordar las cuestiones estratégicas sin acuerdos y ánimo de integración. Es preferible estar preocupado de que falte alguien que estar convencido de que sobran algunos. Tal vez aquí se encuentre la debilidad fundamental de nuestros sistemas políticos y su impotencia para resolver las grandes brechas que nos atraviesan. Uno de los efectos de la llamada polarización es que sustituye el poder compartido por la impotencia compartida. Hay una confrontación que es muy conservadora en el sentido profundo del término: que no cambia nada, deja las cosas como están y compensa esa incapacidad con una retórica de cambio inflamada. Es posible que vivamos en una sociedad que no puede restablecer la unidad por medio de la imposición de una de las partes, pero tampoco dispone de la cultura política que sería necesaria para un acuerdo integrador.
El tipo de gobierno que está requiriendo esta sociedad de las brechas exige mirada amplia, visión de conjunto, una nueva cultura institucional y organizativa. Quien quiera abordar con seriedad los actuales retos sociales encontrará en el libro de Jordi Sevilla unas valiosas indicaciones para pensar estas nuevas realidades, reflexión que es el primer paso para acertar en las decisiones.

Article de Manuel ARIAS MALDONADO a Revista de Libros (4-05-22: Diez tesis sobre el populismo   [14] “Durante la campaña de las elecciones presidenciales francesas se multiplicaron los artículos acerca de la amenaza que el populismo —representado en este caso por Marine Le Pen— supone para las democracias liberales. Ni siquiera la amplia victoria de Emmanuel Macron ha servido para aliviar la preocupación de aquellos comentaristas que insisten en llamar la atención sobre la fragilidad de los regímenes representativos, hasta el punto de que no han faltado quienes identificaban la derrota de Le Pen como una victoria sin paliativos. De la misma manera, se ha insistido en la necesidad de que el reelegido presidente «recosa» el tejido roto de la sociedad francesa, que según se nos dice nunca había presentado tal profusión de divisiones y enfrentamientos; el propio Macron se ha impuesto esa tarea como prioridad para su segundo mandato. Seguimos así dando vueltas a un fenómeno que ha crecido allí donde ya existía tras la crisis financiera y que ha aparecido en países donde no se tenía noticia del mismo, como es el caso de España. Aquí ha sucedido algo insólito en el panorama comparado: nuestro primer populismo ha sido de extrema izquierda y de inspiración latinoamericana. Esa circunstancia, unida al hecho de que el proyecto político de Iglesias y Errejón procediese con éxito a prohijar las energías juveniles desencadenadas por el movimiento 15-M, ha entorpecido por momentos en nuestro país el debate normativo acerca de la deseabilidad del populismo. Más que fijarnos en el populismo de los populistas se ha atendido a la ideología de cada uno de ellos: al programa de izquierdas o derechas que cada uno de ellos asociase a su estrategia política. Y por ahí cabe empezar la exposición —más ensayística que académica— de las siguientes diez tesis sobre el populismo y su relación con la democracia liberal.
1. El populismo es una categoría del análisis y no una ideología de la que se reclamen sus practicantes. Una peculiaridad del populismo es que, aun contemplando la posibilidad de entenderlo como una ideología «delgada», sus practicantes no suelen retratarse como populistas. O sea: el populismo no es una tradición teórica, sino una forma de hacer política que ha sido categorizada por los observadores a partir de la observación empírica. El líder populista no se describe a sí mismo como tal, aunque formule un discurso impecablemente populista, reclamándose portavoz del pueblo y denunciando a las élites que lo traicionan; como hiciera el primer Podemos y han hecho últimamente Marine Le Pen en Francia y Macarena Olona al postularse como candidata de su partido en Andalucía. El populista hace populismo; y no solo diciendo las cosas que dicen los populistas, sino también desplegando formas particulares de autorrepresentación que tienen por objeto transmitir la idea de que el líder populista habla en nombre del pueblo auténtico. De ahí que el populismo pueda observarse y medirse a partir de indicadores que, aun provocando un intenso debate entre especialistas, nos hablan de un fenómeno perfectamente identificable y definible.
2. Si no establece un antagonismo entre el pueblo y sus enemigos, no es populismo. Tal como su nombre indica, el núcleo esencial del populismo es la postulación de un antagonismo entre el pueblo y sus enemigos; bajo esta categoría suele incluirse a las élites políticas y económicas, pero a menudo también a los inmigrantes que contaminan la cultura nacional. En esto difieren los populismos de izquierda y derecha; el primero no es racista, aunque eso no lo hace menos agresivo cuando de enfrentarse a los enemigos del pueblo se trata. Es una oposición moralmente connotada: el pueblo, identificado con las clases populares, está adornado de toda clase de virtudes; las élites, por el contrario, son demonizadas sin contemplaciones. De nuevo, la diferencia entre el populista de izquierda y el populista de derecha está en la identidad de ese pueblo ideal en cuyo nombre se expresa: el populista de derecha es más aficionado a restringir la condición de miembros del pueblo a los integrantes de la nación. Pero ambos, como ha señalado Jan-Werner Müller, actúan igual: no reclaman la inclusión de tal o cual grupo social en una comunidad de la que hasta ese momento se encontrasen excluidos, sino que se arrogan la facultad de determinar en exclusiva quiénes son los integrantes del pueblo verdadero. Y en consonancia con el antagonismo pueblo-élite, el populista sostiene que la voluntad popular —de la que es intérprete en régimen de monopolio— habrá de ser el fundamento único de las decisiones del poder público.
3. El populismo es un estilo político. Tal como ha defendido Benjamin Moffit, el populismo debe ser considerado un estilo político que cuenta con rasgos característicos y puede ser adoptado por cualquier líder, partido o movimiento. Además de un discurso que opone el pueblo bueno a la élite mala, el populismo sitúa en su centro la figura de un líder carismático que simboliza al conjunto del pueblo: un outsider que tiene encomendada la misión de regenerar el sistema político y se comporta de tal manera que esa condición pueda ser sentida de manera inmediata, ya sea mediante el empleo de un lenguaje vulgar —el «estilo tabloide» según Margaret Canovan— o a través de códigos culturales —vestimenta, aficiones, referentes— que facilitan esa identificación. También son rasgos habituales del estilo político populista, aunque no sean exclusivos del mismo, la espectacularización de las crisis y la estimulación del resentimiento: se trata de crear una sensación permanente de emergencia que demande la intervención del líder excepcional, que traerá de regreso el paraíso social perdido o construirá un brillante futuro sin precedentes conocidos. El populismo promete la plenitud mediante la redención: devuelta la democracia a su verdadero ser, los problemas sociales creados por la élite hallarán una rápida solución.
4. El populismo funciona porque explota con éxito la ideología de la democracia. Aficionado a la simplificación, el populismo resulta atractivo porque reduce la democracia a los términos incompletos con que suele presentársela a fin de recabar para ella la necesaria legitimidad: el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Si es así, razona el votante descontento, ¿por qué las cosas no van bien? Así es como funciona la famosa «cadena equivalencial» del teórico argentino Ernest Laclau: se trata de convencer a todos los grupos sociales que experimentan malestar en el marco de una situación de crisis —real o percibida— de que la causa de sus males es la misma y de que todos ellos pertenecen a ese «pueblo» que debería gobernar pero no lo hace. Y si el pueblo es quien debe gobernar, ¿por qué no empezar llevando al poder al líder que promete realizar los genuinos intereses de «la gente»? De ahí que el populista se presente a menudo como aquel que habla claro en oposición al político estándar, profesional de las excusas que disimula su complicidad con quienes secuestran las instituciones democráticas. Lo que el populismo esconde es que la democracia liberal —representativa o constitucional— es mucho más compleja que el simple «gobierno del pueblo», ya que se trata de una forma de gobierno limitado y consentido a través de la cual los representantes electos toman decisiones constreñidas por el imperio de la ley y los procedimientos reglados (que incluyen la consulta del conocimiento experto) en un marco institucional que incluye la separación de poderes y el reconocimiento constitucional de los derechos de individuos y minorías. Hipertrofiando el aspecto democrático de la democracia liberal, el populismo trata de debilitar sus rasgos liberales.
5. Aunque el populismo solo tiene sentido en un marco democrático, su lógica interna es antidemocrática. El populista dice representar de manera exclusiva a la totalidad del pueblo, razón por la cual solo puede contentarse con una ocupación exhaustiva y permanente del poder. O sea: en la medida en que reemplaza a la sociedad pluralista por una comunidad homogénea, el populismo abre la puerta a un autoritarismo paradójicamente ejercido en nombre de la democracia. Si solo el líder populista representa al pueblo auténtico, ¿cómo podría abandonar el poder? En los regímenes presidencialistas, el presidente es elegido directamente por el pueblo —aunque jamás por todo el pueblo— y en ellos será más fácil que el líder populista demande ser tratado como su representante natural; en los regímenes parlamentarios, la multiplicidad de intereses y valores contenidos en el cuerpo social son procesados de manera más sofisticada a través del reparto proporcional de escaños, que a su vez determinará en cada caso la composición del gobierno. Aquí no se elige directamente al presidente de todos, sino que se vota a partidos individuales que después se ven forzados a coexistir entre sí en la cámara legislativa. Pero también aquí el populismo victorioso sentirá la tentación de apostar por una democracia «iliberal», lo que quiere decir una donde los elementos liberales son desmantelados: prensa menos libre, tribunales menos independientes, elecciones menos competitivas. No es que el populista haga siempre tal cosa; podría respetar los límites que el liberalismo político marca a cualquier gobierno democrático y abandonar el poder de manera pacífica en caso de derrota electoral. Si es coherente con sus propios postulados, no obstante, concebirá la democracia como un vehículo para la aclamación del representante «natural» del pueblo; aun cuando esa pretensión resulte justamente ridícula en un contexto pluralista. ¿Cómo puede el líder populista afirmar que solo él — ¡o ella!— representan al pueblo, si ese pueblo no le vota en la medida suficiente? Pasa igual con el independentismo catalán: curiosa nación milenaria es la que depende del porcentaje de ciudadanos que reconocen su existencia o reclaman para ella un Estado propio un mes sí y el siguiente ya no.
6. El populismo explota las tensiones decisorias inherentes a la democracia liberal.Aunque la democracia representativa no es el gobierno del pueblo, sí es un gobierno orientado estructuralmente hacia la solución de problemas colectivos; incluso si el reconocimiento de las esferas de acción propias de los ciudadanos, la sociedad civil y el mercado imponen un límite —teórico al menos— a las intromisiones del poder público. Asunto distinto es que las lógicas electorales o la presión de los grupos organizados lleven a los gobiernos a privilegiar unos intereses frente a otros, movidos los partidos que los integran por el deseo de reelección; pensemos en la influencia desproporcionada de que gozan los pensionistas en la democracia española. En la democracia liberal existe así una tensión irresoluble entre los límites que para la decisión política imponen los textos constitucionales y el entero aparato legal del Estado de Derecho, las promesas que realizan los partidos cuando compiten electoralmente, las dificultades con que se encuentran los gobernantes cuando acceden al poder y una conversación pública en la que los ciudadanos expresan de distinta manera —redes sociales, movilizaciones públicas, intercambios privados, estilos de vida— sus preferencias y necesidades. La insoportable complejidad que de ahí se deriva promete el populismo eliminarla de un plumazo: la realidad del conflicto entre actores e intereses heterogéneos será reemplazada por una homogeneidad reconciliada donde todos —todos menos los enemigos del pueblo— tendrán lo que desean y nadie querrá algo distinto de lo que tiene. También el populismo, pues, sueña con Jauja.
7. Las promesas del populismo chocan con la lógica del sistema liberal-capitalista y expresan la frustración colectiva con un futuro sobredeterminado por el pasado. Aunque en eso no se diferencia demasiado de otros extremistas, el populista formula sus promesas de emancipación colectiva y de mejoramiento individual mediante la afirmación de la «voluntad política». Querer es poder: allí donde el capitalismo neoliberal no quiere, querrá el populismo cuando tenga mando en plaza. Su modelo es pues un poder político omnipotente, liberado de cualquier constricción exterior; más o menos aquello que dijo Pablo Iglesias tras abandonar la política: había comprendido que estar en el gobierno no es lo mismo que tener el poder. Naturalmente: en las sociedades liberales, el poder se encuentra repartido entre diferentes instituciones y subsistemas. Y no solamente es así porque se desea proteger los derechos de los ciudadanos, sino también porque la historia nos ha enseñado que —a pesar de los pesares— no hay mejor forma de organizar la sociedad si es que queremos que esta prospere y a la vez proporcione libertad a los individuos. El fracaso de los colectivismos del siglo XX ha cegado numerosos caminos; por eso la afirmación de que «no hay alternativa» a tales o cuales políticas económicas es cierta y no un simple pretexto alegado por tecnócratas sin corazón. De esa frustración colectiva, que nos impide creer en un futuro de diseño, se beneficia el populismo. Ni que decir tiene que la combinación de Estado Liberal y del Bienestar, democracia representativa y economía social de mercado puede funcionar mejor o peor según los casos: Italia o España coexisten con Austria o Suecia.
8. El populismo representa una amenaza para la democracia liberal sea cual sea su filiación ideológica, con independencia de que haya versiones del mismo más indeseables que otras. Si entendemos el populismo como un estilo político que a su vez sirve como estrategia para llegar al poder, no tiene sentido diferenciar entre populismos de izquierda y derecha. Ambos harán lo mismo: afirmar que el pueblo está siendo castigado por las élites, defender al líder carismático como único portavoz legítimo de sus intereses y afirmar la primacía de la voluntad popular así interpretada sobre cualquier límite o contrapeso que la ley o los tribunales de justicia puedan oponer a las decisiones políticas adoptadas sobre aquella base. De manera espontánea, pues, el populismo tiende al iliberalismo y al plebiscitarismo; igual que propende a la emocionalización, la antagonización y la moralización. Ahora bien: si nos fijamos en el contenido de las decisiones que promueve cada versión del populismo, el eje izquierda-derecha se sumará al eje arriba-abajo que define la oposición entre élite y pueblo. Sin embargo, será inevitable que los populismos de izquierda y derecha compartan políticas de índole proteccionista y paternalista, ya que los dos persiguen proteger al pueblo de sus enemigos. Definirán al pueblo de manera distinta, como se ha dicho ya; el populismo de derecha será por lo general más excluyente que el de izquierda y a menudo xenófobo o racista, empeñado en defender un chauvinismo del bienestar que reserve los frutos del bienestarismo estatal a los miembros del pueblo verdadero. Pero todos los populismos son antipluralistas, iliberales y voluntaristas: los de izquierdas y los de derechas.
9. El populismo explota un malestar latente que no siempre responde a causas objetivables y encuentra en la sociedad contemporánea rasgos que le ayudan en esa tarea. Los populismos se benefician de las crisis y de los momentos de transición social; de ahí su larga tradición en el subcontinente latinoamericano. Pero es obvio que al populismo le conviene que los individuos sientan malestar, razón por la cual dedica una parte de sus esfuerzos a despertarlo, subrayando las razones objetivas para el mismo o estimulando un sentimiento subjetivo en el que la distancia entre expectativas y realidad cobra mucha fuerza. Por supuesto, hay ciudadanos que padecen dificultades injustas y el poder público debe ocuparse de ellos. Pero incluso aquel que ha tomado malas decisiones vitales o querría mejorar su situación sin hacer demasiados esfuerzos para ello puede refugiarse en la explicación populista del mundo. Esta forma de hacer política se difunde con facilidad en las sociedades occidentales debido a la magnitud de los cambios sociales experimentados en las últimas décadas: proceso de envejecimiento, urbanización acelerada, cambio tecnológico, hibridación cultural relativa derivada de la globalización, brechas generacionales en el acceso a la vivienda, empobrecimiento relativo de la clase media, debilitamiento de los partidos tradicionales, aumento de la volatilidad electoral. ¡Bandera blanca! Muchos ciudadanos necesitan una simplificación de su panorama vital y el populismo se lo ofrece: convengamos que resulta tentador. 10. El caso francés demuestra que la oposición entre neoliberalismo y populismo no sirve para explicar el atractivo de este último. El progreso de Marine Le Pen en las dos últimas presidenciales francesas, que muestra un avance constante de su partido y sin embargo la deja todavía muy lejos del Elíseo, plantea un problema para quienes insisten en la necesidad de combatir el populismo con una mezcla de asistencialismo público y bloqueos institucionales. La razón es sencilla: Francia es un país con un elevadísimo porcentaje de gasto público y eso no ha valido para desactivar a los populismos (añádase el de izquierda, encabezado por Jean-Luc Mélenchon). Y recordemos que uno de los debates de campaña versaba sobre la edad de jubilación: el presidente Macron porfía por elevarla a 65 años, abriéndose a dejarlo en 64, mientras que su rival prometía adelantarla. Hablamos de sociedades donde hombres y mujeres pueden esperar vivir hasta los 80 años, si no más en muchos casos; difícilmente podemos tildar a esta sociedad de «neoliberal» sin mayores matizaciones. De otra parte, el cordón sanitario aplicado en el singular sistema electoral francés tampoco ha servido para neutralizar la oferta populista, generando por el contrario un déficit de representación —un partido muy votado no está en las instituciones— que el populismo utiliza en su favor. A la pregunta de qué hacer entonces solo puede responderse diciendo que hay que esforzarse porque la democracia liberal-capitalista funcione bien y no mal: que se parezca más a Dinamarca que a Grecia o España. En cuanto a la reparación de las divisiones sociales, no hay gobierno que pueda lograr tal cosa: las sociedades no están hoy más divididas que en el pasado y, de hecho, contienen menos extremismo que en la primera mitad del siglo XX o en los años 60-70. A cambio, esas divisiones son más visibles que en el pasado y tienen un reflejo más inmediato en un panorama político fragmentado tras el debilitamiento de los Volksparteien que dominaron la segunda posguerra mundial. Una sociedad liberal bien gobernada se esforzará por responder de manera individualizada a los problemas de cada grupo social, con sus distintas peculiaridades, sin tratar de reunirlos a todos ellos bajo la misma fe y dejando que los individuos decidan cómo quieren vivir. ¡También soñamos los liberales!”

Article de Clara SERRA a El País (4-05-22): ‘Thinking sex’   [15] Si queremos proteger bien a las mujeres debemos mantener con rigor los límites precisos de qué es una agresión machista. Si no, cuando todo es una violación lo que ocurre es que nada es una violación (…) “En su influyente ensayo Thinking sex. Notes for a Radical Theory of the Politics of Sexuality, la antropóloga feminista y lesbiana Gayle Rubin defiende que, durante ciertas épocas de la historia, los seres humanos entramos en periodos de reordenación de la esfera sexual, momentos que producen leyes, instituciones y normas que rigen la sexualidad durante las siguientes décadas. La escritora y periodista de The New Yorker Masha Gessen traía a colación recientemente a Rubin para sugerir que el avance actual de normas y discursos que pretenden combatir la violencia sexual en el actual contexto norteamericano puede ser la evidencia de que estamos hoy en uno de estos periodos de transición y que no se trata precisamente de una transición hacia un escenario más emancipador. Estados Unidos es y sigue siendo una sociedad profundamente puritana, algunas de cuyas políticas aparentemente feministas —que redefinen la noción de consentimiento en nombre de la seguridad de las mujeres— pueden estar asentando un giro conservador. “En la actual conversación estadounidense, las mujeres son tratadas cada vez más como niños: indefensas, incapaces de consentir, siempre a punto de ser víctimas”, dice Gessen. El caso es que en la actual conversación española cada vez más también. La expansión de los discursos del peligro importados del contexto anglosajón y la esencialización de una feminidad que sólo podemos pensar como retraída, pasiva y victimizada están estrechando cada vez más nuestro deseo, nuestra agencia y nuestra capacidad de consentir. Porque sólo asumiendo que las mujeres no son nunca las que desean activamente ni las que eligen con quién se van a casa después de salir, sólo asentando la mirada de que nosotras somos siempre pasivamente conseguidas por ellos y nunca las que los conseguimos y las que usamos —¡por qué no!— estrategias para ligar, puede acabar diciéndose (como se decía aquellos días) que tratar de ligar con mujeres que han bebido es un abuso de poder. El reverso de esa afirmación es, obviamente, que las mujeres cuando bebemos no podemos consentir, una paradójica manera de volver a la decencia y castidad femenina y a esos tiempos en los que las mujeres que se hacían respetar no bebían. ¡Y todo ello en nombre de nuestra protección!

Para combatir la violencia sexual hace falta, para empezar, no usar el nombre de la violación en sentido laxo. Si queremos proteger bien a las mujeres tenemos que conservar con rigor los límites precisos de lo que es una agresión sexual porque si no, cuando todo es una violación lo que ocurre es que nada es una violación. Por supuesto, tener sexo con personas cuya voluntad está anulada (por inconsciencia por el alcohol u otras sustancias químicas o cualquier otra circunstancia) debe ser un delito, y queremos que las leyes puedan identificar muy bien cuándo las mujeres son incapaces de consentir. Pero generalizar la imposibilidad del consentimiento bajo el argumento siempre extensible del abuso de poder —que en este caso ha tomado como forma haber bebido en vez de no beber— camina en la dirección inversa a la ampliación de nuestra libertad sexual. Los límites los empujamos haciendo a las mujeres tanto sujetos deseantes como sujetos cuya voluntad (y su capacidad, por tanto, para decir que no) no está sistemáticamente anulada o mermada, sino que puede hacerse valer. Decir que El Xokas ha cruzado la línea que separa ligar de violar es habernos confundido nosotros y mucho, y eso es especialmente preocupante en un contexto actual en el que está siendo debatida para su aprobación una ley de libertades sexuales que pretende delimitar los atentados contra la libertad sexual. Por otra parte, es preciso que, como sociedad, seamos capaces de ver el machismo, criticarlo y combatirlo sin ver siempre delitos, porque solo así nuestra batalla contra el patriarcado no estará permanentemente secuestrada por el marco judicial y cabrán, por tanto, muchas otras políticas que poner en marcha más allá de lo penal.

En el contexto español hablamos constantemente de “consentimiento” pero lo hacemos bajo el paradigma de unos marcos que están instalándonos en los discursos del peligro y de la amenaza constante de poderes que nos anulan. Y eso, lejos de defender el consentimiento de las mujeres, está en realidad relativizando su centralidad. Si esa va a ser la perspectiva dominante en una época en la que quizás, de nuevo, se está fraguando una nueva política sexual, estaremos reordenando la sexualidad, como decía Gayle Rubin, pero muy probablemente en un sentido reaccionario y conservador”.

Article d’Anne APPLEBAUM a Letras Libres (1-05-22): Por qué debemos leer a Hannah Arendt ahora  Cuando Los orígenes del totalitarismo se publicó por primera vez, el pesimismo de Arendt parecía exagerado para aquel momento de prosperidad. Setenta años más tarde, sus preocupaciones han cobrado una inquietante vigencia

(…) De nuevo, vivimos en un mundo que Arendt reconocería, un mundo en el que parece “como si la humanidad se hubiera dividido entre los que creen en la omnipotencia humana (que piensan que todo es posible si saben cómo organizar a las masas para ello) y aquellos para quienes la falta de poder se ha convertido en la experiencia más importante de su vida”: una descripción que podría aplicarse de manera casi perfecta a Vladímir Putin por un lado y a la Rusia de Putin por otro. Los orígenes del totalitarismo nos obliga a preguntarnos no solo por qué Arendt era demasiado pesimista en 1950, sino también si parte de ese pesimismo debería estar justificado ahora. Y, por centrarnos más en el asunto, nos ofrece una especie de metodología dual, dos diferentes formas de pensar sobre el fenómeno de la autocracia.
Precisamente porque Arendt temía por el futuro, gran parte de Los orígenes del totalitarismo era una excavación del pasado. Aunque no toda la investigación que está en el corazón del libro se sostiene frente a los estudios modernos, el principio que la conducía en su camino sigue siendo importante: para entender una tendencia social amplia, mira su historia, intenta encontrar sus orígenes, intenta comprender lo que ocurrió cuando apareció por última vez, en otro país o en otro siglo. Para explicar el antisemitismo nazi, Arendt se remontó no solo hasta la historia de los judíos alemanes sino también a la historia del racismo y el imperialismo europeos, y a la evolución de la idea de los “derechos del hombre”, que ahora normalmente llamamos “derechos humanos”. Para tener esos derechos, observaba, no solo debes vivir en un Estado que los garantice: también debes estar en condiciones de ser uno de los ciudadanos de ese Estado. Los apátridas y los que son clasificados como no ciudadanos, como no personas, no tienen garantía de nada. La única forma de ayudarlos o de garantizar su seguridad es a través de la existencia del Estado, del orden público y del imperio de la ley.
La última sección de Los orígenes del totalitarismo está dedicada sobre todo a un proyecto algo distinto: es un atento examen de los Estados totalitarios de su tiempo, tanto la Alemania nazi como la Unión Soviética, y en particular un intento de entender las fuerzas de su poder. Aquí su forma de pensar es igualmente útil, aunque de nuevo no porque todo lo que escribió encaje con las circunstancias actuales. Muchas técnicas de vigilancia y control son mucho más sutiles de lo que eran antes, con programas de reconocimiento facial y espionaje informático, no solo violencia cruda o patrullas de paramilitares por las calles. La mayoría de las autocracias actuales no tienen una “política exterior abiertamente dirigida a la dominación mundial”, o al menos no por ahora. La propaganda también ha cambiado. El liderazgo ruso moderno no siente necesidad de promover constantemente sus propios éxitos por el mundo; a menudo le basta con despreciar y socavar los logros de los demás. Y, sin embargo, las preguntas que se planteaba Arendt siguen siendo totalmente relevantes hoy. Le fascinaban la pasividad de tanta gente frente a la dictadura, la extendida disposición, o incluso el afán, de creer mentiras y propaganda: pensemos en la mayoría de los rusos actuales, que ignoran que hay una guerra en el país vecino y que tienen prohibido por ley llamarla así. Las masas “lo creen todo y no creen nada, creen que todo era posible y que nada era cierto”. Para explicar este fenómeno, Arendt recurre a la psicología humana, especialmente la intersección entre terror y soledad. Al destruir las instituciones cívicas, sean clubes deportivos o pequeñas empresas, los regímenes totalitarios mantenían a la gente alejada entre sí, y les impedían compartir proyectos creativos o productivos. Al inundar la esfera pública de propaganda, hacían que la gente tuviera miedo de hablar entre sí. Y cuando cada persona se sentía aislada de los demás, la resistencia se volvía imposible. La política en el sentido más amplio del término también se volvía imposible: “El terror solo puede gobernar de forma absoluta a hombres que están aislados […] El aislamiento puede ser el principio del terror; sin duda es su terreno más fértil; siempre es el resultado.”
Al leer esa descripción ahora, es imposible no preguntarse si la naturaleza del trabajo moderno y la información, el paso de la “vida real” a la virtual y la dominación del debate público que ejercen los algoritmos no han generado algunos de los mismos resultados. En un mundo en el que todos estamos supuestamente “conectados”, la soledad y el aislamiento de nuevo ahogan el activismo, el optimismo y el deseo de participar en la vida pública. En un mundo en el que la “globalización” supuestamente nos ha hecho parecidos, un dictador narcisista puede lanzar una guerra no provocada contra sus vecinos. El modelo totalitario del siglo XX no ha desaparecido; puede regresar, a cualquier lugar y en cualquier momento.
Arendt no ofrece respuestas sencillas. Los orígenes del totalitarismo no contiene un conjunto de prescripciones de políticas o directrices para arreglar las cosas. Ofrece propuestas, experimentos y distintas formas de pensar sobre el atractivo de la autocracia y el encanto seductor de quienes la defienden mientras lidiamos con ella en nuestra propia época”.

LLIBRES

José ÁLVAREZ JUNCO. Qué hacer con un pasado sucio.Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2022 … Article de José Andrés ROJO a “Babelia” de El País (30-04-22): “De un pasado sucio nadie sale limpio” … En su nuevo libro, el historiador reconstruye el siglo pasado en España y muestra las distintas formas en que otros países han digerido sus traumas … “Los esquemas míticos de la identidad nacional liberal y de la católica son los mismos: paraíso, caída, redención” … Las reparaciones en la Transición a las víctimas del franquismo “se hicieron de una manera vergonzante”

Joana BONET. Chacón. La mujer que pudo gobernar. Península. Barcelona, 2022 …Article de Jordi AMAT a El País (1-05-22): No podemos publicar esta columna  La última parte de la biografía de Carme Chacón también tiene que ver con nosotros, las raíces de nuestro presente arisco y la lucha desde estas páginas (…) “Podríamos rematar la columna en ese instante, contrapunteándolo con su genuina empatía con los familiares de militares asesinados en misión de paz; esa carta que rompe el corazón, dirigida a los hijos de un soldado. Pero sería demasiado fácil. No deberíamos publicar solo esta columna. Porque la última parte de la biografía también tiene que ver con nosotros, las raíces de nuestro presente arisco y la deriva de El PAÍS. Con la crisis económica, la aceptación resignada del diktat merkeliano y el colapso de la nueva socialdemocracia, el PSOE se descubrió gobernando en una encrucijada. Opta por ser un partido de Estado, también de statu quo. En esa disyuntiva, la alternativa regeneradora que Chacón ambicionó liderar, y que también era generacional, se neutralizó desde la cúpula. En esa operación de neutralización participaron poderes diversos, implicó abortar la convocatoria de unas primarias y el cuarto poder actuó entonces y actuó luego en la previa del Congreso. También desde estas páginas. Era la lucha por el poder orgánico. Fría, brutal, legítima. “La dinamitan”, escribe Bonet. “En Ferraz, soy la más odiada, seré sin duda la más combativa”, escribirá Chacón en sus cuadernos. Pero otra lucha se solapaba a esa, en la sombra, y podría definirse como una contraofensiva para defender unos intereses y un bloque que se había sentido amenazados durante la primavera del zapaterismo. De allí viene la fractura entre el partido y los jóvenes, en la línea de lo apuntado el viernes por Estefanía Molina. Es una de las fracturas no soldadas desde entonces. No la única. Nunca es sencillo pasar página”.

Joan ESCULIES. Tarradellas, una certa idea de Catalunya. Pòrtic. Barcelona, 2022 …Ressenya de Jaume CLARET al “Quadern” de El País (1-05-22): La singularitat de Tarradellas… Joan Esculies s’ha convertit en l’historiador més ben preparat per traçar un relat omnicomprensiu del president, desfer malentesos i oferir un primer judici equilibrat sobre el seu pensament i actuació

 

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

Aquest lloc utilitza Akismet per reduir els comentaris brossa. Apreneu com es processen les dades dels comentaris.